GEOPOLÍTICA DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL. EL CAMINO DE ESPAÑA HACIA EL FUTURO.

Por. Ahishur Prakash FUTURISTA GEOPOLÍTICO EN EL CENTER FOR INNOVATING THE FUTURES. AUTOR DE, ‘THE AGE OP KILLER ROBOTS’

Resulta necesario abordar la IA como tecnología y al mismo tiempo como variable geopolítica, porque los países invierten en IA para aumentar su poder e influencia. Eso significa que, si quiere convertirse en una potencia en IA, España tiene que estar preparada para moverse en un escenario geopolítico impulsado por la IA. Ya no es posible aplicar el paradigma geopolítico del pasado.

Y ello por varias razones. Ante todo, porque a diferencia del pasado, cuando los avances tecnológicos aparecieron en unos pocos países, la IA está apareciendo por todo el mundo, desde Toronto hasta Tokio pasando por Tel Aviv. Además, son las empresas, y no los países, quienes crean y exportan IA al mundo. De modo inédito, son los países los que van por detrás e intentan atrapar a las empresas.

 Por último, los gobiernos establecen por medio de la IA relaciones con otros países y desafían el statu quo. No había ocurrido antes con otras tecnologías, como internet o los teléfonos inteligentes. La IA está transformando la geopolítica de tal modo que hará que el mundo se adentre en territorio desconocido.

 Todo se está reconfigurando, desde los modelos de negocio hasta el diseño social. ¿Tiene España una estrategia para lo que está por llegar?

Riesgos geopolíticos a los que se enfrenta España

 Geopolítica empresarial

Por primera vez, y por lo que hace a la IA, son las empresas las que están al timón, no los gobiernos. Tomemos el caso de Japón. En ese país, Soft Bank, un conglomerado de telecomunicaciones y servicios tecnológicos, encabeza la ofensiva para competir con Estados Unidos y China: defiende la creación de una plataforma de IA que conecte Japón con la India y el resto del sudeste asiático; abre centros en el país para convertir la investigación en IA en nuevos servicios empresariales; y aboga por la introducción de una asignatura de IA en las escuelas japonesas.

 Es un ejemplo de una compañía que desempeña un papel más importante que el Gobierno a la hora de definir el futuro del país. Estamos ante un paradigma completamente nuevo. Y viene con riesgos nuevos.

 Es posible, por ejemplo, que las ciudades españolas compren IA a empresas extranjeras. Para su conversión en ciudades inteligentes, las ciudades malayas ya están usando IA china (una plataforma llamada City Brain). Al hacerlo, se vuelven poco a poco dependientes de la IA extranjera. ¿Seguirán las ciudades españolas el mismo camino?

Ya se trate del reconocimiento facial o del reconocimiento de voz, las ciudades que compren IA de empresas extranjeras podrían estar cediéndoles cierto control (a ellas y también a sus respectivos gobiernos), puesto que les proporcionarían un acceso sin precedentes a datos sensibles sobre lo que los ciudadanos hacen, compran, piensan, etcétera.

 Al obrar así, las ciudades corren el riesgo de volverse dependientes de una IA extranjera. Se trata de un riesgo geopolítico. Ciudades como Madrid o Barcelona quizá empleen mañana a cientos de trabajadores de IA, suministrados por empresas extranjeras. ¿Qué pasaría si esos trabajadores dejan de repente de estar disponibles por causas geopolíticas? De pronto, sin esa mano de obra, las ciudades españolas se enfrentarían al caos. La política de la IA Otro desafío al que deberá enfrentarse España es el modo en que la IA ensancha el ámbito de lo político.

 La IA está cambiando cada vez más el funcionamiento de la política en todo el mundo. Los próximos políticos quizá sean algoritmos. En Tokio, por ejemplo, se permitió en el 2008 que una IA concurriera a las elecciones en una zona de la región metropolitana (quedó en tercer lugar). Y, en Nueva Zelanda, Sam, un político virtual creado mediante IA se presentará en las elecciones del 2020.

 Al mismo tiempo, la IA desempeña ya un papel en la política pública. En Ohio, se utiliza la IA para identificar qué reglamentos derogar con el fin de reducir la burocracia. Y, en Japón, una prefectura simula con IA qué políticas públicas funcionarán mejor. Todo esto indica que la IA está empezando a redefinir la política. España debe comprender el significado de estas dinámicas, puesto que un desenlace podría ser la reconfiguración de la política española.

