Enfermedad, Curación y Salud

ENFERMEDAD, CURACIÓN Y SALUD

La mayoría de pueblos del Oriente antiguo consideraban la enfermedad como el resultado
de la acción de los malos espíritus sobre los seres humanos. Para conjurar estos espíritus
se invocaba a los dioses y se practicaban rituales de magia.
Por este motivo, en el judaísmo estaban prohibidas las prácticas
mágicas ya que el único que podía curar era Dios. Este rasgo
diferencia al judaísmo de las religiones orientales y grecorromana.8-1
En el judaísmo, los profetas solo pueden curar en el nombre
de Dios.
Para la religión judía, la enfermedad era un castigo divino, por lo que al enfermo se le consideraba un pecador que
pagaba por sus culpas.
Pero Jesús dice que la causa de la enfermedad no es el
pecado como tal.
(Ver Jn 9,3)

 

 

LAS CAUSAS DE LA ENFERMEDAD

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Muy distinto era el tratamiento que daban algunos sectores de la sociedad griega a la
enfermedad; analizada con un método empírico, se desarrollaron prácticas de disección de cadáveres y se utilizaron métodos físicos y químicos para combatir la enfermedad. En este sentido, las escuelas de Alejandría y de Cos contaron con un cuerpo de facultativos
importante, entre los que destacaron Herófilo, Praxágoras y Erasístrato; todos ellos
alcanzaron un conocimiento razonable de la anatomía humana .

LA MEDICINA GRIEGA, UNA DISCIPLINA RACIONAL

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LA LEY Y LA SALUD

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Para los judios, la salud es el resultado de observar la ley de Dios: el día de descanso semanal,
abstenerse de comer animales impuros, no beber aguas contaminadas, circuncidar a los varones, etc.
Algunas de estas prescripciones muestran la importancia del agua como elemento purificador.

 

 

La diferencia de nivel de las dos piscinas gemelas permitía el paso intermitente del agua, de la superior a la inferior, provocando la agitación del agua.

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Reconstrucción hipotética de la Piscina Probática o de Betesda.

Después de esto, Jesús volvió a Jerusalén para una de las fiestas judías. Hay en Jerusalén, cerca de la puerta llamada de las Ovejas, un estanque conocido con el nombre de Betesda, que tiene cinco soportales. En estos soportales había muchos enfermos recostados en el suelo: ciegos, cojos y paralíticos. Había entre ellos un hombre que llevaba treinta y ocho años inválido. Jesús, al verlo allí tendido, y sabiendo que llevaba mucho tiempo, le preguntó: ¿Quieres curarte?.
El enfermo le contestó: Señor, no tengo a nadie que me introduzca en el estanque cuando se mueve el agua. Cuando quiero llegar yo, otro se me ha adelantado.
Entonces Jesús le ordenó: Levántate, coge tu camilla y vete.
En aquel instante, el enfermo quedó curado, tomó su camilla y comenzó a andar.
Aquel día era sábado.
Juan 5, 1-9

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La curación del ciego. Duccio di buoninsegna.

 

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