EL NACIMIENTO DE LA ERA POSMERCADO: EL TERCER SECTOR Y LA POLÍTICA PARTIDISTA.

Desde el primer día de su mandato, el presidente Reagan hizo del voluntariado un tema clave de su administración, proponiendo que el gobierno asumiese muchas de las tareas previamente realizadas por el tercer sector, para que los americanos confiaran más en el sector público y se mostraran menos dispuestos a proporcionar medios de vida para ellos mismos o para sus vecinos. En un intento por reavivar el espíritu de libre asociación que deslumbró a Tocqueville en los primeros años de la nueva nación, continuamente recordaba la tradición americana del voluntariado. En un escrito en Reader’s Digest en 1985, el presidente alabó el espíritu americano del voluntariado: «El espíritu de voluntariado, en consecuencia, fluye como un río profundo y poderoso a través de la historia de nuestra nación. Los americanos han tendido siempre sus manos en gestos de ayuda».

El presidente pasó a criticar lo que recordaba como una creciente usurpación por parte del sector del voluntariado de los programas gubernamentales en la época posterior a la guerra: «Pero después de la segunda guerra mundial, los niveles de este río de voluntariado decrecieron. A medida que el gobierno se fue expandiendo, le cedimos las tareas que habían sido realizadas por las comunidades y los vecindarios. « ¿Por qué tengo que implicarme?», preguntaba la gente. «Dejemos que el gobierno se encargue de ello.”(2)

El presidente lamentaba los cambios en las actitudes públicas que habían hecho que «el gobierno abandonase muchas tareas, que considerábamos nuestras, al voluntariado, debido a la bondad de nuestros corazones y a un sentido de buena vecindad». Finalmente afirmaba: «Creo que muchos de vosotros queréis volver a realizar estas tareas de nuevo». (3)

La llamada del presidente Reagan hacia los valores cívicos propios del buen ciudadano obtuvieron un gran eco. Aunque las clases «liberales» ridiculizaron al presidente, acusándole de ser inocente e incluso hipócrita, millones de americanos, muchos de los cuales ya eran voluntarios y estaban comprometidos con los principios de la asociación voluntaria, vieron en su mensaje una llamada a la renovación del espíritu americano y mostraron su apoyo a la llamada a la acción de la Casa Blanca. En 1983 el voluntariado se convirtió en el tema central de la Rose Bowl Parade anual y se incorporó a una campaña nacional de publicidad auspiciada por el Ad Council. Se llegó a emitir un sello conmemorativo por parte del Servicio Postal. (4)

Años más tarde, el presidente Bush retomó el tema del voluntariado durante su discurso de toma de posesión. En su famoso discurso «Points of Lights», el nuevo presidente recordaba al país que el voluntariado había sido la espina dorsal del espíritu democrático americano:

Es una tarea individual conseguir que América sea un sitio mejor para vivir. Es tarea del estudiante que, después de las horas de clase, da clases particulares a un compañero. Es tarea del líder de una asociación que consigue dinero para construir una guardería para niños desfavorecidos. Es tarea del hombre de negocios que asume una responsabilidad en una escuela y paga la matrícula de todos los estudiantes que hayan logrado graduarse. Es tarea del voluntario que entrega alimentos en las casas de los ancianos. Y existen miles de puntos de luz para todo el que desea colaborar. Ésta es la grandeza de América… Es el objetivo fundamental de mi presidencia hacer que estos miles de puntos brillen más que en cualquier momento del pasado. (5)

Como consecuencia de ello, Bush puso en marcha su iniciativa de «puntos de luz»; un programa dotado con 50 millones de dólares que debía ser financiado conjuntamente por el gobierno federal y fondos privados. La misión del programa, según lo establecido por la Casa Blanca, era encontrar ejemplos inspiradores y motivadores de voluntariado y ayudar a promocionarlos de forma que otras comunidades empezasen a imitarlos. No se asignaron fondos para subvencionar las actividades del tercer sector. El programa presidencial Points of Light Initiative fue fuertemente atacado por la prensa nacional e incluso por muchas asociaciones y grupos de voluntarios progresistas. John Buchanan Jr., presidente del grupo político liberal People for the American Way, reprobó la iniciativa de la Casa Blanca, afirmando: «Esto es poco más que una tomadura de pelo a nivel nacional». (6)

Las críticas a los planteamientos de Reagan y Bush sobre el restablecimiento del voluntariado empezaron a oírse desde todas partes. La izquierda americana acusó a las administraciones republicanas de que el voluntarismo era un intento cínico de renunciar a la responsabilidad de ayuda a los pobres y a la clase trabajadora del país. Muchas críticas liberales apuntaron hacia el poder que las fundaciones tenían en las organizaciones sin ánimo de lucro, a causa de su control sobre el caudal de fondos hacia el sector de voluntarios. Afirmaban que mediante el control de los fondos se garantizaba que las asociaciones populares se mantendrían dóciles y temerosas de abordar directamente cuestiones políticas o de defensa, papeles tradicionalmente desempeñados por el sector del voluntariado. Otros emplearon la tesis de que las actividades de los voluntarios, por su naturaleza fragmentada, intentaba organizar movimientos políticos efectivos para obtener cambios fundamentales. Afirmaban que la noción de «servicio» evitaba que las gentes llegasen a comprender las raíces institucionales de la opresión de clases que les mantenía ocupados en fútiles intentos de reforma-tirita.

