ECOLOGÍA – EL LEGADO DE LOS PESTICIDAS.

Primavera silenciosa, probablemente el libro más venerado e influyente que se ha publicado sobre temas ecológicos, alcanzó una gran resonancia en el momento de su publicación en 1962. Galvanizó al incipiente movimiento ecologista, obligó a cambiar las leyes y, quizá lo más importante, defendió el derecho del público a cuestionar y pedir cuentas a quienes ejercen el poder.

La autora del libro, sin embargo, distaba mucho de ser una «ecoguerrera» al uso, expresión que, por otra parte, ni existía al publicarse el libro. Rachel Carson era una mujer sosegada y erudita con un máster en zoología y veinte años de servicio como bióloga acuática en EE UU. Ante todo, era una escritora excepcional, capaz de combinar ciencia cabal y narrativa cautivadora.

 

Vida salvaje moribunda

Como muchas influyentes grandes obras, Primavera silenciosa nació de un modo muy personal: en enero de 1958, Olga Huckins, amiga de Carson, le envió una carta que había intentado publicar en el Boston Herald. La carta hablaba de la fumigación aérea de una mezcla de fueloil y un compuesto químico llamado DDT (dicloro difenil tricloroetano) cerca de su pequeña reserva de aves en Míchigan. La mañana posterior al fumigado, Huckins encontró varias aves muertas en su propiedad, y esperaba que Carson conociera a alguien en Washington que pudiera detener las fumigaciones. Carson, indignada, decidió ayudar. Desde hacía más de un década le llegaban noticias de incidentes perturbadores en los que la fumigación indiscriminada con DDT mataba la vida salvaje. Carson se dirigió al editor de The New Yorker, E. B. White, para pedir que la revista publicara un artículo sobre la preocupación creciente por los pesticidas sintéticos y sus efectos no buscados sobre otros organismos. White sugirió que lo escribiera ella misma. Carson se resignó, y comenzó a investigar para lo que en un principio llamó el «libro del veneno», que habría de estremecer al mundo.

 

El futuro químico

Hay que considerar el impacto de Primavera silenciosa en el contexto de su época. Aunque algunos intelectuales y científicos hubieran expresado su preocupación por los pesticidas sintéticos, el público era ignorante del asunto.

Los pesticidas sintéticos llevaban usándose desde la década de 1920, pero habían progresado mucho durante la Segunda Guerra Mundial, gracias a estudios financiados con fondos militares. En la década de 1950, era común creer que los pesticidas resolverían los problemas del hambre y la enfermedad, al matar plagas que destruían los cultivos y transmitían enfermedades. Las campañas publicitarias de gigantes del sector químico como Union Carbide, DuPont, Mobil y Shell difundieron el mensaje a un público muy amplio. Primavera silenciosa se enfrentaba a las nociones imperantes al afirmar que el supuesto progreso científico de los EE UU de posguerra tendría un precio muy alto para el medio ambiente. El pesticida de peor fama, y el más asociado a Primavera silenciosa, era el DDT, sintetizado por primera vez a finales del siglo XIX. En 1939, el químico suizo Paul Hermann Müller comprendió que podía servir para matar a muchos tipos de insectos, dada su amplitud de espectro como agente nervioso. Se usó durante la Segunda Guerra Mundial para controlar insectos que destruían cultivos vitales, así como los que transmitían la malaria, el tifus y el dengue a las tropas.

1-El DDT.metirta.online

El DDT.

El DDT resultaba barato de producir y muy eficaz, y en principio no parecía peligroso para los seres humanos. Acabada la guerra, dada la abundancia del DDT, su uso en la agricultura era el siguiente paso lógico. Con su gama de aplicaciones aparentemente seguras, debió de parecer una panacea a los agricultores, que fumigaron sus cultivos alegremente, a menudo sin emplear máscaras ni ropa de protección, ya que no estaban al tanto de la potente toxicidad de este compuesto químico.

Después del DDT llegaron muchas otras sustancias agroquímicas, entre ellas la aldrina, la dieldrina, el paratión, el malatión, el captán y el 2,4D. Combinados con fertilizantes hechos con el nitrógeno sobrante que ya no era necesario para fabricar explosivos, permitieron intensificar » la agricultura. Había llegado la era química, y en 1952 había casi diez mil nuevos pesticidas registrados en el Departamento de Agricultura de EE UU.

 

Crear conciencia

Carson no fue la primera en notar los efectos dañinos del DDT. Hubo críticos anteriores, como el escritor sobre temas de la naturaleza Edwin Way Teale, quien advirtió que el fumigado con una sustancia de impacto tan indiscriminado como el DDT podía perturbar el equilibrio de la naturaleza. En EE UU, en 1945, el entonces director del Servicio de Pesca y Vida Silvestre (Fish and Wildlife Service, FWS), Clare Cottam, manifestó que era fundamental ser cautos con el uso DDT, pues no se conocía aún plenamente el impacto del producto, Al año siguiente, en el American Journal of Public Health, Fred Bishop insistía en que el DDT no debí entrar en contacto con alimentos, ingerirse accidentalmente.

