EL Valle del Nilo

 

EL VALLE DEL NILO

(3000-1780 a.C.)

Dentro de un marco natural en el que los cambios climáticos acabaron por producir la desertización de la mayor parte del país se desarrolló una civilización sujeta al capricho de las crecidas: todos los veranos la inundación procedente de las altas mesetas etíopes aportaba un limo negro y fértil del que dependía la prosperidad de la agricultura.

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Esta copia del siglo XVII de un mapa del Nilo orientado con el sur arriba y el Mediterráneo abajo es tan estilizada que parece más iconográfica que cartográfica. Abundan las imprecisiones. Faltan muchas de las desembocaduras del Nilo. Las imágenes abstractas de los dos lagos de agua salada, el Burullus y el Manzala, puntuados a los lados del delta, son poco realistas. La anchura del río está muy exagerada en todo su curso. Algunas ciudades aparecen representadas por un solo edificio, entre ellas Rosetta, El Cairo y Puerto Saíd. Este mapa procede de una copia tardía del Libro de la Navegación, un atlas y manual otomano de navegación por el Mediterráneo obra de un almirante de comienzos del siglo XVI, Piri Reis. Durante más de un siglo estas copias manuscritas constituyeron opulentos volúmenes de lujo renacentistas. Piri Reis es famoso por sus dos mapas mundiales y cartas de navegación del Mediterráneo. En 1517 ascendió por el Nilo hasta El Cairo para presentar su primer mapamundi de 1513 al sultán Selim I. Mucho tiempo después, cuando tenía casi noventa años, Piri fue víctima de las intrigas cortesanas de la Sublime Porte (la burocracia otomana) y lo trasladaron a El Cairo por última vez para decapitarlo.

Los estudios geomorfológicos y la prospección de las zonas desérticas nos permiten vislumbrar un valle primitivo de frondosa vegetación rodeado por vastos desiertos: al este, los altos macizos de la meseta arábiga y del Sinaí, donde la pizarra negra y el granito púrpura se veían interrumpidos por profundos valles, regados de forma irregular por las aguas; al oeste, la meseta amarillenta del desierto libio, con sus dunas y extensiones pedregosas cuya aridez se suaviza con los esporádicos oasis que permiten los desplazamientos humanos.

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Protección natural contra las incursiones vecinas, estas regiones poco acogedoras también ocultaban riquezas minerales. Allí se encontraban las piedras necesarias para una arquitectura duradera: caliza fina de Turah, arenisca clara de Silsileh, alabastro veteado de Hatnub o granito rosa de Asuán. En estas zonas abundaban los metales (oro, cobre, galena, malaquita) y las piedras preciosas (turquesa, jaspe y cornalina). Esta riqueza sirvió para que Egipto nunca se viese aislado. En medio del cinturón desértico que atraviesa África desde el mar Rojo hasta el Atlántico, Egipto se encontró pronto en un cruce de caminos entre culturas. Los puntos de contacto eran muchos: el desierto oriental y el Sinaí, lugares de paso hacia Oriente Medio y Mesopotamia, donde se desarrollaban las civilizaciones avanzadas; el desierto occidental, con el Sahara y sus pueblos aún poco conocidos; y por último el Nilo, lazo de unión entre el mundo mediterráneo y Nubia, «pasillo» hacia África ecuatorial.

9-El Nilo

El Nilo desde el espacio.

Geografía simbólica

Los antiguos egipcios denominaban a su país Kemet, «tierra negra», debido al color negro del limo llevado y depositado por la inundación anual del Nilo que fertilizaba las tierras cultivables. Kemet era la zona habitada y donde era posible el cultivo de los campos. Egipto era sólo la tierra fértil del valle (Alto Egipto) y del delta (Bajo Egipto). El resto era Desheret, «la tierra roja», llamado así por el árido color de las arenas del desierto deshabitado, yermo e infecundo.

8-Cuando el Nilo inundaba Egipto

Cuando el Nilo inundaba Egipto.

El Nilo también dividía el país en dos mitades: iabet, «oriente», e imenet, «occidente». Para el pueblo egipcio, el recorrido que realizaba el sol en el horizonte tenía importantes connotaciones funerarias. El sol desaparecía cada atardecer por occidente simbolizando la muerte, y nacía cada mañana por oriente simbolizando la vida y la resurrección. Por ello, las ciudades y las aldeas de los antiguos egipcios se ubicaban siempre en la ribera este del Nilo; y las necrópolis y los templos funerarios, en la orilla oeste.