En la década de los años 80 el asunto del voluntariado quedó tan asociado, en la opinión general, a la política republicana que, al igual que ocurrió con otros muchos temas de la vida americana, se quedó reducido a un tema partidista. Los pensadores demócratas y más liberales y los grupos constituyentes, bien se opusieron abiertamente, bien simplemente lo ignoraron. La National Organization for Women (NOW) emitió, en los años 70, una resolución contra el voluntariado afirmando que tradicionalmente se usaba para negar a la mujer el pago por sus servicios, ya que las mujeres representaban el grupo mayoritario trabajando en el campo del voluntariado laboral. Entendían que el voluntariado era contemplado como algo menos profesional, menos serio y de menor importancia que el trabajo profesional remunerado, y por esta razón no debía ser recomendado entre las mujeres. Una respuesta típica de una mujer al ser preguntada sobre la posibilidad de que se prestase a servir voluntariamente para una determinada causa cívica fue: «Creo que es terrible. Quiero ser pagada por lo que hago. Quiero que la gente lo valore. Y el dinero es la única forma para que cualquier persona considere que es importante». (7)

Anteriormente las centrales sindicales de funcionarios siempre se oponían a las actividades realizadas por los voluntarios, temiendo que pudiesen llegar a sustituir el trabajo remunerado efectuado por los empleados públicos. Kathleen Kennedy Townsend, una liberal progresista que trabajó en el Governor’s Office on Human Resources en el estado de Massachusetts, a principios de la década de los años 80, cita algunos ejemplos de centrales sindicales de funcionarios que se oponían activamente a las actividades de voluntarios. En el estado de Carolina del Norte, los sindicatos de profesores se opusieron a las actividades de formación de tutores voluntarios, preocupados de que pudieran reducir el número de profesores pagados. La ciudad de Nueva York recuerda la historia de los voluntarios que intentaron limpiar una estación de metro sucia. El Transport Workers Union ordenó el cese inmediato de esta acción, argumentando que si los miembros del sindicato no realizaban aquella tarea en concreto, no podría hacerlo nadie más. Townsend afirma que «el fracaso de los liberales en aprovechar el voluntariado también puede ser explicado por su preferencia por profesionales con títulos académicos». La noción de profesión caritativa ha pasado a formar parte del léxico progresista en los últimos años, y muchos pensadores liberales han llegado a creer que un servicio mejor y más efectivo puede ofrecerse a los que lo necesitan mediante profesionales remunerados en lugar de personas bien intencionadas, pero con pocas credenciales.(8)

Finalmente, muchos críticos liberales del voluntarismo asocian el tercer sector con una forma protectora de elitismo. Argumentan que la caridad denigra a sus víctimas, convirtiéndolas en objeto de compasión en lugar de personas con valor por sí mismas, con derechos inalienables, que merecen una ayuda. Los programas gubernamentales, por contra, tienen su punto de partida en que los ciudadanos necesitados tienen derecho a los servicios, no como consecuencia de un acto de caridad sino por la responsabilidad del gobierno como garante del bienestar general. Nos recuerdan que constituye una de las garantías constitucionales.

La comunidad liberal, por supuesto, no se ha manifestado unitariamente respecto al tema del voluntariado. Betty Friedan, la fundadora de NOW, aboga por un «nuevo voluntariado apasionado». Comenta que «la polarización entre feminismo y voluntariado [es] tan falsa… como que las [feministas] repudian la familia». Friedan predice que en las próximas décadas «las organizaciones de voluntarios serán la única forma para garantizar los servicios esenciales, más allá del cambio social, y la igualdad de oportunidades en las formas de vida, ahora que parece que tendremos que depender menos de las agencias gubernamentales y de los tribunales». (9)

