EGIPTO: Cinco mil años de cultura y arte.

 – Menfis y sus necrópolis – Las pirámides de Gizeh a Dashur

  – La antigua Tebas con su necrópolis

  – Monumentos nubios, de Abu Simbel a File

  – El Cairo islámico

  – Abu Mena

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Egipto es hoy una república árabe que se extiende por una superficie de 1.001.440 km2. Se encuentra limitada al norte por el mar Mediterráneo y al este por el mar Rojo, dos mares que han influido de manera muy importante en su cultura. Hacia el sur y el oeste se extiende por el desierto del Sahara, mientras que otra porción desértica, la meseta del desierto Arábigo, queda comprendida entre el valle del Nilo y el mar Rojo y se une por el sur con el desierto de Nubia. En conjunto, todos estos territorios áridos suponen cerca del 90 % de la superficie del país.

5-Egipto y la península Arábica

Las fotografías tomadas desde los satélites muestran con claridad los perfiles geográficos. Aquí vemos Egipto y la península Arábiga, separados por el mar Rojo.

 

El país, sus paisajes y sus habitantes

 En el norte se localizan algunas depresiones, situadas por debajo del nivel del mar, entre las que destaca la de Qattara, que ocupa unos 18.000 km2 y alcanza una profundidad de 133 m. Los únicos relieves del país son los montes de Hadabat al-Gilf al-Kebir, en el suroeste, cuya cota más elevada es algo más de 1.000 m sobre el nivel del mar. En el extremo oriental, paralela al mar Rojo, discurre una cadena montañosa dispersa, que cuenta con algunos picos de más de 1.500 m, entre los que destaca el de Shayib el Banat, de 2.187 m sobre el nivel del mar. Por último, la península del Sinaí, formada en su mayor parte por el desierto homónimo, presenta varias zonas montañosas, en particular en su extremo meridional, donde se alcanzan las mayores cotas del país, con el monte Sinaí, de 2.285 m, y el monte Katerina, de 2.637 m. El Nilo es el único río del país, no contando en territorio egipcio con ningún afluente y sólo algunos uadis desembocan en él llevando las aguas torrenciales producidas en el curso de alguna de las esporádicas lluvias que tienen lugar en el territorio reseco que atraviesa. En su desembocadura forma un amplio delta que se extiende a lo largo de 250 km, dividiéndose entonces en varios brazos, cuyo curso ha ido variando a lo largo de los siglos. Desde la frontera sudanesa hasta la desembocadura, el Nilo atraviesa unos 1.500 km de territorio egipcio, formando un estrecho valle cuya anchura máxima no supera los 23 km, pero que en algunos lugares apenas llega a los 3.000 m. La mayor parte del recorrido lo hace por este valle, a cuyos lados se elevan los escarpes rocosos por los que se extiende el desierto. Sólo a partir de la ciudad de El Cairo el valle se ensancha para unirse al delta.

En la ciudad de Asuán existe una presa que ha formado en su cola un enorme lago (lago Nasser) de 480 km de longitud y 16 km de anchura, que en sus dos terceras parte queda dentro del territorio egipcio. Esta gigantesca obra provocó la inundación de varios yacimientos arqueológicos, algunos de cuyos monumentos se han podido salvar gracias a una acción internacional dirigida por la UNESCO. Sin embargo, también ha provocado grandes cambios en los ciclos naturales del río, que tradicionalmente, con la época de lluvias en su cabecera, arrastraba gigantescas cantidades de limos que fertilizaban las tierras. La interrupción de estas avenidas ha hecho que el delta haya retrocedido y que el agua marina haya inundado algunas áreas costeras.

6-Pescadores del Nilo

A lo largo de todo el Nilo, los pobladores de las orillas aprovechan la pesca como un recurso de gran importancia económica, utilizando para ello pequeñas embarcaciones de diversos tipos.

Además de este embalse, el país cuenta con un único lago de agua dulce, el de Birkat Qarum, al suroeste de El Cairo, así como otros varios de aguas saladas o salobres, como el lago Natron, en una depresión cercana al delta, y varios otros de pequeñas dimensiones dispuestos a lo largo de la costa mediterránea.

