2.1.- Los Orígenes de la Civilización Egipcia.

La historiografía moderna divide el periodo que precedió a la época dinástica egipcia, sobre el cual existen aún muchas dudas en lo referente a su reconstrucción histórica, en subperiodos caracterizados por desarrollos fundamentales de la cultura material, el arte figurativo y la arquitectura, adoptando criterios, nomenclatura y cronología que varían según cada escuela. Las principales son el Predinástico (4500-3000 a. C.) y el Protodinástico (3000-2682 a. C.).

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FUERTE DE HIERACOMPOLIS. Sólida construcción de ladrillo crudo levantada en Kom el-Ahmar durante el reinado de Jasejemuy y cuya finalidad se desconoce aún (final de la II dinastía).

El Predinástico es una fase primitiva, que contiene la llamada dinastía “0” (3200-3000 a. C.), y fue creado a propósito para abrazar el periodo de configuración del Estado egipcio, donde están presentes, aunque en estado embrionario, tradiciones que persistirían en épocas sucesivas, como la concepción de la realeza (aunque no se ejerciera en todo Egipto), el aparato administrativo y la escritura, que apareció y se desarrolló en esta fase. El Protodinástico, o periodo Tinita, comprende las dos primeras dinastías, en las que el Estado, unificado en el aspecto político, surgió plenamente.

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PALETA PARA MAQUILLAJE. Paleta de pizarra en forma de tortuga, utilizada para machacar polvos cosméticos

EL PREDINÁSTICO: ALTO Y BAJO EGIPTO  COMPARADOS

Se considera casi unánimemente que se Predinástico, que se prolongó durante más de un milenio, se caracterizó por el contacto cada vez mayor entre las comunidades afincadas en el Bajo y el Alto Egipto, y ha sido dividido en dos fases culturales, Naqada I y Naqada II (del nombre de una localidad del Alto Egipto en la que se hicieron los primeros hallazgos). Entre las áreas septentrionales y meridionales del país había profundas diferencias, que se acentuaron a mediados del quinto milenio a. C. y se aprecian en materiales que muestran una creatividad más evolucionada en el sur que en el norte, aunque ambas culturas revelan sociedades agrícolas estables, dedicadas también al pastoreo y a la producción de instrumentos de piedra, cerámicas, trabajos de cestería y tejidos de lino. En el Alto Egipto, aparte de Naqada, había importantes localidades, como Badari —que dio nombre a una cultura cuya zona de influencia incluía Hieracómpolis (Nekhen) y El Kab— y Deir Tasa, algo anterior.

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ESTATUILLA DE LA DINASTÍA«0». Fragmento de estatuilla en roca sedimentaria estratificada, que representa a una figura masculina vestida únicamente con el estuche fálico y perteneciente al templo del faraón Narmer (dinastía (0»).

En épocas recientes, el horizonte arqueológico del Bajo Egipto, circunscrito a la región de El Fayum y a los alrededores del actual El Cairo, se ha ampliado gracias a nuevas excavaciones en lugares como Uadi Digla, Maadi, Buto y el Desierto Occidental, que completan las de Merimde Beni Salama y El Ornará, ambas con raíces neolíticas, de Heliópolis y del oasis de El Fayum, que han sido durante largo tiempo los únicos representantes del Predinástico del Norte. A finales del cuarto milenio, la urbanización del pueblo de Hieracómpolis anticipó la constitución de un régimen monárquico.

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CABEZA DE MAZA. Cabeza de maza ceremonial de Narmer. El rey, con corona roja del Bajo Egipto, está en el trono, bajo un baldaquín, durante la fiesta Sed, cuyos ritos consolidaron su autoridad (Heracómpolis, dinastía «O»).

La cultura más antigua, Naqada que se extendió hasta la zona septentrional de Nubia, lugar de comercio con África central, se denomina también Amratiense (de El-Amra, localidad próxima a Abidos, en el Alto Egipto).

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MONARCA PROTODINÁSTICO. Estatuilla de marfil que representa a un rey con manto ceremonial del Heb-Sed y la cabeza adornada con la corona blanca del Alto Egipto (I dinastía).

