Escultura Románica

ESCULTURA ROMÁNICA

34-Corona de hierro Catederal de Monza

Corona de hierro Catederal de Monza

Desde el siglo VII hasta el siglo X, que algunos definen como la alta Edad Media, precedente de la edad románica propiamente dicha, la escultura atenuó cada vez más el sentido del volumen y de la profundidad hasta hacerlo desaparecer totalmente en un trabajo de talla, en el que se advierte la unión de las enroscadas líneas bárbaras con las representaciones simbólicas bizantinas. Se encuentran numerosos ejemplos en Italia, Alemania y Francia. Son interesantes los trabajos de orfebrería.

 

Con la llegada de la edad románica, los valores plásticos, anulados en los siglos anteriores al realizarse el proceso de abstracción, se afirmaron de nuevo con una solidez y un sentido del volumen equivalente a la monumental masa arquitectónica de este período. Sin embargo, la escultura continuó expresándose preferentemente en el relieve, subordinado a la arquitectura, con las vivas representaciones de los temas cristianos, de los Vicios y las Virtudes, de los Meses, de las Artes y de los Misterios, plasmados con un agudo sentido de la realidad cotidiana. Al fijarse en la dramática lucha contra el mal, el arte adquirió también un carácter didáctico.

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Viligens

El centro de la escultura italiana fue Lombardía. En otras regiones surgieron notables escuelas que enlazaron el plasticismo lombardo con la tradición clásica y lo trataron con la decoratividad pictórica propia de bizantinos y musulmanes

La escultura románica italiana podría resumirse en la obra de dos eximios representantes de la nueva orientación artística. El primero se relaciona con los Comacini, lapidarios del siglo XI en Lombardía, y es Viligelmus, que trabajó en la catedral de Módena. En ella dejó cuatro notables relieves con la historia del Génesis, de un gran valor plástico por la masa cuadrada de las figuras, que se destacan nítidamente sobre los fondos lisos, y que ofrecen un gran interés por su vivaz narración de tipo popular. El segundo une a su estilo lombardo caracteres de más allá de los Alpes, bizantinos y clasicistas, y se llama Benedetto Antelami. Es también oriundo de Lombardía y vivió hacia finales del siglo XI y principios del mí. Su producción se desarrolló especialmente en Parma, pero también por todo el valle del Po. En aquella capital se encuentra su obra maestra: las decoraciones del baptisterio, con una plástica tranquila y solemne, con unos volúmenes sólidos y compactos, aunque animados delicadamente por los estriados de los cabellos y de los vestidos.

Ligados a la escultura lombarda encontramos los relieves de la catedral de Ferrara y los del Portal Mayor de San Marcos, en Venecia, obras de un gran valor artístico que figuran entre las piezas maestras de la escultura románica italiana.

En el Lacio, Vassalletto unió, a las diminutas incrustaciones cromáticas, enérgicas formas lombardas. En la Italia meridional y en Sicilia, junto a las fantásticas representaciones plásticas de pesados volúmenes del Norte, se encuentran ejemplos de la refinada decoración bizantina, de serena y mesurada plástica clásica y, finalmente, sugestiones artísticas de Extremo Oriente.

 

En Alemania se impuso una expresión artística parecida a la lombarda en las esculturas de madera y de piedra, siempre ligadas a la arquitectura. De las primeras obras, esquemáticas y severas, se pasó a expresiones intensas, y finalmente, a otras en las que el modelado va unido a un vivo movimiento, de influencia francesa.

En Francia no hubo solución de continuidad con la tradición clásica grecorromana y al final se advierten influencias bizantinas. Pero en conjunto es evidente el deseo de independencia y grandiosidad. Tres son las grandes escuelas de la escultura francesa : la de Aquitania, de estilo bastante recio que proviene del estudio de los sarcófagos romanos ; la escuela borgoñona, de estilo más sereno y tranquilo que la anterior, y la escuela provenzal, de exquisitas elegancias tomadas del patrimonio clásico, de sutiles efectos pictóricos y de movimiento, obtenidos por la firmeza del plegado.

