BANCA ÉTICA – SEGUNDA PARTE.

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Sobre la vinculación territorial


Los bancos éticos acostumbran a tener una fuerte vinculación con un territorio y/o una comunidad en concreto, sobre todo en sus orígenes. Esta vinculación puede manifestarse a diferentes niveles, desde el ámbito estrictamente local hasta el estatal, o bien simplemente puede no manifestarse. De hecho, no todos los bancos éticos consideran la territorialidad como un elemento que los defina significativamente. Un ejemplo sería el Triodos Bank, banco ético nacido en Holanda pero que hoy en día opera también en Bélgica y lo Reino Unido, introduciendo ligeras diferencias pero aplicando esencialmente el mismo modelo a los tres países.

Por el contrario, para otros bancos éticos la vinculación territorial es un factor indispensable. Así lo cree la vicepresidenta del South Shore Bank, Jean Pogge: «Nos comprometemos decididamente con un lugar y esto nos diferencia otros modelos que se aplican en los Estados Unidos y también de algunos de ámbito internacional.» El lugar del cual habla Pogge es la comunidad de South Shore, un barrio desfavorecido de la ciudad de Chicago con un 95% de habitantes de raza negra, graves problemas de paro y en clara decadencia desde principios de los años 70, factores que provocaron la fuga de los bancos tradicionales hacia zonas de la ciudad con más potencial de negocio.

El South Shore Bank siguió justamente el camino inverso al del resto de bancos; se comprometió decididamente con la comunidad de South Shore, convencido que su tarea de regeneración económica del barrio era compatible con la obtención de beneficios desde un punto de vista comercial. Por sorpresa de muchos, así ha estado. Este banco de desarrollo comunitario atribuye buena parte de su éxito a su vinculación local y a las ventajas que comporta la proximidad territorial: «creemos que el lugar es el aspecto principal para nuestra tarea, porque hay sinergies; si se construye una casa aquí y la otra a 20 millas no hay sinergia, pero si se construyen dos edificios de apartamentos y quizás un local comercial a la esquina, esto inspira confianza entre el vecindario. La gente cree que es posible hacer algo y esto genera nueva energía emprendedora.»

Una segunda ventaja de la vinculación territorial sería la motivación que supone para los ahorradores el hecho de saber que sus ahorros son reinvertidos en el barrio, ciudad, región o comunidad autónoma donde viven. Un ejemplo claro es la Caisse Solidaire, un establecimiento de crédito con aspiraciones de llegar a ser un banco solidario regional que nació para luchar contra las elevadas tasas de paro y exclusión social que vivía la región del Norte de Calais, en el norte de Francia.

Para los bancos éticos en general, pero, la vinculación territorial no siempre es posible o deseable porque presenta un inconveniente de economías de escala; cuanto más pequeño es el territorio con el cual se comprometen, más pequeño es el mercado y por tanto más difícil es lograr una viabilidad económica que es esencial para cualquier banco ético. El resultado serían experiencias como las de la Banca Popolare Ética, que optó originalmente por una dimensión local pero, al constatar las grandes expectativas que había generado entre el conjunto de los italianos, decidió finalmente nacer como banco de ámbito nacional.

Aun así, Bicciato recuerda que «hay que tener en cuenta que las finanzas sociales —mucho más que las finanzas tradicionales—tienen que partir de las especificidades locales». En otros palabras, todo banco ético que realmente quiera luchar contra la pobreza y la exclusión tendría que entender que el conjunto de factores económicos, sociales y culturales que las generan pueden variar en función del territorio o colectivo del cual se trate.

 

¿Cuando crece, deja de ser ético un banco ético?

El crecimiento de cualquier organización suele comportar una serie de cambios internos y externos conocidos con el nombre de efecto dimensión. Algunos de estos cambios permiten a la organización hacer frente a nuevas oportunidades, pero otros tienen implicaciones negativas y se convierten en riesgos que hay que afrontar. En los bancos éticos, los dos principales peligros asociados a su crecimiento son los siguientes:

  1. Perder sus objetivos y valores originales, por culpa de una estructura excesivamente grande, burocratizada y vertical.
  2. Ser absorbidos o controlados por otros bancos