 Dadas las elevadas cifras del desempleo juvenil, no es improbable que los jóvenes votantes españoles sientan que el sistema no funciona para ellos y se inclinen por un político virtual que haga una campaña basada en la creación de empleos y la reducción de la corrupción.

 Consideremos lo que eso significaría. Los españoles podrían votar a una IA en futuras elecciones. Sería una formidable transformación. De entrada, ¿quién suministraría el político virtual? En Japón, la IA que se presentó a las elecciones fue en parte creada por una compañía.

Si unas empresas locales o extranjeras suministran los políticos hechos mediante IA se suscitarán temores en relación con una posible interferencia electoral. Además, ¿qué tipo de políticas propondrán los políticos creados por IA? En Madrid, por ejemplo, un político virtual podría proponer que todos los jóvenes recibieran una renta básica y un alquiler gratuito. Tal propuesta podría provocar un bloqueo político y la división de los partidos.

 Por último, ¿permitirá la ley española la elección de un robot político hecho con IA? De no hacerlo, es posible que se generen divisiones sociales si los ciudadanos buscan una nueva representación a través de algoritmos. Al mismo tiempo, el Gobierno español tiene la posibilidad de usar la IA para desarrollar las políticas económicas y sociales futuras. Aunque se corre el riesgo de que la IA sea parcial, en cuyo caso se exacerbarían las tensiones en el país, como ha ocurrido con los movimientos separatistas.

Si para reformar el sistema de bienestar el Gobierno recurre a la JA, esta podría discriminar a ciertos grupos como, por ejemplo, a los catalanes. De ocurrir, se alimentarían nuevas agitaciones.

¿Puede España aprovechar las oportunidades?

 Junto con los riesgos, la geopolítica de la IA está creando también inmensas oportunidades. Dado que aparece por todo el planeta, cualquier país puede alzarse y crear para sí un nuevo papel en el mundo. Y eso incluye a España.

 Sin embargo, España tiene que actuar deprisa. De las decenas de oportunidades que están a su alcance, una de ellas está relacionada con la ética. En este momento, los gobiernos de todo el mundo se esfuerzan por crear una ética para lograr que la IA actúe de modo justo y equitativo.

Y ahí España puede tomar la iniciativa. Por ejemplo, haciendo que el Gobierno español financiara un proyecto que uniera a interesados en todo el mundo para crear una ética susceptible de ser utilizada por compañías, países y ciudades con el objetivo de eliminar los sesgos de la IA. Al principio, claro está, debería elegir unas áreas específicas en las que centrarse, como la eliminación de sesgos de los algoritmos de contratación. Sin embargo, con el tiempo, podría crear una ética aplicable a todo, desde el mantenimiento del orden público a la contratación o la guerra, unos ámbitos cruciales en los que los países ya están invirtiendo.

De lograrlo, España se erigiría en pocos años en el centro de desarrollo de una ética usada en todo el mundo. Y eso es un nuevo tipo de influencia global. Todos acudirían a España para comprender cómo manejar la IA, y el país no solamente se convertiría en líder en el campo de la IA, sino en una potencia global en dicho ámbito.

Conclusión.

A medida que la IA transforma la geopolítica, los países como España se encuentran en el centro de la transformación. Por un lado, España tiene una gran historia; pero, por otro, se adentra en una época desconocida. En realidad, se encuentra entre las certezas y las incertezas La IA cambiarán prácticamente todos los aspectos del país.

 Desde el poder que tienen las empresas hasta el modo en que se lleva a cabo la política, pasando por la imagen que España quiere trasladar al resto del mundo, la IA lo reconfigurará y lo rediseñará todo en un plazo de tiempo muy breve. Se trata de una dinámica de la que es imposible hacer caso omiso o mantenerse alejados. Va a ocurrir. Y, en muchos sentidos, está ocurriendo ya.

 Eso significa que los dirigentes políticos y empresariales españoles tienen que tomar una decisión trascendental. ¿Actuarán con audacia y desarrollarán una nueva visión de la geopolítica de la IA? ¿O seguirán las pautas de un proyecto elaborado por otros?

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