Otro accidente geográfico construido por el hombre es el canal de Suez, que comunica el mar Mediterráneo con el mar Rojo, facilitando la navegación entre Europa y el Índico al evitar el largo recorrido tradicional por el cabo de Buena Esperanza. Esta comunicación ha provocado también una migración de elementos faunísticos de un mar a otro.

El clima del país es seco y caluroso, de carácter desértico en la mayor parte del territorio y mediterráneo en la región del delta. Las precipitaciones son escasas, pues rara vez superan los 200 mm anuales en el delta y los valores descienden muy por debajo de los 100 mm anuales en el resto.

La vegetación es escasa en el desierto, con la excepción natural de los diversos oasis, donde crecen palmeras datileras, sicomoros, tamariscos, acacias y algarrobos, presentes también en el valle del Nilo, d cual puede considerarse a efectos ecológicos como si fuera un largo oasis. Las áreas del delta están casi completamente dedicadas a los cultivos. A lo largo de la orilla del río, en determinadas zonas crecían grandes extensiones de papiros, aunque en la actualidad se encuentran limitadas a la región meridional.

La fauna del desierto cuenta entre los mamíferos con chacales, gacelas, zorros del desierto, hienas, jerbos y asnos salvajes.

Entre los reptiles hay varias especies de víboras como el áspid y la cornuda, que son venenosas, así como un gran número de lagartos.

Entre las aves hay varias especies de águilas, halcones, milanos y gavilanes, además de buitres. En conjunto, la ornitofauna del país es rica y cuenta con cerca de 430 especies, muchas de las cuales se distribuyen a lo largo del río y de los humedales cercanos, como son los pelícanos o los flamencos, garzas, ibis y otras especies similares.

Además, en las áreas del delta abundan también los jabalíes y las mangostas.

El Nilo, que antiguamente contaba con una rica población de cocodrilos (Crocodylus niloticus), se ve hoy privado en gran parte de su recorrido de la presencia de este enorme reptil, que ha visto reducidas sus áreas de dispersión a las regiones meridionales. En cuanto a los peces, existen cerca de 70 especies.

 

Una historia fascinante

La presencia humana en Egipto es muy antigua y se tienen testimonios del desarrollo de una primitiva civilización neolítica en la zona del valle del Nilo que se remonta al año 6000 a.C. Aquellos primitivos pobladores fijaron las bases sobre las que se desarrollaría una de las principales civilizaciones del Mediterráneo oriental.

Estos pueblos de agricultores recibieron la influencia de las civilizaciones que se estaban desarrollando en Oriente y evolucionaron, dando lugar a un complejo no bien definido de pequeños estados o reinos, de los que se han encontrado diversos restos arqueológicos. Hacia el año 3200 a.C. uno de esos estados logró alcanzar la supremacía e imponerse a los demás, unificándolos todos bajo un mismo poder. Se estima que esa es la fecha en que puede comenzarse a dividir la historia de Egipto en períodos definidos.

Desde el año 3200 al 2755 a.C. se habla del Período Arcaico o Predinástico. Le sucedió el Imperio Antiguo, que duró desde esa fecha hasta el año 2255 a.C., transcurriendo una época intermedia de transición hasta la aparición del segundo gran período histórico, el Imperio Medio, que se extiende entre los años 2134 y 1784 a.C. Siguieron de nuevo un par de siglos de transición hasta llegar al Imperio Nuevo, que se prolongó desde el año 1570 hasta el 1070. A partir de entonces comienza la influencia de otras culturas y las invasiones, que se sucedieron a lo largo de los siglos hasta dar lugar, en el siglo XX, a la independencia actual. Esas etapas sucesivas pueden designarse cronológicamente como los períodos helenístico y romano, seguidos del dominio de los califatos, las dinastías autónomas, el dominio del Imperio otomano

7-Dromedarios

Los dromedarios continúan siendo un animal de carga imprescindible en gran parte del Egipto rural y lo emplean tanto los comerciantes de las caravanas como los agricultores.

