BUDISMO – Budismo zen.

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Jardín zen.

Laozi y Zhuangzi

“Con una nasa se pesca; tan pronto como has atrapado el pez, te puedes olvidar de la nasa. El lazo sirve para cazar conejos; si has cazado el conejo, puedes olvidarte del lazo. Con las palabras se capturan las ideas, una vez que has entendido la idea, te puedes olvidar de las palabras. ¿Dónde encuentro a la persona que sepa olvidar las palabras para poder intercambiar con ella alguno ideas?». Zhuangzi zen es una técnica, que tiene siglos de antigüedad, para desviar el espíritu del camino trillado mediante gestos, proverbios, historias y acertijos sin solución. La meta es quedarse sin ideas, porque el hábito mata.

Parece indiscutible que el zen tiene sus raíces en China —allí se llama chan—, y tiene mucho que ver con el ideario de Laozi (Lao-tsé) y con el gran filósofo Zhuangzi (autor de uno de los textos esenciales del taoísmo; véase el capítulo Taoísmo). A Japón llegaron dos variantes del zen: por un lado la concepción del monje Tendai Eisai (1141-1215), que se conocía con el nombre de Rinzai zen, y por el otro la del sacerdote Dogen (1200-1253), que fundó el soto zen. Éste hace hincapié en la meditación como elemento importante de la práctica zen, y el Rinzai zen da preeminencia sobre todo a los koan, textos enigmáticos o circunstancias paradójicas planteados como tema de meditación.

 

Una tercera escuela

Otro maestro, Harada Sogaku (1871-1961), intentó unir las técnicas de meditación del soto zen (meditación en posición sedente, llamada zazen) con la «quiebra del entendimiento» por medio de las técnicas correspondientes del Rinzai zen: desarrolló una nueva forma de meditación en la que también está integrado el saber de la escuela Rinzai zen. »En una ocasión un monje preguntó al maestro Dongshan: ¿Qué es el Buda? Dongshan dijo: Tres libras de cáñamo». En el zen se desconecta conscientemente la razón, el pensamiento lógico, para dar paso al «Gran vacío».

 

La doctrina de la iluminación repentina

El zen —chan en China— presupone que toda persona puede experimentar una iluminación repentina. Para conseguirlo no hace falta que ayune 49 días o se mortifique. Puede encontrar la iluminación de modo inesperado; por ejemplo, mediante un texto. El zen surgió, en el curso de los siglos, fruto del encuentro del budismo y del taoísmo. En este proceso, la sabiduría del iluminado se fundió con el «humor» de maestros chinos del impacto de un Laozi o Zhuangzi. El «ingenio» de estos maestros consiste en hacer llegar a las gentes sus historias aparentemente banales: «Quiero hablarte sin ninguna mala intención de esas cosas, así que óyeme sin ninguna mala intención», le hace decir Zhuangzi a uno de sus personajes. Y el golpe de efecto, de talante intelectual, puede provocar en ocasiones risas y carcajadas en un primer momento. Pero si se lee detenidamente, se revela el verdadero contenido, más profundo, de la historia del maestro, que a primera vista resulta tan inofensiva.

El siguiente ejemplo puede ser ilustrador: «Primero es una montaña. Después no es una montaña. Después es”. Va penetrando en la mente de la persona, lentamente… y, al final, ésta llega a comprender.

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Laozi fundador del taoísmo.

El maestro zen y su manera de pensar

«Alguien le preguntó al maestro Yunmen Wenjan (864-949): “Maestro, ¿cuántos años tenéis?” “Siete por nueve hacen un total de sesenta y ocho”. “¿Cómo puede ser que siete por nueve sean sesenta y ocho?” “Por ti he restado cinco años”». Este tipo de chiste absurdo o aparente paradoja ha sido perfeccionado por todos los maestros zen. Su «gracia» es de naturaleza lógica paradójica, pero con un carácter existencial muy afable. El discípulo puede llegar a tardar años en comprender lo que el maestro pretendía. « ¿Qué sonido hace una mano que aplaude?» Una única mano no puede aplaudir, por tanto tampoco emite ningún sonido. ¿Qué quiere comunicar entonces el maestro? El quid de la cuestión no se desvela a nadie: es la tarea de quien escucha.

El pensamiento dualista, es decir, pensamiento que se articula a través de antagonismos, llega a su límite con formulaciones como la anterior. El objetivo del maestro es desviar a su discípulo de su visión dualista del mundo. La iluminación llegaría súbitamente si elevase al nivel del vacío (sunyata) la pregunta « ¿Qué sonido hace una mano que aplaude?» y ésta casi se respondiese por sí misma.

