EL SACERDOCIO HUMANO DE CRISTO – Aarón y Melquisedec.

Para comprender en qué sentido Cristo es sacerdote hemos de formular otras preguntas sobre el sacerdocio vetero-testamentario. En Israel este cargo estaba reservado para Aarón y sus descendientes directos. Incluso otros miembros de la tribu de Leví quedaban excluidos de la función sacerdotal (Nm. 3:10). El sumo sacerdocio se le concedía al representante más anciano de la familia del hijo de Aarón, Eleazar. Determinados defectos físicos (ver Lv. 21:1623) podían incapacitar a los candidatos al puesto. Todos los sacerdotes eran consagrados para su función lavándose con agua y siendo ungidos con óleo. Este aceite era tan especial que su uso ilícito se castigaba con la expulsión de la comunidad del pacto (Ex. 30:3133; ver también Ex. 29; Lv. 8). En el momento de la consagración de un sacerdote también se ofrecían sacrificios especiales.

¿Qué funciones desempeñaba el sumo sacerdote? Primero, era el representante de Israel en la presencia de Dios. El pectoral distintivo que llevaba tenía doce gemas, con los nombres de las doce tribus de Israel grabados en ellas (Ex. 28:1721). Cada vez que entraba en la presencia de Yahvé llevaba consigo esas gemas (Ex. 28:29), indicando que estaba allí representando al pueblo con el que Yahvé había hecho un pacto. Segundo, tenía funciones proféticas. El urim y el tumim también se guardaban en el pectoral (Ex. 28:30; Lv. 18:8). Con la ayuda de estos, podía anunciar la voluntad de Yahvé sobre un asunto determinado.1

Una vez aparecieron los profetas, estos objetos cayeron en desuso. Posiblemente la revelación directa de la voluntad divina por medio de los profetas los volvió obsoletos. Sin embargo, tras el exilio, los líderes nacionales quisieron restaurarlos (Esd. 2:63; Neh. 7:65). Estos objetos se encuentran estrechamente relacionados con el rol docente de los sacerdotes (cfr. Lv. 10:9-11), indicando cierto solapamiento entre las funciones sacerdotales y proféticas. Tercero, el sumo sacerdote compartía con todos los sacerdotes el pronunciamiento de las bendiciones sobre Israel, declarando la bendición federal de Yahvé (Nm. 6:22-27). Cuarto, si bien el sacerdocio, en general, presidía la ofrenda de los sacrificios diarios, el sumo sacerdote era el único que participaba en el ritual del día de la expiación (Lv. 6). En esencia, su función era expiatoria y propiciatoria.

Yahvé solamente permitía el acceso al lugar santísimo el día de la expiación. Solamente podía entrar el sumo sacerdote siguiendo los términos precisos que había señalado el propio Yahvé. El lugar santísimo, la parte más recóndita del tabernáculo, era donde se guardaba el arca de la alianza, regida por dos querubines. Era el lugar donde se manifestaba la gloria de Yahvé. Cuando recordamos los efectos poderosos que rodeaban la presencia del arca (1 S. 4:1-7:1; 2 S. 6:1-23), percibimos una parte de la importancia profunda y temible vinculada a esta prohibición. Los seres humanos pecaminosos no tenían el derecho de acercarse a Dios. Incluso los propios miembros del pueblo del pacto de Dios carecían de este acceso Por consiguiente, el sumo sacerdote era el único representante del pueblo que podía entrar. No obstante, solo podía hacerlo una vez al año, e, incluso, entonces solamente se presentaba la sangre del sacrificio en favor de sí mismo y del pueblo. En primer lugar, tenía que llevar unas vestiduras de lino especiales (Lv. 16:4), y ofrecer un becerro como ofrenda por el pecado por sí mismo y por su casa (vv. 8, 11 y ss.). Entonces, tras rociar siete veces con la sangre el propiciatorio, debía abandonar el lugar santísimo y ofrecer un macho cabrío como ofrenda por el pecado de Israel; tras esto, volvía a entrar en el santuario para hacer la expiación por Israel y en el lugar Santo vv. 15-16). Entonces enviaba al desierto un macho cabrío vivo, para que llevase consigo los pecados de Israel (vv. 20-22), tras lo cual, una vez dada su carne y habiéndose vestido con la ropa habitual del sumo sacerdote, haber ofrecido holocausto y quemado la grasa de la ofrenda por el pecado, tomaba los cuerpos del becerro y del macho cabrío y los sacaba del campamento para ser quemados (vv. 23-27).

