EL POST TRABAJO EN LA ERA DEL CAPITAL.

Helen Hester y Nick Srnicek.

Respecto a la reestructuración del trabajo provocada por la robotización, Helen Hester y Nick Srnicek, autores del Manifiesto aceleracionista, avanzan unos apuntes sobre esta nueva era del postrabajo. Ya hemos dejado atrás, con la crisis del 2008, el modelo de reproducción social, viejo paradigma del capitalismo liberal.

 La incorporación de la mujer al mundo laboral era un factor con el que el Estado del bienestar no contaba, ¿quién se encarga ahora del trabajo doméstico, la reproducción y los cuidados? “Las familias ricas sostienen esta situación con la privatización de la reproducción social contratando, principalmente, a mujeres inmigrantes para trabajar como niñeras, cuidadoras o limpiadoras”, explica el economista y escritor Nick Srnicek.

 “Las mujeres de las familias pobres cuidan a las familias ricas, pero ¿quién se ocupa de cuidar a las familias pobres?”. Para que no se acabe consolidando la división de género resulta necesario un modelo paritario, que distribuya a partes iguales el ámbito público y privado entre los dos miembros. El trabajo productivo está siendo desplazado. Los robots se están convirtiendo en los principales trabajadores. Pero en esta corriente habrá que evitar la división entre los trabajos remunerados y los no remunerados, y también entre los trabajos productivos y los de asistencia, de atención a las personas, que lo único que pueden hacer es consolidar la división de género y, por otra parte, la precarización.

Como jóvenes voluntaristas y emprendedores que son los dos académicos Helen Hester y Nick Srnicek, proponen convertir la pérdida incesante de puestos de trabajo en una oportunidad de futuro: “Hay que entender el trabajo como el problema, no la solución”.

Para ello hay que superar el estatuquo a través de un activismo social que proponga políticas de postrabajo. “Nuestra propuesta de modelo postrabajo incluye tres puntos esenciales: la automatización del trabajo doméstico, una reducción de nuestros estándares sobre el ámbito doméstico tener una casa limpia, pasar tiempo con nuestros hijos, ser hospitalarios con los invitados… que nos permita distribuir el tiempo según nuestra voluntad y, por último, repensar la organización de la vivienda”, añaden.

 El estudio de Hester y Srnicek propone revisar la organización del espacio doméstico, que asociamos a la familia nuclear convencional.

Una de estas ideas es la formación de comunidades, donde los cuidados sean compartidos sin distinción de género. En definitiva, menos tiempo de trabajo, viviendas colectivas y uso comunitario frente al privado. Pero ello también requiere una respuesta del Estado. Así que son necesarios sus recursos para avanzar en el postrabajo.

 Su sistema deja abiertos muchos interrogantes porque aún no sabemos hasta dónde puede llegar la economía del nuevo capitalismo.

 ¿Qué pasa con el Tercer Mundo al que no llegan las nuevas tecnologías? ¿Qué pasa con el auge de la extrema derecha que regresa culturalmente a las tradiciones?

 El autor francés Éric Sadin alerta contra “la siliconización del mundo”. Este nuevo modelo económico es el de las plataformas online que ya ha sido extendido desde Estados Unidos a Europa o Asia, y que está basado en la nueva economía de las aplicaciones.

Google ya ha cambiado el mundo hacia la mercantilización de las relaciones humanas. Se trata de la hegemonía del algoritmo, que nos acompaña en nuestra vida haciendo una recogida masiva de datos.

 El futuro industrial es la empresa 4.0, la empresa en tiempo real, que no necesita del tiempo de la gestión, no necesita recursos humanos imperfectos y lentos.

 La tecnología ya nos está hablando. Siri o Google Home se han metido en nuestra casa y nos dicen cómo podemos estar mejor. Todo esto construye un nuevo capitalismo autoritario: a través de la Inteligencia Artificial (IA) nos dicen cómo tenemos que actuar. Un capitalismo que pretende entender todas nuestras expectativas vitales para luego decirnos cómo tenemos que actuar, dirigirnos.

 La IA es la verdad, no se equivoca nunca, pero nosotros humanos, sí. Vivimos en la época de la pos verdad, pero concebimos la Inteligencia Artificial como la verdad que nos dice que somos imperfectos porque no somos tan tecnológicamente inteligentes.

 Un paso más inquietante es el analizado por Libby Heaney, artista y profesora británica en el Royal College of Art. Investigadora en computación cuántica, experimenta con el uso de la inteligencia artificial en las relaciones humanas. Heaney presentó su instalación más llamativa, Lady Chatterley’s Tinderbot, un robot de inteligencia artificial que interactúa con usuarios de la aplicación Tinder que buscan pareja. Cada respuesta del robot corresponde a una cita de la novela de D.H. Lawrence El amante de Lady Chatterley.