Respecto al primer riesgo, los bancos éticos responden con un crecimiento lento y progresivo. Conscientes que una expansión demasiado fuerte podría poner en peligro tanto los objetivos iniciales como la propia viabilidad económica, los bancos éticos asumen solo aquellos incrementos en el volumen de negocio que estén en concordancia con sus posibilidades reales. Evitar la tentación de crecer rápidamente no siempre es fácil porque, como señala Francesco Bicciato, «nuestro mercado es muy entusiasta y quiere que crezcamos muy rápidamente». Aun así, existen también una serie de factores culturales, políticos y económicos externos que hacen que el desarrollo de los bancos éticos sea necesariamente lento.
Por el qué hace al segundo riesgo, los bancos éticos presentan una naturaleza jurídica que los permite garantizar su independencia. Tal es el caso de aquellos bancos éticos que son cooperativas, en los cuales el derecho de voto de los socios no está vinculado al volumen de capital que hayan aportado o, cuando sí que existe esta relación, las participaciones de capital suelen estar limitadas en un máximo.

 

¿Cuál es el perfil de un cliente de un banco ético?

El término cliente puede hacer referencia a las personas que depositan sus ahorros en los bancos éticos o bien a aquellas que son destinatarios de los préstamos. En algunos casos estas dos figuras coinciden, de forma que un mismo individuo es a la vez ahorrador y prestatario. En determinados bancos éticos de naturaleza cooperativa, como lo JAK, es habitual que la posibilidad de acceder a un préstamo dependa directamente de la capacidad de ahorro de la persona que suele solicitar la financiación.

Si hablamos de los clientes de los bancos éticos como prestatarios, la principal característica que los define es el hecho de no poder acceder a los bancos convencionales. Desgraciadamente, esta situación de exclusión financiera afecta a un amplio y heterogéneo grupo de colectivos: los más pobres, los parados, los inmigrantes, los excluidos sociales…

Por lo que hace  referencia a los ahorradores, se trata generalmente de personas que, a pesar de disfrutar de una buena —o como mínimo estable— situación económica, conservan una serie de ideales que hacen que, en la hora de ahorrar, no solo busquen obtener un buen rendimiento financiero. Los ahorradores éticos tienen otras motivaciones adicionales, como ser coherentes con sus principios o intentar ayudar aquellos que han tenido menos suerte.
Los clientes de Oikocredit, por ejemplo, son «profesores, enfermeras, tenderos, granjeros; gente que recuerda los tiempos en los cuales no eran tan ricos y que quieren permitir que de otra gente pueda desarrollarse», explica Gert van Maanen, añadiendo que «por alguna razón u otra, la gente rica cree que una inversión del 2% sobre el capital no es suficiente. La gente de clase mediana no está tan interesada en los intereses que reciben, sino en el que se está haciendo con sus ahorros.» ¿Es esta generalización cierta? No siempre, porque organizaciones como la SIDI tienen antiguos banqueros y «gente con mucho dinero» entre sus clientes. Aun así, constituye una buena descripción del tipo de persono que ahorra éticamente: alguien preocupado no solo por su interés.

 

Sobre las garantías de los bancos éticos

La viabilidad económica de los bancos éticos, como la del resto de bancos, depende en muy buena medida de si el dinero que prestan les es devuelto. Así pues, a la hora de conceder un préstamo, tanto los bancos éticos como el resto de bancos piden unas garantías que reduzcan el riesgo que este retorno no se produzca.

¿Cuáles son estas garantías? En el caso de los bancos tradicionales, las garantías que piden suelen estar basadas en el patrimonio de la persona que solicita el préstamo, en su renta presente y futura, o bien en la posibilidad que sea avalada por alguien de su entorno. Qué pasa, pero, ¿cuándo la persona no tiene un patrimonio, una renta regular o un entorno que pueda responder por ella?

Las garantías patrimoniales que exigen las entidades financieras clásicas excluyen por definición las personas con menos recursos y los colectivos socialmente más desfavorecidos que, paradójicamente, son los más necesitados de financiación. Este hecho confirma el dicho popular que define los bancos como aquellas entidades que «te dejan un paraguas cuando hace sol, pero no cuando llueve».

Algunos bancos éticos también piden garantías patrimoniales, pero esto sucede solo en aquellos bancos que, como lo Triodos Bank o Banca Popolare Ética, financian sobre todo organizaciones y generalmente suelen aplicarse de forma parcial. En el caso del banco ético italiano, solo un 48% de los préstamos concedidos tienen asociadas garantías reales.

