Jung y Los Ángeles

JUNG Y LOS ÁNGELES

Habrá quien se pregunte qué tiene que ver con los ángeles Carl Gustav Jung (1875-1961), el famoso psiquiatra y psicoanalista suizo, colaborador de Sigmund Freud y, como él, padre del psicoanálisis. Para entenderlo hay que recordar que Jung, que acabó rompiendo con Freud y creó la Escuela de Psicología Analítica, se interesó también por temas de antropología, alquimia, sueños, mitología, magia, religión y filosofía.

Fue Jung quien puso de relieve como nadie la importancia de los ritos que nos permiten conocer ciertos arquetipos de la humanidad. Su interés por la religión no le impidió ser un feroz crítico de ella como institución de poder y como metafísica. Su religión era inmanentista, interior. Ahí se colocan los ángeles, que para Jung no son seres con realidad externa a nosotros. Son la proyección de nuestros deseos más profundos, de nuestros sueños inconscientes, de nuestros pensamientos mágicos. Nuestros y de todas las generaciones que nos precedieron. Los ángeles son como el deseo inconsciente de protección, del amigo fiel que está siempre a nuestro lado, no para juzgarnos, sino para protegernos y ayudarnos, algo parecido al arquetipo de la madre, donde nos refugiamos contra los miedos.

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En su obra Psicología y religión (1940), Jung considera, en efecto, la fe en seres espirituales solo como proyección al exterior de potencias interiores de naturaleza meramente psicológica. Para Jung, que se interesó en sus estudios de psicoanálisis por la astrología, a la era de Piscis, en la que dominó la contraposición entre el Bien y el Mal, entre Cristo y Satanás como entidades irreconciliables entre sí, ha seguido la era de Acuario, que es la nuestra, donde las contraposiciones ya pueden ser superadas creando un proceso de síntesis gracias también a un tipo de Cristianismo nuevo, surgido de las cenizas de la Inquisición.

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Jung postula la existencia de un subconsciente no solo individual, sino también colectivo. Para él, la mitología y la religión tienen que hacer las cuentas con las «imágenes primordiales» o arquetípicas, presentes en el subconsciente colectivo que todo ser humano recibe como herencia del pasado. De ahí que ángeles, demonios, dioses, etc., puedan ser reconocidos como obra del subconsciente en vez de como seres espirituales literales que sean independientes de nuestras mentes receptoras. Nosotros creamos a los ángeles, pero porque son un deseo ancestral de la humanidad.

 

CREADORES DE FELICIDAD

Las teorías de Jung podrían explicar por qué la figura del ángel, como la de la madre, producen felicidad. Según él, el subconsciente colectivo es el almacén de no poco mitos y símbolos a los que todos los seres humanos tenemos acceso. Los símbolos y arquetipos surgen en respuesta a ciertas experiencias y conflictos personales, como herramientas para ayudar a soportar dichos conflictos y ofrecerles significado. Cuando un joven se ha encontrado ante la traición insoportable de un amigo, es fácil que surja en él la necesidad de recrear el arquetipo de la fidelidad en la creencia de su ángel de la guarda, un mito tan antiguo como la humanidad. Los ángeles, con sus diferentes funciones, pueden incorporar más de un significado arquetípico.

Jung crea, en realidad, la psicología moderna con la observación de que la estructura básica de muchos símbolos y mitos es universal, incluso entre culturas que no han tenido relaciones históricas entre sí, como bien ha observado Eliade Mircea, que tanto ha contribuido al conocimiento de la historia de las religiones.

Está hoy probado que la mayoría de las culturas antiguas poseían los mismos mitos, como el del héroe, el del círculo o mandala para representar la totalidad, el del ángel o demonio, o bien sueños recurrentes, como el deseo de volar como los pájaros, que estaría en el origen de la representación de los ángeles con alas, y de un deseo ancestral del ser humano, el de poder moverse libremente en el espacio. Para Jung, su teoría del subconsciente colectivo y de los mitos están relacionados con lo que llamamos instinto, que está inscrito en nuestros cromosomas.

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Al mismo tiempo que las ciencias llamadas positivas o naturales quitaron credibilidad a la existencia de los ángeles como seres externos al hombre, los descubrimientos de los últimos tiempos, comenzando por los de Jung, devolvieron credibilidad a esos seres espirituales, como ángeles y demonios, en tanto que fenómenos de nuestra psique, y en consecuencia reales, aunque en otra dimensión de lo que solemos llamar realidad.

Para Jung, la religión, despojada de sus alienaciones de poder e institucionalidad, representa un elemento fundamental del proceso psicoterapéutico y del simbolismo. Mientras que para Freud el psicoanálisis era un instrumento científico, Jung insistió más en el carácter simbólico y mágico del mismo. Para Jung existe la llamada «imaginación activa», en la cual las imágenes del subconsciente son vistas como algo autónomo de la psique. Usando este método es posible, según el psicoanalista suizo, aproximarse a la mentalidad arcaica por medio de una posición de responsabilidad consciente, reconociendo el subconsciente y sus personificaciones como ángeles, demonios y otros tipos de espíritus, buscando la mejor forma de responder a ellos.

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Jung insistió siempre en los aspectos psicológicos de la religión que todo psicoanalista reconoce sea de la escuela que sea. Recuerdo que el psiquiatra y psicoanalista italiano Carlo Brutti, que había hecho una experiencia piloto sacando los enfermos del manicomio de Peruggia para colocarlos en comunidades terapéuticas abiertas, me contaba la fuerza que los fantasmas y las psicosis religiosas tenían en sus pacientes. Me contaba que pacientes que habían hecho grandes progresos recaían de golpe ante una declaración retrógrada del Papa de turno. Para él, el fenómeno religioso y sus símbolos tenían tanta fuerza o más en la terapia psicoanalítica que los ligados con la sexualidad.

 

LOS ÁNGELES Y LA CIGÜEÑA QUE TRAE EN SUS ALAS A LOS RECIÉN NACIDOS

Jung ve a los ángeles como la «resurrección del Fénix» y comenta: «Mensajeros divinos siempre aparecen en esos nacimientos mitológicos, como puede observarse en el uso que hacemos de padres dioses». La leyenda de la cigüeña que trae del cielo, en su pico, a los recién nacidos, podría ser un mito de un mensajero angelical de Dios. Jung llegó a reconocer la leyenda judía según la cual Adán, antes de conocer a Eva, tuvo una esposa demonio llamada Lilite. Adán la obligó a volver a él con la ayuda de tres ángeles. Según Michela Zonta, para Jung los ángeles son «una tríada superior, aérea, espiritual, en conflicto con el poder femenino inferior» y añade que los ángeles, en concreto, son para él «el reflejo de la odisea laberíntica de la psique humana».

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No es de extrañar, dado el interés de Jung por la simbología religiosa y por los pensamientos mágicos desarrollados en el subconsciente, su interés por los estudios ufológicos y por las naves espaciales a las que él llamaba «ángeles tecnológicos». Los discos voladores tuvieron un sentido religioso antes de convertirse en fenómeno político en los años cuarenta. Para algunos, esos discos voladores, que traerían noticias de otros mundos, estarían guiados por ángeles.

 

Jung vio en el tema de la ufología una especie de angeología laica y tecnológica, otro de los arquetipos y mitos ancestrales, el deseo innato de conocer otros pueblos, otras culturas, otros seres diferentes de los nuestros a los que no es difícil considerar como seres extraordinarios, que de alguna forma hacen parte del mundo mágico de los espíritus y del anhelo de sorpresa y de curiosidad que siempre invadió al ser humano, desde las cavernas hasta hoy.

 

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