Teniendo en cuenta el alto valor simbólico que tenía el Nilo para el pueblo egipcio y dado que la religión egipcia era politeísta, no podía faltar una divinidad que personificase el río. Ésta era Hapi, un dios que representaba el poder benéfico y fecundante del río que hacía verdear las orillas del valle y el Delta. Los egipcios le dedicaron numerosos himnos: « ¡Salud a ti, oh Hapi que has salido de la tierra, que has venido para dar vida a Egipto! ». En las representaciones iconográficas adopta el aspecto de un hombre desnudo, de piel verde azulada, ataviado con una barba postiza —símbolo de poder—, con senos caídos y barriga abultada, apariencia que subraya los conceptos de fertilidad y aprovisionamiento. A menudo aparecía también cargado de plantas y de peces. Asimismo, Hapi custodiaba las fuentes de la inundación que, según las creencias egipcias, se hallaban en Elefantina, no lejos del grupo de rápidos conocidos como primera catarata. El pueblo egipcio lo veneraba, y el faraón le hacía ofrendas para que la crecida del Nilo tuviera lugar durante el período correcto y su caudal fuese el adecuado. En efecto, si las aguas no subían lo suficiente, se reducía la superficie de tierra donde se podía sembrar y las cosechas decrecían, con la consecuente hambruna entre la población. Una crecida excesiva también conllevaba consecuencias desastrosas; se perdían cosechas enteras por anegamiento, se destruían los diques y canales, y aldeas y pueblos enteros eran arrasados.

1-Ramsés II cubierto por las aguas en Wadi es Sebua

Ramsés II cubierto por las aguas en Wadi es Sebua

El calendario de las estaciones

La inundación anual del Nilo se producía durante la estación de ajet, que empezaba a finales de junio. Era el momento en que las aguas del río traían la fina capa de sedimentos y nutrientes que se depositaba sobre la tierra y aseguraba la fertilidad de los campos y, con ella, la abundancia agrícola. La altura de la crecida anual se medía con los kilómetros, unas estructuras de piedra en forma de pozos con escaleras descendentes, en cuyas paredes se tallaban unas marcas que indicaban la superficie aproximada de terreno que sería inundada y sometida al control fiscal. La medida del nivel de las aguas del Nilo era, por consiguiente, un asunto de máxima relevancia para la administración faraónica, ya que le permitía calcular los impuestos a percibir.

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A fin de aprovechar al máximo las crecidas del Nilo, los antiguos egipcios construyeron diques que permitían retener el agua necesaria para irrigar los campos mediante un elaborado sistema de canales de regadío y acequias. El trabajo de los labriegos también incluía limpiar y acondicionar los canales naturales para asegurar tanto la distribución gradual de las aguas aportadas durante la crecida como su posterior evacuación en cada cuenca. Asimismo, las comunidades campesinas también se encargaban de reforzar los márgenes del río para prevenir posibles desbordamientos.

13-El Nilo

El Nilo.

A mediados de octubre daba comienzo la estación de peret. El agua de la crecida era evacuada, la tierra resurgía y los campos, colmados de espeso y húmedo limo, quedaban listos para la labranza y la siembra. La tierra reblandecida que el Nilo dejaba a su paso hacía que las tareas agrícolas no requirieran un gran esfuerzo físico. Los cultivos más importantes en el Alto Egipto fueron sobre todo el trigo, la cebada, el lino y la caña del papiro, aunque también se cultivaban frutas, legumbres y dátiles. En el Delta, el Bajo Egipto, los egipcios nunca pudieron explotar grandes extensiones de terreno, ya que la zona estaba anegada por extensas marismas y pantarios. No obstante, la vid se cultivó en el Delta occidental, aunque su producción era también significativa en los oasis del desierto libio. Los antiguos egipcios sabían que los terrenos situados tras los límites de la inundación eran los más adecuados para plantar sus viñedos. Así, la viña se plantaba cerca del río, pero en una zona que no llegaba a inundarse y donde la tierra estaba constituida principalmente por grava.

