Introducción Historia Política.

Fuente: Conversación con Pablo iglesias

Autor Jacobo Rivero

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La audacia y la democracia

Una conversación se basa en la premisa de que quienes la mantienen hablan familiarmente, en confianza. Tiene la virtud de que, por lo general, no se sustenta ni en el grito ni en el insulto. No necesita partir de convergencias y puede ser divergente en posturas y argumentos. Una conversación admite preguntas y reflexiones, suele ser compartida; en las mejores ocasiones, todos los interlocutores intervienen, hablan, comentan, y no se limitan a atender el discurso de un protagonista principal. Según el diccionario de la Real Academia Española, entrevistar es “mantener una conversación con una o varias personas acerca de ciertos extremos, para informar al público de sus respuestas”. La voluntad es que una conversación en confianza sirva para informar al público de algunos aspectos del pensamiento de Pablo Iglesias, probablemente uno de los personajes políticos más interesantes de los últimos años en España, con independencia de la opinión que cada uno tenga de él.

Un millón doscientos cuarenta y cinco mil novecientos cuarenta y ocho votos obtuvo Podemos en las elecciones al Parlamento Europeo del pasado 25 de mayo de 2014. Desde entonces, Pablo Iglesias se ha convertido en un fenómeno mediático, académico, protagonista de charlas más o menos formales, también de cañas y discusiones a pie de calle. Lo cierto es que, desde hace unas semanas, Pablo Iglesias parece ubicuo, por todas partes se le reclama y, asombrosamente, procura estar disponible para atender a todos. Ha pegado tan fuerte que, incluso si se produce un hecho histórico como la abdicación de Juan Carlos I, muchos miran de reojo al líder de Podemos para ver qué dice y cómo respira.

Al día siguiente de las elecciones al Parlamento Europeo, la noticia más destacada por los medios de comunicación y comentaristas políticos era la irrupción de Podemos en el escenario de la representatividad parlamentaria. Una nueva fuerza electoral que de la noche a la mañana lograba ser el cuarto partido más votado en España, el tercero en las comunidades de Aragón, Madrid, Asturias, Baleares y Cantabria. Una circunstancia que acepta pocas comparaciones. Más allá de fenómenos anecdóticos, ningún partido desde la aprobación de la Constitución en 1978 había provocado tal maremágnum informativo.

Podemos ha agitado la democracia, ha provocado rozaduras en todos los partidos, y ha acaparado la atención dentro y fuera del país cuando se habla de la actual situación política en España. En un artículo publicado en The New York Times tras las elecciones europeas, el corresponsal del diario más importante del mundo, Raphael Minder, titulaba: “El nuevo partido español

Podemos pudo. Ahora empieza la parte difícil. El periodista señalaba la analogía entre el mensaje de Podemos y el Yes we can! de Obama en su campaña para las presidenciales estadounidenses de 2008. En el artículo del periódico estadounidense, Pablo Iglesias comentaba: “No hemos nacido para ser un incidente anecdótico, y sí para instar al Gobierno y a los grandes partidos a introducir cambios, tras demostrar que ellos mismos son parte del problema y no la solución”.

El fenómeno es analizado desde perspectivas que van desde la alabanza de la propuesta y los resultados hasta otras que apuntan al azar y la desesperación de la situación. Para algunos es un síntoma de un “cambio de régimen” y para otros no es más que un “voto de castigo”. Con un presupuesto para la campaña electoral de alrededor de 150000 euros, el más bajo con diferencia de todos los partidos que lograron representación en Bruselas, la candidatura amortizó la inversión sobradamente, dada su repercusión sin precedentes y sus cinco eurodiputados. Hasta dónde puede llegar la nueva formación en futuras convocatorias electorales es una incógnita, pero las encuestas apuntan a que seguirán produciéndose resultados sorprendentes.

Más allá de las afinidades y recelos hacia Podemos y Pablo Iglesias, muchos reconocen la audacia de su campaña electoral y de un discurso que ha sabido enganchar a una parte importante de la ciudadanía. La nueva iniciativa política ha sabido combinar a la perfección un inteligente uso de las redes sociales, un discurso con referencias novedosas (“la casta”) y la enorme proyección mediática de su líder: Pablo Iglesias. No cabe duda de que la ecuación, electoralmente hablando, ha funcionado.

También en Podemos hubo sensación de shock, más o menos disimulado, la noche de las elecciones europeas. En la continuidad de la resaca tras el 25-M, Pablo Iglesias, en una rueda de prensa celebrada a principios de junio en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, ante algo más de medio centenar de periodistas, algunos de medios extranjeros, señalaba con gesto sincero que tras las elecciones europeas se encontraban “sobrepasados”. Un asunto que, en relación a la gestión de un nuevo cuerpo político que gravita entre partido político y movimiento, ha desatado algunas tensiones. Lógicas y razonables para algunos; significativas de la inestabilidad del proyecto para otros.

