JESÚS.

El Jesús histórico

Hace 2.000 años, un hombre llamado Jeshua Ben Josef recorrió el desierto de Judea predicando. Jeshua significa «será redimido», «Yahvé es salvación». Hoy en día apenas hay datos fiables sobre su vida, ya que sólo reyes y relevantes personalidades políticas dejaban anales, informes de su vida escritos por años. Jesús, hijo del carpintero José, nació en Nazaret, una pequeña localidad de Galilea que por aquel entonces contaba con una población de entre 200 y 300 habitantes. Su madre se llamaba María y, según los Evangelios, era «virgen». Hoy en día, este dato se considera un motivo simbólico de exaltación, pues se estaba hablando de un hijo de Dios. El nacimiento de Jesús se puede datar aproximadamente en el año 4 a.C., porque coincidió con la regencia de Herodes. Fue una época económicamente difícil, en la que muchas personas temían por su libertad debido a las frecuentes deudas que contraían. Aquél que no podía pagarlas corría el riesgo de caer en la esclavitud.

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Jesús fue al principio un seguidor de Juan Bautista, y pronto empezó a predicar él mismo. Mientras llevaba a cabo su labor misional, reunió en torno a su persona a un grupo de gente a la que transmitió su doctrina.

Herodes murió cuatro años antes de la «nueva era». El monje Dionisio el Exiguo utilizó por primera vez este concepto en el siglo VI: el nacimiento de Cristo fija el punto de partida y determina el centro de toda la cultura de orientación cristiana hasta nuestros días.

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Juan bautista era hijo del sacerdote Zacarías y de su esposa Isabel (una prima de María). Anunció la llegada del Mesías y bautizó a los penitentes como símbolo de salvación y arrepentimiento. Jesús también fue bautizado por el bautista.

Jesús en los Evangelios

La mayor parte de los datos que se conocen sobre la vida de Jesús están recogidos en los cuatro Evangelios, aunque no se trata en realidad de una crónica histórica sino más bien de testimonios de fe. En ellos aparecen manifestaciones sobre la resonancia que la vida y las enseñanzas de Jesús tuvieron entre los contemporáneos y, en este sentido, deben leerse teniendo en cuenta el contexto histórico del judaísmo del siglo I. Con todo, sí se pueden extraer algunos datos sobre la persona de Jesús: fue hijo de padres judíos, por tanto, su lengua materna era el arameo; su año de nacimiento coincidió con el de la muerte de Herodes el Grande; su lugar de nacimiento, Nazaret, carecía de toda relevancia política; Jesús fue el primogénito de su madre, María, y tuvo hermanas y hermanos.

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En la Última Cena, que Jesús compartió con sus apóstoles, se instauró el sacramento de la eucaristía, que hoy se celebra en su conmemoración.

Juventud y primeras apariciones Públicas

Se cree que Jesús, al igual que su padre, aprendió el oficio de carpintero. Es seguro que conocía las Escrituras, así como las reivindicaciones de los fariseos. En aquel tiempo, numerosos predicadores ambulantes recorrían el país, realizaban exorcismos, obraban milagros y alimentaban la creencia en un Mesías, un soberano descendiente de la estirpe de David que traería tiempos mejores y libraría al pueblo de Israel de la opresión. También Jesús creía en la llegada inminente del Reino de Dios. Fue bautizado en el Jordán por san Juan Bautista, un predicador del desierto —un ritual que garantizaría la vida en el ya cercano Reino de Dios—. Al parecer se convirtió en un seguidor de san Juan Bautista.

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Los padres de Jesús tuvieron que desplazarse hasta Jerusalén porque se estaba realizando un censo de población. Como al llegar la noche no encontraron ningún lugar donde hospedarse, hicieron noche en un establo, donde María dio a luz a su hijo.

Jesús comenzó a predicar a los 30 años de edad, después de que Juan Bautista, que había atraído la atención de los romanos, fuese ejecutado. Sus enseñanzas se difundieron con rapidez, ya que se oponían a la, ocupación romana y prometían nuevas expectativas para el pueblo. Jesús se basó en el judaísmo de su época y confirmó que Dios se había revelado a Moisés en los cinco libros. Pero su doctrina fue mucho más allá. Con sus apariciones públicas en los alrededores del lago Tiberíades, fue ganando un mayor número de adeptos que empezaron a seguirle. A diferencia de los fariseos, que pretendían la mayor fidelidad posible a la ley e intentaban interpretar y seguir hasta el más mínimo detalle las leyes que Moisés había recibido de Dios, Jesús subrayó la posibilidad de pensar e interpretar las Escrituras de manera independiente.