En la estación seca, shemu, que se iniciaba en febrero, se realizaba la siega y recolecta de los frutos. Finalizada la cosecha, y hasta la nueva crecida, la mayor parte de la tierra permanecía sin cultivar. El sol y el exceso de calor la secaban, agrietándola, facilitando, así, su aireación y evitando una acumulación excesiva de sales.

2-templo de Luxor

Templo de Luxor

Primera estación: la inundación

AKHET

Crecida

19 julio/15 noviembre

La crecida del Nilo marcaba el inicio del nuevo año para los egipcios. Esta estación estaba dividida en cuatro meses, llamados Thot, faofi, ahyr y joiak.

Durante este tiempo los campesinos se ocupaban de irrigar los campos, y almacenaban y guardaban la anterior cosecha. Era un periodo de poco trabajo y se celebraban numerosas fiestas religiosas como el Festival de Opet, que tenía lugar en el mes de faofi.

Durante la festividad, las estatuas de Amón, Mut y Khonsu, eran llevadas en procesión desde el templo de Karnak al de Luxor.

Segunda estación: la siembra

PERET

Invierno

15 noviembre/15 marzo

Dividida en cuatro meses, llamados tybi, me-shir,famenoth y farmuthi, durante la estación de peret tenía lugar la germinación de la cosecha. Las aguas del Nilo se retiraban y dejaban sobre la tierra una fina capa de fértil limo negro. Era entonces cuando la tierra húmeda podía ser arada y sembrada.

En esta época también tenían lugar algunas ceremonias como el festival de Min, en el que una estatua de este dios de la fertilidad era llevada por los campos para bendecir las cosechas.

Tercera estación: la cosecha

SHEMU

Verano

15 marzo /13 julio

La estación de la cosecha se dividía en los meses pakhon, panini, eplfi y mesore. Era un período de duro trabajo para los campesinos, que debían dedicarse por completo a la siega, la recolección y la trilla. También se elaboraba el vino con los fértiles viñedos del Delta.

Durante esta estación tenía lugar una importante y popular ceremonia religiosa, la Bella Fiesta del Valle. En ella, las barcas de Amón, Mut y  Khouso -la tríada tebana- llevaban las estatuas de tos dioses a visitar los templos funerarios de los faraones, situados en la orilla occidental del Nilo.

 

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LA VIDA JUNTO AL RIO NILO.

El Nilo (Bahr al-Nil) como rio sagrado fue fundamental en el nacimiento de la civilización egipcia, venerado como un dios por los antiguos egipcios, que lo consideraban fuente de vida y riqueza, sus crecidas anuales marcaron el ritmo de las estaciones y la vida de quienes vivían en sus orillas.

En el 6000 a.C.

Las poblaciones que habitaban las altiplanicies del Sáhara se desplazan y se establecen en las orillas del río Nilo, constituyendo el embrión de la futura civilización egipcia.

En el 2200 a.C.

Durante el reinado del faraón Pepi II, de la dinastía VI (Imperio Antiguo), se registran algunos años en que la escasa crecida del Nilo provoca hambrunas entre la población

En el 2000 a.C.

Sesostris III, faraón de la dinastía XII (Imperio Medio) manda hacer obras de canalización y drenaje del Bahr Yusuf, afluente del Nilo, lo que supone la puesta en el cultivo del oasis de El Fayum.

En el 1153-1127 a.C.

Durante los reinados de los faraones Ramsés IV, Ramsés VI y Ramsés VIII se suceden una serie de malas crecidas del Nilo que conllevan sequías, hambrunas y graves disturbios sociales.

En el 190 a.C.

Ptolomeo V ordena grabar la llamada “Estela del Hambre” donde se describe la preocupación del rey Djoser, de la dinastía III, por la escasa crecida del Nilo durante uno de los años de su reinado.

3-Templo de Abu Simbel construido por Ramsés II en la alta Nubia

Templo de Abu Simbel construido por Ramsés II en la alta Nubia.

