FASIL GHEBBI

FASIL GHEBBI

Año de inclusión en la lista del Patrimonio Mundial de la Humanidad: 1979.

Situación: Ciudad de Gondar, en el norte del país.

Accesos: Por carretera desde la capital Addis Abeba, que cuenta con aeropuerto internacional, aunque la ciudad dispone también de aeropuerto regional.

 

Una obra del renacimiento etíope

La dinastía etíope de los salomónicos, que reanudó el dominio de esta casa en 1260, acabó siendo víctima de la creciente presión de los reinos musulmanes que iban instaurándose en los países vecinos. La posición geográfica de su reino, no obstante, les sirvió para hacer frente a muchos de esos ataques, pero finalmente, en 1527, se produjo una gran invasión por parte de las tropas musulmanas de Harar. La situación amenazaba con hacer desaparecer para siempre la presencia cristiana en Etiopía, así que los gobernantes optaron por pedir auxilio a las tropas portuguesas, que desde hacía varios años habían ido tomando posiciones por la costa oriental de África en su camino hacia Asia. Los portugueses contestaron afirmativamente a esa petición y, gracias a su ayuda, en 1542 pudieron derrotarse a las tropas musulmanas y expulsarlas de la región. La proximidad de creencias hizo que los coptos etíopes aceptaran la llegada portuguesa y que hacia 1557 permitieran la entrada en el país a los primeros misioneros jesuitas.

Sin embargo, el cristianismo de los coptos era más que una cuestión de fe y significaba una característica de la identidad propia del país, que les permitía mantenerse independientes frente a un entorno hostil. Los jesuitas no lograron que el pueblo aceptara el catolicismo, salvo en algunos casos contados. Uno de ellos fue el del rey Susenios, que se convirtió en 1626, al mismo tiempo que era coronado.

Susenios era asimismo un gran amante del arte y estableció su capital en la ciudad de Gondar, que había sido fundada a mediados del siglo XVI. Este rey se rodeó de arquitectos y constructores portugueses, a los que encargó la construcción de numerosos edificios destinados a embellecer la capital del reino y que dejaron claras muestras de su influencia.

La ciudad se nos muestra hoy como un conjunto de edificios que emergen entre el verde de los árboles. En varios de sus barrios antiguos y también en los alrededores se alza una serie de construcciones de los siglos XVII y XVIII que se consideran un fiel reflejo de una época en que el Imperio etíope experimentó un verdadero renacimiento cultural.

Aunque resultó arrasada en 1853 en el curso de una de las guerras civiles que asolaron el país, más tarde fue reconstruida y buena parte de los monumentos anteriores han quedado conservados hasta nuestros días. Desde que se convirtió en capital, Gondar fue dotada de unas buenas defensas, formadas por un recinto amurallado de aproximadamente 1 km de longitud, provisto de bastiones y con 12 puertas de entrada.

32-Vista dela biblioteca del complejo palaciego de Fasil Ghebbi

Vista del edificio de la biblioteca del complejo palaciego de Fasil Ghebbi, que mandó construir Tzadich Yohannes en el año 1667. Consta de dos plantas y dispone de un amplio salón en el piso superior.

Diversos monarcas contribuyeron a ese embellecimiento. Los primeros edificios fueron iglesias católicas construidas durante el reinado de Susenios, de 1626 a 1632, pero después surgieron también palacios, baños y castillos realizados bajo el mandato de sus sucesores, entre ellos su hijo Fasiladas, que reinó desde 1632 a 1637.

Esas primeras iglesias, donde se observa claramente una influencia del barroco portugués, con elementos arquitectónicos adecuados a las condiciones geográficas y empleando también técnicas utilizadas en sus colonias en la India, son las de Susenios, Cusquam y Debre Berhan Selassie.

Uno de los monumentos más valiosos es, sin duda, el complejo palaciego de Fasil Ghebbi, que comprende varias construcciones distribuidas por el interior y el exterior de la ciudad amurallada.

El palacio es un hermoso edificio hecho de piedra, con elementos incorporados de argamasa. Las recias torres son de planta circular, están provistas de estrechas ventanas y aparecen rematadas por cúpulas. Los muros que rodean el recinto están rematados con almenas y en uno de los lados se eleva la torre del homenaje, de planta cuadrada y rematada de almenas en su parte superior, con dos balcones en sendas ventanas de la tercera planta y de la terraza superior. Un largo balcón proporciona una bella nota a la fachada a la altura de la primera planta. El conjunto del palacio se caracteriza por su elegante sencillez, tanto en el interior como en el exterior.

Otro monumento interesante son los baños de Fasiladas, un hermoso lugar que el monarca utilizó para descansar y donde ordenó construir un amplio recinto rodeado de murallas, en cuyo interior se construyeron jardines, un palacio y un estanque. Los sucesores del monarca lo emplearon también como lugar de esparcimiento.

Resulta también notable la biblioteca de Tzadich Yohannes, construida en 1667. Es un edificio de planta cuadrada y dos pisos, con las puertas de acceso provistas de un arco. Las ventanas, bellamente decoradas con arcos, rodean un balcón central situado en el primer piso. La terraza está rodeada de almenas decorativas y con una balaustrada primorosamente realizada. El color ocre más claro del edificio crea un hermoso contraste con el tono rojizo de la piedra de las construcciones cercanas.

Otros monumentos que pueden visitarse dentro de este amplio complejo son los castillos de Fasiladas, de Yasu I, que reinó de 1682 hasta 1706, y el de David II, cuyo reinado duró de 1616 a 1721. Además de estas edificaciones de carácter más defensivo, hay también otras destinadas a fines lúdicos y de reposo, como el palacio de Yasu II, que gobernó los destinos del imperio desde 1735 hasta 1755.

Hasta la destrucción de la ciudad en 1853, Gondar fue la capital del imperio y gozó de una larga época de esplendor y prosperidad. Estos edificios constituyen uno de los mejores monumentos de la arquitectura etíope y son un buen ejemplo de la fusión armónica de un estilo europeo, como es el barroco introducido por los portugueses, con las técnicas y los modos artísticos autóctonos.

 

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