HACIA UNA MÍSTICA MUNDIAL – EL CAMINO DE LA CONTEMPLACIÓN

Podemos considerar la contemplación cristiana como el camino místico de Occidente, que quiere conducir al abismamiento y a la experiencia de la Realidad Última.

2-Evagrio Póntico (345-339). mone y asceta cristiano autor de la 1ª lista de pecados capitales vicios malvados

Evagrio Póntico (345-339). monje y asceta cristiano autor de la 1ª lista de pecados capitales vicios malvados.

La palabra “contemplación” procede del latín. Contemplan significa “mirar”. En la literatura cristiana no se utiliza este concepto de forma uniforme. A veces se utiliza en el sentido de meditación o reflexión, queriendo referirse a la meditación sobre algo, sobre un contenido, ya sea un versículo, una imagen o un concepto. También sirve para referirse a una forma de oración sin objeto, y ésta es la que aquí me importa exclusivamente. Entonces, la contemplación no se refiere a meditar sobre un contenido, sino a un estado de la experiencia más allá de las potencias activas de nuestra consciencia cotidiana.

La meta de la contemplación consiste en mirar al propio ser, mirar lo divino en nosotros y en la creación mediante un caer en la cuenta o bien mediante una experiencia más allá de nuestras potencias intelectuales.

La contemplación puede clasificarse en cuatro fases que, sin embargo, en la práctica siempre se entrecruzan,

1° La práctica de la oración como camino hacia In contemplación

2° Percepción del ser propio: oración de quietud

3° Experiencia de iluminación

4° Personalización de la experiencia de iluminación

Las primeras dos fases se alcanzan por casi todas las personas mediante la práctica. Conducen a un estado de gran sosiego y profunda paz. En el ámbito religioso cristiano la segunda fase se denomina “oración de quietud”, que se experimenta como estar simplemente en la presencia de Dios. La persona mira su propia profundidad, que siempre es la profundidad de Dios. Generalmente, la “oración de quietud” afecta fuertemente a la personalidad, provocando un cambio de su estructura. Pero aún no se trata de un estado místico en el sentido propio. Ésta se da tan sólo en las fases tres y cuatro. El estado místico le ocurre a la persona, no es algo que pueda procurar con la voluntad, únicamente puede prepararse para ello con la práctica. Es tan sólo posible cuando las potencias del alma, razón, memoria y voluntad, están sosegadas. Todas las potencias psíquicas están pasivas; han quedado atrás todas las imágenes religiosas, visiones, alocuciones interiores, pensamientos devotos y raptos. Evagrio Pontico escribe, en su tratado Sobre la oración, que únicamente se alcanzará la unidad con Dios cuando se esté totalmente libre de todo concepto y pensamiento. Asimismo, el gran místico español san Juan de la Cruz dice que habría que desprenderse de toda imagen y concepto. La irrupción que describe como una subida al monte conduce a un espacio de la consciencia al que llama Nada. Y Hadewijch de Amberes expresa esta experiencia con las siguientes palabras: “Cuando el alma se ha quedado sólo en la eternidad sin límites, algo sencillo se le revela: lo inefable, la pura y desnuda Nada”.

La persona que entra en este espacio experimenta un despertar a su naturaleza verdadera que en términos cristianos se llama divina. Esta unión significa tener la edad de Dios, significa ser vida atemporal. Nuestra naturaleza más honda carece de edad. Es atemporal como Dios mismo. Cuando experimentamos esta existencia atemporal es que hemos resucitado.

 

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