LA DEUDA ECOLÓGICA.

Por: Colectivo de Difusión de la Deuda Ecológica CDEs

INTRODUCCIÓN

La Deuda ecológica del Norte hacia el Sur es mucho más grande que la Deuda externa financiera del Sur hacia el Norte. Esta realidad es, aun así, difícilmente cuantificable, puesto que en muchos de sus aspectos esta Deuda ecológica, sumado a las deudas históricas después de siglos de colonialismo y explotación, no es valorable en dinero.

¿Cómo dar un valor monetario a las catástrofes demográficas en América y Oceanía después de las invasiones europeas, en las guerras contra los pueblos indígenas, al genocidio cultural, al uso del trabajo forzado o del trabajo esclavo, al saqueo de recursos naturales realizado desde el siglo XVI?

Actualmente este saqueo continúa, y la Deuda ecológica del Norte con el Sur continúa creciendo.

Los Estados Unidos, como muchos otros países del centro del sistema capitalista, tienen todavía hoy en día una política de «Lebensraum»,1 apoderándose como si fueran propios del espacio ambiental y de los recursos naturales ajenos.
Podemos afirmar que actualmente nos encontramos ante una crisis ecológica de extraordinaria magnitud. Problemas como el agujero de la capa de ozono, el incremento del efecto invernadero, la pérdida de biodiversidad, el agotamiento de recursos tanto renovables como agotables, la contaminación del suelo y el aire… denotan este hecho. Incluso las instituciones oficiales aceptan esta realidad, si bien las políticas por afrontarla todavía son al tintero.
El que todavía no es mayoritariamente reconocido (no porque sea menos evidente, sino por las implicaciones que comporta) es que la crisis ecológica es consecuencia indisociable del actual funcionamiento del sistema económico. Y es que la economía no es entendimiento como el que es, es decir, un subsistema dentro del sistema ecológico global, sino como un todo que tiene que regir el resto de aspectos.

En este sentido los recursos naturales (e incluso las personas) no son vistos más que como recursos para incrementar la producción y, finalmente, el consumo.

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¿Quién se hace responsable de los impactos ambientales?

 
Este reduccionismo económico se agrava porqué, incluso desde un punto de vista estrictamente económico, el mercado no hace lo que se nos dice que hace: las consecuencias de las actividades económicas no recaen solo sobre aquellos que deciden serle fieles, sino que afectan a terceros.

Estas consecuencias sobre terceros reciben el nombre de externalidades.

Los impactos ambientales son uno de los ejemplos más claros de externalidades: la contaminación que se produce lejos de los lugares de emisión y consumo, la expoliación de recursos que afectará las generaciones futuras…

Luchar contra estas externalidades es una exigencia esencial porque el mercado asigne de manera eficiente los recursos desde un punto de vista económico.
Las externalidades no son un efecto colateral del funcionamiento del sistema económico, sino que en casi todas las transacciones se producen y, por lo tanto, son una consecuencia central del sistema.

Lo demuestra el hecho que la mayoría de impactos ambientales aumentan en paralelo al aumento del tamaño del sistema económico, mesurada en términos de producto bruto. No es extraño que el ensanchamiento de los mercados, ya sea haciendo participar a nuevos territorios mediante la globalización o mercantilizando nuevos productos (biotecnología, propiedad intelectual sobre formas de vida, privatizaciones de servicios públicos…) también revierta en crecientes impactos ambientales.
Pero no solo es relevante constatar la magnitud de los impactos ambientales, sino la responsabilidad que tiene cada cual en sus causas.

Los países pobres no son los mayores causantes de la crisis ambiental a pesar de ser lugares donde, físicamente, se producen buena parte de los efectos (deforestación de las selvas tropicales, extracciones mineras y petroleras, insalubridad de las aguas, extinción de especies…). Las causas reales del problema hacen falta ir a buscarlas detrás la aparente asepsia y pulcritud de las sociedades occidentales y en su consumo desmesurado.
Es de esta contribución desigual a la crisis ambiental global de donde parte el concepto de Deuda ecológico.

