EL USO DE NUESTROS OCÉANOS.

EL USO DE NUESTROS OCÉANOS

LA APROPIACIÓN Y EL USO DE LOS OCÉANOS

EL USO DE NUESTROS OCÉANOS

POR. JOAN DOMÈNEC ROS ARAGONÈS. UNIVERSITAT DE BARCELONA

Estos mapas, representan los mares.

En primer lugar, el relieve de los fondos marinos.

En segundo lugar, la productividad de los océanos y las capturas de peces.

En tercer lugar, las corrientes marinas más importantes;

En cuarto lugar, la localización de los principales recursos minerales y petrolíferos.

A diferencia de lo que ocurre en los continentes, donde los organismos productores de materia orgánica —las plantas autótrofas— suelen ser macroscópicos y normalmente de gran tamaño (árboles), los organismos fotosintéticos o productores primarios de los océanos son fundamentalmente microscópicos: más del 95% de la producción primaria marina se debe a las bacterias y a las algas unicelulares del plancton.

 Estos microorganismos productores de materia orgánica, que constituyen la base de la que dependen los demás organismos marinos (y también terrestres, entre ellos el mismo ser humano), necesitan tres componentes esenciales para realizar la síntesis de materia orgánica a partir de la inorgánica: luz (sólo una estrecha capa superficial de los océanos es apta para esta función), sales nutrientes (dado que el carbono casi siempre está presente en cantidad suficiente, son las sales de nitrógeno y fósforo los principales factores limitadores de la producción primaria marina) y energía turbulenta del agua, que agita de manera conveniente el “cóctel” de luz y nutrientes. Estos requisitos definen la distribución de la producción en los océanos.

Relieve y productividad de los océanos.

Las áreas costeras —donde a la entrada de nutrientes que aportan los ríos se añade la energía de las mareas y del oleaje— suelen tener una producción más alta (alrededor de 100 g de carbono por m2 y año).

En las demás zonas oceánicas, la producción es alta (más de 500 g de carbono por m2 y año) allí donde las corrientes verticales aportan aguas profundas, frías y con nutrientes (especialmente fósforo) que, al fertilizar las aguas superficiales, generan la proliferación de las bacterias y las algas microscópicas del fitoplancton, de los animales del zooplancton que se alimentan de ellas y de los peces y otros animales que se alimentan a su vez de aquéllos.

Estos afloramientos se producen en zonas muy concretas de los océanos: ante las costas occidentales de los continentes, a la altura del Sahara y Namibia, de Oregón-California y de Perú, entre otros lugares, y se han convertido en áreas de elevadísima producción pesquera.

 De la misma manera, las corrientes ecuatoriales generan a lo largo del ecuador divergencias y ascensos de aguas su superficiales con nutrientes que fertilizan las iluminadas aguas superficiales.

 Las regiones polares, ricas en nutrientes pero limitadas durante parte del año por la ausencia de luz solar, son productivas sólo de manera estacional, alternándose en ello las boreales y las australes. En ambos casos, la producción alcanza fácilmente los 200 g de carbono por m2 y año.

 Por el contrario, la gran mayoría de los océanos tiene una reducida producción primaria, especialmente en su centro, y son verdaderos desiertos, comparables en este sentido con los terrestres. En cualquier caso, la producción marina, sea elevada o reducida, se limita a una capa superficial de no más de 100 m de espesor, que es la profundidad media a la que puede llegar la luz solar.

Corrientes marinas y recursos del mar.

Pero el océano se extiende mucho más allá: su profundidad media es de unos 4 km, las fosas más profundas superan los 10 km. La producción generada por las plantas tiene que sufragar las necesidades alimenticias y energéticas (en definitiva, la respiración) de los seres vivos heterótrofos que viven distribuidos por los 3.900 m de profundidad media; el ciclo de los nutrientes se extiende así por un espacio mucho mayor que en tierra firme, donde por término medio se limita a la distancia que hay entre la biomasa de las copas de los árboles y la necromasa de la hojarasca y el suelo existente a los pies de éstos.

En el mar, la continua sedimentación del plancton y de los detritus de todo tipo desde la superficie hacia el fondo vacía de nutrientes las superficiales, donde son más necesarios.

 Esta sedimentación, producto de la gravedad, se puede acelerar por la actividad de algunos organismos del zooplancton. El retorno de los nutrientes a la superficie, que se produce por medio de los afloramientos oceánicos, tiene que superar por término medio los citados 4 km de recorrido. Como consecuencia de esto, en el mar se dan un lento ciclo de la materia y una baja producción de materia orgánica.

LA APROPIACIÓN Y EL USO DE LOS OCÉANOS

POR LURDES GARCÍA LANCETA Universitat de Barcelona

El mar ha sido desde la antigüedad es una fundamental vía de comunicación entre las diferentes civilizaciones. En la actualidad conserva su importancia económica y constituye una interesante vía de transporte; por eso, su dominio tiene una gran relevancia estratégica. Inicialmente, la línea de costa era la frontera natural de los países costeros, pero los holandeses crearon a mediados del siglo XVIII el concepto de aguas territoriales, aplicado al sector marino sobre el cual un Estado ejercía su soberanía.