Todos los análisis coinciden en un aspecto. No se podría entender el fenómeno Podemos sin lo ocurrido el 15 de mayo de 2011 en muchas ciudades del país, cuando miles de ciudadanos ocuparon las plazas como expresión de hastío frente a la situación económica y política. Un grito —en ocasiones, paradójicamente, mudo— que se valoró desde distintas ópticas, pero que en lo referente a por qué se producía fue mayoritariamente desatendido desde las instituciones. Se trató más como una cuestión de orden público que como una apelación. Pero desde entonces hasta ahora las circunstancias informativas no han dado motivos para que esa indignación que se vivió en las plazas tenga muchos motivos para la alegría y para esperar un cambio de tendencia. Al contrario, la corrupción, los desahucios o los recortes han sido desayuno, comida y cena de las informaciones, sin que los ciudadanos hayan percibido una sincera política de tolerancia cero hacia esas actitudes de corrosión política y abuso de poder.

Por encima de estas circunstancias, Podemos ha logrado tener personalidad propia y actitud. Virtudes poco habituales en el panorama político actual. Además, ha logrado destotemizar expresiones que generaban sarpullidos en una izquierda poco amiga de las cámaras y los fiases. A cambio, se ha calificado a Podemos, desde trincheras opuestas, como representantes de la “antipolítica”, “populistas”, “bolivarianos”, “lepenistas” o “demagogos”, entre otras lindezas. También se les ha elogiado como aire fresco de la izquierda social, de las plazas, o de ambas cosas. Incluso desde entornos más o menos representativos del 15M han recibido críticas. También alabanzas.

Pablo Iglesias logró infiltrarse en los televisores de muchos ciudadanos para lanzar su mensaje. Primero desde programas que dirige, como La Tuerka y Fort Apache; luego, como objeto curioso en tertulias preparadas para la confrontación más beligerante, en los canales del llamado TDT party; y, finalmente, como tertuliano habitual en formatos de mayor audiencia, en programas como La Sexta Noche o Mañanas Cuatro. De los movimientos sociales y formas de comunicación minoritarias al prime time. De hablar para pocos, a ser escuchado por miles, incluso millones.

En su meteórica trayectoria, la iniciativa ha sobrepasado a partidos que se presentaban como regeneracionistas de la vida política, como Unión Progreso y Democracia (UPyD) o Equo; ha soplado en el cogote de la formación tradicionalmente más representativa de los lugares a los que apelaba Podemos, Izquierda Unida, y ha metido cierto miedo en el cuerpo a los dos principales partidos políticos de la historia democrática de España: el Partido Popular y el Partido Socialista Obrero Español, que han visto por primera vez peligrar su mayoría política. Podemos ya es el primer partido político del país en cuanto a seguimiento en Twitter y Facebook. Un asunto que no es menor en los nuevos tiempos comunicativos que vivimos.

Podemos se presentó en sociedad en enero de 2014 en el Teatro del Barrio, en Madrid, como “un método participativo abierto a toda la ciudadanía”. Sus integrantes organizaron unas primarias abiertas para elegir candidatos a las listas para el Parlamento Europeo en las que participaron cerca de 33000 personas de toda España. Su campaña electoral tuvo poca repercusión en los medios de comunicación, hasta que empezaron a asomar tímidamente en las encuestas. La noche electoral del 25 de mayo Podemos fue la sorpresa inesperada de unos resultados que, además, dejaban la suma de los votos a los dos principales partidos políticos del país, el PP y el PSOE, por debajo del 50%, algo que no había ocurrido en la historia de la democracia. Tras conocerse los resultados, esa misma noche, Pablo Iglesias señaló ante sus seguidores: “Asumimos un diagnóstico político del 15M. No podemos hablar del fin, pero sí del principio del fin del bipartidismo. Hay que echarlos porque son los culpables de la ruina del país”. En declaraciones al diario El País señalaba: “No nos conformamos. No es para nosotros un resultado testimonial. Vamos a abrir un periodo de confluencia con otras fuerzas políticas. Los partidos de la casta han sufrido el más severo varapalo, ambos suman menos del 50% de los votos. Pero no habremos cumplido nuestro objetivo hasta que no los derrotemos”.

Decía el filósofo Walter Benjamin a principios del siglo XX: “La libertad de hablar se está perdiendo. Antes era evidente que las personas que mantenían una conversación se interesaban por su interlocutor, pero eso ha sido hoy sustituido por la pregunta por el precio de sus zapatos o de su paraguas”.

 

 

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