HACIA UNA MÍSTICA MUNDIAL – ESPIRITUALIDAD DE OCCIDENTE Y ORIENTE

Mientras que los caminos religiosos tradicionales intentan lograr la liberación interior del mundo mediante el desasimiento de esta vida terrenal, desplazando lo esencial al más allá, para allí alcanzar una mirada directa de lo Absoluto, de lo Divino, del Vacío y de lo desconocido, la espiritualidad actual e integral parte de los caminos místicos del Oriente y de Occidente y coloca el aquí y ahora en el centro. Porque lo indescriptible se manifiesta en el aquí y ahora precisamente en esta forma, en este momento, en este lugar. No se trata de abandonar el mundo, de desasirse de esta vida, de entrar en el cielo o en una reencarnación para alcanzar el gozo o la salvación. Se trata de bailar la danza del proceso de la evolución en este preciso instante. No se baila para llegar cuanto antes al final, se baila por el baile mismo. La meta consiste en experimentarse a sí mismo como bailarín, en hacer la experiencia de que todo actuar está penetrado de espiritualidad. Es caer en la cuenta de estar ligado con todo en una presencia fuera de toda duda. Esto supone un estado de consciencia despierto, muy diferente del habitual, que permite pasar a la experiencia del Vacío, de la Nada. Pero esta vacuidad no está vacía, y la Nada no es que sea nada. Es una consciencia que podemos designar como transracional o bien no-racional. Esta experiencia se caracteriza por una cualidad tan extraordinaria que no admite dudas sobre su realidad y que es capaz de abrir puertas olvidadas, derribar convicciones religiosas y deparar consecuencias insospechadas para la vida. Esta experiencia desemboca luego en la vida cotidiana, como nos lo enseña el décimo y último cuadro del boyero del zen, donde figura el regreso a la plaza del mercado. Aquí, en nuestra vida completamente corriente, tiene que validarse toda experiencia mística. Porque la meta de la mística no es ningún éxtasis elevado, sino el desarrollo total de nuestra humanidad. A través de la experiencia de la Nada el camino lleva al Todo. La mística auténtica afirma al mundo y conduce hacia una forma muy nueva de amor al mundo. No solamente dice sí al mundo y a la persona, sino también al proceso histórico desarrollado en el tiempo. Porque la persona que haya superado su antropocentrismo y geocentrismo infantiles en la experiencia mística sabe que está integrada en el proceso evolucionista, en el que se desarrolla lo divino. Nacer y morir, lo bueno igual que lo llamado malo se reconocen como la consumación de la vida en el aquí y ahora. La potencia creadora se encuentra en todo. Cuando la persona cae en la cuenta de ello, esta misma potencia creadora cobra vida en ella y la lleva a la responsabilidad para con el mundo y su prójimo. “La persona mística creadora ha sido desde siempre la cruz de la Iglesia, pero la humanidad debe a estas personas lo mejor”, dice C.G. Jung.

6-Psychological types-metirta.online

Psychological types

La consciencia atemporal se manifiesta como lo desconocido, lo no manifiesto, lo absoluto y divino, que descansa en la potencia pura, en el Vacío, en la libertad. Carece de estructura, de forma, de movimiento, es la consciencia pura y directa. Es atemporal, omnipresente, y no conoce ninguna división. Lo desconocido y absoluto también aparece como vida individual, como formas específicas y muy concretas, se manifiesta como nuestra vida personal. “Vacío es forma, forma es Vacío”, se dice en el Sutra del Corazón. Es la “hagios gamos”, la boda sagrada entre cielo y tierra, entre Dios y ser humano, entre Vacío y forma. Se concretiza como la condición humana que tengo yo, de forma completamente individual. Yo soy esta nota musical singular, inconfundible e irrepetible en la sinfonía Dios y, al mismo tiempo, soy la música que suena de manera atemporal, que no conoce principio ni fin. Yo soy una pieza del jugador infinito en este tablero de ajedrez que es la evolución. Este jugador se juega a sí mismo como esta precisa pieza. Soy quien está siendo jugado. Comprenderse a sí mismo como jugador, ésa es la meta de toda mística.