Las Naciones Unidas celebraron diversas conferencias para resolver los conflictos generados por las aguas marinas, en 1958, 1960 y 1973, pero hasta 1982 no se estableció la Convención sobre el Derecho del Mar.

 Esta convención entró en vigor en 1994 y confirma que los estados costeros tienen derechos soberanos sobre el mar territorial, los fondos y el subsuelo marinos y los espacios aéreos situados sobre aquél hasta una distancia de 12 millas náuticas, contadas desde la línea de base del litoral.

 A continuación se establece una zona contigua, también de 12 millas de extensión, en la que los estados pueden establecer medidas aduaneras, fiscales, de inmigración y de sanidad. Hasta las 200 millas, a partir de la línea litoral, se establece una zona económica exclusiva (ZEE) en la cual el Estado costero puede ejercer sus derechos de soberanía en lo concerniente a la administración de recursos naturales, tanto biológicos como no biológicos, de las aguas, del fondo y del subsuelo marinos.

Territorios y rutas océanicas

En las aguas territoriales, la navegación queda regulada por el concepto de “paso inocente”, esto es, el que no resulte perjudicial para la paz, el orden o la seguridad del Estado costero.

 En contraposición, aparece el concepto de “paso en tránsito”, aplicado en los estrechos utilizados para la navegación internacional entre una parte de alta mar o de una zona económica exclusiva (ZEE) y otra parte de alta mar o de una ZEE.

El paso en tránsito garantiza el despliegue naval de las grandes potencias y permite la libertad de navegación y sobrevuelo con la condición de que el tránsito sea rápido e ininterrumpido. La convención define también lo que denomina plataforma continental. Esta plataforma comprende el fondo y el subsuelo de las áreas submarinas que constituyen la prolongación natural, bajo las aguas, del territorio emergido, hasta el límite exterior del margen continental, o bien hasta unas distancia de 200 millas marinas (a partir de la línea de costa) en el caso de que el límite exterior del margen no llegue a esta distancia.

 Los límites de la plataforma continental no pueden exceder las 350 millas desde la línea de costa, o las 100 millas marinas desde la isóbata de 2.500 m de profundidad. El estado costero ejerce en ella derechos soberanos de exploración y explotación de los recursos naturales (la plataforma es rica en nutrientes y, por tanto, en ella abunda la pesca).

La convención define también el concepto de alta mar, que está abierto a todos los estados, tanto a los costeros como a los que no tienen litoral. Comprende todas las partes del mar que no están incluidas en una ZEE, ni en ningún mar territorial, ni en aguas interiores de un Estado, ni en las aguas de un Estado archipiélago; incluye el fondo y el subsuelo marinos fuera de los límites de la jurisdicción nacional, que constituyen lo que se llama `Zona’. Estos espacios, que tienen importantes recursos minerales estratégicos, como nódulos y sulfuros polimetálicos, suponen una extensión superior al 45% del planeta, tienen la consideración de internacionales y han sido declarados “patrimonio común de la humanidad”.

La peculiar regulación La Antártida

La Antártida constituye un ejemplo único en lo concerniente a la distribución de la soberanía del territorio y de las aguas marítimas. Aunque su existencia se supuso desde la antigüedad, su descubrimiento oficial no se produjo hasta 1820; aún se discute si el mérito le correspondió al británico Edward Bransfield, a Fabian Bellinggshausen, al servicio de Rusia, o al norteamericano Nathaniel Palmer.

Ya en el siglo XX, el noruego Roald Amundsen logró la conquista del polo sur en 1911. El incremento de las exploraciones de la Antártida ha estado ligado al mayor interés colonial de los estados por el continente. Además de los motivos económicos (grandes reservas de recursos naturales, especialmente petróleo y gas natural), el interés científico y el político han ido de la mano.

 Durante la primera mitad del siglo XX, Reino Unido, Nueva Zelanda, Australia, Francia, Chile y Argentina reclamaron la soberanía sobre diversos sectores de la Antártida, reclamaciones no exentas de conflictos (los intereses de Argentina y Chile se superponían a los británicos).

Cuando finalizó la Segunda Guerra Mundial, la región se convirtió en parte de la confrontación estratégica entre las grandes potencias. Estados Unidos y la Unión Soviética rechazaron el reconocimiento de cualquier reivindicación territorial y se reservaron al mismo tiempo sus propios derechos.

 En 1957 se celebró el Año Geofísico Internacional, que puso el acento en el estudio de la Antártida. Un grupo de científicos consiguió que los gobiernos aceptasen excluir al continente antártico de las zonas de confrontación.

Doce estados (Reino Unido, República de Sudáfrica, Bélgica, Japón, Estados Unidos, Noruega, Francia, Nueva Zelanda, Unión Soviética, Argentina, Australia y Chile) se comprometieron de común acuerdo a no desarrollar en el continente ninguna actividad militar, al margen del apoyo logístico que les proporcionasen sus fuerzas armadas para la construcción y el mantenimiento de las bases. Todos podían instalarse donde quisieran.

 Así, los norteamericanos instalaron, entre otras, una base en el polo sur, y los soviéticos, diversas estaciones.

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