El Egipto de los faraones

El Período Arcaico (3200-2755 a.C.) conoció ya dos dinastías con 17 faraones, en el curso de las cuales aparecieron las primeras construcciones funerarias reales, que preludian las posteriores pirámides. Entre los restos hallados de esta época están los mausoleos reales de Abidos. De estas fechas datan los primeros documentos que se conservan en escritura jeroglífica.

El Imperio Antiguo (2755-2255 a.C.) incluye las dinastías III, IV, V y VI y es la época en que el faraón adquiere ya un carácter divino, ejerciendo un poder absoluto y comenzando la fuerte influencia de los religiosos sobre los asuntos de estado. El país ocupaba el valle del Nilo desde la desembocadura hasta más o menos el área cercana a la actual ciudad de Isna y tenía su capital en Menfis, al norte. Con la dinastía III se inició la llamada Edad de Oro. El faraón Snefru, de la dinastía IV, construyó la pirámide de Dashur y realizó numerosas campañas por los países vecinos. Le sucedió su hijo Keops, constructor de la Gran Pirámide. Los hijos de éste, Kefrén y Micerino, también construyeron grandes pirámides, mientras que otro de sus hijos introdujo el culto del dios Ra asociado al faraón. Este período de gran apogeo se prolongó hasta la dinastía VI, alcanzándose un gran desarrollo artístico, técnico y científico. En esos años, los astrónomos egipcios fijaron la duración del año en 365 días, y tanto la medicina como las matemáticas alcanzaron un gran nivel. El declive comenzó a producirse a lo largo de la dinastía VI, cuando incluso hubo un intento de complot contra el faraón Pepi I (2395-2360 a.C.). El Estado había ido aumentando en complejidad, y una clase política de burócratas dominaba los resortes del gobierno.

A partir del año 2255 a.C. comenzó un período oscuro, con las dinastías VII a XI, de las que se conocen pocas cosas, aunque fueron de esta última varios de los monarcas que iniciaron el Imperio Medio. Al mismo tiempo, los gobernadores regionales adquirieron gran poder, formándose clanes que debilitaron el imperio. Se inició también en esta época la rivalidad entre las zonas del norte, reunidas alrededor de Menfis, y las del sur, que tenían en Tebas su centro. La dispersión burocrática y las luchas entre los distintos gobernadores paralizaron el Estado, que languideció durante varios años antes de que se iniciara una labor de reunificación.

El Imperio Medio (2134-1784 a.C.) se inició con los últimos soberanos de la dinastía XI, que comenzaron a recortar los poderes de los gobernadores y a centralizar el gobierno, pero fue Mentuhotep II (2061-2010 a.C.) quien consiguió finalmente unificar el país bajo su mando, sometiendo los gobernadores a la autoridad real. La capital estaba en Tebas, pero el primer faraón de la dinastía XII, Amenemes I, construyó también una en Menfis, aunque introdujo en la religión oficial un dios tebano, Amón, que desempeñó un papel muy importante en la mitología egipcia desde ese momento. Sesostris I (1962-1928) amplió los territorios al consolidar su presencia en Nubia, al mismo tiempo que sus ejércitos se establecían en Gaza. Durante este largo período, que a pesar de las conquistas fue en general pacífico, la literatura egipcia alcanzó su mayor esplendor, produciéndose también un renovado desarrollo del arte y de las ciencias.

Los soberanos de la dinastía XIII mostraron gran debilidad y comenzó entonces un nuevo Período Intermedio, durante el cual el norte de Egipto quedó ocupado por los hicsos y también se produjo una llegada masiva de población procedente de Fenicia y Palestina. El país estuvo gobernado por diferentes dinastías, con frecuentes cambios de poder y luchas internas.

En 1570 a.C., el soberano tebano Amosis I derrotó a los hicsos y reunificó el país, iniciándose así el Imperio Nuevo, que perduraría hasta 1070 a.C. Amonsis I fundó la dinastía XVIII. Amenhotep I (1551- 1524 a.C.) inició una serie de conquistas que fueron ampliando los territorios del imperio. Obra suya son los templos de Karnak. Sus sucesores Tutmosis I y Tutmosis II consiguieron que Egipto alcanzara su máxima extensión, desde Nubia y el desierto Líbico Alepo, en Siria, dominando toda la región costera, Sidón y Jerusalén. Ambos faraones construyeron magníficas tumbas en el Valle de los Reyes. La capital estuvo en Tebas, salvo un breve período durante el reinado de Amenofis IV, que realizó una profunda reforma religiosa para contrarrestar el enorme poder de los sacerdotes y trasladó la capital a Ajtatón. Su sucesor Tut Ank Amon devolvió la capitalidad a Tebas.