El sumo sacerdocio permaneció en la familia de Eleazar hasta los tiempos de Eli, revirtiendo a la casa de Eleazar cuando Sadoc sustituyó a Abiatar (1 R. 2:26 y ss.). Permaneció en esa familia hasta que Onías III fue depuesto por Antíoco Epífanes en torno al año 174 a. C. Sin embargo, tal como afirma la epístola a los Hebreos, Jesús no podía ser sacerdote en Israel. No era miembro de la tribu de Leví y, menos aún, de la familia de Aarón. Por consiguiente, no estaba cualificado. Además, para asumir el sacerdocio era necesario un nombramiento divino específico, que Aarón había recibido de Yahvé.

El autor de Hebreos superó este punto muerto recurriendo al sacerdocio de Melquisedec. Este personaje enigmático, Melquisedec, aparece brevemente en Génesis 14:1820. Cuando Abraham regresa tras la batalla de los reyes, Melquisedec le bendice, recibe de él los diezmos y lo repone con pan y vino. La importancia de Melquisedec es que era un rey sagrado, que combinaba las funciones monárquica y sacerdotal en una sola persona.2

Era el rey de Salem (un nombre temprano para la ciudad que más tarde se conocería como Jerusalén), además de ser sacerdote de ‘El ‘Elyón (Dios altísimo). No se nos dice cómo Melquisedec se convirtió en sacerdote, ni existe ningún vínculo directo evidente entre ‘El ‘Elyón y el Dios de Abraham, aunque el versículo 22 podría sugerir su existencia. El hecho primordial es que Abraham consideró legítimo su sacerdocio, 3 dado que le pagó el diezmo y recibió su bendición.4

A Melquisedec se le vuelve a mencionar en Salmos 110:4. Una vez más, está presente la unión de las funciones monárquica y sacerdotal (cfr. v. 1). Resulta sorprendente que esta unión estuviera prohibida en Israel. Más adelante, Uzías sería muerto por usurpar, como rey, la función sacerdotal de ofrecer incienso (2 Cr. 26:16-21). En este caso, el rey, que gobernaba por decreto de Yahvé (v. 1) resulta victorioso sobre sus enemigos. Probablemente hallamos ecos de la promesa federal para colocar al hijo de David en el trono para siempre mediante un juramento inmutable (2 S. 7:16; Sal. 89:3-4, 35 36; 132:11). ¿Es posible que David pensara, cuando entró en Jerusalén como rey, al recordar la promesa federal de Yahvé, que era el primer israelita que se sentaría en el trono antiguo de Melquisedec, para reflejar allí el cargo dual de su ilustre predecesor? El sacerdocio según el orden de Melquisedec descrito en el versículo 4 no sólo se instituye mediante un decreto, sino también un juramento de Yahvé. Por consiguiente, es permanente e irrevocable, en contraste radical con el sumo sacerdocio en Israel en el momento en que David se hizo con el control de Jerusalén, porque la familia de Eleazar se había visto privada de su cargo debido a un abuso escandaloso de sus privilegios. David se hubiera dado cuenta, aun gobernando como rey, que él no podría expiar los pecados del pueblo y que un sumo sacerdote no podría gobernar una nación. Sin embargo, aquí tenemos a un rey-sacerdote, que gobernaba a todos sus enemigos y nunca abusaba de su oficio sacerdotal ni lo perdía.