El amor en la era postdigital convertido en unos bots o programas informáticos que acabarán dominando también el mundo sentimental. Pero es la filósofa catalana Marina Garcés, autora de La nueva ilustración radical, quien responde directamente a esta ideología de la siliconización.

 Después de esa dominación de nuestras vidas, comprobamos que ese sistema ya no necesita integrar o seducir a todo el conjunto de la población, a la totalidad de la sociedad, y que se permite dejar fuera de su sistema a colectivos rechazados, descartables, abandonados, heridos…

Son los que no están integrados ni procesados por el nuevo sistema totalitario. Solo ellos hablan por sí mismos. Movimientos radicales que diariamente se rebelan en las ciudades y en los barrios,

Para Marina Garcés, ese régimen de la dominación no puede responder a la pregunta “¿quién habla?”. Precisamente esa pregunta nos hace humanos en ese mundo tecno-político de los post-humanos. Es decir, ¿quiénes somos? Por eso, ese mundo no tiene respuesta, no puede responder a esa pregunta porque utiliza lo que denomina la “ventriloquia del poder”, porque habla por nosotros.

La ventriloquia de esa ficción de la autoridad basada en el algoritmo: el discurso ventrílocuo del poder, donde las dos grandes leyes naturales son la económica y la tecnología, cuya expansión predice la cuarta revolución industrial como un tsunami que va a acabar con todo.

Por eso hay que preguntar al algoritmo quién habla a través suyo, porque habla una trama de poder y de intereses. Y con esa pregunta estamos descubriendo el proyecto totalizador.

 Un totalitarismo que deja fuera a los rechazados. Ese mundo de descartados, heridos, abandonados por el sistema, que sí responde, que sí son identificables. Para Marina Garcés, la nueva ilustración radical es el nuevo fantasma que recorre el mundo, y recuerda a Naomi Klein y su libro sobre Puerto Rico, en el que describe cómo se ha constituido un criptopoder que ensaya una criptosoberania, donde ya no se trata de quién gobernará la isla, sino de qué soberanía se trata.

El pragmatismo histórico

 El más pragmático es Richard Sennett. Este veteranísimo sociólogo norteamericano ha trabajado en el MIT, la London School of Economics, la Universidad de Harvard y la ONU.

 Con una extensa obra, hoy es uno de los principales teóricos de las ciudades y, ante todo, se define como un consultor de planificaciones prácticas. En definitiva, uno de los maestros del pragmatismo norteamericano.

 Esa corriente que ha tratado de unir el análisis filosófico con la práctica concreta, la ciencia y la vida cotidiana. A estas alturas de su vida, su único interés reside en concretar formas resolutivas de convivencia entre los diferentes grupos sociales, frente a las grandes teorías urbanísticas realizadas desde arriba por expertos iluminados. Para Sennett, el capitalismo hegemónico quiere imponer la misma ciudad.

Al presentar en Kosmopolis su libro, Construir y habitar. Ética para una ciudad, afirma: “Me interesa cómo las personas se mezclan y no creo que sea tan importante si mantienen o no un diálogo entre ellas.

 Se le ha dado demasiada importancia a la comunicación verbal y las comisiones de los organismos internacionales están llenas de declaraciones de intenciones un tanto huecas. Creo que es mucho mejor que varios colectivos vivan juntos físicamente, porque el cuerpo está diciendo algo mucho más claro que las palabras.

 Prefiero eso que la idea de que los ciudadanos deben vivir en entornos separados para evitar los problemas como propugna Trump”. Sennett cuestiona que, desde su mayoría de edad, organismos como la ONU centren esfuerzos en obligar a entablar diálogos para llegar a comprender al otro “cuando los esfuerzos deberían ir a obligar a convivir: el cuerpo es la clave para construir la ciudad; la clave de la comunicación en las urbes es lo que se hace, por más incompleto o ambiguo o complejo que sea lo que se hace”.

Propone localizar nuestra atención frente a la globalización porque el capitalismo hegemónico acaba imponiendo la misma ciudad que se parece a Shanghái o Nueva York. La tecnología es su arma de estandarización. Y alerta contra la falta de comprensión:

 “La causa de los alquileres altos está más, en muchos casos, en la pequeña burguesía de las ciudades que en las grandes corporaciones; la respuesta a eso no es destruir a Bill Gates”.15

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