ECOLOGÍA – SOBREPESCA.

En 1992, la nueva legislación cambió la estructura ecológica, socioeconómica y cultural de las Provincias Marítimas (atlánticas) de Canadá. John Crosbie, ministro federal de Pesca y Océanos, declaró una moratoria de la pesca del bacalao atlántico. La medida era necesaria, ya que el volumen de las capturas se había reducido al 1 % de los niveles anteriores. La sobrepesca había llegado a tal punto que la recuperación sería imposible si se permitía continuar pescando. Crosbie dijo que era el momento más duró de su carrera política, pues la decisión suponía la pérdida de miles de puestos de trabajo. La pesca del bacalao había sido el sustento de la población de la costa desde hacía 500 años, sobre todo en Terranova.

La moratoria de 1992 estaba prevista en principio para dos años, pero sigue vigente en gran medida, al no haberse recuperado las poblaciones. Entre 2005 y 2015, el volumen de bacalao creció un 30 % anual en la costa nordeste de Terranova, pero la recuperación no fue tan rápida en el sur. En 2017 y 2018, sin embargo, hubo una caída marcada, y en general las reservas son insuficientes para la pesca a gran escala. El cambio climático ha contribuido al problema: las temperaturas más altas crean condiciones en las que el bacalao y sus fuentes de alimento tienen dificultades para sobrevivir.

Otro golpe para los pescadores de Terranova que en gran parte se dedicaron a pescar gambas y cangrejos fue que, allá donde se recuperaban las poblaciones de bacalao, este pez se alimentaba de gambas. El ecosistema no podía mantener a la vez dos industrias a gran escala, una de crustáceos y otra bacaladera.

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Capturas sostenibles

El problema de Terranova muestra la complejidad de la gestión pesquera, en la que suele manejarse el concepto de rendimiento máximo sostenible: el volumen de pescado extraído del mar debería seguir al volumen repuesto por la reproducción. Esto se suele lograr por medio de cuotas, que limitan el número de peces que se pueden capturar en cada temporada. Las cuotas pueden corregir la pesca insostenible: el 16 % de las poblaciones de peces fueron objeto de sobrepesca en 2015, comparado con el 20 % en 2000. El sistema de cuotas, sin embargo, anima a los pescadores a concentrarse en los peces más grandes posibles, y devolver al mar a los más pequeños, que suelen morir en la operación. En muchos casos, las cuotas no están fijadas en un límite verdaderamente sostenible. La pesca comercial tiene un poder de presión considerable, y tiende a buscar el beneficio económico a corto plazo en lugar de la sostenibilidad a largo.

La gestión de la pesca se complica aún más por factores como el propio carácter abierto del océano, la pesca ilegal, la falta de normativa o la negligencia.

 

Una crisis mundial

Con más del 30 % de las pesquerías del mundo explotadas más allá de sus límites biológicos, y con el 90 % de las poblaciones de peces objeto de pesca al límite o en sobrepesca, este es hoy un problema global. La gestión sostenible es fundamental para que la pesca siga dando trabajo y satisfaga la demanda de los consumidores.

Las estrategias de gestión a adoptar dependen de la naturaleza del problema: si se capturan peces que no han alcanzado la madurez, se limita la capacidad reproductiva futura y la población de una especie, y establecer tamaños mínimos ayuda a controlar este tipo de sobrepesca; si se capturan demasiados ejemplares maduros, podrían quedar muy pocos para reproducirse y restablecer la población previa, y en este caso son útiles las moratorias y las cuotas, entre otras medidas. Por último, puede ocurrir que la reducción del número de una especie llegue a tal punto que el propio ecosistema cambie, y no pueda ya mantener esa población en un nivel sostenible. Esto suele ocurrir cuando hay sobrepesca de especies grandes de peces depredadores, lo cual permite a las poblaciones de las especies pequeñas aumentar hasta alterar todo el ecosistema. Así ocurrió en el Atlántico Norte con la pesca del bacalao: sin depredadores que los limitaran, las tres principales presas del bacalao, esto es, las gambas, los cangrejos y los capelanes, aumentaron en número.

El problema de la sobrepesca lo complican el cambio climático y la contaminación, qué afectan también a los ecosistemas oceánicos. Las consecuencias podrían ser graves: si el calentamiento global continúa, aumentarán las temperaturas oceánicas, se fundirá más hielo marino, y cambiarán las corrientes eólicas y oceánicas. Como resultado, los nutrientes de las aguas superficiales se desplazarán a las profundidades, matando de hambre los ecosistemas oceánicos y reduciendo la fotosíntesis del fitoplancton, la base misma de la cadena trófica oceánica. Antes de tres siglos, las pesquerías del mundo podrían ser un 20 % menos productivas, y entre un 50 y un 60 % menos en el Atlántico Norte y el Pacífico occidental. Estas predicciones, realizadas por científicos de la Universidad de California en Irvine, se basan en un calentamiento global extremo de 9,6 °C, pero los modelos muestran que esta es una posibilidad.

