c) Monoteísmo islámico, ¿misión o guerra santa?.

1- Islam. Dios es todo. A los pocos años de morir Muhammad, sus seguidores habían conquistado el sur y oriente del Imperio bizantino (Egipto, Siria) y el estado sasánida de Persia. Algunos decenios más tarde la Umma se extendía del Pirineo al Himalaya, al filo de la espada, en rápidas campañas de Guerra Santa (Yihad) en las que influyó también su nueva propuesta religiosa de sometimiento radical a Dios, capaz de unificar y ofrecer una experiencia creyente a millones de hombres y mujeres antes dispersos en grupos menores, sin mística social ni arraigo religioso. El islam penetró no sólo en territorios antes paganos de África y Asia, sino también en países de cultura y religión cristiana, zoroastrista, budista e hindú, desde España, por el norte de África y Asia Menor hasta la India. Muchos cristianos se hallaban divididos (nestorianos, monofisitas, arrianos…), bajo autoridades poco eficientes o corrompidas. Es normal que recibieran a los musulmanes como liberadores. La nueva religión ejerció gran atractivo sobre millones de personas, a las que ofrecía una seguridad divina que no les daba el cristianismo (59).

— El cristianismo es, en principio, universal y pacifista, contrario a toda guerra santa. La iglesia es comunidad de creyentes que expanden su fe y comunión por la palabra y testimonio de vida, sin poder coactivo. Por eso ella no puede volverse estado (tendencia musulmana) ni nación aislada (tendencia judía).

— El islam es combativo. Cree que la verdad de Dios y la comunidad creyente puede y debe resguardarse y expandirse con esfuerzo, pues Dios así lo quiere, y él importa más que toda decisión y libertad humana. No desemboca en una iglesia, como el cristianismo, ni en una comunidad monástica (como la shanga budista), sino en una sociedad total o pueblo donde se vincula lo civil y lo religioso, lo sacral y lo profano (60).

Ciertamente, algunos musulmanes han tendido a crear un espiritualismo solitario (sufismo), pero en sí el islam es una mística total que vincula individuo y sociedad, vida interior y exterior, religión y política, haciendo que el hombre se someta de un modo radical a Dios. Más que espiritualidad intimista, es un sistema unitario de sometimiento teológico y pacificación social, bajo el poder absoluto de Dios y su Palabra.

a.-El islam es religión profana, no tiene sacerdotes, ni clero, ni culto sacral separado, sino la confesión de fe y la sumisión a Dios, sin misterios separados, porque en ella todo es misterioso: presencia abismal de lo divino.

b.- El islam carece de rituales porque todo es rito, cumplimiento de la voluntad de Dios. La vida entera (familia y estado, economía y sentimiento) es presencia de Dios, de manera que en ella no existe nada que sea secular, en sentido occidental moderno.

c.-El islam es tarea humana y misterio religioso. Nace de la inminencia del juicio, que se expresa en el sometimiento a Dios y a sus mandatos sobre el mundo (61). Desde ese fondo podemos destacar ya en su conjunto la aportación social de las tres religiones que han modelado y definido gran parte de la historia de occidente.

— Judaísmo: nación particular. El Am o Pueblo elegido lo forman aquellos que, tras la destrucción del Templo (70 EC), se comprometieron a cumplir la Ley nacional, como federación de sinagogas. En principio, renuncian a imponerse o defenderse por armas (a excepción de algunos sionistas posteriores): no quieren cambiar el orden mundial, ni expandir su vocación y ley por fuerza, sino permanecer (mantenerse) como nación de testigos, fieles a su elección hasta que llegue al final la pacificación completa (shalom).

— Iglesia: comunidad supranacional de creyentes mesiánicos. Los cristianos piensan que el viejo Israel nacional ha cumplido su función, pues el Mesías-Jesús ha llamado y vincula a todos los pueblos. Esta nueva comunión no puede conseguirse por violencia, ni cerrarse en un pueblo compacto (sagrado). Mientas siga el mundo siguen las naciones, tienen si valor los pueblos. Los cristianos no quieren tomar el poder crear un imperio mundial, pero crean la iglesia como espacio de comunicación gratuita para todos los humanos.

— Umma: comunidad universal de sometidos a Dios. El islam es como un judaísmo universal (simplificado, reducido a lo esencial), sin utopía profética  (62). Así ha podido expandirse entre diversas naciones, ofreciendo a los hombres una fuerte experiencia de sometimiento a Dios. Por ahora se ha expandido sobre todo en grupos donde el mismo islam configura políticamente las relaciones sociales. Esa situación cambiará en el futuro, suscitando un islam liberado del dominio político, capaz de expresar su más honda experiencia de Dios (63).

