LA ERA DEL HOMBRE.

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Impacto humano.

1-Elizabeth Kolbert

 

 

Por: Elizabeth Kolbert foto nº 1

 

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¿POR OUÉ CRECE NUESTRO IMPACTO?

¿Es el aumento de la población la causa básica? ¿O lo es la prosperidad económica, que conduce a un mayor consumo de energía y otros recursos? ¿O la tecnología, que ofrece nuevos instrumentos para la explotación y el consumo? La fórmula IPAT es un modo de considerar el problema: los tres factores se suman para acelerar el proceso. Desde 1900, el PIB mundial (una medida de riqueza) y el número de patentes registradas (una medida de tecnología) han aumentado más deprisa que la población quien calcula que la biomasa humana ya es cien veces mayor que la de cualquiera de las otras especies de animales grandes que han vivido alguna vez en el planeta.

En 2002, cuando Crutzen publicó en la revista Nature su idea del antropoceno, el concepto fue adoptado de inmediato por investigadores de diversas disciplinas y pronto empezó a aparecer con regularidad en la prensa científica.

Al principio la mayoría de los científicos que usaban el nuevo término geológico no eran geólogos. A Zalasiewicz, que sí lo es, le pareció interesante. «Observé que el término de Crutzen estaba apareciendo en la bibliografía seria, sin comillas y sin ningún matiz de ironía», recuerda. En 2007 Zalasiewicz presidía la Comisión de Estratigrafía de la Sociedad Geológica de Londres, y en una reunión decidió preguntar a sus colegas estratígrafos qué opinaban del antropoceno. Veintiuno de los 22 presentes consideraron interesante el concepto, por lo que el grupo acordó estudiarlo como un problema geológico formal. ¿Satisfaría el antropoceno los criterios que rigen la designación de una nueva época? En la terminología geológica, las épocas son paréntesis relativamente breves, aunque pueden durar decenas de millones de años. (Los períodos, como el ordovícico y el cretácico, duran mucho más, y las eras, como el mesozoico, son todavía más largas.) Los límites entre las épocas quedan definidos por los cambios conservados en las rocas sedimentarias: por ejemplo, la aparición de un tipo de organismo comúnmente fosilizado o la desaparición de otro.

Lógicamente, el registro de la era actual en la roca todavía no existe, por lo que se plantea la siguiente pregunta: Cuando exista, ¿se verá el impacto humano como un hecho «estratigráficamente significativo»? La respuesta a la que ha llegado el grupo de Zalasiewicz es afirmativa, aunque no necesariamente por los motivos que todos supondríamos.

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Agricultura industrial.

LA MANERA MÁS OBVIA en que los seres humanos estamos alterando el planeta es probablemente con la construcción de ciudades, que esencialmente son vastas extensiones de materiales artificiales: acero, cristal, hormigón y ladrillo. Pero la mayoría de las ciudades no son buenas candidatas para conservarse a largo plazo, por la, sencilla razón de que están construidas en tierra firme, donde las fuerzas de la erosión suelen ganar la partida a la sedimentación. Desde una perspectiva geológica, los efectos humanos más visibles en el paisaje actual «podrían ser en algunos aspectos los más efímeros», ha señalado Zalasiewicz.

Los humanos también hemos transformado el mundo con la agricultura, que ocupa el 38 % de la superficie de tierra firme libre de hielo del planeta. También en este caso, algunos de los efectos que hoy nos parecen más significativos dejarán, en el mejor de los casos, una huella leve. Los futuros geólogos tendrán más probabilidades de comprender el alcance de la agricultura industrial del siglo XXI estudiando el registro del polen, a partir de las monótonas extensiones de polen de maíz, trigo y soja que habrán reemplazado el variado registro de polen dejado por los bosques lluviosos o las praderas. La tala de bosques enviará al menos dos señales codificadas a los futuros estratígrafos, aunque quizá no sea fácil descifrar la primera.

La enorme cantidad de suelo que los bosques talados pierden por la erosión determina un aumento de la sedimentación en algunas partes del mundo; pero al mismo tiempo las presas que hemos construido en casi todos los grandes ríos retienen sedimentos que de otro modo llegarían al mar. La segunda señal de la deforestación podría ser más clara. La pérdida de hábitat boscoso es una causa importante de extinciones, que hoy se están produciendo a un ritmo cientos o incluso miles de veces superior que durante la mayor parte de los últimos 500 millones de años.