Agua, la fuente de vida

En el antiguo Egipto sólo se recogía una cosecha al ario, siguiendo el ciclo natural del Nilo. No existía la irrigación artificial a gran escala; tan sólo en pequeñas parcelas de terreno, como jardines o huertos de los grandes potentados o de los templos. En estos casos, el método seguido para regarlos era muy rudimentario: los hombres transportaban manualmente el agua necesaria para regar los cultivos mediante un par de jarras de cerámica colgadas de una percha de madera que cargaban sobre sus hombros, tal y como aparece en pinturas de las tumbas de los nobles de únales del Imperio Antiguo (hacia 2300 a.C.). También había parcelas a las que no alcanzaba la riada y que se dedicaban al cultivo de hortalizas, flores o árboles frutales cuidados durante todo el año (lechugas, cebollas, ajos, lentejas, uvas, higueras, palmeras datileras, sicomoros, etc.); para regarlas, desde finales de la dinastía XVIII (hacia 1350 a.C.) se utilizó una máquina hidráulica especial, el shaduf un palo de madera horizontal, montado sobre un pivote, con un contrapeso en un extremo y un cubo o recipiente suspendido del otro, con el que los antiguos egipcios elevaban el agua desde el río.

12-vida cotidiana

Vida cotidiana.

Se halla muy extendida la falsa idea de que la vida a orillas del Nilo en época faraónica era poco menos que un Edén, en el cual los felices campesinos se ocupaban a diario de sus tareas en unos campos irrigados por inmensas obras hidráulicas, cuya producción permitía alimentar a todo el país y generaba los suficientes recursos para que los faraones construyeran altas pirámides y grandiosos templos. Todo ello merced a la mágica y regular llegada de la crecida del Nilo en un clima caluroso, pero casi ideal, tal como nos muestran las escenas que decoran las tumbas de faraones y nobles que se han conservado. Por desgracia, estas escenas son recreaciones idílicas de un mundo perfecto, surgidas del pensamiento de los antiguos egipcios y destinadas a acompañar al difunto al Más Allá para que su vida de ultratumba fuera lo más perfecta posible. En realidad, como han puesto de manifiesto diversos estudios en] últimos años, la vida a orillas del Nilo no fue modo alguno sencilla, al menos para quien no pertenecía a la clase alta.

Empecemos por la crecida del Nilo, que ninguna manera era esa fuerza bienhechora pacífica que todos pensamos. Es innegable que el Nilo y sus aguas fueron los responsables que la civilización faraónica existiera y prosperase; pero por desgracia también es cierto que sus crecidas eran bastante irregulares y, por tanto, muy peligrosas. El riesgo de la inundad no procedía de la fuerza de las aguas, siempre mansas, sino de la altura que éstas alcanzara El sistema de cultivo utilizaba en su provecho las características de la crecida, que al menguar iba dejando pequeños diques naturales de barro paralelos al curso del río, los cuales eran fortalecidos, ampliados y completados por los campesinos con otros perpendiculares a los primeros. Se creaban, así, estanques de diferente tamaño que se llenaban automáticamente con la crecida y retenían el agua durante varias semanas, empapando el terreno, desalinizándolo, limpiándolo y fertilizándolo con el limo nuevo.

EL NILO-metirta.online

EL NILO.

Pero este sistema no estaba exento de problemas. El principal radicaba en que si la inundación era muy escasa, muchos campos se quedaban sin irrigar y eso suponía una menor producción de alimentos, lo que se traducía en hambruna; si era demasiado alta, los diques se borraban y los campos se anegaban, lo cual terminaba también en hambruna, a la cual se sumaba la destrucción por el agua de muchas casas, construidas con adobes. Por ejemplo, durante uno de los momentos de mayor lustre económico y cultural del Imperio Medio (dinastía XII), el reinado de Amenemhat III, hubo crecidas irregulares a lo largo de buena parte del casi medio siglo que duró su gobierno: al comienzo fueron demasiado altas, alcanzando su máximo en el ario 30 del reinado, tras lo cual hubo un pronunciado descenso de la altura de las mismas que se prolongó durante cerca de un decenio, con sus graves secuelas de escasez.

Y es que el clima egipcio no era tan ideal como muestran las tumbas, donde todos aparecen desnudos o vestidos con un mínimo taparrabos, si son trabajadores, o con un faldellín y una túnica ligera y plisada, si son nobles. Todo el que haya visitado Egipto durante el invierno sabe que por la noche y por la mañana no sólo refresca, sino que puede llegar a hacer mucho frío. Resulta imposible que los egipcios fueran siempre tan ligeros de ropa; en algunos momentos del año tenían que abrigarse o pasarían verdadero frío.