2.-Guerra santa. Muhammad suscitó gran entusiasmo al crear una comunidad que podía ser universal. No apareció como hijo de Dios, pero sí como guía y modelo verdadero para aquellos que acogen su mensaje. De esa forma, sus arios de intenso comienzo y su ruptura posterior (Hégira), que implicaba un tipo de Guerra Santa, hasta la conquista de La Meca y la instauración del nuevo orden social y religioso, en torno al santuario ya purificado (Caaba), se hicieron parábola o modelo para la historia musulmana. El islam es religión de un creyente-guerrero que supo emigrar en la persecución, iniciando en Medina el estado musulmán para instaurarlo en La Meca. En esa línea se entiende la yihad o guerra santa como esfuerzo de expansión y transformación creyente, que se expresa por el vencimiento personal y la búsqueda conjunta de una sociedad pacificada. Para lograr ese objetivo, en caso de necesidad, los musulmanes pueden y deben acudir a la coacción social e incluso a la guerra, en defensa de su identidad y para ayudar a los perseguidos, promoviendo el orden de Dios sobre la tierra. Un tipo de coacción y fuerza pertenecen a la vida del creyente (64).

¿Por qué no queréis combatir

por Allah y los oprimidos (hombres, mujeres y niños) que dicen:

Señor, sácanos de esta Ciudad de impíos habitantes;

danos un amigo designado por ti?

Quienes creen, combaten por Allah.

Quienes no creen, combaten por los demonios.

Combatid, pues, contra los amigos del Demonio… (4, 75-76).

Muhammad arenga así, en nombre de Dios, a los guerreros del islam, que forman la comunidad de liberados de Medina (entre el 622 y 630 EC). Luchan por Dios y a favor de los musulmanes que quedaron en La Meca, sometidos bajo los paganos. Conforme a una visión teológica y social que se inició en el judaísmo, ellos entienden esta guerra como batalla escatológica entre los soldados de Dios y del demonio.

Quienes crean, emigren y luchen por Allah con su hacienda, y sus personas tendrán una categoría más elevada junto a Dios… Su Señor les anuncia su misericordia y satisfacción, así como Jardines en los que gozarán de delicias sin fin. Dios tiene junto a sí una magnífica recompensa. ¡Creyentes! No toméis como amigos a vuestros padres y a hermanos si prefieren la incredulidad a la fe. Quienes les consideran amigos, ésos son los impíos. Si vuestros padres, hijos, hermanos, esposas, vuestro clan familiar, los bienes que habéis adquirido, el negocio cuya falta de beneficio teméis, las moradas que os satisfacen, os son más queridas que Allah, su Mensajero y la lucha por su causa… Esperad hasta que Allah llegue con su Orden. Allah no guía a gente descarriada (9, 20-24).

El musulmán debe someterse a Dios, dejando los ídolos, emigrando de La Meca (ciudad de injusticia) y luchando por Allah y por la expansión y triunfo del islam. La fe implica así una ruptura familiar y económica por causa del islam y una decisión militar (65). La opción por Dios y su comunidad supera y, en un sentido radical, anula las restantes opciones y valores de la humanidad: padres e hijos, hermanos y esposas, tribu y hacienda, todos los posibles pactos y valores anteriores, quedan trascendidos y, si es preciso, negados por la obediencia al islam. Sólo Dios y su causa son valor supremo. Muhammad ha vinculado idolatría e injusticia social. Piensa que el orden pagano de La Meca, dominado por asociadores (que asocian a Dios otros dioses), era causa de ruptura social e injusticia interhumana (66). Sólo el sometimiento a Dios y la obediencia a su profeta (a su Palabra) permiten que surja una comunidad reconciliada, donde nadie se imponga sobre nadie. Por eso hay que romper los lazos anteriores de violencia, tanto en plano familiar-social como económico, para construir la concordia verdadera, en plano personal y comunitario. Sólo en ese fondo se han podido formular las más duras palabras de lucha contra los enemigos de la fe:

Cuando hayan transcurrido los meses sagrados (de la tregua):

— Matad a los asociadores dondequiera que los encontréis.

— ¡Capturadles! ¡Sitiadles! ¡Tendedles emboscadas por todas partes!

— Pero si se arrepienten, hacen la azalá (= oración)

y dan el azaque (= tributo),

dejadles en paz. Dios es indulgente, misericordioso (Cor 9,5).

Los «asociadores» eran para Muhammad por principio tramposos, porque mantenían a la vez diversos pactos, según la conveniencia de sus dioses. Por el contrario, el Dios único avala un único pacto de fidelidad, que puede abrirse a todos los hombres. En defensa de ese pacto único, llegado el momento de la gran decisión (al final de la Hégira), proclamó Mullainniad la guerra santa contra los enemigos de la Umma, comunidad de Dios. Así lo muestra este duro pasaje, de guerra sin cuartel, que no busca la conquista y destrucción, sino la conversión de los antes pervertidos, a quienes sólo pide que se arrepientan (que adoren sólo a Dios), que hagan la azalá (se prosternen y adoren) y entreguen el azaque (impuesto religioso), a favor de los creyentes más pobres (67). Esta guerra parece un medio pasajero, contra el riesgo de los asociadores, que representan la injusticia y opresión social de La Meca antigua. El futuro del islam depende de la interpretación que los musulmanes del futuro quieran y puedan hacer de esa guerra.

 

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