Escultura Etrusca

ESCULTURA ETRUSCA

También la escultura etrusca va ligada, como ocurría con la arquitectura al culto funerario. Efectivamente en su mayor parte está representada por sarcófagos, vaos y urnas cinerarias, siendo pocas las estatuas. Tiene acentos de un realismo vivo, que algunas veces llega a alcanzar la caricatura, y es claramente opuesta a la idealización del arte helénico del que, sin embargo, recibió alguna influencia. Usó preferentemente la terracota y el bronce, y solamente en época más tardía el mármol.

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Apolo de Veyes

Los primeros ejemplos de los cánopes, vasos cinerarios de arcilla y bronce, con la tapa en forma de cabeza humana y algunas veces con brazos a manera de asas. Más tarde encontramos sarcófagos de terracota, con la tapa transformada en lecho convival sobre el que se hallan los difuntos, representados con una aguada observación y caracterización de la figura. Uno de los más bellos es el sarcófago de Caere, en el museo de Villa Julia de Roma. Y entre las estatuas recordaremos el de  Apolo de Veio, por su modelación vigorosa, que, aún, derivándose de la escultura jónica, refleja un movimiento más pronunciado y una modelación más incisiva de la cara. En broce, dos obras atestiguan esencialmente la vitalidad de este arte: la loba Capitolina, por su plástica simple y poderosa, y la Quimera, de época más tardía, poseedora de una gran elegancia en la lograda decoratividad del movimiento.

Finaliza el desfile de muestras de la escultura etrusca el sarcófago de Volumnio, algunos de cuyos detalles parecen preludiar las formas renacentistas de Miguel Ángel; el Orador de bronce, de donde el severo carácter pone de manifiesto una relación con la tradición romana, y el Apolo de Faleri, fruto de la fusión de elementos etruscos y helenísticos, expresión de una vibrante energía juvenil.

 

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