BUDISMO – Entre el zen y el taoísmo: Han Shan.

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El eremita de Han Shan (Montaña Fría)

Se le conoce como Han Shan («montaña fría») y nadie sabe nada de él. Su vida se data en el siglo VII d.C., y ejerció una gran influencia en la generación Beat estadounidense de las décadas de 1960 y 1970 y posteriormente también en Europa. Sus alrededor de 300 poemas conservados aúnan lo lírico y la observación de la naturaleza, las enseñanzas de los taoístas clásicos y el ideario del budismo zen. Este desconocido autor y eremita que se retiró a las montañas expresa con plena conciencia su exigencia de inmortalidad: «El hombre de la Montaña Fría existirá siempre. Vive completamente solo, sin nacimiento ni muerte». Han Shan puso en práctica el ideal taoísta de retirarse del mundo para encontrar el vacío. Mientras que Buda buscó la salvación rodeado del círculo de sus discípulos, este desconocido siguió otro camino.

 

Evadirse del mundo en busca de la salvación

Han Shan huyó del mundo, para no volver nunca más a él. Todo lo que dejó tras él fueron sus poemas, en los que da cuenta de su vida solitaria, sus pensamientos, sus consideraciones filosóficas sobre el mundo. Sus reflexiones zen convirtieron a Han Shan en un iluminado laico zen (puesto que tampoco pertenecía a ningún monasterio). Su motivación la describe en los siguientes términos: «Desde que me retiré a Han Shan, me alimento de frutos silvestres. Una vida apacible, de qué me tengo que preocupar. En este mundo todo sigue su curso predeterminado».

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Los autores Gary Snyder y Allen Gisberg.

La búsqueda de la calma interior y exterior

Han Shan se quiere liberar de todo, no retener nada para que nada más lo pueda detener a él. Se ha liberado para el tao. Por muy sencillo que sea para nosotros entender su grado de familiaridad con la soledad, para él debió de ser muy difícil el camino que va del Yo al sí mismo (tao). A resistirlo sólo ayuda una autodisciplina férrea y un juicio sólido como una roca. La verdad, la sabiduría y el vacío son la meta para la que vivió Han Shan. Otro texto expone claramente cómo lo ve el Viejo de la Montaña Fría:

Olvidarse de uno mismo

Fluía el arroyo.

La luna derramaba su luz y me olvidaba

de mí mismo, sentado así,

junto a la vid.

Lejanas las aves,

la pena lejana,

y no había nadie.

Los poemas de Han Shan siguen ejerciendo en la actualidad una gran fascinación en todos aquellos que se interesan por el budismo zen o el taoísmo. Esto es válido tanto para los europeos como para los chinos o los japoneses, a pesar de que Han Shan no ofrezca ninguna receta para una vida mejor. En ocasiones, sus pensamientos se revelan insólitos y misteriosos. Cada uno debe buscar su propio camino, aconseja a sus lectores.

 

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