EL FUTURO DEL TURISMO GLOBAL.

POR: PEDRO AZNAR, PROFESOR DE ECONOMÍA, ESADE. DIRECTOR DEL PROGRAMA DE GLOBAL GOVERNANCE.

La importancia del turismo como actividad económica es muy desigual. En 44 países del mundo el peso de esta actividad supone más de un 15% del PIB. En algunas pequeñas economías la dependencia es casi total, así por ejemplo en las islas Maldivas el turismo supone un 60% del empleo total y en Bahamas un 52%. Incluso en países de mayor tamaño, como Nueva Zelanda puede llegar a representar un 20% del empleo. En el caso de España, la aportación a la riqueza nacional se situaba antes de la pandemia en un 14,6% del PIB, pero para comunidades autónomas como Baleares y Canarias se sitúa en valores cercanos a un 35% de su PIB.

 Pocos sectores son tan sensibles a la movilidad de las personas y sufren tanto como consecuencia de los confinamientos y las restricciones impuestas para doblar las curvas de contagio como el turismo. La Organización Mundial de Turismo (WTO), agencia dependiente de las Naciones Unidas, estimó a principios del verano que si las restricciones a la movilidad y la pandemia continuaban siendo protagonistas de nuestra vida diaria las llegadas de turistas internacionales a nivel mundial podrían llegar a caer un 78% en términos anuales.

 A pesar de tratarse de una previsión, los datos ya disponibles muestran que, por desgracia para el sector, se trata de una predicción probablemente muy realista. Se estima que esta fuerte reducción de flujos de turistas internacionales implique la destrucción de entre 100 y 120 millones de empleos, en un sector en el que además la mujer representa un 54% del empleo total. En Europa el tráfico aéreo había caído un 88% en abril.

El turismo doméstico se recuperará antes que el internacional, pero la recuperación no será plena hasta que el virus deje de ser una amenaza para la salud y una prioridad global de salud pública de la finalización del confinamiento en muchos países y de la suavización de las restricciones a la movilidad, el tráfico aéreo en agosto seguía siendo un 51% inferior al valor registrado un año antes. En España, el Instituto Nacional de Estadística ya ha publicado datos relativos a estadísticas de viajeros e indicadores del sector hotelero para agosto del 2020 que permiten comparar con los datos de un año antes.

 El número de viajeros internacionales ha caído un 75%. De forma similar, el número de pernoctaciones hoteleras ha caído un 74% con respecto a agosto del 2019. En un sector, como el hotelero, en la que una parte importante de los costes son fijos, alquileres de establecimientos, amortización de las inversiones, costes financieros e incluso una parte del personal, la rentabilidad final depende enormemente de la variación de los ingresos.

Los ingresos en este sector dependen del precio medio por habitación y del grado de ocupación, y ambos indicadores muestran caídas sin precedentes. En agosto del 2020, utilizando tasas de variación interanual, el precio medio de los establecimientos había caído un 9,6%, con un significativo 11,03% para los hoteles de cuatro estrellas, mientras que el grado de ocupación había caído desde un 76,9% a una ocupación de un 44,2%, teniendo en cuenta que la oferta del sector era únicamente de un 61% de las plazas hoteleras, pues muchos establecimientos han permanecido cerrados y con sus empleados acogidos a expedientes temporales de regulación de empleo.

 La combinación de un menor precio por habitación y una tasa de ocupación históricamente baja han llevado a que el ingreso medio por habitación disponible se haya reducido en tasa interanual un 49,3%, dato que muestra claramente la gravedad de la situación. Los expertos en este sector y los gobiernos que deben tomar medidas para intentar salvarlo no tienen referencias históricas que puedan ser válidas. El turismo es un sector que no había dejado de crecer desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

 Se vivió una caída, cercana a un 4% en términos de número de turistas internacionales, como consecuencia de la crisis financiera del 2008, pero un año después el sector volvía a crecer por encima de un 5%. La crisis más similar a esta pandemia, la conocida como gripe española que infectó a cerca de un tercio de la población mundial y que costó la vida a cerca de un 10% de dicha población, se produjo en un momento histórico en el que el turismo no tenía el protagonismo en términos de empleo y generación de actividad económica que tiene hoy en día. El síndrome respiratorio agudo grave (SARS) del periodo 2002-2004 tuvo un impacto significativo, con caídas del número de turistas cercanas a un 70% para algunos de los países más directamente afectados, pero con un impacto localizado en Asia. No hay referentes globales ni de la escala que la pandemia generada por la Covid-19 ha creado, de modo que los responsables de elaborar políticas que permitan la recuperación del sector se encuentran en un territorio inexplorado.

 En el contexto descrito realizar predicciones sobre el futuro del sector turístico en la era postCovid-19 resulta un ejercicio complicado e incierto, pero sí pueden apuntarse líneas generales que ayudan a definir como puede ser ese futuro. En cuanto a la movilidad de pasajeros es evidente que el sector de las aerolíneas se enfrenta a una muy complicada situación. La Asociación Internacional de Transporte Aéreo (LATA) estimó que la caída de ingresos en la industria de la aviación sería de 252.000 millones de dólares y que el sector necesitaría apoyo financiero directo de los gobiernos, ya sea en forma de inyecciones de capital, préstamos o subvenciones por importe de 200.000 millones de dólares para evitar el colapso y quiebra del sector.

