Fortuna

FORTUNA


42- SIMBOLOS-FORTUNA

El conocimiento es la mayor fortuna

ENERGÍA

Yang

 

COMBINACIÓN

Energía Volteadora, Montaña, Hombre, Cielo, Padre

 

SIGNIFICADO

La energía yang de la fortuna no aporta sólo una prosperidad inmediata y un beneficio material, sino que ejerce un efecto profundo y duradero, nos da un vigor positivo cada día porque hace que volvamos a encontrar el verdadero significado de nuestra vida.

Este es el verdadero significado de la fortuna: porque no existe fortuna material superior a la fortuna espiritual, a la fortuna que posee quien tiene deseos de conocer. Quien conoce posee el secreto para alcanzar la plena felicidad.

Porque la felicidad está en los sueños. Y los sueños son fruto de la imaginación, de la expresión creativa del pensamiento.

La abstracción es la mayor fortuna del hombre.

La abstracción es la capacidad de meditar y reflexionar, es la parte yin de la fortuna yang.

Quizá recuerde la historia de Tales, fue probablemente el primer soñador con los ojos abiertos, del cual tenemos constancia escrita. Tales está considerado como el filósofo más antiguo de Occidente, y de él se narra que estaba acostumbrado a caminar mirando las estrellas sin que ni una vez sus ojos se posaran en el suelo, inmerso en sus reflexiones sobre la naturaleza y el universo. Un día, mientras caminaba mirando como siempre el cielo estrellado, Tales se cayó en un profundo hoyo. Entonces, surgió una sirvienta de la oscuridad y comenzó a burlarse de él: el filósofo tiene siempre la cabeza en las nubes y ni siquiera es capaz de ver dónde pone los pies.

Aparentemente, la historia elogia la figura enérgica y práctica de la sirvienta y ridiculiza la figura soñadora de Tales: nos dice que si el filósofo mirara al suelo en lugar de mirar las estrellas, no acabaría con los huesos por tierra. Pero la historia también tiene otro significado, que da la vuelta al planteamiento anterior: qué horizonte tan limitado debe tener esta sirvienta, que se burla de quien mira las estrellas cuando ella es incapaz de mirar más allá de sus narices.

Qué vida tan árida debe tener esa sirvienta, que no es capaz de mirar las estrellas. ¡Qué experiencia tan mísera la que se reduce al polvo en los pies! Y, ¡qué fortuna es poseer el conocimiento!

 

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