EL NACIMIENTO DE LA ERA POSMERCADO: FINANCIACIÓN DE LA TRANSICIÓN.

Los gastos derivados de un ingreso social y de los programas de reeducación y formación que permitiesen preparar a los hombres y mujeres para una carrera en los servicios sociales a la comunidad requerirían un volumen de fondos gubernamentales realmente significativo. Algunos de estos fondos podrían provenir de los ahorros producidos por la sustitución gradual de mucha de la actual burocracia sobre la que se sustenta la asistencia pública, por pagos directos a las personas que puedan estar realizando trabajos para la comunidad. Con las organizaciones comunitarias y las asociaciones sin ánimo de lucro asumiendo mayores responsabilidades para la atención de las necesidades tradicionalmente atendidas por el gobierno, se debería producir una exención mayor de impuestos para suministrar ingresos a los servicios comunitarios y formar a millones de personas que podrían trabajar directamente en sus vecindarios para ayudar a los demás.

Los fondos gubernamentales también podrían quedar exentos mediante la eliminación de los costosos subsidios a las empresas que han «engordado» sus compromisos nacionales y operan en diferentes países del mundo. El gobierno federal cede a las empresas multinacionales más de 104.000 millones de dólares bajo la forma de pagos directos y exenciones fiscales. Sólo las empresas relacionadas con el mundo agrícola reciben 29.200 millones, cerca del doble de la cantidad asignada al programa Aid to Families with Dependent Children (AFDC). La gigantesca empresa alimentaria Sunkist recibió 17,8 millones para promocionar el zumo de naranja en mercados exteriores. Las bodegas Gallo recibieron 5,1 millones para promocionar sus vinos en el extranjero, mientras que M&M/Mars recibió más de un millón para dar publicidad a sus barritas de chocolate en el mundo. Incluso McDonald’s recibió 465.000 dólares en deducciones fiscales para la publicidad de su Chicken McNuggets en los mercados exteriores. Tres empresas tratantes de grano, Cargill, Continental y Dreyfus, recibieron más de 1.100 millones de fondos federales entre 1985 y 1989 como parte del Export Enhancement Program del departamento de Agricultura. Empresas de explotación ganadera, compañías mineras, empresas de explotación de la madera, laboratorios farmacéuticos y otras formas empresariales también han sido beneficiarias de los programas de ayudas del gobierno. La eliminación de estos subsidios empresariales podría liberar suficientes fondos como para poder llegar a garantizar un salario social para varios millones de ciudadanos americanos. (26)

Se podrían conseguir fondos adicionales recortando los innecesarios programas de defensa. A pesar de que la guerra fría se ha acabado, el gobierno federal continúa manteniendo un inmenso presupuesto de defensa. Aunque el Congreso ha reducido las asignaciones para defensa en los últimos años, se espera que los gastos militares se sitúen entre 1994 y 1998 en un 89 % de los correspondientes al periodo de la guerra fría.(27) En un informe fechado en 1992, el Congressional Budget Office (CBO) llegaba a la conclusión que los gastos de defensa podían ser recortados en una tasa del 7 % por año en un periodo de cinco años, sin comprometer la preparación militar de la nación y sin minar la seguridad nacional. Si las recomendaciones del CBO fueran asumidas por la Casa Blanca y por el Congreso, el país podría ahorrarse alrededor de 63.000 millones de dólares al año, para 1998, cantidad suficiente para realizar una substancial aportación a la construcción del tercer sector y para proveer de un salario social a millones de trabajadores desplazados, deseosos de realizar servicios en el seno de la economía social.(28) Aunque se perdieron algunos empleos en las industrias relacionadas con la defensa como consecuencia de los recortes presupuestarios, es posible que se generaran muchos más si los ahorros se empleasen directamente para financiar el empleo en el tercer sector. La razón es suficientemente obvia. Una gran parte de los gastos militares están destinados al pago de la propia infraestructura militar. Si, en su lugar, la práctica totalidad de los ahorros sobre el presupuesto militar fuesen empleados para crear un salario social, para el trabajo en el sector del voluntariado y para la reconstrucción de las comunidades locales, se generarían muchos más empleos con un mayor poder adquisitivo.