Pero tal vez el cambio más significativo que se está produciendo desde el punto de vista geológico es invisible para nosotros: los cambios en la composición de la atmósfera. Las emisiones de dióxido de carbono son incoloras, inodoras

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Fertilizantes.

QUÍMICA DE LOS ALIMENTOS 

Fertilizantes y pesticidas hacen posible la alta productividad y la calidad, pero sus efectos nocivos son de gran alcance: la escorrentía cargada de nitrógeno de los campos fertilizados, por ejemplo, causa zonas muertas en las desembocaduras de los ríos y, en un sentido inmediato, inofensivas. Pero el calentamiento que inducen podría empujar las temperaturas mundiales a niveles desconocidos desde hace millones de años. Algunas plantas y animales ya están desplazando sus áreas de distribución hacia los polos, y esos cambios dejarán huella en el registro fósil. Algunas especies no sobrevivirán al calentamiento. Mientras tanto, las temperaturas en aumento podrían determinar una subida del nivel del mar de seis metros o más.

Mucho después de que nuestros coches, ciudades y fábricas se hayan convertido en polvo, las consecuencias de quemar miles de millones de toneladas de carbón y de petróleo probablemente seguirán a la vista. El dióxido de carbono calienta el planeta, pero también se infiltra en los océanos y los acidifica. Puede que en algún momento de este siglo alcancen un nivel de acidez que impida a los corales construir arrecifes, lo que dejará una huella en el registro geológico en forma de «interrupción coralina». Cada una de las cinco últimas extinciones masivas se caracterizó por una interrupción coralina. La más reciente, causada según se cree por el impacto de un asteroide, se produjo hace 65 millones de años, al final del período cretácico, y marcó el fin no sólo de los dinosaurios, sino también de los plesiosaurios, pterosaurios y ammonites. La magnitud de lo que está sucediendo hoy en los océanos sólo puede compararse, en muchos sentidos, con lo sucedido entonces. Según Zalasiewicz, es posible que a los futuros geólogos nuestro impacto les parezca tan repentino y profundo como el del asteroide.

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Extracción petrolera.

PERO SI ES VERDAD que hemos ingresado en una nueva época, ¿cuándo empezó exactamente? ¿Cuándo llegó a tener la acción humana repercusiones geológicas? William Ruddiman, paleoclimatólogo de la Universidad de Virginia, ha sugerido que la invención de la agricultura hace 8.000 años, y la deforestación resultante, determinaron un aumento del CO2 atmosférico lo bastante grande como para impedir el inicio de una nueva glaciación; en su opinión, los humanos hemos sido la fuerza dominante en el planeta prácticamente desde el comienzo del holoceno. Crutzen, por su parte, sitúa el inicio del antropoceno a finales del siglo XVIII, cuando, según revelan los testigos de hielo, los niveles de dióxido de carbono iniciaron un ascenso que no se ha interrumpido. Para otros científicos, la nueva época comienza a mediados del siglo XX, con la rápida aceleración del crecimiento demográfico y del consumo.

Zalasiewicz dirige ahora un grupo de trabajo de la Comisión Internacional de Estratigrafía (ICS), encargado de determinar si el antropoceno merece ser incorporado en la escala de tiempo geológico. La decisión dependerá de los votos de la ICS y de su organización madre, la Unión Internacional de Ciencias Geológicas. Es probable que el proceso tarde varios años.

Cuanto más se prolongue, la decisión puede resultar más sencilla. Algunos científicos sostienen que aún no hemos llegado al principio del antropoceno, pero no porque los humanos no hayamos tenido un impacto colosal sobre el planeta, sino porque probablemente las próximas décadas serán aún más significativas desde el punto de vista estratigráfico que los siglos anteriores. « ¿Decidimos ahora que el antropoceno ha empezado ya, o esperamos otros 20 arios a que la situación empeore todavía más?», dice Mark Williams, geólogo y colega de Zalasiewicz en la Universidad de Leicester, en Inglaterra.

Crutzen, quien abrió el debate, piensa que su auténtico valor no reside en la revisión de los textos de geología, sino en un propósito de mayor envergadura. En su opinión, lo importante es llamar la atención sobre las consecuencias de nuestra acción colectiva, y sobre las posibles maneras que aún tenemos para evitar lo peor. «Lo que espero —afirma— es que el término “antropoceno” sea una advertencia para el mundo.»

 

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