8-Relieve sol

Egipto fue la cuna de una de las grandes culturas de la humanidad. Este relieve nos muestra al faraón adorando al Sol, el dios Atón, cuyos rayos son portadores de vida.

Ramsés I (1314-1312 a.C.) fundó la dinastía XIX y estableció la capital del imperio en el delta del Nilo, cerca de Tanis. Realizó grandes campañas militares que consolidaron el poder egipcio en Oriente Medio. Le sucedió su hijo Seti I (1281-1279), que continuó con las campañas militares. El siguiente monarca, Ramsés II (1298-1235 a.C.), hijo del anterior, tuvo que enfrentarse en varias ocasiones a los ataques de los hititas. Fue un gran constructor, que realizó muchos de los templos de Luxor, Karnak y Abu Simbel. Ramsés III (1198-1166 a.C.) fue el último gran conquistador egipcio y fundador de la dinastía XX. A su muerte, sus sucesores fueron incapaces de controlar el poder y hacer frente a las rebeliones en los territorios conquistados, iniciándose el declive del imperio.

De este modo comenzó la que se conoce como Época Baja, en que hubo una constante rivalidad política y religiosa entre el norte y el sur. Con la dinastía XXVII se produjo un breve período de renacimiento cultural, que finalizó cuando los soberanos de la dinastía XVIII fueron derrotados en 525 a.C. por los persas, que ocuparon el país. Éste recuperó parcialmente la independencia pocos años después con las dinastías XXVIII a XXX, que fue la última de soberanos egipcios. Con ellos se inicia el control del país por otros Estados.

 

Del dominio heleno a la actualidad

En el año 332 a.C., Alejandro el Magno conquistó Egipto, derrotando a los persas, y colocó como soberano a uno de sus generales, el macedonio Tolomeo, que en 305 a.C. inició la dinastía de los Tolomeo, logrando transformar de nuevo a Egipto en una de las principales potencias del Mediterráneo y construyendo la ciudad portuaria de Alejandría, que se convirtió en capital. Sin embargo, sus sucesores no lograron mantener las conquistas. Tolomeo VI fue derrotado en 169 a.C. por Antioco IV de Siria, y el país se convirtió en un protectorado sirio. Durante esos años, la nueva potencia mediterránea, Roma, fue interviniendo de modo creciente en los asuntos egipcios y obteniendo territorios del antiguo imperio.

Egipto fue la cuna de una de las grandes culturas de la humanidad. Este relieve nos muestra al faraón adorando al Sol, el dios Atón, cuyos rayos son portadores de vida.

Cleopatra VII se alió a Cayo Julio César para no perder poder, pero sus tropas fueron derrotadas por las de Marco Antonio, quedando en el año 30 a.C. todo Egipto bajo dominio romano. El país pasó a convertirse en uno de los graneros de Roma, desarrollándose un intenso tráfico comercial entre Alejandría y los principales puertos mediterráneos. La ciudad se transformó de este modo en una de las más activas y prósperas de su época.

A pesar del dominio romano, fueron frecuentes los conflictos internos entre los distintos pueblos que convivían a consecuencia de la llegada de población de otros lugares del imperio. Aun así, desde comienzos del siglo III, sus habitantes adquirieron la ciudadanía romana. Durante todo ese largo período, Roma apoyó la religión local y se ayudó de los sacerdotes para mantener el control sobre la población, contribuyendo al embellecimiento de los templos. Cuando el poder romano declinó, Egipto entró a formar parte del Imperio bizantino.