Una vez alcanzado el despertar, la consciencia penetra e impregna el mundo. Y aquí no se trata tan sólo de la salvación de todos los seres, en el sentido del primer voto del zen: “Los seres son innumerables, prometo salvarlos a todos”. Se trata de la continuación del proceso de la evolución. “Nuestro recuerdo es recuerdo de Dios, y nuestro levantamiento es levantamiento de Dios”. (Llama de amor viva, IV,9)

El recuerdo del ser humano es el recuerdo de Dios. El recuerdo de la sociedad es el recuerdo de Dios en la sociedad. Y el recuerdo del cosmos es el recuerdo de Dios en la evolución.

La dimensión mística forma parte de la naturaleza humana desde el principio. La meta de nuestra vida consiste en caer en la cuenta de ese núcleo divino en nosotros. Somos criaturas que están de paso hacia esa meta. Es el motivo de haber nacido como seres humanos. En este conocimiento se basa toda ética.

Estamos hambrientos de lo divino y de una irrupción interior. Tarde o temprano ocurrirá: cuando comprendamos que estamos ligados hondamente con la totalidad y con todos los demás seres. Nuestra separación de la Realidad es una ilusión y la equivocación mayor de nuestra época. Mientras se viva la existencia humana como separada de la Realidad más alta nos atormentarán la ignorancia, la ilusión, las dudas y el sinsentido. Si una persona se esfuerza, dedicando tiempo diariamente a la meditación, se acercará cada vez más a este conocimiento.

La transformación que anhelamos no se alcanzará nunca exclusivamente por la práctica espiritual. Se trata de algo más que de nuestros propios esfuerzos, por muy heroicos que sean. Nuestra práctica deberá tener su continuación en la vida cotidiana, en una presencia amorosa y en una relación constante con esta Realidad. La meditación conduce a la vida cotidiana y a la vida corriente. No lograremos ninguna transformación por lo que hacemos, sino por nuestra fusión con la fuente de la que todo brota. Esta fuente no puede ser más que una sola. La verdadera unidad de todas las religiones consiste en experimentar esta fuente.

Las experiencias místicas nos muestran el camino hacia el siguiente nivel del desarrollo de nuestra consciencia. Como especie humana no es nuestro destino vivir en discordia y enemistad. La experiencia mística nos enseña que los seres humanos no somos ajenos los unos a los otros y que podemos vivir con amor entre nosotros. Nos muestra caminos para transcender nuestra estructura del yo y cambiar nuestro comportamiento humano. La experiencia de la unidad conlleva una potencia transformadora que cambia nuestro comportamiento humano radicalmente. Porque todos los caminos espirituales que conducen hacia la experiencia mística profunda revelan que nada es separado, sino que todo es uno. Es posible para el ser humano transcender el ego y experimentar un fondo que nos une con todo lo existente. Esto nos hace comprender, por fin, que nosotros mismos somos manifestación de la consciencia universal.

7-La no-dualidad-metirta.online

La no-dualidad

Esta consciencia es atemporal, sin principio y, por ello, siempre presente. Se despliega como un abanico y no hay nada fuera de él, ningún pliegue está fuera del abanico. La consciencia no cambia, igual que el mar no cambia, aunque se levanten en él miles y miles de olas. La consciencia sale de sí misma y se desarrolla a sí misma. Es como el sol que se refleja en la superficie del océano. Cuando la superficie tiene ondulaciones, surgen miles de pequeños soles, y la imagen reflejada del sol desaparece. Miles de pequeños soles aparecen junto con las múltiples olas. Todos reflejan, todos manifiestan dentro de su limitación al único sol. La consciencia, que es una, se quiebra en muchas consciencias, pero todas ellas juntas forman la consciencia una. En el nivel de la consciencia personal existe el yo y el tú.

En el nivel de la consciencia universal tan sólo hay no-dualidad, o unió mystica. Nuestra consciencia racional y personal cae continuamente en el engaño y cree que únicamente existen las pequeñas olas con múltiples reflejos. Y así niega al sol. Pero quien ve únicamente el sol y no las olas niega la existencia de las olas. La consciencia una se despliega en muchas formas individuales que no están separadas de ella.

 

←HACIA UNA MÍSTICA MUNDIAL

←LA FE EN LAS CIENCIAS OCULTAS