En consecuencia, llegamos a la conclusión de que en el Antiguo Testamento no existía un orden de sacerdotes, sino dos. En el sumo sacerdocio de Aarón existía una separación explícita del oficio monárquico, mientras que en el de Melquisedec se producía una fusión de los poderes. El sumo sacerdote aarónico estaba limitado por el tiempo. Su legitimidad dependía de haber nacido en la línea de Aarón, que existía una provisión integral para la sucesión basada en la herencia. Estaban sujetos a la muerte, y se registraba meticulosamente el fallecimiento de los diversos sacerdotes. Por el contrario, la función del sumo sacerdote según el orden de Melquisedec era “un sacerdocio para la eternidad” (H. H. Meeter). Fue establecido por el juramento irrevocable de Yahvé. Además, era más antiguo. Por consiguiente, el sumo sacerdote según Melquisedec no tenía que establecer su legitimidad apelando a sus ancestros. En realidad, en Génesis se omite toda referencia a los antepasados y a la vida de Melquisedec, un tema que se retorna en Hebreos. Además, el sumo sacerdote aarónico era pecador y, antes de ocupar su cargo, debía limpiarse. Se guarda un registro de los pecados aberrantes cometidos por sumos sacerdotes aarónicos. En cuanto se da el mandamiento relativo a la asunción del oficio, el propio Aarón accede a la idolatría de Israel (Ex. 32:16). Nadab y Abiú, sus hijos y sucesores potenciales, ofrecen un fuego extraño y caen muertos (Lv. 10:1-7). Los hijos y sucesores potenciales de Eli llevan unas vidas repletas de pecados abiertos y escandalosos (1 S. 2:22-25). Sin duda, Melquisedec debió ser un pecador como Aarón, pero en su caso, y en contraste, el registro bíblico no hace ninguna referencia a su pecado. Ciertamente, aparece como una persona con mayor dignidad que Abraham. Además, el sumo sacerdote según el orden de Melquisedec, en el Salmo 110, trasciende incluso las capacidades de David.

Podemos llevar esta línea argumental un paso más lejos. En Génesis capítulo 14, Melquisedec funciona dentro de un contexto federal. Su bendición de Abraham es paralela a la bendición de Yahvé sobre él en Génesis capítulo 12. En este sentido, se puede considerar a Melquisedec, aquel por medio del cual se canalizan las bendiciones prometidas del pacto, incluso como su mediador. En consecuencia, es el sacerdote del pacto abrahámico, del mismo modo que Aarón es el sacerdote del pacto mosaico. Según el argumento de Pablo en Gálatas 3:15-22, el pacto mosaico no suplantó al pacto abrahámico; los dos coexistieron. El pacto mosaico fue temporal y concluyó con la llegada de la simiente prometida del pacto abrahámico, Jesucristo. Por el contrario, el pacto abrahámico no solo continuó durante el período del mosaico, sino que alcanzó su pleno cumplimiento con la venida de Cristo. Por lo tanto, el sumo sacerdocio aarónico concluyó con la venida de Cristo. Sin embargo, el sumo sacerdocio de Melquisedec (dato que estaba relacionado con el pacto abrahámico) se cumplió en Cristo. El autor de Hebreos captaba perfectamente la estructura y el flujo de la historia de la redención. Como resultado, da lo mismo que Cristo fuera de la tribu de Judá, de la cual no se tomaban sacerdotes para Israel. No era un sacerdote aarónico en absoluto. Su tribu radicaba en Jerusalén, el lugar donde Melquisedec había sido sacerdote y rey.

 

APUNTES A PIE DE PÁGINA

  1. ‘Urim, de ‘tirar, “maldecir”; thumim, de türnim, “ser perfecto”. Para su uso véase 1 S. 14:3, 41; 23:6 y s. Posiblemente era un proceso parecido a echar suertes.
  2. Seguramente Salem fue un nombre para lo que luego se llamó Jerusalén (cfr. Sal. 76:2), y el pan y el vino iban destinados al refrigerio, y no son tanto una referencia típica a la eucaristía, como supusieron algunos de los Padres.
  3. debemos rechazar la interesante teoría de B. E Westcott y Abraham Kuyper, que dice que Melquisedec representó el último vestigio de un sacerdocio original de seres humanos, que nació durante la Creación. Según afirmaban ellos, este sacerdocio era universal, y no estaba restringido por límites raciales o geográficos. El sacerdocio aarónico tendría que sustituirlo durante un tiempo, pero sólo como preparación para el perfecto sacerdocio de Melquisedec que aparecería más tarde. Lamentablemente, no existe ni una pizca de evidencia bíblica que respalde esta idea interesante. Además, semejante sacerdocio no podría haber tenido validez vicaria, dado que antes de la Caía el hombre no necesitaba salvación.
  4. Para los detalles sobre la extravagante gama de especulaciones sobre la identidad de Melquisedec, desde una cristofanía a una pneumatofanía, pasando por la angelofanía, véase Philip Edgcumbe Hughes, A Commentary on the Epistle to the Hebrews (Grand Rapids: Eerdmans, 1977), pp. 237-245.

 

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