GNOMOS

Aunque los gnomos son muy conocidos gracias a los cuentos infantiles, quizá debamos considerarlos más una fuerza de la naturaleza que una criatura física. Tal y como nos recuerda Katharine Briggs en su diccionario de las Hadas, los gnomos «pertenecen más a la ciencia antigua que a la tradición popular». Forman parte de los cuatro seres elementales de los que habló el alquimista suizo Paracelso en el siglo XVI, quien se basó en las concepciones filosóficas de los antiguos griegos para dividir la materia en cuatro elementos (tierra, qua, aire y fuego) y hacerles corresponder a cada uno de ellos un espíritu. Los gnomos corresponden al elemento «tierra», de la que son oriundos, y por la que pueden moverse con enorme facilidad.

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Gnomos.

Si ahora nos imaginamos a los gnomos con unas determinadas características físicas que los vinculan a los enanos y a los goblins, ello se debe a la entrada de los gnomos en la tradición popular. Los elementos que los sostienen son éstos: viven bajo tierra, pequeños, achaparrados y fuertes, trabajan en las minas, de donde extraen los materiales que después labran artesanalmente, se dejan crecer barbas muy largas, raras veces salen al exterior y cuando lo hacen suelen toparse con su enemigo natural, un gigante o un trol que pretenderá comérselos.

En realidad, en las leyendas del folclore se diferencian muy poco de los enanos, y su valoración como criatura fantástica está muy alejada de las especulaciones esotéricas de los alquimistas, por lo que podemos decir que hace mucho que dejaron de ser espíritus elementales.

Muy pocas veces se dicen los nombres de los gnomos en los cuentos tradicionales. Como suelen ir en grupos, casi siempre aparecen descritos como «un grupo de gnomos  que iba por el bosque», o «un grupo de gnomos que salieron de la mina». Sin embargo, en muchos relatos se repite el nombre del «señor Pok» como el de un gnomo viajero que participa en toda clase de aventuras, y que finalmente regresa a su tierra después de haber pasado cientos de años fuera de ella. A su regreso, muy poca gente recuerda ya al bueno de Pockel, pues así era como lo llamaban en su juventud alocada, antes de que se le ocurriera ir a descubrir cómo era el mundo. Aun muy pronto se gana el respeto de todos. La mayoría de estos relatos acaban con la muerte y el entierro de Pockel, al que asisten embajadores de todos los lugares del mundo para rendirle un último homenaje a aquel viejo aventurero al que todos llamaban «señor Pok».

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Los cabalistas pensaban que los gnomos eran agentes de la naturaleza encargados de alentar a los animales conforme a su propio temperamento. Así por ejemplo, un gnomo presuntuoso animaría a un león, uno astuto se apoderaría del cuerpo de un zorro, y otro altanero se encargaría de alentar a un caballo.

 

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