Se caracteriza por una industria de cantería muy perfeccionada, una artesanía que desarrolló una refinada producción de vasijas, admirables objetos de piedra, hueso, marfil y madera, estatuillas, ornamentos y objetos de tocador. En el periodo siguiente, Naqada II, destacaron las cerámicas, que recordaban las piezas de vajilla del área siriopalestina, una producción favorecida por el comercio, que permitió su importación en el Valle. Durante esta fase, caracterizada por la estratificación social e importantes núcleos habitados (aparte de Naqada, estaban Hieracómpolis y Abidos), y a la que correspondió, en el Bajo Egipto, el Gerzaense (de El Gerza, en las proximidades de Meidum), las tradiciones culturales del Alto Egipto se difundieron hacia el norte, determinando una progresiva homogeneidad, preámbulo de la unificación política alcanzada a principios del tercer milenio.

LAS PRIMERAS TENTATIVAS DE UNIFICACIÓN

Entre 3200 y 3000 a. C., hicieron su aparición los primeros monarcas conocidos (reunidos por los egiptólogos en la dinastía «0»), la escritura y la arquitectura monumental. Profundos cambios, apreciables en la mayor definición del ordenamiento social y de la administración, así como en el arte, permitieron alcanzar rápidamente el nivel de la perfección, fundamento de la civilización egipcia. Sin embargo, la historia de este periodo está poco definida: conocemos el nombre, y en algunos casos la sucesión  de los reyes que gobernaron el Alto y el Bajo Egipto, pero los sucesos acaecidos en sus reinos resultan difíciles de interpretar. Los intentos de unificar el país realizado por el rey del norte, que gobernaba desde Buto y llevaba corona roja, y el rey del sur, con corona blanca y residente en Nekheb (Hieracómpolis), se alternaron. Las divinidades protectoras eran la diosa-Cobra, Uadyet, de Buto, y la diosaBuitre, Nejbet, de El Kab (Nekheb), cuyas imágenes unidas introducirían en la lista real el nombre del faraón que reinaría en el país unificado y adornarían su frente, cubierta por la doble corona del Alto y del Bajo Egipto.

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TUMBA DE AHA La parte hipogea del complejo funerario del faraón Aha Nenes), en Abidos, la actual Umm el-Qaab, estaba constituida por numerosas estancias revestidas de ladrillo crudo; aquí, las tres cámaras principales (I dinastía).

Entre estos reyes de la dinastía «0», cuyas sepulturas fueron halladas en Abidos, recordamos al rey Ka, cuyo nombre, encerrado en un serej coronado por el halcón Horus, aparece en algunos objetos; al rey Escorpión, cuyo nombre deriva del ideograma que representaba el arácnido sobre una cabeza de maza ceremonial encontrada en Hieracómpolis; y al célebre Narmer, que desempeñó un papel fundamental en la unificación de las dos comarcas, y del cual se conserva, aparte de la célebre paleta ceremonial guardada en El Cairo, un fragmento de estatuilla expuesto en Múnich, que lleva grabado su nombre en el cuerpo.

EL PROTODINÁSTICO: MENFIS, CAPITAL DEL EGIPTO UNIFICADO

La última fase del Gerzaense (llamado Naqada III por algunos investigadores) coincidió con el periodo Protodinástico, la época de las dos primeras dinastías, también llamada periodo Tinita porque, según Manetón, los reyes eran originarios de Tis, o Tinis, en las proximidades de Abidos (Alto Egipto).

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ESTATUILLA PREDINÁSTICA Estatuilla femenina de hueso con los ojos de lapislázuli (Naqada I).

Aquí se han descubierto numerosas sepulturas, muchas de las cuales pertenecen a reyes de las dinastías I y II. También se considera ya seguro que las tumbas descubiertas en Saqqara, antaño atribuidas a los mismos faraones en función de objetos que llevaban su nombre, pertenecieron a miembros de sus familias o a otros dirigentes.