Tonwsend hace recuento de numerosos incidentes en los que la crítica de los liberales del asociacionismo voluntario fracasó al reflejar la realidad de las actividades de los voluntarios. Por ejemplo, en el tema del profesionalismo y el supuesto de que los «profesionales de la caridad», en general, ofrecen servicios más efectivos, Townsend apunta que, a menudo, éste no es el caso. Nos cuenta una experiencia personal ocurrida en dos casas de huéspedes, una regentada de manera profesional y financiada por el gobierno y la otra atendida por’ voluntarios y apoyada por donaciones privadas. En la primera «docenas de hombres y mujeres se apiñaban en sofás o sillas reclinables en una sala pobremente iluminada que olía a orín, cuerpos sucios y amoníaco. En uno de los rincones, un televisor en blanco y negro parpadeaba; el personal de asistencia permanecía en el pasillo, charlando… A pesar de que alguien del personal de la casa me comentó que se acababa de celebrar una fiesta de verano, no parecía existir ningún tipo de alegría en el lugar». La segunda de las casas, llamada Rosie’s Place, es un refugio para mujeres sin hogar gestionado por voluntarios: «La casa estaba radiante y limpia, y las paredes decoradas a la moda con flores azul claro y blancas. Las mesas de madera estaban limpias y pulidas y había café recién hecho y galletas de chocolate recién salidas del horno. [Los voluntarios] lograban que todas las mujeres que allí se encontraban se sintiesen bienvenidas». (10)

La gran devoción de los voluntarios conduce, a menudo, a mejores resultados en los servicios asistenciales que la atención indiferente de los profesionales remunerados. En muchos casos, la combinación de pequeños equipos de profesionales de la asistencia y muchos voluntarios ofrecen la combinación ideal de experiencia y de preocupación necesaria para ofrecer una adecuada asistencia a los que la necesitan.

Respecto al tema más complejo de los voluntarios que asumen los trabajos de los empleados públicos, los hechos demuestran que cuando los voluntarios se implican en actividades que se adentran en el sector público, como, por ejemplo, la enseñanza, la limpieza de vecindarios y la provisión de servicios médicos empiezan a ver la necesidad de dirigir más fondos públicos hacia estos necesarios servicios sociales y, a menudo, muestran su interés por el aumento de inversiones gubernamentales.

En la actualidad, cada vez más pensadores progresistas prestan más atención al sector de voluntarios. Empiezan a darse cuenta de que es la única alternativa viable para que las personas puedan empezar a trabajar ahora que el papel de la economía de mercado, como generador de puestos de trabajo, es cada vez menor y que el papel desempeñado por el gobierno como garante de la última oportunidad también disminuye. El debate entre conservadores y liberales, republicanos y demócratas, sobre cuál debe ser la mejor forma para reconducir las energías y los compromisos de la nación hacia el tercer sector pasará a ser uno de los temas políticos de máxima trascendencia a finales de la próxima década.

 

PUESTA EN MARCHA DEL TERCER SECTOR

A pesar de sus discursos sobre la reconducción de la misión del gobierno en la asistencia al sector de voluntarios, ni el presidente Reagan ni el presidente Bush estaban dispuestos a llevar a cabo sus promesas con programas concretos diseñados para lograr tales fines. De hecho, la Casa Blanca, en la época Reagan, presionó activamente para cambiar el Internal Revenue Service Code, disminuyendo las exenciones de impuestos para restringir las actividades de los grupos sin ánimo de lucro y reducir el número de deducciones que un ciudadano puede reclamar aduciendo contribuciones para causas caritativas.

Si el tercer sector quiere transformarse en una fuerza efectiva que pueda poner las bases para una era pos-mercado viable, el gobierno deberá jugar un papel de apoyo en la transición. Al principio las necesidades de dos grupos diferentes deberán ser reconducidas si queremos que el país pueda aprovechar, de forma efectiva, los millones de horas de trabajo disponibles para su utilización en la reconstrucción de comunidades de acción cívica y para el fortalecimiento del papel del tercer sector en la sociedad americana. En primer lugar, deberán establecerse las adecuadas iniciativas para animar a aquellos líos que todavía disponen de trabajo en la economía de mercado, pero que trabajan un número restringido de horas, para dedicar una parte de su tiempo libre a actividades del tercer sector. En segundo lugar, deberá ser promulgada la legislación adecuada para proporcionar a millones de americanos desempleados permanentes un trabajo útil en servicios comunitarios del tercer sector, con la finalidad de ayudar a la reconstrucción de sus propios vecindarios e infraestructuras locales.

 

NOTAS A PIE DE PÁGINA

  1. «Now It’s Our Turn», Reader’s Digest, mayo de 1985, pág. 109.
  2. Ronald Reagan, tal como se citó en el mensaje televisado sobre el presupuesto, en «A Visión of Voluntarism», Time, 9 de octubre de 1981, pág. 47.
  3. Ellis, Susan, y Noyes, Katherine, By the People: A History of Americans as Volunteers, San Francisco, JosseyBass Publishers, 1990, págs. 290-291.
  4. «2 Million Points of Light», Across the Board, marzo de 1989, pág. 12.
  5. «The Elusive 1.000 points», Newsweek, 1 de diciembre de 1989, pág. 49.
  6. Townsend, Kathleen Kennedy, «Americans and the Cause of Voluntarism: The Forgotten Virtue of Voluntarism», Current, febrero de 1984, pág. 11.
  7. Ibíd.
  8. Ibíd., pág. 15.
  9. Ibíd., págs. 16, 17.

 

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