LEYENDAS DE GRANADA – El Eccehomo y el Diablo de la Puerta de los Colegios.

El Eccehomo y el diablo de la puerta de los Colegios

Granada construía su hermosísima catedral en el correr del año 1539.

En torno a tan ingente obra se habían reunido en la ciudad un sinnúmero de artistas y artesanos de todas clases que trabajaban con alegría y afanosamente. La noticia de la empresa había llegado también a todos los rincones de España y muchos pobres artistas sin ocupación acudían allí, con el corazón lleno de ilusiones, esperando ver colmados sus anhelos y realizados los sueños que les bullían en la cabeza.

Y un día, parado delante de aquel enjambre humano, se hallaba un hombre embebido en su contemplación, sin decidirse a moverse de allí; su rostro estaba radiante y sus manos se movían como si ya trabajaran. Al fin, articuló unas palabras:

— ¿Dónde está el maestro?

— ¿Quién es…?

Nadie le contestaba ni le hacían caso alguno. Su aspecto, realmente, no infundía ningún respeto. ¡Si parecía un mendigo! Pero su insistencia era tremenda y sus voces llegaron a Diego de Siloé, que no era otro el maestro y director.

— ¿Qué quieres, buen hombre?

—Trabajar aquí.

—No hay trabajo para más.

—Es necesario que trabaje… ¡Se lo ruego!

—Bueno…, trabajarás.

—Pero, dígame: ¿qué hago?

¿No quieres trabajar? Pues… ¡haz lo que quieras!

¡Dígamelo! ¡Dígamelo!

Maestro, ¿quiere ver esto?

El trabajo era mucho y Siloé era reclamado por todas partes. Sin embargo, el hombre continuaba diciendo:

¿Qué hago?

Siloé, impaciente ya y harto, marchándose, dijo:

¡Diablo, qué pesado!

Habían pasado varios días. El maestro volvió a ver a aquel hombre. Ahora le enseñó su obra: un diablo. Pero tan espléndidamente tallado, que Siloé no pudo por menos que expresar su entusiasmo.

¡Eres un verdadero artista!, y como tal te consideraré. ¿Cuál es tu nombre?

Juan de Maeda, señor.

Pues trabajarás conmigo aquí, y, además, esculpiré yo mismo por el otro lado esta piedra.

Siloé, en efecto, cumplió su palabra. Hizo una imagen del Eccehomo muy bella, que está colocada sobre la puerta llamada de los Colegios -por dar a la calle del Colegio Eclesiástico-, situada entre la sacristía y la capilla de Santa Ana, en la catedral. Por el otro lado puede verse, claramente, aún hoy, la figura del diablo esculpida por Maeda y que le valió su colaboración en obra tan importante.

 

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