EL MAGREB – EL MUNDO BEREBER.

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Por: SALEM CHAKER. Lingüista y profesor de lengua bereber en el Instituto Nacional de las Lenguas y Civilización Orientales (INALCO)

 

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El mundo bereber se extiende del Magreb al Sahel. Pero estos pueblos están presentes sobre todo en Argelia y en Marruecos, donde la cuestión bereber se plantea con más intensidad.

Los bereberes están presentes actualmente en nueve países del conjunto del Norte de África, el Sahara y el Sahel. De Egipto a Marruecos, de la costa mediterránea argelina (Cabilla) a la Curva del Níger (Níger, Malí y Burkina Faso). El espacio implicado es inmenso y muy diferente entre sí. De hecho, el mundo bereber es muy diverso, particularmente en lo que se refiere al plan de integración geopolítica. La diversidad se vio acentuada por la fragmentación geográfica tras la arabización parcial en el Norte de África posterior a la conquista árabe y a la islamización de los bereberes (comienzos del siglo VIII). Los bereberes no ocupan todo este espacio de manera continuada, sino constituyendo regiones e islas minoritarias.

El recuento demográfico de los hablantes de lengua bereber es complicado, puesto que no existen censos lingüísticos sistemáticos y este hecho es en sí mismo una cuestión política. Según las fuentes, las cifras pueden variar, duplicándose. Sin embargo, pueden admitirse razonablemente porcentajes del 20 al 25 % entre la población argelina, del 30 al 40 % entre la de Marruecos, del 1% entre la de Túnez, y del 5 al 10 % entre la de Libia; a éstos les podemos añadir de 1,5 a 2 millones de tuaregs, a caballo sobre cinco países (Argelia, Libia, Níger, Malí y el norte de Burkina Faso). En otros lugares (el Oasis de Siwa en Egipto y Zenaga en Mauritania), los hablantes de bereber son poco numerosos. No podemos olvidar la importante «diáspora bereber» a Europa en el siglo XX. Sólo en Francia hay de 1,5 a 2 millones de personas de habla bereber. Los bereberes de países del Magreb (Marruecos y Argelia) se distinguen de aquellos de la zona saharo-saheliana (Níger y Malí).

En el Magreb, los bereberes están integrados en un contexto árabe-musulmán y en Estados-nación que se definen como tales. Estos países, marcados por un nacionalismo influenciado al mismo tiempo por la ideología política francesa y el nacionalismo árabe («una nación única e indivisible»), no reconocen a sus minorías. A los bereberes siempre se les ha percibido como un peligro para la nación y se les ha combatido como tal peligro, sobre todo en Argelia. Es necesario señalar que, a excepción del caso de Libia, más que de una represión abierta antibereber, se ha tratado de una ocultación sistemática, de una negación de la realidad, que ha estado activa hasta mitad de los años 1990. En el Sahel, los tuaregs, otrora dominantes, se encuentran en una situación crítica. Níger y Malí son países muy pobres y las sequías que sufren regularmente han acelerado el desmoronamiento de la sociedad nómada, ya debilitada por las fronteras heredadas de la colonización. En el plano político, los poderes locales consideran a los tuaregs como un elemento desestabilizador. Por ello, les someten a un control y a una represión constante. Las revueltas armadas tuaregs se han sucedido y todavía perduran desde 1963, tanto en Níger como en Malí.

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La colonización y la integración en los Estados modernos han cuestionado los fundamentos de las sociedades bereberes a través del hundimiento de la economía tradicional, las migraciones internas (hacia ciudades) y externas (hacia Europa), la escolarización universal (en lenguas ajenas a la suya). Los bereberes ya no tienen protección, ni por parte de la geografía ni de las formas tradicionales de organización social. Al mismo tiempo, la afirmación identitaria bereber concierne a muchísimas personas en la mayoría de las regiones. En un primer momento, el fenómeno afectó a la Cabilla; más adelante, a partir de 1970, se extendió a Marruecos ya otros lugares, adoptando generalmente la forma de una solicitud de reconocimiento, por parte del Estado, de la identidad bereber. Diverso en cuanto a su amplitud y a su forma, fue desde 1980 particularmente virulento en Cabilla, donde conoció formulaciones políticas que llegaron hasta la reivindicación de una amplia autonomía.

Argelia y, después, Marruecos suavizaron su postura en los años 1990, pasando de la desconfianza a la tolerancia controlada y, más adelante, a una mesurada gestión. En ambos países, la pertenencia a la minoría bereber (» berberidad») se acepta ahora como un componente del patrimonio cultural nacional; ciertas instituciones del Estado han sido encargadas de su promoción (en Argelia desde 1995 yen Marruecos desde 2001). En Argelia, el bereber se convirtió en el año 2002 en la segunda lengua nacional junto al árabe, que sigue siendo la «lengua oficial». La más que reciente Constitución marroquí (2011) reconoce el bereber como «lengua oficial». A pesar de estos avances, la situación global de los bereberes es incierta. El bereber sigue siendo una lengua dominada y amenazada por las lenguas mayoritarias dominantes como el árabe clásico y el francés y, sobre todo, por la lengua vehicular del Norte de África, el árabe dialectal. Los viejos factores de resistencia han desaparecido y han aparecido nuevas amenazas, pero los elementos que fundamentaban la posibilidad de una supervivencia bereber son reales, al menos en países como Argelia, Marruecos, Níger y Malí.

 

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