GRIFOS.

Para los griegos la palabra gruy grpós, tenía un único significado, «grifo», que para ellos era un animal fabuloso, mitad león, mitad águila. Del griego pasó al latín clásico, gryps gryphis, y posteriormente a la forma del latín tardío gryphus, de la que deriva nuestra palabra. Al ser un híbrido de dos especies animales, comparte características de ambas: del águila posee la parte superior del cuerpo, la cabeza, las alas y un afilado pico; del león la parte inferior, las patas traseras, el lomo y la cola. Como mamífero que es, vive en manada y caza en grupo, pero puede hacerlo en tierra con la potencia del león, o volar por el cielo y lanzarse en picado como las águilas.

GRIFOS

El origen de este ser pudo estar en Oriente Próximo, donde aparece en pinturas y esculturas de los antiguos babilonios. Hoy en día sólo pertenecen a la ficción de los hombres, pero en la antigüedad, autores tan reputados como el historiador griego Heródoto o el compilador Eliano, creían en su existencia, e incluso aparece nombrado en la obra de Virgilio, y tampoco se olvidaron de él los bestiarios medievales, en los que figura como emblema de Cristo.

El grifo representaba el valor y la grandeza de ánimo, pues el águila y el león son los más nobles y fieros de todos los animales. En los antiguos bestiarios simbolizaba las cualidades morales del buen maestro, como la prudencia, el valor, la audacia y la atención al deber y a las obligaciones, y por eso aparecía asociado a la figura de Cristo. Esta relación entre el grifo y la divinidad se repite como símbolo de Júpiter, del Sol, de Osiris o de Apolo, al que le servía de tiro para su carro. Durante el Imperio Romano la figura del grifo tenía además un valor político, pues representaba el poder que doblegaba a los otros pueblos.

En el arte, el grifo es uno de los seres más representados. Aparece en pinturas murales de los palacios mesopotámicos, es emblema en heráldica, era costumbre colocarlos sobre los sepulcros con candelabros para que los viajeros respetaran las sepulturas y era frecuente en las esculturas. Los romanos los utilizaban con fines decorativos en frisos y candelabros, y en la baja edad media era uno de los motivos habituales en las gárgolas, de las que ya hemos hablado.

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En el Museo de Heraclion en Creta, se encuentra una talla de bronce con la figura de un grifo del siglo VI a. C., y en muchos monumentos aparece como símbolo de Apolo. En Roma se conserva una estatua de mármol con la efigie de Augusto, en cuya coraza aparecen grabados distintos motivos, entre ellos la figura de Apolo montada sobre un grifo. Más moderna es la versión que hay en Barcelona, junto al puerto marítimo. En la fachada del edificio de la Aduana, pueden verse diversas estatuas, algunas de ellas figuras mitológicas, como los dos grifos que destacan a la izquierda.

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