Los recortes en defensa, la eliminación de subsidios innecesarios a las empresas multinacionales y la reducción de la burocracia de la asistencia social, aunque esenciales, todavía no serían suficientes, en el largo camino para alcanzar los fondos necesarios que proporcionen ingresos para millones de trabajadores desplazados y para reconstruir el tercer sector de la sociedad americana. Buena parte de los ingresos que deberán permitir financiar un salario social y programas de servicio a la comunidad provendrán de nuevos impuestos.

La forma más equitativa y supuestamente más óptima para obtener los fondos necesarios podría provenir de la aplicación de una tasa sobre el valor añadido (VAT: Value Added Tax = IVA: Impuesto sobre el Valor Añadido) de todos los productos y servicios no esenciales. Aunque en los Estados Unidos el VAT es una idea nueva nunca probada, ya ha sido adoptada por más de cincuenta y nueve países, incluyendo, entre ellos, la práctica totalidad de los grandes países europeos.(29)

Esta tasa se denomina sobre el valor añadido puesto que se aplica sobre todo a cada etapa del proceso de producción, en el «valor añadido» al producto. En otras palabras, es un impuesto «sobre la diferencia entre el valor de la  producción de cada empresa y el valor de la inversión». (30). Los defensores de este impuesto apuntan las muchas ventajas de aplicar tasas al consumo en lugar de hacerlo sobre el ingreso de las personas. En primer lugar, afirma Murray L., Weidenbaum, antiguo presidente del Council of Economic Advisors del presidente Reagan y en la actualidad director del Center For Business en la Universidad de Washington en San Luis, el trasladar la base primaria de aplicación del impuesto del ingreso personal al consumo es algo mucho más lógico desde la perspectiva social. «Es más justo imponer impuestos a las personas sobre lo que cogen de la sociedad que sobre lo que aportan a ella, mediante su trabajo, inversión y ahorro.» En segundo lugar, al aplicar un impuesto al consumo en lugar de hacerlo sobre la renta personal, el VAT estimula el ahorro en lugar del gasto. Al comparar las muchas ventajas del impuesto sobre el valor añadido frente al impuesto sobre la renta personal, Weidenbaum llega a la conclusión que «un impuesto sobre el consumo favorece el ahorro porque cada dólar ahorrado y no gastado en consumo corriente queda exento del impuesto sobre el consumo. La forma fundamental según la cual un individuo puede minimizar las cantidades sujetas al impuesto sobre el consumo es consumiendo menos; los incentivos a trabajar, ahorrar e invertir son, pues, muy importantes. Por otro lado, la forma básica en la que una persona puede minimizar las cantidades sujetas al impuesto sobre la renta es ingresando menos, lo que desalienta los incentivos de trabajo, el ahorro y la inversión». (31)

Los grandes defensores del impuesto sobre el valor añadido creen fervientemente que «la gente debería quedar sujeta a impuestos sobre lo que toman de los recursos disponibles para la sociedad, no sobre lo que le dan». (32) Mediante la aplicación de impuestos sobre el gasto, en lugar de aplicarlos sobre los ingresos, la carga impositiva se traslada de perjudicar el trabajo a poner limitaciones al superconsumo.

Existen muchas ventajas en la creación de un impuesto sobre el valor añadido, frente al simple impuesto sobre la renta, como mecanismo para la financiación de un ingreso anual garantizado, pero la más importante es su impacto global sobre la economía. El Congressional Budget Office afirma que el VAT podría tener un efecto positivo sobre el crecimiento, mientras que el producto nacional sería casi un 1 % superior si se emplease el VAT en lugar de tasas mayores sobre las rentas, con la finalidad.de lograr incrementos en los ingresos fiscales. (33)

La principal desventaja del impuesto sobre el valor añadido es su naturaleza regresiva. Un impuesto sobre los productos vendidos afecta, de forma desproporcionada, a los grupos de menor poder adquisitivo y menores ingresos, en especial si se aplica sobre productos básicos, como pueden ser los de alimentación, ropa, vivienda y cuidados médicos. El VAT también aplica mayores cargas impositivas sobre los pequeños negocios, que son menos capaces de absorber y amortizar los costes. Muchos países han reducido substancialmente, e incluso eliminado, la naturaleza regresiva del impuesto sobre el valor añadido no aplicándolo sobre productos básicos y pequeños negocios.