 

4-El río sagrado de Egipto Nilo

El río sagrado de Egipto. El Nilo.

Vestido y alimentación

Por otra parte, exponerse al sol sin nada que cubra el cuerpo es también perjudicial. En realidad, la ropa que se ha encontrado intacta de época faraónica se parece mucho a las galabiyas, las túnicas que todavía hoy se ven en las zonas rurales de Egipto; sabemos, además, que los egipcios utilizaban otras prendas de más abrigo confeccionadas con lana de oveja. Lo cierto es que son pocas las telas de esas características que se han encontrado, pero las fibras de lana aparecen por doquier en las zonas de habitación y nos confirman que en el valle del Nilo había que abrigarse en ocasiones. Sobre todo porque la ausencia de combustible hacía que la calefacción y las hogueras fueran algo escaso en los hogares más allá de la cocina, que por lo general se situaba fuera de las casas.

Precisamente, la alimentación es otra de las cosas que no aparece reflejada tal cual era en la decoración de las tumbas. En la capilla funeraria siempre vemos al difunto frente a una mesa de ofrendas bien surtida, repleta de alimentos variados —panes, vino, cerveza, carne de bóvido, dulces, vegetales, aves, hortalizas— destinados a alimentar su ka o esencia vital en el Más Allá. Pero este tipo de alimentación era privilegio de unos pocos; el egipcio de a pie se alimentaba a diario de cerveza (una especie de gachas con muy poco contenido alcohólico), pan y verduras.

Exceptuando a la clase alta y los trabajadores del faraón que realizaban tareas pesadas, que recibían un suplemento de proteínas, la inmensa mayoría de los egipcios se encontraba siempre al borde de la inanición. La gente común sólo consumía proteínas animales en cierta cantidad con ocasión de celebraciones especiales, como la fiesta de un dios, cuando las ofrendas eran repartidas entre el pueblo. Los grandes rebaños de ovejas y vacas que pastaban en el valle del Nilo estaban destinados a la clase alta y a los templos; la ofrenda de carne por excelencia era la pata delantera derecha de un bóvido, la ofrenda khepesh.

Sin embargo, en los últimos años se ha comenzado a descubrir que, además de los peces y animales que podían atrapar en el Nilo y el desierto, la gente corriente contó con una fuente de proteínas que le era propia: el cerdo. Se trata de un animal que prácticamente nunca aparece representado en las tumbas, como si existiera algún tipo de tabú social hacia él y hubiera sido indigno de aparecer como alimento de la clase alta. No obstante, los arqueólogos encuentran restos de cerdos en los lugares de habitación que excavan, lo que es un claro indicio de que su consumo como fuente de proteínas no era algo excepcional.

5-Navegando por el Nilo

Navegando por el Nilo.

Los egipcios y el Nilo

La mayor parte de la sociedad en el Egipto faraónico estaba compuesta por campesinos que vivían del trabajo del campo y cuyas vidas se encontraban condicionadas por los ritmos de la inundación. Sin embargo, el río Nilo también constituía una excelente zona de caza y pesca, además de una agradable área de recreo para los egipcios. Así lo ilustran los relieves y las pinturas de las tumbas, en los que se muestran numerosas escenas de caza y pesca en el Nilo. En las escenas de cacería, el difunto aparece representado de pie, en una barca ligera, en medio de pantanos cuajados de papiros, juncos y flores de loto, sosteniendo un bumerán entre sus manos para dar caza a gansos y patos. En las escenas de pesca se representan embarcaciones deslizándose por el río con varios hombres tirando de trampas y de redes colmadas de toda clase de peces. También aparecen pescadores que acechan inmóviles a sus presas y las capturan con arpones, anzuelos múltiples o con sedal. El Nilo fue, asimismo, el hábitat perfecto para una gran diversidad de flora y fauna. Basándonos en las escenas parietales de las tumbas, entre las aguas del río se aprecian pecesgato, tilapias y percas nilóticas, cocodrilos e hipopótamos; y entre los cañaverales de papiros entrevemos mariposas, langostas, ranas, abejas, mangostas… e imágenes de toda clase de aves acuáticas que se refugian en zonas de marismas.