Por norma general, los bancos éticos trabajan con proyectos y personas que se caracterizan justamente por no poder ofrecer las garantías bancarias clásicas, así que recorren a otros tipos de garantía. Las más habituales son:

  • Aval técnico:   La garantía recae no en la situación personal de quien solicita financiación para desarrollar una actividad productiva, sino en la capacidad de generar ingresos de la actividad en sí.

Este sistema da pie una fuerte implicación del banco ético en el asesoramiento técnico, el diseño y el seguimiento del proyecto financiado, de cara a asegurar la viabilidad económica. El éxito del sistema depende, en buena parte, de conseguir una relación de confianza y comunicación sincera entre banco ético y cliente.

  • Redes de entidades:

Los bancos éticos valoran como garantía informal el hecho que una organización pertenezca en una red o federación de entidades. Estas organizaciones de segundo nivel no se comprometen formalmente ofreciendo una garantía real, pero conocen bien sus socios y pueden informar el banco ético sobre si la organización es fiable o no.

  • Grupos de solidaridad:

Entidades como el Grameen Bank conceden microcréditos a los individuos pero solo a través de un grupo, de cinco personas, que responde colectivamente del retorno del préstamo. Si uno de los miembros incumple sus obligaciones, el conjunto del grupo ve reducida la posibilidad de acceder a nuevos microcréditos.

El sistema se basa en dos factores: la presión social que los diferentes componentes de un mismo grupo se ejercen mutuamente, y la eliminación a priori de los potenciales morosos del grupo. Al ser los mismos prestatarios los responsables de crear el grupo, solo son invitadas a participar aquellas personas que se intuye que podrán devolver el microcrédito.

 

¿Qué papel juega la mujer en el microcrédito?

La mujer es probablemente la principal protagonista del microcrédito, hasta el punto que determinadas instituciones micro-financieras (IMF) ofrecen sus servicios solo o mayoritariamente a mujeres, ante la constatación de dos evidencias:

  1. La mujer es quien sufre más la pobreza

Este fenómeno, conocido con el nombre de feminización de la pobreza, se explica por la larga lista de discriminaciones que continúan sufriendo muchas mujeres por el simple hecho de ser mujeres. Al ser la pobreza un tipo de discriminación en sí, se podría decir que las mujeres pobres son víctimas de una doble discriminación: económica y de género.

  1. Las mujeres son mejores prestatarias

Algunas de las IMF más importantes, como por ejemplo el Grameen Bank, han constatado que las mujeres devuelven los microcréditos más puntualmente y de una forma más sistemática que no los hombres. El resultado ha estado que un 94% de los clientes de este banco de los pobres son justamente mujeres

La orientación del microcrédito hacia la mujer es una realidad especialmente significativa en Asia, donde se calcula que tres cuartas partes del total de microcréditos son concedidos a mujeres. A otros continentes esta proporción se sitúa alrededor del 50%, una cifra generosa teniendo en cuenta las dificultades que continúan teniendo las mujeres en muchos países para acceder con igualdad de derechos al ámbito económico.

Es en este contexto reivindicativo de los derechos económicos que hasta ahora les habían sido negados a las mujeres, que hay que situar y aplaudir experiencias como la del SEWA Bank, creado a India en 1974 gracias a las aportaciones de 4.000 mujeres. Cómo señala Mercedes Pániker, este banco constituye «toda una dinámica de desarrollo creada por mujeres, hecho por mujeres y que beneficia mujeres». Gestionado exclusivamente por mujeres, el SEWA Bank demuestra que la implicación real y definitiva de la mujer en la vida económica está cada día más cerca.

 

Sobre el microcrédito

El microcrédito se basa al prestar pequeñas cantidades de dinero a personas en clara situación de pobreza y marginación porque puedan desarrollar proyectos de autoempleo que los permitan, con el tiempo, obtener una fuente regular de ingresos.

El importe de un microcrédito varía en función de la institución micro-financiera (IMF) que lo conceda. En el caso del banco ético considerado el pionero en esta práctica, el Grameen Bank, los microcréditos oscilan entre 84,14 y 114 euros (14.000 y 19.000 ptas.) cuando se trata de un primer préstamo. Si la persona que lo recibe consigue volverlo sin dificultades, puede optar entonces a un préstamo más grande, y así sucesivamente. Aun así, hay que apuntar que no todas las IMF aplican esta práctica de microcréditos escalonados, conocida como step lending.