En el año 616 d.C., los persas sasánidas invadieron Egipto, siendo expulsados en 628, pero en 642 se produjo la invasión de los árabes, iniciándose así un nuevo período en la historia del país. Cabe decir que la población opuso poca resistencia a la llegada de estos ejércitos, pues la política totalitaria de Bizancio, unida a la intransigencia religiosa frente a los coptos, que eran los cristianos egipcios, había provocado un gran descontento. Bajo el dominio de los califas, los coptos pudieron continuar practicando su religión.

9-Alminar de la mezquita de Al-Azhar en el Cairo S X

Con la llegada del islam, Egipto se convirtió en un importante centro de arte religioso, como vemos en este alminar de la mezquita de Al-Azhar, de El Cairo, construida en el siglo X.

A lo largo de dos siglos, los califas gobernaron Egipto manteniendo las estructuras existentes, aunque trasladaron la capital desde Alejandría hasta las cercanías de El Cairo. Sin embargo, comenzó una lenta islamización y la sustitución de la lengua copta por el árabe. También se produjeron divisiones internas entre los propios árabes, pero una rebelión copta condujo al envío de un ejército para aplastarla y el inicio de un período de represión.

En el año 868 los califas colocaron como gobernador de Egipto a Ahmad ibn Tulun, un turco otomano que transformó al país en una provincia autónoma, dándole un período de gran prosperidad. En 969, los fatimíes invadieron Egipto y construyeron la ciudad de El Cairo, haciendo de ella la capital de su imperio. Bajo su mandato, El Cairo se convirtió en un gran centro intelectual y fundaron allí la Universidad de al-Azhar, la primera del mundo. En 1065 se produjeron una gran hambruna y rebeliones entre las tropas beréberes y sudanesas de los fatimíes, al tiempo que los cruzados cristianos iniciaban sus ataques para conquistar Jerusalén. Todo ello debilitó a los fatimíes, iniciándose el declive de su poderío. Los últimos soberanos pidieron ayuda al califato y en 1168 llegó Saladino I, que tres años después abolió el califato fatimí e instauró el ayyubí.

En 1250, los mamelucos, un ejército de esclavos que alcanzó gran poder e influencia, derribaron a los ayyubíes e inició su propia dinastía. Sus califas dieron al país un período de gran esplendor intelectual y prosperidad comercial. El último gran sultán mameluco murió en 1341, iniciándose un período de gran debilidad y disputas internas, quedando el poder delegado en manos de los emires. Entre 1382 y 1517 gobernó la segunda dinastía mameluca, que no consiguió dar un nuevo esplendor al país.

En 1517 el sultán turco Selim I invadió Egipto, incorporándolo al Imperio otomano. Los nuevos dueños se apoyaron en los mamelucos para su administración mantuvieron el poder real hasta finales del siglo XVII. Durante ese período, el país experimentó un nuevo resurgimiento económico. A finales del siglo XVII, el gobierno quedó bajo el control efectivo de los mamelucos pero el país se mantuvo formalmente dentro del Imperio otomano hasta comienzos del siglo XIX.

En 1798, las tropas de Napoleón Bonaparte invadieron Egipto, pero fueron expulsadas en 1801 por ejército combinado de británicos y turcos. En 1805, Mehmet Alí, un general otomano originario de Albania, consiguió hacerse con el poder y dominar a todos sus contrincantes, fortaleciendo un gobierno centralizado. Inició también una política expansionista conquistó gran parte de la península Arábiga y de Sudán, llevando sus ejércitos hasta los Balcanes, donde fue obligado a retirarse por las potencias europeas. Al mismo tiempo, fomentó el cultivo de algodón e inició un proceso de industrialización del país. En sus avances militares entró en conflicto con el Imperio otomano y, tras conquistar Siria, puso en peligro la ciudad de Estambul, por lo que las potencias occidentales acudieron en ayuda de los sultanes turcos.

En 1839, Mehmet Alí se rebeló de nuevo contra el poder otomano, pero encontró la oposición de Gran Bretaña (temerosa del creciente poderío de Rusia), que pactó con él el respeto de sus fronteras si renunciaba a la política expansionista y se mantenía formalmente dentro del Imperio otomano. Mehmet Alí murió en 1849, pero sus sucesores no supieron gestionar el país, cayendo en una creciente dependencia europea, agravada por la construcción del canal de Suez, abierto en 1869, que les endeudó definitivamente. En 1876, una comisión designada por Francia y Gran Bretaña se hizo cargo del gobierno financiero egipcio. En 1882, el ejército británico ocupó Egipto, iniciándose un período durante el cual, aunque se mantenía la soberanía ficticia del sultán, era el gobernador británico el que llevaba el poder real y controlaba el importante paso del canal de Suez.