Mediante la fijación de un impuesto de esta naturaleza en unos niveles comprendidos entre el 5 y el 7 % en todos los productos y servicios no esenciales, el gobierno federal podría recaudar miles de millones de dólares en ingresos fiscales adicionales, mucho más de lo que sería necesario para financiar un salario social y un programa de servicio comunitario para aquellos que quieren trabajar en el tercer sector.

De forma alternativa, se podría aplicar un impuesto sobre el valor añadido más limitado en los nuevos productos y servicios derivados de las revoluciones producidas por las tecnologías punta. Por ejemplo, se podría pensar, seriamente, en la posibilidad de aplicarlo sobre todos los ordenadores y productos y servicios de la información y de las telecomunicaciones. Las ventas en la industria de la información y de las telecomunicaciones han crecido a ritmo de un 8 % al año en los últimos diez años, llegando a los 602.000 millones de dólares en 1993. Se espera que las ventas sigan creciendo aún más en los próximos años a medida que la economía se adentre en la nueva era. (34) Un impuesto sobre el valor añadido sobre los productos y los servicios de la tercera revolución industrial podría ser empleado, en exclusiva, para financiar la transición de los americanos más necesitados hacia el trabajo en el tercer sector, lo que hace que esta posibilidad sea seriamente estudiada y analizada. Para garantizar la no existencia de un uso regresivo potencial de esta tasa, todas las organizaciones sin ánimo de lucro, incluyendo las escuelas y las instituciones de caridad, deberían quedar completamente exentas.

El impuesto sobre el valor añadido también podría ser aplicado en las industrias del entretenimiento y del ocio, que están entre las de mayor crecimiento en la economía actual. En 1991, el gasto por consumidor, en ambos campos, se incrementó en un 13 %, lo que representa algo más del doble del crecimiento general. En 1993 los americanos gastaron más de 340.000 millones en productos de ocio, desde el alquiler de vídeos a los parques temáticos y casinos. Una importante parte de este incremento en el sector del ocio, no es más que el reflejo de los hábitos de gasto de la nueva clase de «analistas simbólicos» americanos. Se prevé, además, una aceleración en los incrementos relativos a este tipo de gasto. Por ejemplo, se gastaron más de 58.000 millones en 1993 en cámaras y aparatos de vídeo, teléfonos celulares y otros equipos de telecomunicaciones de alta tecnología. Otros 8.000 millones correspondieron a ventas de ordenadores personales para uso doméstico. Los consumidores americanos más ricos gastaron 7.000 millones de dólares en barcos y aviones. Otros 14.000 millones correspondieron a gastos producidos en parques de diversión y en servicios y productos similares o derivados. Los juguetes y equipos deportivos representaron 65.000 millones en total, mientras que las entradas de cine y el alquiler de vídeos sumaron 13.000 millones. El entretenimiento en vivo totalizó 6.000 millones, mientras que el juego representó más de 28.000 millones. (35)

Cuando, dentro de unos años, queden completadas las nuevas superautopistas de la información, las ventas referentes a los diferentes sectores del ocio serán aún mayores. Aunque la gente pobre y la trabajadora también han gastado sus buenos dólares en la industria del ocio y del entretenimiento, representan un porcentaje mucho menor de sus ingresos respecto al de la población de mayor poder adquisitivo. Muy pocos pobres de la nación se pueden permitir poseer ordenadores personales para uso doméstico, o teléfonos celulares, o realizar caros viajes a parques temáticos, playas exóticas y casinos.

