BANCA ÉTICA – TERCERA PARTE.

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¿Qué relación tienen los bancos éticos con El Tercer Sector?

La financiación de los bancos éticos suele ir dirigido hacia los colectivos y proyectos sociales involucrados en el día a día del llamado Tercer Sector, el cual incluye al conjunto de organizaciones sin ánimo de lucro,  y también, a las empresas de economía social.
A veces, la conexión entre un banco ético y el Tercer Sector se produce a muchos niveles diferentes. Tal es el caso de Banca Popolare Ética, que se autodefine como «la banca del Tercer Sector, que nace desde el Tercer Sector y trabaja para el Tercer Sector». Esta definición hace referencia tanto a los ámbitos de intervención (cooperación social, cooperación internacional, medio ambiente cultura y sociedad civil) como al hecho que entre los accionistas de este banco ético italiano se encuentren ONG, cooperativas, organizaciones religiosas y sindicatos. Todas estas entidades jugaron un papel decisivo en la creación de Banca Popolare Ética, participando en el proceso de promoción y aportando la mayor parte del capital necesario para su constitución.

Un tercer vínculo de conexión es el conocimiento que a menudo tienen las organizaciones del Tercer Sector de los proyectos y personas que suelen solicitar préstamos a los bancos éticos. La opinión favorable de estas organizaciones puede llegar a ser aceptada por los bancos éticos como una garantía informal. Cuando, por ejemplo, el Triodos Bank recibe una petición de financiación por parte de algún artista, acostumbra a solicitar la valoración de alguna federación u organización paraguas que tenga una fuerte presencia en el ámbito artístico. Si la valoración que hace de aquel artista es positiva, la probabilidad que acabe recibiendo el préstamo del Triodos Bank es mucho más alta.

 

Sobre el precio del microcrédito

La característica del microcrédito que más polémica genera es, sin duda, las elevadas tasas de interés que se cobran. Hoy en día, las instituciones micro-financieras (IMF) que ofrecen servicios de microcrédito en los países del Sur están aplicando unos intereses de entre el 20% y el 35% anual. Estos intereses parecen escandalosamente altos si los analizamos desde la óptica de un país industrializado, y por tanto pueden dar pie a críticas o, incluso, a un sentimiento legítimo de indignación. Diversas son las razones económicas, pero, que explican porque los intereses vinculados al microcrédito son necesariamente elevados.

1- El mercado

Un análisis correcto del fenómeno del microcrédito pasa para tener en cuenta y entender el contexto en el cual se inserta. Cómo pasa con otras modalidades de banca ética, las IMF cobran por los microcréditos unos intereses de mercado, pero conviene no olvidar que se trata de intereses del mercado local.

Este mercado local se caracteriza justamente por un precio del dinero superior, es decir, que los tipos de interés de mercado a los países del Sur son más elevados que en los países industrializados.

En la práctica, muchas de las personas a quienes se dirige el micro-crédito no tienen ni acceso al mercado financiero formal. Rechazadas por los bancos por el hecho de ser pobres y a menudo analfabetas, se ven obligadas a recurrir a prestamistas particulares que les cobran intereses abusivos. En el mercado informal de crédito, los conocidos usureros pueden llegar a exigir intereses del 100% mensual.

 2- La moneda

Muchos países del Sur tienen una moneda susceptible de sufrir fuertes devaluaciones. Por las IMF que trabajan en estos países pero que se financian a través de préstamos que los ofrecen organizaciones del Norte, una devaluación implica tener que volver más dinero por el mismo préstamo.

Si quieren ser viables económicamente, las IMF tienen que compensar el riesgo de devaluación de su moneda cobrando unos intereses más altos a sus clientes.

3- La propia naturaleza del microcrédito

Un préstamo pequeño es, desde un punto de vista bancario, comparativamente más caro que un préstamo de importe más grande.

Para cualquier banco, gestionar un préstamo de 601 euros (100.000 ptas.) tiene los mismos costes que gestionar uno de 6.010 euros (Y millón de ptas.). Por el contrario, los ingresos que el banco puede obtener de los intereses sobre el primer préstamo son por definición menores que los resultantes de aplicar los mismos intereses sobre el segundo.

4- Los costes no-financieros

El microcrédito se dirige a personas que no acostumbran a tener una formación en gestión, finanzas u otros temas que los ayudarían a desarrollar con más garantizabas la actividad productiva por la cual piden financiación.

Este hecho provoca que las IMF a menudo complementen el microcrédito con una formación específica por el prestatario, un asesoramiento técnico constando y un seguimiento del proyecto que puede durar años. Si estos costes no-financieros son asumidos por la IMF, encarecen enormemente el microcrédito final.

 

¿Qué relación tienen los bancos éticos con los bancos tradicionales?

¿«Nos tratan los bancos tradicionales como enemigos? De ninguna forma. Yo diría que simplemente no nos tratan.» Esta frase de Gert van Maanen describe a la perfección la primera reacción que suelen tener los bancos tradicionales ante la aparición de un banco ético: la indiferencia.

Esta indiferencia es fruto de la incredulidad que de entrada genera en el pensamiento bancario convencional la posibilidad de financiar a personas, proyectos y organizaciones que no ofrecen suficientes garantías reales. «No se nos tomó seriamente desde un buen principio. Ya en 80 pedimos en algunos bancos que participaran en nuestro capital, pero no quisieron. No fue hasta el 1995 que cuatro o cinco bancos participaron en el capital de Triodos Bank», señala Peter Blom.
Una vez superada esta primera etapa, la relación entre bancos éticos y tradicionales suele pasar a una relación de cohabitación y diálogo. En buena medida, esto es posible porque operan en mercados diferentes y, por lo tanto, no se hacen competencia mutua. Los bancos éticos necesitan a menudo el espaldarazo de alguna entidad bancaria clásica que, por ejemplo, los garantice el ahorro.