ECOLOGIA

La Deuda ecológica

 
La Deuda ecológica es la deuda contraída por los países industrializados con el resto de países a causa de la expoliación histórica y presente de los recursos naturales, los impactos ambientales exportados y la libre utilización del espacio ambiental global para depositar sus residuos.

La Deuda ecológica se origina en la época colonial y se ha incrementando hasta hoy por medio de: 2

-La deuda de Carbono. Es la deuda adquirida por la contaminación desproporcionada de la atmósfera por parte de los países industrializados por sus grandes emisiones de gases, que han causado el deterioro de la capa de ozono y el incremento del efecto invernadero.
-La biopiratería. Es decir, la apropiación intelectual de los conocimientos ancestrales relacionados con las simientes, el uso de plantas medicinales y otras plantas que han realizado los laboratorios de los países industrializados y la agroindustria moderna, y por la cual además cobran «derechos de autor».
-Los pasivos ambientales. Es la deuda adquirida por la extracción de recursos naturales, como por ejemplo el petróleo, minerales, recursos forestales, marinos y genéticos, para una exportación mal pagada, que deteriora la base para el desarrollo de los pueblos afectados.

-La exportación de residuos tóxicos originados a los países industrializados y depositados en los países más pobres.
La Deuda externa y la Deuda ecológica están relacionadas. La obligación de pagar la Deuda externa y sus intereses obliga a conseguir un excedente que en parte puede venir del aumento genuino de la productividad, pierde que en parte es obtenido del empobrecimiento de las personas de los países deudores y del abuso de la naturaleza.3

La necesidad de pagar la deuda y el hecho que en general los países más endeudados reciban cada vez menos por sus productos los obliga a exportar más y más, y a aumentar el uso de los recursos naturales necesarios a pesar de que acabarán obteniendo los mismos exiguos ingresos.
Si bien hoy el pago de la Deuda externa se continúa exigiendo con insistencia, hecho que comporta consecuencias nefastas, la Deuda ecológica continúa sin ser reconocida.
¿Qué se puede hacer para dar a conocer su existencia? ¿Se trata de cuantificarla en términos monetarios? Hay impactos que podrán considerarse reversibles y en este caso la cuantificación puede servir para evaluar el coste que haría falta que pagaran sus responsables para restituirlos.

En otros muchos casos desgraciadamente los impactos son irreversibles, como por ejemplo la pérdida de vidas humanas o de biodiversidad, de forma que (incluso si se considerara ético) monetizar estos conceptos implicaría incurrir en numerosas arbitrariedades.
Esto no excluye que, con el objetivo de su reconocimiento, la campaña internacional existente contraponga la Deuda ecológica a la Deuda externa y se pregunte: ¿quién debe a quién?

El hecho que no tenga sentido monetizar algunos aspectos de la Deuda ecológica debido al alcance y la irreversibilidad del mal hecho, hace que todavía sea menos ético entestarse a continuar exigiendo el pago de la Deuda externa.
Además de la Deuda externa, hay otras causas importantes que explican la existencia de la Deuda ecológica: la expansión de los mercados internacionales en términos que favorecen los países ricos, la revolución verde, la dependencia tecnológica, la privatización a manos extranjeras de servicios básicos (energía, agua…), leyes de propiedad intelectual injustas…4

APUNTES A PIE DE PÁGINA

1.la expresión «Lebensraum» (en alemán espacio vital) fue introducida por el geógrafo alemán Friedrich Ratzel y posteriormente adoptada por geopolíticos de la primera mitad del siglo XX. Adolf Hitler utilizaba esta expresión para describir la necesidad que el III Reich alemán tenía de encontrar nuevos territorios en qué expandirse y apropiarse de los recursos necesarios para el bienestar del pueblo alemán.
2. Adaptado de « ¡No más saqueo, nos deben la deuda ecológica! Acción Ecológica, 1999 y de Martínez Alier, 1998. Texto de la conferencia a APRODEH.
3. Martínez Alier, 1998.
4. Adaptado de Acción Ecológica, 1999.

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