De hecho, no existe un único modelo de microcrédito, si bien la gran difusión internacional que ha vivido en los últimos años el Grameen Bank ha provocado que el término microcrédito se asocie sobre todo a un tipo concreto de microcrédito: el dirigido a mujeres pobres en el ámbito rural y basado en el agrupamiento de las prestatarias en grupos de cinco.

Otros IMF conceden los microcréditos directamente a la persona sin pasar por un grupo y algunas, como es el caso del SEWA Bank, complementan sus préstamos con otros servicios micro-financieros como por ejemplo productos de ahorro y de seguro. A Sudamérica, el microcrédito incluye a menudo la financiación de microempresas, por lo cual el importe promedio de los microcréditos es globalmente superior al de continentes como África o Asia. En cuanto a Europa, el microcrédito se está empezando a aplicar para financiar proyectos de autoempleo impulsados por parados, inmigrantes y, en general, personas que no disponen de las garantías para acceder al crédito convencional.

El microcrédito se ha convertido por méritos propios en un fenómeno de alcance mundial y en uno de los escasos ejemplos de transferencia tecnológica del Sur hacia el Norte.

A nivel conceptual, el éxito del microcrédito ha sorprendido mucha gente En primer lugar los banqueros tradicionales, convencidos hasta ahora que los pobres no ofrecían basta garantías como para ser considerados ni siquiera clientes potenciales.

En segundo lugar, todos quienes continúan pensando en los pobres como personas irresponsables, perezosas y totalmente incapaces de asumir cualquier tipo de compromiso.

Las altísimas tasas de retorno obtenidas por las diferentes IMF —en el caso del Grameen Bank, por ejemplo, un 98% de los microcréditos son devueltos puntualmente— demuestran que esto no es cierto Cuando las diferentes organizaciones de microcrédito han depositado su confianza en los más pobres, estos han respondido con creces al compromiso. Este hecho rompe muchos de los prejuicios que tradicionalmente han existido alrededor de la pobreza, como el de asumir que una persona sin recursos es por definición un moroso, y replantea óptica paternalista que durante tantos años ha impregnado buena parte de la Cooperación Internacional.

El éxito del microcrédito, pero, tampoco nos tiene que llevar a concluir que este es aplicable a todo tipo de personas y situaciones, porque no todo el mundo tiene la predisposición y las habilidades necesarias para desarrollar un proyecto productivo. Cómo nos recordaba Khalid Shams, el microcrédito no tiene que ser visto como una solución única y global, sino como un instrumento más de lucha contra este complejo fenómeno que es la pobreza.

 

¿Es posible el microcrédito a Europa?

Diversas son las organizaciones que, en los últimos años, han reproducido en Europa los modelos originales de microcrédito provenientes de los países del Sur. No obstante, al tratarse de contextos socio-económicos totalmente diferentes, la introducción del microcrédito ha tenido que hacer frente a una serie de trabas y especificidades propias del modelo europeo. Las principales son las siguientes:

-La economía informal a Europa tiene proporcionalmente mucha menos presencia que la economía formal al contrario de lo qué sucede en buena parte de los países del Sur. Este hecho provoca que el desarrollo de cualquier actividad productiva a Europa tope con una serie de requisitos burocráticos y cargas administrativas que lo encarecen y lo hacen más lento.

-El número de receptores potenciales de un microcrédito es menor y estos se encuentran más dispersos que a los países del Sur, donde es habitual que en un mismo poblado un elevado porcentaje de sus habitantes sean posibles prestatarios. Esta dispersión genera unos costes de aproximación que, unidos al menor volumen potencial de operaciones, complican la viabilidad económica de las instituciones micro-financieras (IMF) europeas.

-El sistema de protección social europeo provoca que el incentivo a asumir el riesgo de desarrollar un proyecto productivo sea menor que a los países del Sur. Teóricamente, una persona solo asumirá este riesgo si el beneficio potencial del micro-negocio es mayor que el importe de las ayudas sociales que dejaría de percibir.

Estos obstáculos no han impedido que el microcrédito se introduzca a Europa, pero sí que han modificado determinados aspectos, como por ejemplo el importe. Las IMF europeas conceden microcréditos que, en ciertos casos, pueden llegar a superar los 6.000 euros (el millón de ptas.).

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