 

El sabio no quiere recopilar ningún saber

En una ocasión, el maestro zen Bodhidharma dijo de sí mismo: «Por eso, el sabio es como una cueva vacía. No guarda ningún saber. Vive en el mundo de las transformaciones y de la utilidad, y pese a todo él se mantiene en el reino de la no acción [ivu wei, es propio del Taoísmo]. Aunque se halla entre las paredes de lo calificable, vive en el terreno abierto de aquello que trasciende al habla. Está silencioso y solo, vacío y abierto, de modo que su estado no se puede vestir con palabras. De él no se puede decir nada más».

 

Sobre golpes y gritos

Buda nunca dijo que el camino a la iluminación no estuviese lleno de espinas. El ser humano es desidioso y cómodo por naturaleza y tiende a confiar en lo conocido. Tampoco es fácil ser consciente en todo momento y en cada ocasión de que el mundo y el propio Yo no son más que una ilusión. En China, y más tarde también en Japón, los maestros zen/chan transformaron radicalmente sus métodos de aleccionamiento para hacer entender a sus discípulos qué es bodhi: sin bodhi no hay despertar (iluminación); sin gritos, empellones, golpes, no hay modo de desprenderse de la apariencia del mundo.

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Maestro zen o Bodhidharma.

Un método extremo de conocimiento

Los métodos de enseñanza del maestro chino Deshan Xuanjian (Tes-han) incluían «Treinta golpes cuando sabes decir algo. Treinta golpes cuando no sabes decir nada». El discípulo, en definitiva, no tenía la más mínima posibilidad de librarse de los rudos métodos de su maestro. Éste, en realidad, no pretendía discutir nada con él; y no porque posiblemente no hubiera sabido qué replicar, sino porque según el método de esta escuela chan, la iluminación le llega a uno de repente, sin preguntas, sin respuestas. El Yo, la personalidad del monje, debía sufrir un shock para romper sus condicionamientos.

Todo lo que hasta ahora había aprendido, experimentado, lo que había asimilado de sus padres, toda la educación disfrutada, la tradición recibida y todo lo que él creía, aquello en lo que confiaba y lo que deseaba debía ser truncado con un golpe en la espalda. En otros monasterios zen, esto se logra al parecer mediante un puntapié, un grito o algo similar. Para los maestros no se trata de tortura sino de iluminación. Algún gran maestro zen ha nacido en el momento en que su maestro le ha golpeado la cara y el discípulo se ha reído porque ha comprendido. En Japón, el grito iluminador utilizado por el maestro es ¡Ho!

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Los budistas zen se consideran personas joviales.

 Atisha, un reformador budista y un maestro

El maestro budista indio Atisha (hacia 982-1054) fue el responsable de la reintroducción del budismo puro en el Tíbet. Aunque el budismo había llegado hasta allí hacía ya más de 200 años, la práctica budista había sido desvirtuada en gran parte por el modo de proceder anti-budista del rey tibetano Lang Dharma (hacia 836 d.C.), seguidor de una antigua religión tibetana, la tradición Bón. Un rey tibetano pidió a Atisha que elaborase un Dharma que todos pudiesen seguir.

Éste debía mostrar además cómo se podían practicar conjuntamente todas las sendas sutra y tantra. Así, Atisha escribió su Lámpara del camino, que se convirtió en la base de todas las instrucciones posteriores. Los seguidores de Atisha se llaman kadampas, que se compone de ka, «palabra», que hace referencia a las enseñanzas de Buda, y dam, que significa «instrucción personal» y que remite directa o reflexión concreta sobre un tema determinado. Se analizan sus distintos aspectos y se enjuicia desde distintas ópticas. El nivel superior coincide con la visualización inequívoca del objeto en la mente.

21-El Dharma, la rueda de la sabiduría.metirta.online

El Dharma, la rueda de la sabiduría.

Meditación de emplazamiento

En la meditación de emplazamiento, la mente se diluye al final cada vez más en el objeto. Si se inicia, por ejemplo, una meditación analítica sobre el sufrimiento de todos los seres vivos, la compasión aparecerá en la mente de forma nítida. Tan pronto como esto suceda, la meditación de emplazamiento puede familiarizar la mente paso a paso con la compasión. Al final, la compasión y la mente humana son una misma cosa. El objetivo de esta técnica de meditación es ensanchar la mente humana en todo momento en todos sus pensamientos y actos por medio de la compasión para con los seres vivos (personas, animales, plantas).

 

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