10-Mezquita de Mohamed Alí

El período de dominio turco ejerció una profunda influencia en Egipto, tanto en la sociedad como en la arquitectura. En la fotografía, la mezquita de Mohamed Alí, de El Cairo, construida entre 1824 y 1857.

 Al estallar la Primera Guerra Mundial, Turquía se alió con Alemania, por lo que Gran Bretaña declaró a Egipto como protectorado, con lo que a partir de 1915 rompió definitivamente sus vínculos con el Imperio otomano, prometiendo también la autodeterminación. Al acabar la guerra y ante el incumplimiento de las promesas británicas, en 1818 estalló una gran revuelta, continuando el conflicto hasta 1922, en que el gobierno de Gran Bretaña reconoció la independencia de Egipto. Se designó a Fuad I cómo rey, pero los británicos se reservaron el derecho de intervención para defender sus intereses. En el año 1924 se redactó una Constitución que establecía un sistema de dos cámaras parlamentarias. En 1936 se firmó un tratado angloegipcio, aunque continuó la ocupación británica del canal de Suez.

En el año 1948, Egipto participó con otros Estados árabes en la guerra contra Israel, pero la derrota supuso una intensa agitación interna, que condujo en 1952 a un golpe de estado militar que derrocó al rey Faruk I. En 1953 se proclamó la República de Egipto, con Muhamad Naguib como presidente, aunque el poder real estuvo dirigido por Gamal Abdel Nasser, que dirigía el Consejo del Mando de la Revolución. En 1956 Nasser fue designado presidente, iniciando una política de acercamiento a Occidente. Sin embargo, la negativa de los países occidentales a venderle material bélico hizo que se acercara a la Unión Soviética. En represalia por ello no pudo obtener la financiación que le resultaba imprescindible para construir la presa de Asuán y decidió nacionalizar el canal de Suez, ante lo que Francia y Gran Bretaña, con el apoyo de Israel, atacaron Egipto. La intervención de la ONU resolvió el conflicto y obligó a la retirada de las tropas invasoras.

En 1958 se creó la República Árabe Unida con Siria, aunque este país se retiró en 1961. Nasser introdujo una política unipartidista y nacionalizó las principales fuentes económicas. En 1962, intervino en la guerra del Yemen, y en 1967, en el curso de la Guerra de los Seis Días contra Israel, perdió la península del Sinaí y la franja de Gaza. En 1970, Nasser murió de un ataque al corazón, siendo sustituido por el vicepresidente, Anuar el-Sadat.

En octubre de 1973, Egipto atacó a Israel, y aunque no logró la victoria, obligó a la intervención de la ONU y recuperó el canal de Suez. Al año siguiente inició conversaciones de paz con Israel para encontrar una solución definitiva a las cuestiones fronterizas, que condujeron en 1975 a la retirada israelí del Sinaí y, poco después, a la reapertura del canal de Suez. En 1976, Sadat solicitó la retirada de los asesores soviéticos que estaban en el país desde la época de Nasser e inició un acercamiento a Occidente. En 1977 visitó Israel, convirtiéndose en el primer mandatario árabe que acudía a ese Estado. En 1979 firmó en Washington un tratado de paz con Israel, lo que provocó el rechazo de gran parte de los países árabes y revueltas organizadas por los fundamentalistas, que Sadat reprimió con dureza. En 1981, en el curso de un desfile militar, el presidente Sadat fue asesinado por un grupo de militares fundamentalistas.

Fue sustituido por Mubarak, que continuó con la política aperturista y democratizadora, al tiempo que se enfrentaba a las revueltas de los fundamentalistas islámicos. Desde entonces, Egipto se ha convertido en un país intermediario entre Israel y los restantes países árabes y clave para la estabilidad en Oriente Medio.

 

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