El río, rico en minerales, sedimentos fértiles, vegetación y vida, desempeñó un papel fundamental en la formación política y social de la civilización egipcia; las crecidas anuales de sus aguas marcaron el ritmo de vida de sus habitantes durante milenios, hasta que la construcción de la presa de Asuán, en 1970, extinguió para siempre el ciclo anual de inundaciones. No en vano, el historiador griego Heródoto escribió, a mediados del siglo V a.C.: «Egipto es un don del Nilo»…

7-Tierra cultivable con las montañas de Tebas al fondo

Tierra cultivable con las montañas de Tebas al fondo.

 La vida en el poblado

Tener cerdos correteando por la aldea tenía la ventaja de que al ser un animal omnívoro podía hozar entre los montones de inmundicias que se acumulaban en las calles, ayudando a mantenerlas algo más limpias. Los poblados egipcios, carentes de todo tipo de sistema de recogida de residuos y de aguas de albañal (todo lo más un arroyo en el centro de las calles de algunas ciudades), no eran precisamente los lugares más saludables del mundo para vivir. Por fortuna, una vez al año las aguas de la crecida arrastraban o enterraban toda la porquería acumulada durante los meses anteriores. El interior de las casas, relativamente oscuro, también era poco higiénico —a pesar de que casi todas las casas grandes contaban con un cuarto de baño y un retrete—, ya que estaba poco ventilado y lo infestaban todo tipo de insectos y parásitos.

Fuera de las casas la vida tampoco era sencilla, al menos si hemos de creer los documentos procedentes de Deir el-Medina, que van desde listas de la lavandería a contratos de venta, pasando por acusaciones de robo. Según los vamos leyendo, comprobamos que las relaciones personales en un espacio tan reducido como éste eran dignas de una telenovela llena de estereotipos, con un matón que imponía su ley por la fuerza, mujeres que engañaban a sus maridos, hombres que presumían de virilidad y eran abochornados por no tener hijos, violencia doméstica, pretendientes a los que la mujer de sus sueños daba calabazas…, pero también actos de bondad para con alguien necesitado. Todo ello, en un pequeño recinto de calles estrechas e insalubres en el que las miserias de unos eran de sobra conocidas por sus vecinos. Es cierto que no todos los poblados eran tan particulares como éste, pues allí vivían los encargados de excavar y decorar las tumbas del Valle de los Reyes, pero estos documentos nos han dejado una idea muy vívida de cómo podía ser la vida en el Nilo.

10-Egipto y el Nilo

Egipto y el Nilo.

Al servicio del faraón

Debido a la especial tarea que llevaban a cabo, los habitantes de Deir el-Medina disponían de una ventaja respecto al resto de egipcios: no tenían que sufrir el pago de la azofra o trabajo obligatorio debido al soberano. Todavía no están muy claros los mecanismos por los que se regía este pago, pero lo cierto es que cuando se requería una fuerza de trabajo, bien para limpiar canales, llevar ladrillos o incluso organizar una expedición punitiva, cualquier egipcio podía ser «requisado» durante cierto tiempo para trabajar para el faraón. Intentar huir no era una buena idea, porque hay papiros del Imperio Medio en los que se recoge el nombre del fugitivo y de sus familiares, que eran encarcelados hasta que aquél regresara a cumplir con sus tareas. Esto en el caso de que les tocara un funcionario que no intentase aprovecharse de su posición, porque lo cierto es que desde el Imperio Antiguo parecen haberse producido abusos con la azofra, que los faraones intentaron paliar con decretos reales. Conocemos casos de recaudadores de impuestos que cargaban la mano contra quienes no podían defenderse y se quedaban con la ganancia extra, igual que algunos escribas, que redondeaban las cifras hacia arriba y al final del mes contaban con un bonito sobresueldo.

6-Cleopatra en el Nilo con su ejército

Cleopatra en el Nilo con sus sirvientes.

Como vemos, vivir a orillas del Nilo en el antiguo Egipto era duro y peligroso para la salud, como en casi cualquier otro lugar del mundo antiguo. Este tipo de desgaste se iba sumando para terminar acortando la esperanza media de vida hasta los 35 o 40 arios. Lo interesante es que el terrible precio que suponía vivir junto al gran río no perdonaba a nadie, e incluso los miembros de la clase alta terminaban sucumbiendo a él.

 

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