Por su parte, los bancos tradicionales ven los bancos éticos como pioneros que los pueden acabar abriendo la puerta a nuevos segmentos de mercado. Cuando esto sucede, la cohabitación continúa siendo posible lo explica Peter Blom, «el que nosotros basura es entrar en sectores donde los otros bancos no querían entrar, o entrar solo con unas garantías muy fuertes. (…) los otros bancos van entrando lentamente en el sector. El interesante es que los otros bancos tienen que entrar, porque el sector crece tan rápidamente que nosotros no podamos gestionarlo a solas».

 

Sobre las dos escuelas de microcrédito

Se calcula que en la actualidad ya son más de 7.000 las instituciones micro-financieras (IMF) que ofrecen servicios de microcrédito en todo el mundo. El microcrédito es un instrumento cada vez más popular y es utilizado por una sorprendente variedad de organizaciones, desde grandes instituciones internacionales como el Banco Mundial, hasta ONG de Cooperación Internacional o los propios bancos de los pobres. Pero realizan todas ellas el mismo tipo de microcrédito?.

Gert Van Maanen opina que no y que, de hecho, se puede hablar de dos escuelas diferentes de microcrédito.

La primera escuela sería aquella que prioriza, por encima de cualquier otra cuestión, la viabilidad económica de la propia institución de microcrédito. Se parte de la concepción que el microcrédito se tiene que gestionar como cualquier otro negocio y por tanto cualquiera IMF tendría que cubrir sus costes operativos si no quiere acabar desapareciendo.

La principal consecuencia práctica de esta visión del microcrédito serían los elevados tipos de interés que se cobran, incluso por encima de los intereses del mercado local. Siempre que una IMF conceda microcréditos a un interés menor del que piden los usureros, se puede considerar que está ofreciendo un buen producto.

Esta escuela estaría representada por grandes instituciones internacionales de microcrédito como Accion International, Christian Aid, la Fundación Ford, etc. Según Van Maanen: «Este tipo de actuaciones responden más a la voluntad de los gestores de demostrar que saben llevar un negocio, que no a la voluntad de servir unas personas», opina, añadiendo que «desgraciadamente, esta escuela es la que se está imponiendo en las cumbres internacionales de microcrédito».

La segunda escuela de microcrédito posaría el énfasis en las personas a quienes el microcrédito pretende ayudar, los más pobres, y tendría como principal objetivo el tratar los excluidos del sistema bancario formal como si no lo fueran. El resultado sería un microcrédito con tasas de interés de mercado local.

Los programas de microcrédito tendrían que ser valorados en función de su impacto sobre una comunidad, es decir, en función de las personas a quienes ayuda y de su viabilidad económica, aconteciendo la tasa de impagados lo mejor indicador sobre la adecuación entre el programa de microcrédito y la comunidad en la cual está incidiendo.

Esta segunda escuela, en la cual habría organizaciones como Oikocredit o el Grameen Bank, reconoce y acepta aun así que toda IMF tiene que ser sostenible económicamente si quiere continuar ayudando más allá del corto plazo.
Por Pamela Eser, esta sostenibilidad en el tiempo es justamente la gran fuerza del microcrédito y por tanto opina que sí que es necesario gestionarlo como un negocio a partir de objetivos e indicadores de actuación muy claros. A pesar de aceptar la división propuesta por Van Maanen, cree que las dos escuelas pueden ser complementarias.
Michel Martin prefiere no hablar de ninguna escuela sino del objetivo básico del microcrédito, que sería la integración de los más pobres en el mercado, gracias al trabajo. «La mejor manera que hemos encontrado hasta ahora para integrarlos es darlos crédito», afirma Martin, para coincidir con sus compañeros de mesa en la necesidad de cobrar por el microcrédito unos intereses realistas que se adecuen al precio del dinero en el mercado local.

 

¿Qué relación tienen los bancos éticos con la Administración Pública?

No resulta fácil realizar sobre el tipo de relación que existe entre los bancos éticos y las Administraciones Públicas porque esta varía mucho en función del banco ético que se traté.

Cogiendo como ejemplo tres bancos éticos europeos, el nivel de colaboración con la Administración Pública puede ser clasificado de menos a más. En primer lugar JAK, declara no tener una cooperación directiva. Después lo Triodos Bank, que reconoce haber «mantenido una cierta distancia» a pesar de haber cooperado con el Estado en temas como el tratamiento fiscal de los fondos de inversión ecológicos. En tercer lugar la Banca Popolare Ética, que siempre ha mantenido una estrecha colaboración con la Administración Local, y no solo desde un punto de vista teórico; uno de los productos de Banca Popolare Ética es un préstamo dirigido a personas en graves situaciones económicas y que fue fruto de un convenio firmado con ciertos Ayuntamientos y Gobiernos Regionales. El convenio implica que los municipios cubren el riesgo de insolvencia y de interés de los préstamos concedidos, por lo cual «el riesgo pasa al banco del municipio». Donde convergen las tres entidades es en no querer ser vinculadas a ningún partido político en concreto y al apuntar que, atendido el valor social de los bancos éticos, la Administración habría apoyarlos ofreciendo beneficios fiscales a los productos financieros éticos. Peter Blom argumenta que un tratamiento fiscal favorable puede ser un buen mecanismo por consolidar determinados sectores considerados alternativos, como la agricultura orgánica o las energías renovables, hasta que logren el mismo reconocimiento que el resto de sectores serios. «Después, los beneficios fiscales pueden desaparecer.»

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