El Románico español.

El hundimiento del Imperio romano y la invasión de los bárbaros representaron en España, en cuanto a la escultura, una vuelta al pasado y a un primitivismo difícil de comprender. Esto probaría, tal como hemos dicho, que las piezas pertenecientes al período anterior a la invasión de los bárbaros fueron obras importadas, procedentes de los puertos de Grecia o Italia, y que en España, a excepción del caso de la Dama de Elche y de representaciones en granito de toros y cerdos o jabalíes, no había escultura nacional. Ésta empieza a florecer precisamente con el dominio de los visigodos, al imponerse el adorno de los capiteles de las primeras iglesias, como ocurre en San Pedro de la Nave (Zamora).

36-Capitel de San Pedro de la Nave Zamora

Capitel de San Pedro de la Nave Zamora

La invasión de los árabes acabó por completo con la incipiente escultura de este período, por las prohibiciones que establece el Corán. Hay que esperar, pues, a que se efectúen las primeras consolidaciones de la Reconquista para que se den, en las iglesias, naturalmente, las primeras manifestaciones escultóricas.

Todos los tratadistas están de acuerdo en considerar tres grupos principales, o, mejor dicho, tres focos desde los cuales se irradia el Románico y sus características nacionales por toda la Península : Jaca, León y Santiago.

37- Figura de Cristo en marfil San Isidoro de León

Figura de Cristo en marfil San Isidoro de León

La escultura puramente decorativa nos da una brillante muestra en los capiteles de la iglesia de San Isidoro en León, mandada construir por el rey Fernando I. Los relieves del claustro de Santo Domingo de Silos son los más bellos y originales del período que transcurre entre la segunda mitad del siglo XI y la primera del XII, en toda Europa.

El arte escultórico de esta época no tardó en manifestarse en las portadas, como sucede con la principal de San Isidoro, cuyas figuras de mármol fueron construidas con motivo de ser restaurado el edificio a fines del siglo XI.

Pero las obras más notables de esta época hemos de verlas en la catedral de Santiago de Compostela, en la famosa portada de las Platerías, la más antigua, y en la auténtica joya de este arte, ejecutado a fines del siglo XII, el llamado Pórtico de la Gloria.

La lección de Santiago de Compostela no tardan en asimilarla otras iglesias, y su estilo, aunque no su belleza. se va difundiendo poco a poco. Pero nadie podrá superar al maestro Mateo, que dirigió las obras del Pórtico. Se ha dicho que fue discípulo de Fruchel, el supuesto autor de la portada principal de la iglesia de San Vicente de Ávila, otra de las maravillas del Románico español, perteneciente a la segunda mitad del siglo XII. En el discípulo—Mateo— los ropajes de los santos resultan más pesados que los del maestro, pero, en cambio, los rostros no tienen la rigidez que caracteriza a los que se suponen obra de Fruchel.

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Detalle fachada de las Platerias Catedral de Santiago

La influencia del maestro Mateo es muy evidente en la catedral de Orense, así como en diversas partes de España, pero no llega a Cataluña, donde se impuso, como en el monasterio de Santa María de Ripoll, el decorativismo y la técnica lombarda.

A medida que se superan las técnicas y espoleada por los magníficos ejemplos de Santiago y Ávila, la escultura va ganando terreno y pasa a representar imágenes de santos y a decorar los sepulcros. Entre las primeras, una de las obras más notables es el Cristo de Corullón, posiblemente del siglo XII, y sobre todo el Descendimiento de San Juan de las Abadesas, tema que interesó mucho a los escultores catalanes.

Un poco anteriores son los sepulcros de doña Sancha (Jaca) y de los santos Vicente, Sabina y Cristeta, que se conserva en su iglesia de Ávila, también supuesta obra de Fruchel.

 

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