2-Perturbación del ecosistema.metirta.online

Perturbación del ecosistema.

Encontrar nuevas soluciones

El consumo de pescado y marisco ha aumentado de 9,9 kg anuales per cápita en la década de 1960 hasta los más de 20 kg en 2016. Se predice que la demanda global alcanzará unos 236 millones de toneladas en 2030. La acuicultura o cría de pescado y marisco ha empezado a satisfacer gran parte de la demanda, y tiene el potencial de reducir la presión sobre las poblaciones salvajes, pero trae consigo problemas propios. Los nutrientes y sólidos añadidos al agua en las explotaciones en mar abierto pueden degradar el medio, y la acumulación de materia orgánica puede cambiar la química de los sedimentos, lo cual afecta al agua de los alrededores. Los peces pueden escapar, introduciéndose así especies o enfermedades ajenas en otros medios de agua dulce o salada.

Mientras la acuicultura ayuda a satisfacer la demanda, la sobrepesca sigue planteando graves peligros para la salud de los ecosistemas marinos del mundo y para el futuro económico de muchos países. La moratoria canadiense supuso un trauma severo para la economía y la cultura de Terranova y las provincias marítimas vecinas. Para evitar tales crisis, un número mayor de gobiernos deberá desarrollar métodos de pesca sostenibles y proteger la salud de los ecosistemas y las poblaciones acuáticas.

 

ADEMÁS

 

EN CONTEXTO

FIGURA CLAVE

John Crosbie (n. 1931)

 

ANTES

1946 Se funda la Comisión Ballenera Internacional para revisar y controlar la actividad y revertir la drástica reducción tras siglos de caza.

1972 La sobrepesca y El Niño causan el desplome de la pesca de la anchoveta en Perú, un golpe para la economía nacional

 

 DESPUÉS

2000 El WWF incluye el bacalao en la lista de especies amenazadas, y lanza una campaña para la recuperación de los océanos en Reino Unido

2001 Jeremy Jackson y otros biólogos marinos rastrean la historia de la sobrepesca.

2010 La Meta Aichi 11 para la Biodiversidad pide proteger el 10% de las zonas costeras y marinas en 2020.

3-Jurel plateado.metirta.online

Reservas marinas

Una herramienta prometedora para la gestión de la pesca es la creación de áreas marinas protegidas, en las que las poblaciones de peces y los ecosistemas son objeto de protección legal. Representan el 3,5% de los océanos del mundo, pero solo el 1,6 % son parques marinos donde está prohibida la pesca, la extracción de materiales, los vertidos, las perforaciones y el dragado. Un estudio mostró que el volumen de las diversas especies es, de media, un 670 % mayor en los parques plenamente protegidos que en las áreas marinas sin protección. Los parques protegen y restauran los ecosistemas dañados: los arrecifes de coral de las zonas protegidas se recuperaron de un fenómeno de El Niño antes de una década, pero no ocurrió así con los de las áreas no protegidas. Algunos estudios apuntan a que las reservas protegidas pueden ayudar a recuperar las poblaciones fuera de sus límites.

El jurel plateado es una de las muchas especies del Santuario de Fauna y Flora Malpelo, la mayor área protegida del Pacífico oriental tropical, famoso por sus tiburones.

4-Fitoplacton.metirta.online

Proliferaciones de fitoplancton, en rojo en esta imagen satelital del golfo de México. Las bacterias descomponen las algas muertas, liberando CO, y absorbiendo oxígeno.

Efectos de la contaminación

Hay dos tipos principales de contaminación que dañan los ecosistemas marinos. Los fertilizantes arrastrados por la lluvia, que suelen contener nitrógeno y fósforo, producen proliferaciones de algas o fitoplancton, que después mueren. Al descomponerse consumen oxígeno, creando una zona muerta en el agua que no puede mantener vida alguna. Los peces deben irse o morir, y los alevines que viven cerca de la costa antes de salir a mar abierto corren el mayor riesgo. En 2017, la zona muerta anual del golfo de México ocupaba una superficie de 22 000 km2. Otra amenaza es la contaminación por plástico, pues los peces lo ingieren, o quedan atrapados entre las redes o desechos. Se estima que hay más de 5 billones de trozos de plástico en el océano, y que a estos se añaden otros 8 millones de toneladas al año. A este ritmo, el volumen de plástico superará al de peces en 2050.

 

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