Los documentos historiográficos egipcios señalan como unificador de las Dos Tierras al rey Menes, identificado con el rey Narmer y más recientemente con Aha, el Combatiente, fundador de la dinastía. A él se debió también la fundación de Menfis, construida en el punto de contacto entre el Delta y el Valle como demostración de su unión. La Piedra de Palermo habla de una victoria suya en Nubia y alude a embarcaciones de madera de cedro, que darían testimonio del comercio con la zona siriopalestina. Su sucesor, Dyer, edificó un palacio en Menfis y organizó expediciones a Nubia y, quizá, a Libia y la península de Sinaí. Del rey Uadyi (o Cobra de Horus, según el jeroglífico que constituía su nombre) ha sido hallada, aparte de la estela de 2,5 metros de altura descubierta en Abidos y conservada en el museo del Louvre, una inscripción en el desierto oriental, a 25 kilómetros de Edfú. La sepultura de Nezlet Batran, cerca de Guiza, debió de pertenecer a un dignatario de su corte, puesto que él fue sepultado en Abidos junto con su esposa, Merneith. Den, el primer rey que llevó el título de soberano del Alto y del Bajo Egipto, consiguió importantes victorias militares contra tribus asiáticas y beduinas. Fue secundado en el gobierno del norte del país por un canciller del Bajo Egipto, Hemaka, cuya tumba, en Saqqara, proporcionó un rico ajuar funerario que incluía objetos decorados y con inscripciones, así como el primer fragmento de papiro (sin epígrafe).

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LA TUMBA DE DEN La tumba del rey Den, una de las más grandes del cementerio principal de Abidos, abarcaba varias cámaras pequeñas, destinadas a sepulturas secundarias (I dinastía).

UN PERIODO DE TUMULTOS

Quizá el cambio de dinastía fuera el resultado de un periodo de hostilidades entre las Dos Tierras, y el nombre del primer rey de la Il. dinastía podría firmarlo. En efecto, Hotepsejemuy significa «Los dos Poderosos están en paz», refiriéndose a Horus y Set, las divinidades protectoras del Alto y del Bajo Egipto. Algunos investigadores consideran que la II dinastía era originaria del bajo Egipto, y que el monarca tuvo dificultades para imponer su dominio en el Alto Egipto.

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EL FARAÓN JASEJEMUY Estatua de caliza que representa al rey Jasejem, luego Jasejemuy, en el trono, hallada en Hieracómpolis, y en cuya base están grabadas imágenes de enemigos vencidos (final de la II dinastía).

En su reinado se difundió el culto a divinidades del Bajo Egipto, como Ra, de Heliópolis, y Bastet, de Bubastis. Él escogió Saqqara como lugar de sepultura, y allí fueron inhumados también sus sucesores: Nebre, cuyo nombre («Ra es mi Señor») veneraba al dios Sol, y Ninecher. Egipto conoció nuevamente un periodo de tumultos, y el sur se gobernó por un rey, Peribsen, mientras que en el norte se sucedieron Uneg y Sendyi.

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ALTO Y BAJO EGIPTO Escena que simboliza la unificación del Alto y el Bajo Egipto, personificados, respectivamente, en los dioses Horus y Set en actitud de juntar las plantas heráldicas del norte (papiro) y del sur (flor de loto) con el signo jeroglífico sana, «unir» (Imperio Medio).

El último faraón de la dinastía, Jasejem, natural de Hieracómpolis, ejerció su dominio únicamente sobre el Alto Egipto. Tras haber conquistado el norte y unificado de nuevo las Dos Tierras, adoptó el nombre de Jasejemuy e hizo incluir en su serej las figuras de Set y Horus. El rey, que residió en Menfis y en Buto, venció también a los nubios. Su tumba se encuentra en Abidos.

LAS SEPULTURAS PREDINÁSTICAS

Las diferentes sociedades (bastante jerarquizada la del Alto Egipto) que evolucionaron a partir de centros protourbanos están documentadas incluso por las tradiciones funerarias.

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SEPULTURAS Y AJUARES PREDINÁSTICOS Enterramiento en una fosa de Gebelein, donde el cuerpo se ha preservado de forma natural mediante desecación.

Los difuntos, envueltos en esteras o pieles, eran tumbados de costado en posición fetal, con la cabeza orientada al sur y el rostro al oeste, prefigurando la futura situación de las necrópolis en Occidente.

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TABLERO DE JUEGO Tablero del juego llamado «de la serpiente» por el reptil enroscado sobre sí mismo esculpido en su superficie (de Qau).