El entretenimiento y el ocio van a representar un porcentaje aún mayor en el crecimiento futuro de la nación en la próxima era de la información. Aplicar un impuesto sobre el valor añadido a ambas actividades lúdicas parece que puede ser una medida justa y equitativa para transferir una pequeña porción de las ganancias de la nueva economía basada en las altas tecnologías de los proveedores y los beneficiarios hacia aquellos más necesitados y menos propensos a poder disfrutar de los avances de la economía de mercado del futuro.

Se debería tener también en consideración la posibilidad de aplicar un VAT sobre la publicidad. En este campo se gastaron en Estados Unidos más de 130.000 millones de dólares en 1992. (36) En la próxima era de la información, la publicidad jugará un papel todavía más importante en la economía, en especial, a la vista de los importantes avances que se espera que se produzcan en los medios de comunicación, derivados de la creación y puesta en marcha de las superautopistas de la información. Un impuesto sobre las ventas en el campo de la publicidad permitiría generar miles de millones adicionales en ingresos para su uso en programas gubernamentales que permitiesen garantizar un cierto nivel de ingresos y trabajo para los ciudadanos menos agraciados y más castigados por las circunstancias.

El estado de Florida aprobó con éxito una ley en 1987 imponiendo un impuesto que abarcaba todas las ventas y todos los servicios, abogados, contables y compañías que contrataban publicidad incluida, aunque hubo de ser revocada seis meses más tarde debido a las enérgicas objeciones por parte de los publicistas. De acuerdo con Douglas Lindholm, jefe de la división de política fiscal en Price Waterhouse, «los publicistas tienen un gran acceso a los medios de comunicación nacionales, principalmente porque pagan sus anuncios». En Florida, afirma Lindholm, «los publicistas fueron capaces de imponer el asunto en contra de las mismas leyes». (37)

Si bien existen poderosos intereses de la comunidad empresarial que pueden resistirse a la aplicación de un impuesto sobre el valor añadido, las alternativas de generación de ingresos a través del sistema fiscal o la no resolución del problema del desempleo tecnológico son aspectos todavía más graves. Mediante la aplicación de un impuesto de esta naturaleza y el uso de los ingresos derivados de él para construir el tercer sector y así facilitar la transición hacia la economía social para millones de trabajadores desplazados por las nuevas tecnologías, se crea un círculo cerrado entre los sectores de mercado, público y el tercer sector. La nueva clase emergente de analistas simbólicos, el 20% de la población, beneficiarios directos de la economía global basada en las altas tecnologías, es a la que se pide que acepte la redistribución de una pequeña porción de su poder adquisitivo para ayudar a aquellos que han sido dejados de lado por las fuerzas de mercado de la tercera revolución industrial. Mediante la creación de un salario social para millones de americanos, como forma de pago por la realización de trabajos útiles para la economía social, se beneficiará tanto al sector público como al privado, con el crecimiento del poder adquisitivo y de los ingresos sujetos a impuestos, permitiendo además reducir la tasa de criminalidad y el coste de mantenimiento del orden social y legal.

Junto con la aplicación de un impuesto sobre el valor añadido, el Congreso también podría considerar la posibilidad de aprobar una legislación que permitiese incrementar las contribuciones de las empresas al tercer sector, contribuciones que serían fiscalmente deducibles. Bajo las leyes actuales, las empresas están autorizadas a deducir hasta el 10 % de sus beneficios sujetos a normas impositivas, bajo la forma de contribuciones a programas y actividades sin ánimo de lucro. En la práctica, llegan a aportar bastante menos. En 1992, las firmas manufactureras contribuyeron con una media de un 1,5 % de sus beneficios antes de impuestos, mientras que las no manufactureras pagaron menos del 0,8 %. Aunque la filantropía empresarial se ha incrementado de forma regular de 797 millones en 1970 a casi 5.000 millones en 1992, esto representa menos de un 5 % de todas las contribuciones al tercer sector. Los servicios sanitarios y de cuidados a la persona fueron los que se llevaron la parte mayor de las contribuciones empresariales, con cerca de un 34,6 % en 1992. La educación recibió un 30,4 % de todas las donaciones en el mismo año, mientras que la cultura y el arte recibieron el 9,6 %. Finalmente, a los programas sociales y comunitarios se les dio el 10,4 %.(38)