Varios estudios e informes científicos fueron también alarmantes En 1945, el gobierno de EE UU publicó un estudio que había detectado trazas de DDT en la leche de vacas rociadas con el producto. El estudio recomendaba a los agricultores u «insecticidas alternativos seguros para controlar a las moscas y piojos del ganado. En su larga trayectoria como editora jefe del FWS, Carson había tenido acceso a muchos de estos informes, y su lectura le había resultado perturbadora. Eran estudios limitados y algo desperdigados, y de ningún modo accesibles al lector medio, así que Carson decidió reunir todo el material que pudiera encontrar para presentarlo de modo comprensible al gran público. Mientras avanzaba en la redacción de Primavera silenciosa, Carson se convenció de que tenía el deber moral de hacer pública la información. Más allá de documentar los peligros del uso indiscriminado de pesticidas, Carson afirmaba que las empresas químicas anteponían los beneficios a las personas, y que el gobierno, conscientemente o no, era cómplice de ello por no regular la industria de un modo eficaz.

2-Cadena trófica.metirta.online

DDT en la cadena trófica.

La respuesta de la industria química estadounidense fue la esperada: en un primer momento, trataron de demandar a Carson y a The New Yorker, que había publicado el libro por entregas. Carson estaba preparada: sabía que el libro sería polémico, y que la industria se sentiría amenazada. Por ello, además de registrar de manera meticulosa las referencias procedentes de organismos gubernamentales, de sus contactos en centros de investigación y de otras fuentes de prestigio, hizo revisar el manuscrito por científicos y expertos.

Fallida la vía del pleito, las empresas químicas lanzaron una campaña de desprestigio contra Carson, descendiendo a lo personal y caricaturizándola como una histérica rodeada de gatos, carente de la preparación necesaria para escribir sobre el tema. Lo único que logró la campaña fue estimular las ventas de Primavera silenciosa.

 

Nuevas políticas

Carson obtuvo el apoyo de científicos de prestigio, y el presidente John F. Kennedy la invitó a testificar ante un comité del Congreso en 1963. Allí, Carson pidió políticas nuevas que sirvieran para proteger el medio ambiente. El comité publicó un informe llamado «The uses of pesticidas», que, en líneas generales, venía a respaldar el libo de Carson. Inspirados por ella, los activistas continuaron presionando al gobierno hasta que, en 1972, una década después de la primera edición de Primavera silenciosa, se prohibió el DDT en EE UU. Otros países también lo prohibieron, aunque algunos continúan utilizándolo contra los mosquitos.

3-Naturaleza.metirta.online

El legado de Primavera silenciosa va más allá de la mera prohibición del DDT, pues mostró a los gigantes de la industria y a los gobiernos el poder de una opinión informada.

 

ADEMÁS

 

EN CONTEXTO

FIGURA CLAVE Rachel Carson (1907-1964)

ANTES 1854 En el inspirador libro Walden, Henry David Thoreau describe un experimento social para vivir una vida sencilla en la naturaleza.

1949 A Sand County Almanac, de Aldo Leopold, propone una ecología profunda de vida en armonía con la tierra. DESPUÉS 1970 Se crea la Agencia de Protección Ambiental (EPA) de EE UU.

1989 The end of nature, de Bill McKibben, habla de los peligros del calentamiento global. 2006 El documental Una verdad incómoda refleja los esfuerzos de Al Gore, exvicepresidente de EE UU, por concienciar del cambio climático.

 

Rachel Carson

4-Rachel Carson.metirta.online

Rachel Carson nació en 1907 y se crió en una granja de Pensilvania, en donde creció su amor por la naturaleza. Obtuvo una beca para el Pennsylvania College for Women, y luego un máster en zoología. Mientras se criaba en un estado del interior, ella soñaba con el océano; esta pasión resultó duradera, y comenzó a trabajar como bióloga acuática para el Servicio de Pesca y Vida Silvestre (FWS) de EE UU. Carson escribió y publicó numerosos folletos educativos, y acabó siendo editora jefe del FWS. A partir de 1941, escribió libros sobre biología marina, como El mar que nos rodea, ganador del Premio Nacional del Libro, y muy vendido en todo EE UU. El éxito permitió a Carson dedicarse a la escritura a tiempo completa, y empezó a trabajar en Primavera silenciosa en 1958. En 1960 le diagnosticaron un cáncer de mama, y murió en 1964.

Obras principales

1941 Bajo el viento oceánico.

1951 El mar que nos rodea.

1955 The edge of the sea.

1962 Primavera silenciosa.

 

Un veneno persistente

El compuesto órgano clorado DDT, esto es, dicloro difenil tricloroetano, mata a los insectos por contacto, al interferir en sus impulsos nerviosos. Es liposoluble, y se deposita en los tejidos de los animales expuestos, directamente, o al ingerir alimento contaminado. Con la exposición repetida, se acumula en la grasa corporal con efectos tóxicos. El DDT se biomagnifica en lo alto de la cadena trófica. Los humanos son susceptibles a la intoxicación por exposición regular al DDT, y si bien no se conocen el efecto de cantidades pequeñas en el medio, se ha relacionado con cáncer, abortos, infertilidad y diabetes. Hoy está prohibido en los países occidentales, pero estudios realizados por el Centro de Control de las Enfermedades y Prevención de EE UU en 2003-2004 hallaron DDT, o su derivado (DDE), en la sangre del 99 % de los participantes.

 

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