CUANDO LOS BLANCOS SE CONVIERTAN EN MINORÍAS.

POR. BÉATRICE GIBLIN.

Geógrafa, profesora de la Universidad París-VIII

La expresión “los blancos” sin duda tiene un lado provocador y hace necesario precisar a qué hace referencia. En los siglos XIX y XX, designaba sin la menor ambigüedad a las personas de origen europeo que habían ido a trabajar a las colonias en oposición a los nativos de otras razas En la actualidad, la expresión “los blancos” sigue refiriéndose a las personas de origen europeo, ya sean europeos o norteamericanos.

 Al origen geográfico se añade otro criterio, el de la pertenencia a la cristiandad —se sea o no creyente—, es decir, uno de los rasgos característicos de la cultura de los “blancos” viene heredado de esta religión. Por eso hay muchas personas de piel blanca a las que no se les considera, e incluso ellos mismos no se consideran, pertenecientes al conjunto de los “blancos”.

EE.UU. en el año 2040.

Así, no se percibe automáticamente como tales a los iraníes, los árabes o los turcos. A estas dos características se suma una tercera, la de pertenecer al mundo rico y desarrollado.

Los “blancos” son entonces una representación construida en un contexto particular, el del periodo en que los europeos dominaron el mundo, lo que en un amplio espacio de tiempo no es más que un intervalo limitado, de alrededor de dos siglos.

 Fue con la Revolución Industrial cuando los europeos se posicionaron hegemónicamente tanto en el plano político como en el económico. Una dominación tanto más notable cuanto que los europeos estaban lejos de ser los más numerosos, ya que siempre han representado más o menos el 20% de la población mundial. Además, también estuvieron durante mucho tiempo menos desarrollados en el plano económico que los asiáticos. En efecto, la parte europea de la producción mundial no sobrepasó a la asiática sino a mediados del siglo XIX y se encuentra de nuevo superada por ésta desde finales del pasado siglo.

 Aunque los “blancos” siempre hayan sido minoritarios en el plano demográfico, esta situación apenas les ha preocupado. Lo que ya no es el caso, al menos para un cierto número de ellos, porque el crecimiento demográfico de los “otros” inquieta. Sin embargo, hay una desaceleración casi generalizada en el mundo, pero claramente más acentuada entre los “blancos”.

Nueva York.

La precocidad de la ralentización demográfica entre éstos entraña inevitablemente su envejecimiento y, por consiguiente, llegado el día, su declive demográfico; de ahí la preocupación, en la “vieja Europa, de ser minoritarios. Este sentimiento se ha reforzado todavía más con la llegada, desde los arios 1950, de poblaciones migrantes provenientes de los países de fuera de Europa, generalmente de las antiguas colonias. Sin embargo, a nivel nacional, sigue habiendo una gran mayoría de “blancos”, pero las elevadas tasas de fertilidad entre los emigrantes de primera generación (a partir de la segunda la tasa descendió considerablemente) hacen temer de manera irracional que la situación vaya a cambiar radicalmente.

En Estados Unidos, país de inmigración, primero europea, después africana con la esclavitud y, posteriormente, asiática y latinoamericana, las previsiones demográficas anuncian que los blancos dejarán de constituir la mayoría de la población en 2042, es decir, diez arios antes de lo que preveían las anteriores predicciones de la Oficina del Censo de los Estados Unidos.

 En 2050, las minorías hispánicas, asiáticas y negras deberían representar el 54% de la población. Pero estas cifras deben leerse con prudencia. Sobre todo, esto significa que a los hispanos no se les considera parte integrante de los “blancos”, mientras que muchos de ellos son los descendientes más o menos mestizos de sangre india de colonos españoles y, por tanto, de origen europeo.

LOS WASPY LOS OTROS

 Quienes se consideran los “verdaderos blancos” son los Wasp (White Anglo-Saxons Protestants), es decir, los migrantes de las primeras colonias fundadoras que están en el origen de los valores (o de los fundamentos) de la nación. Otros “blancos” también forman parte de ellos, como los alemanes, a diferencia de los irlandeses, despreciados durante mucho tiempo porque eran pobres y católicos, a quienes sólo se les reconoció como “blancs wasp” tras la presidencia de John Fitgerald Kennedy, católico de origen irlandés.

 En Gran Bretaña, en algunas ciudades, la categoría de “blancos británicos” del censo ya no puede considerarse como constituyente de la dara mayoría de la población. Tal es el caso de Londres, pero asimismo de Birmingham, Leicester, Luton, Slough o incluso Manchester. En 1991, en el marco de su censo nacional, por primera vez, el Reino Unido formuló a sus habitantes una pregunta sobre sus orígenes étnicos al proponerles cinco categorías principales: blanco británico, otros blancos, asiático, negro, chino y otras etnias. Diez años más tarde, se añadió una nueva categoría: los mestizos (mientras que la categoría blanco” pasaba a formar una sola). En 2009, más del 33% de la población de Londres era no blanca, porcentaje en aumento constante desde la postguerra y que debería continuar creciendo.

Hecho histórico, la próxima década verá, por primera vez, en la capital, el porcentaje de británicos de tipo europeo (o “white british”) descender por debajo de la barrera del 50%. Las corrientes migratorias serán claramente la causa de ello, ya provengan de las antiguas colonias, ya sea por el gran avance de la inmigración de los países integrados en la Unión Europea tras 2004. En numerosos países europeos, este sentimiento de poder volverse “minoritario” en su territorio genera un voto nacionalista, xenófobo, a menudo antimusulmán, que en ocasiones llega hasta el 20% y reúne a electores de derechas y electores populares decepcionados con la izquierda.

 En todos los lugares de Europa, los partidos nacionalistas prosperan a causa del provecho que sacan de la crisis económica, del paro y de la inseguridad que afecta mayoritariamente a los más pobres. Algunos de estos partidos añaden una reivindicación nacional regionalista, lo que aumenta aún más su éxito electoral, tal y como ha sucedido con el Vlaams Belang (anteriormente Vlaams Blok) flamenco en Bélgica.

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