Con unos beneficios que se supone que crecerán espectacularmente en los próximos años, a partir de la creciente globalización de los mercados y la automatización de la producción y los servicios, las empresas internacionales deberían ser estimuladas a participar con una contribución mayor de sus ganancias, ayudando de este modo a reconstruir y sostener las diferentes comunidades con las que negocian alrededor del mundo. Debería introducirse una nueva legislación y proporcionar deducciones más provechosas para las empresas que puedan desear ampliar sus donaciones para el tercer sector. Con la finalidad de garantizar un reparto justo y equitativo de las ganancias en productividad derivadas de la tercera revolución industrial, las contribuciones empresariales podrían incluir un índice corrector en función de los incrementos en la productividad de las diferentes industrias y sectores económicos. Por ejemplo, si se preveyese que el incremento en la productividad para una industria particular fuese del 2 % anual, el gobierno podría generar una deducción impositiva adicional para aquellas empresas que deseasen incrementar su contribución en tal porcentaje. Al compartir sus ganancias con el tercer sector, las empresas podrían disfrutar de la ventaja de participar más directamente en la reconstrucción de la economía social, en lugar de simplemente entregar cantidades de dinero, en forma de impuestos, al gobierno para que éste las reparta.

La preparación para la reducción en el trabajo formal masivo en la economía de mercado, requerirá una reestructuración fundamental del tipo de participación del ser humano en la sociedad. Mediante la creación de sueldos fantasma para los millones de americanos que dedican buena parte de su tiempo a las actividades del voluntariado en la economía social, así corno mediante la garantía de un salario social para algunos millones de desempleados y pobres del país que están dispuestos a trabajar en el tercer sector, podemos empezar a preparar el terreno para una transición a largo plazo del trabajo formal en la economía de mercado al trabajo cívico en la economía social. Dado que los diferentes niveles de gobierno empiezan a desplazar su atención de las actividades y programas diseñados para beneficiar a la economía de mercado y a centrarla en las actividades y programas promovidos por la economía social, las propuestas del tipo de las mencionadas en líneas anteriores ganarán adeptos. Forjar nuevas alianzas de trabajo entre los diferentes organismos gubernamentales y el tercer sector ayudará a construir comunidades autosuficientes por todo el país.

NOTAS A PIÉ DE PÁGINA

  1. Center for Study on Responsive Law, Aid for Dependent Corporations (AFDC), Washington, DC, Essential Information Inc., enero de 1994. Informe basado en los datos de gastos obtenidos de Catalogue of Federal Domestic Assistance, US Office of Management and Budget, 1993, y de Estimates of Federal Tax Expenditures for Fiscal Year 1994-1998, Joint Committee on Taxation, 1993, «The Fat Cat Freeloaders», Washington Post, 6 de marzo de 1994, pág. Cl.
  2. Peterson, Wallace, Silent Depression, Nueva York, W.W. Norton, 1994, pág. 202.
  3. Ibíd., pág. 203.
  4. «A New Kinf of Tax: Adopting a Consumption Tax», Current, mayo de 1993, pág. 17.
  5. «The VATman Cometh», The Economist, 24 de abril de 1993, pág. 17.
  6. «New Kind of Tax.»
  7. Ibíd.
  8. «VATman Cometh.»
  9. Information Technology Industry Data Book 1960-2004, Washington, DC, Computers and Business Equipment Manufacturers Association, CBEMA, 1993, pág. 4.
  10. «The Entertainment Economy», Business Week, 14 de marzo de 1994, pág. 60.
  11. «Ad Gains Could Exceed 6% This Year», Advertising Age, 3 de mayo de 1993, pág. 4.
  12. «A Federal Value-Added Tax Could Compete with Mainstay of the States: The Sales Tax», The Bond Buyer, 6 de julio de 1993, pág. 1.
  13. Corporate Contributions, 1992, Nueva York, The Conference Board, 1994, págs. 6, 9-11; Non-Profit Almanac, 19923, Washington, DC, Independent Sector, pág. 60.

 

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