En el Bajo Egipto eran sepultados en fosas dentro del poblado, con un humilde ajuar. En el Alto Egipto las tumbas se ubicaron a las afueras de las poblaciones, y algunas destacan por sus dimensiones y su rico contenido, constituido por ornamentos, paletas para cosméticos, elaboradas cerámicas, estatuillas y maquetas de embarcaciones.

LAS BARCAS DE ABIDOS

El sensacional descubrimiento en la necrópolis real de Abidos de una agrie de fosos para embarcaciones, realizado por el egiptólogo David O’Connor, del Museo de la Universidad de Pennsylvania, data de 1991. La exploración de los fosos, revestidos y cubiertos de ladrillos crudos enlucidos, reveló que guardaban embarcaciones de madera de entre 18 y 24 metros de eslora, similares a las barcas solares sepultadas en la pirámide de Keops, en Guiza, pero anteriores en casi 500 años.

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BARCA DE KEOPS Una de las embarcaciones de Keops de madera de cedro, de más de 43 metros de eslora, y casi 500 años posterior a las barcas de Abidos.

Aunque los fosos se encuentran en la zona adyacente a la tumba monumental de Jasejem, último rey del periodo Tinita, los arqueólogos no descartan que las barcas acompañaran en el viaje de ultratumba a un faraón anterior, tal vez Alza, fundador de la I dinastía.

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BARCA FUNERARIA Representación de Rosellini de una barca funeraria que transporta la momia en un sarcófago de Horus acompañada por la diosa Neftis, copiada de una tumba del Valle de los Reyes.

Los análisis de carbono radiactivo (C14) realizados en el casco y el estudio de las piezas de cerámica halladas en el lugar y de los sellos impresos en los cierres de arcilla permitirán efectuar su datación exacta. En cualquier caso, son las embarcaciones más antiguas que conocemos de todas las realizadas con tablas de madera ensambladas y engarzadas mediante fibras vegetales.

LA HISTORIOGRAFÍA EGIPCIA

La división en dinastías, o familias reinantes, adoptada por la egiptología moderna se debe al erudito sacerdote egipcio Manetón, que vivió en el siglo III a. C., en el templo de Sebennito, en el Delta.

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LA TABLA DE ABIDOS Detalle de la Tabla de Abidos, mandada esculpir por Ramsés II y que contiene la lista de los reyes que le precedieron, en la que han sido omitidos intencionadamente, entre Amenhotep III y Horemheb (imágenes de la derecha), los protagonistas de la «herejía de Amama», de Akenatón a Ay.

Aunque conocía los caracteres jeroglíficos, escribió en griego sus obras, entre las cuales destaca Historia de Egipto (Aegyptiaka), de la que solo conservamos resúmenes y fragmentos transcritos por el historiador judío Flavio Josefo (70 d. C.) y los analistas cristianos Sexto Julio el Africano (220 d. C.) y Eusebio (h. 320 d. C.), y transmitidos, a su vez, por Giorgio Sincello (800 d. C.). Las versiones varían según el autor, y de la obra original solo subsisten listas de nombres de reyes ordenados por dinastías, con anotaciones sobre la duración de sus reinados. Manetón I siguió una tradición historiográfica muy antigua, cuyos documentos llegados hasta nosotros son las listas contenidas en la Piedra de Palermo del Imperio Antiguo, la Tabla de Karnak del templo de Tutmosis III, las Tablas de Abidos y de Saqqara y el Canon Regio, documentos que datan de la época de la XX dinastía.

RELACIONES CON PAÍSES LEJANOS

Los intercambios culturales y comerciales del Egipto predinástico y protodinástico con otros pueblos, incluso lejanos, han sido documentados por los hallazgos arqueológicos: caracolas procedentes del mar Rojo, vasijas con asas onduladas de Palestina, amazonita del Tibesti, o turquesas del Sinaí, lapislázuli de Afganistán, oro, ébano y marfil de Nubia. La influencia oriental resulta evidente en algunos motivos iconográficos, como el héroe barbudo, los animales fantásticos de largo cuello y las serpientes entrelazadas, o el hombre entre dos animales rampantes, que emulaban temáticas propias de las regiones mesopotámicas, llegadas a Egipto por medio de los sellos cilíndricos. Dicha influencia, sin embargo, fue ejercida durante poco tiempo, ya que los artistas egipcios reelaboraron los temas convirtiéndolos en puras manifestaciones autóctonas.

 

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