 En un contexto de exceso de capacidad, que se combina con la falta de liquidez que supone la reducción de venta de billetes, es lógico esperar operaciones de concentración en el sector, como ocurrió con la banca en la crisis financiera del 2008, que reduzca no sólo el tamaño de las flotas sino también el número de participantes en el mercado. Esta situación de exceso de capacidad es una de las constantes en cualquier subsector relacionado con el turismo en el que pensemos. El sector hotelero se enfrenta a caídas en el grado de ocupación, que han forzado a los hoteles abiertos y que intentan sobrevivir a reducciones de precio), para captar una demanda menguante, erosionando la rentabilidad del sector.

No hay consenso en el sector sobre cuándo se iniciará la recuperación del turismo, sí lo hay en que el turismo doméstico se recuperará mucho antes que el internacional, y también en que dicha recuperación no será una realidad hasta que la Covid-19 deje de ser una amenaza para la salud y una prioridad global de salud pública. Algunos expertos consideran que es posible que no se recuperen niveles previos a la irrupción de la Covid19 al menos hasta el año 2024. El problema de una recuperación tan tardía es que el sector deja de encontrarse en una crisis de liquidez para situarse de pleno en una crisis de solvencia, y de dicha crisis solo se sale con una reestructuración del sector que implica el reajuste de la oferta a las nuevas condiciones de demanda.

El previsible exceso de oferta del sector turístico, tanto en hoteles como en restauración y en otros sectores accesorios, abre un importante debate sobre el futuro económico de regiones fuertemente turísticas y sobre las mejores políticas económicas a emplear. Una recuperación muy lenta del turismo internacional en destinos que han tenido una peor gestión de los contagios, como España, impide la supervivencia de muchas empresas, que se ven abocadas al cierre. No es un problema de liquidez sino de solvencia, de la capacidad de los ingresos para cubrir costes y hacer frente a las deudas.

El cierre de establecimientos implica también un aumento del desempleo. Una consecuencia que por desgracia esta crisis conllevará es el más que probable aumento de la desigualdad regional. Mucho se ha hablado de la necesidad de una reconversión que permita que el turismo sea sustituido por otras actividades. Sin embargo, muchas zonas turísticas se enfrentan a lo que se conoce en economía como la enfermedad holandesa. Cuando un sector productivo aumenta de modo considerable su peso en la actividad económica, acaba desplazando otras actividades, como la industria, de forma que ese territorio no tiene los activos, infraestructuras, ni la oferta laboral, en términos de formación de sus empleados, que favorezca la inversión en otros sectores.

Vislumbrar alternativas al turismo no es imposible, pero si enormemente difícil en el corto plazo. Además, las posibles políticas de inversión pública se enfrentan a la dificultad que supone para muchos gobiernos la adopción de medidas de estímulo para la economía, como planes masivos de reconversión industrial, cuando sus niveles de deuda pública se encuentran en valores de endeudamiento en máximos históricos. La pandemia también nos ha demostrado que los destinos más eficaces en la gestión de esta crisis de salud pública, con curvas de contagio más aplanadas, y que además han tenido una política de comunicación eficiente, tienen mejores datos que los destinos peor gestionados.

 Un ejemplo claro es Grecia, donde la curva de contagios mostró un pico muy inferior al observado en España o Italia, y se tradujo, por ejemplo, en una reducción inferior del turismo alemán con respecto a esos dos países. La pandemia puede suponer un reposicionamiento de destinos turísticos y un cambio en las preferencias de los turistas. Cambio que además puede jugar a favor de una demanda clásica en el sector, el desarrollo de un turismo más sostenible, que impacta menos en el territorio y en la sociedad en la que se produce. Destinos de turismo rural en España han visto cómo sus tasas de ocupación doblaban a la media del país, con algunos destinos de montaña alcanzando un 80% de ocupación.

 En el corto y medio plazo, el turista posiblemente optará por destinos menos masificados y más cercanos, lo que implicará una nueva distribución geográfica de los flujos de visitantes. Es importante tener en cuenta que el efecto de la pandemia sobre el turismo es doble, no solo las restricciones a la movilidad, sino la fuerte recesión que implica en muchos países. El turismo es una actividad con una elevada elasticidad respecto a la renta: cuando la economía crece, el turismo tiende a crecer a tasas mayores que dicho crecimiento, pero de la misma forma, ante una drástica reducción de rentas, con caídas de los ingresos, desempleo y aumentos de las tasas de ahorro fruto del miedo al futuro y la incertidumbre, el presupuesto familiar en viajes y ocio es uno de los que más se resiente.

 La gripe española vino seguida de un tiempo de euforia, los años veinte, en los que no solamente se vivió una fuerte recuperación económica, sino que la sociedad quizás fruto de lo vivido antes, cambió en parte la forma en la que entendía la vida y las relaciones sociales. Quizás algo similar ocurra ahora con la pandemia de la Covid-19, si la misma sirve para replantear algunas cuestiones pendientes que tenemos corno sociedad. Quizás todo el sacrificio no haya sido en balde.

←SIGLO XXI

←HISTORIA DEL MUNDO