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Poncio Pilato (a la derecha de la imagen, sentado sobre el podio), en su condición de procurador romano de Judea, fue responsable de la condena a muerte de Jesús de Nazaret.

 

Reinterpretación de la Ley

Jesús intentó contrarrestar el seguimiento ciego de las Leyes. Percibió que tanto Dios como la fe corrían el riesgo de ser relegados a un segundo plano por un código de leyes que por aquel entonces contenía ya más de 600 preceptos. Por ello, comenzó a reinterpretar la Ley, y en parte a quebrantarla —por ejemplo, al transmitir ideas como: «El sábado ha sido hecho para el hombre y no el hombre para el sábado» (san Marcos 2, 27)—. Jesús difundió la imagen de un Dios que no medía a los hombres por su posición en este mundo, sino por su comportamiento con el resto de los seres humanos. El mandamiento de amar al prójimo (uno de los mensajes más importantes del Sermón de la montaña), aunque se vio como invitación a romper el círculo vicioso de violencia y contra violencia, de hecho no fue entendido ni puesto en práctica por todos.

Las ideas de este predicador ambulante fascinaban a la gente, aunque le provocaban una actitud crítica.

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Tras una prédica en Jerusalén durante la Pascua judía, Jesús fue detenido y condenado a morir en la cruz. La crucifixión, como pena capital para los delitos graves, procedía de Oriente y era una modalidad de ejecución habitual entre muchos pueblos antiguos.

Una doctrina explosiva

Jesús difundió enseñanzas revolucionarias y predicó el amor como mandamiento. Para él, todos los hombres eran iguales, tanto el rey como el mendigo o el esclavo. Pero el mundo aún era «romano» y las diferencias sociales, e incluso la esclavitud, estaban a la orden del día. La libertad predicada por Jesús significaba un detonador social y la llegada de unas ideas que podían poner en entredicho el orden establecido. Mandamientos como «Amarás al prójimo como a ti mismo» difícilmente podían encontrar aceptación en los gobernantes de una sociedad que se basaba en la opresión y en la explotación de los pueblos sometidos. Este pensamiento fue expresado muy claramente en el Sermón de la montaña (Mateo 5-7): la idea de la igualdad de todos ante Dios dio a los hombres una nueva esperanza. Los pobres y los enfermos, los mendigos y aquellos que pertenecían a las capas más bajas de la sociedad vieron un futuro en el Reino de Dios que predicaba Jesús.

Jesús, el Mesías esperado

Las gentes anhelaban su liberación de la potencia romana ocupante y de las onerosas cargas implícitas. Y por ello creyeron encontrar en Jesús Mesías y al mismo tiempo al hijo de la familia del rey David que había de traerles la libertad; pues Dios había prometido al rey David que la soberanía permanecería en manos de sus descendientes —algo que podía aplicarse a la familia de Jesús, que según se decía era descendiente de David—.

Crucifixión de Jesús

Jesús selló su destino cuando decidió ir a Jerusalén coincidiendo con el Pésaj , probablemente el año 30. La ciudad estaba llena de peregrinos, lo que le brindó un nutrido auditorio. Pero este perturbador de Galilea llamó pronto la atención de los romanos, quienes actuaron de forma rápida y lo apresaron. Sus sermones se consideraron tan peligrosos como los predicados pocos años antes por Juan Bautista. Según la tradición, uno de sus apóstoles, Judas, traicionó al maestro. A continuación, Jesús fue entregado al procurador Poncio Pilato, que mandó ejecutarlo en la cruz, por entonces el castigo habitual que se imponía a los rebeldes.

El escritor y político romano Cicerón (106-43 a.C.) consideraba la crucifixión la más cruel de las ejecuciones, por ello no se aplicaba a los romanos. El condenado debía llevar su cruz hasta el lugar de la ejecución. Según el derecho romano, Jesús fue condenado de modo reglamentario. El día de su muerte se fija, según lo transmitido, la víspera del Pésaj. Murió a las pocas horas de estar en la cruz. Se desconoce el emplazamiento de su tumba, lo que ha dado pie hasta la fecha a numerosas especulaciones.

 

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