BANCA ÉTICA – PRIMERA PARTE.

BANCA ETICA

Qué es un banco ético

Un banco ético es un banco que intenta lograr simultáneamente dos objetivos:

  1. Financiar actividades económicas que tengan un impacto social positivo
  2. Hacer beneficios

Un banco ético sitúa estos dos objetivos al mismo nivel y se define justamente por el hecho de considerarlos no solo compatibles, sino necesariamente complementarios. Para un banco ético, obtener beneficios es indispensable pero no suficiente; hace falta también que los beneficios se generen respetando una serie de criterios éticos básicos y financiando actividades con un impacto social positivo.

En función del banco ético, este impacto social positivo puede hacer referencia al tipo de actividad financiada o bien al tipo de persona que suele recibir financiación. En el primer caso encontraríamos ejemplos como el del Triodos Bank o Banca Popolare Ética, especializados en la financiación de empresas y proyectos sociales, ecológicos, culturales y humanitarios. Por otro lado encontramos instituciones como la ADIE o el Grameen Bank, que se caracterizan para poner sus préstamos al alcance de los más pobres, de los socialmente excluidos y, en general, de todas aquellas personas que no tienen acceso a la financiación de los bancos tradicionales.
Tanto en un caso como el otro, cualquier proyecto que desee recibir financiación por parte de un banco ético tiene que cumplir una segunda condición: ser viable económicamente. De no exigir esta viabilidad, un banco ético estaría incumpliendo la simultaneidad de objetivos que el concurre justamente en un banco ético. Si se olvidara de velar por el segundo objetivo, acabaría desapareciendo o dejaría de ser un banco. Si se olvidara del primero, sería tan solo un banco.

 

Sobre los beneficios de los bancos éticos

Como su nombre indica, los bancos éticos son bancos. A diferencia del qué sucede con las ONG u otras organizaciones de cariz social, los bancos éticos no canalizan donaciones a fondo perdido, sino que dejan dinero. Así pues, su forma de ayudar y actuar hay que enmarcarla en todo momento en una actividad económica concreta: la actividad bancaria.

Independientemente de la gran variedad de servicios que ofrecen actualmente los bancos, la actividad bancaria consiste esquemáticamente el captar ahorro del público en general pagando a los ahorradores unos determinados intereses (interés pasivo) y, por otro lado, al dejar los recursos recaudados a otras personas o instituciones cobrando una tasa de interés superior (interés activo). La diferencia entre la tasa de interés activo y el pasivo, que recibe el nombre de margen financiero, es uno de los factores que componen los beneficios que obtienen los bancos. Otro componente es el rendimiento que los bancos obtienen de las inversiones financieras de su capital.

Los bancos éticos no solo tienen beneficios, sino que tienen que tener beneficios. Como cualquier otra empresa o cooperativa, los bancos éticos realizan una actividad económica a través de la cual se tienen que financiar. Los beneficios acontecen, pues, una condición necesaria por no desaparecer, para poder crecer como organización y para poder pagar unos intereses a sus clientes, los ahorradores éticos.

Aun así, los beneficios de los bancos éticos son a priori menores que los de los bancos tradicionales. Tres son las razones principales:

-Por motivos éticos, descartan negocios que pueden ser muy rentables desde un punto de vista exclusivamente financiero, como es el caso del armamento. En general, se excluyen todas aquellas actividades y prácticas empresariales que, a pesar de ser legales, son consideradas irresponsables desde un punto de vista ético, injustas desde un punto de vista social y no sostenible desde un punto de vista ecológico.

  • Evitan los negocios especulativos, renunciando a la posibilidad de obtener grandes beneficios en un periodo muy corto de tiempo. Los bancos éticos tienen una clara orientación hacia la economía productiva y apuestan por el medio y largo plazo.
  • Su actividad crediticia es cara, debido al tipo de sector donde invierten. Los bancos éticos financian empresas y proyectos sociales que a menudo empiezan, por lo cual es necesario ofrecer, además del propio préstamo, formación técnica a los prestatarios y un seguimiento del proyecto durante sus primeros años de funcionamiento.

Triodos-Bank
Uno de los bancos éticos con más volumen de negocio, el Triodos Bank, obtuvo en 2000 un beneficio neto de unos 2.806.000 euros (466 millones de pesetas), obteniendo un rendimiento promedio sobre el activo del 5%. Una cifra muy modesta si la comparamos con los beneficios de las grandes instituciones financieras clásicas, pero como nos recuerda su Director General, Peter Blom, hay que ser siempre consciente del que hay detrás de los beneficios; «yo los digo a mis accionistas que si vuelan podemos obtener un beneficio del 10%, pero que esto implica dejar de financiar ciertos proyectos y aumentar el precio del dinero que estamos dejando».

En conclusión, los bancos éticos consideran que los beneficios son necesarios pero que su obtención no se puede hacer de cualquier manera.

Afirma Bicciato: «El principal valor de los bancos tradicionales es la maximización de beneficios a cualquier precio. Nosotros somos diferentes, puesto que si hay unos costes medioambientales y sociales muy elevados, nosotros no queremos maximizar beneficios.

 

¿Es lo mismo banca ética y banca social?

Banca ética es un nombre que no deja indiferente. Esta denominación suele provocar en la persona que la escucha por primera vez una cierta incredulidad, hasta el punto que una de las reacciones más habituales es una sonrisa acompañada de la pregunta ¿«Esto es posible?».

Cómo apuntaba Jean Pogge, para muchas personas banca ética sigue siendo un oxymoron, es decir, «la conjunción de dos termas que son de naturaleza totalmente contraria». Esta creencia responde a la concepción que el gran público tiene de los bancos como entidades preocupadas solo para obtener el máximo de beneficios a cualquier precio. Por regla general, se considera que las finanzas son un ámbito en el cual nociones como la solidaridad o la justicia social no tienen cabida.

Banca ética es también un nombre polémico porque deja entender implícitamente que el resto de bancos no son éticos.

Además, se argumenta que la ética es un concepto muy difícil de definir, al estar influido por valoraciones subjetivas que pueden evolucionar en el tiempo y variar de un país a otro.

Por estos motivos, algunas personas prefieren hablar de banca social o banca alternativa. Entre los propios bancos éticos, el debate sobre el nombre sigue abierto. Si Peter Blom prefiere hablar del Triodos Bank como un banco social, Gert van Maanen discrepa y opina que esta «es una expresión que hace referencia a las actividades del banco, mientras que banca ética hace alusión a sus motivaciones». Por su parte, Francesco Bicciato considera que se trata de un problema puramente semántico y que «lo importante no es como los denominamos, sino conocer los valores que hay detrás de los bancos éticos».

 

Sobre los intereses de los bancos éticos

Los intereses que los bancos éticos pagan a sus ahorradores (interés pasivo) suelen ser ligeramente inferiores a los ofrecidos por los bancos tradicionales y cajas de ahorro.

Este hecho se debe en buena parte al hecho de  que los beneficios de los bancos éticos son a priori menores que los otros instituciones financieras que operen sin ningún tipo de restricción ética. No obstante, en la práctica esta diferencia en la remuneración del ahorro acostumbra a ser poco significativa cuantitativamente por lo tanto, irrelevante para un creciente número de ahorradores.

Entre otros, dos motivos explicarían este fenómeno:

-Financiar empresas con una gestión y una actividad económica ética se está empezando a demostrar que es una inversión como mínimo tan rentable a largo plazo como el resto de inversiones. Según esta visión, las empresas que aplican criterios éticos y políticas de sostenibilidad a largo plazo son menos permeables a las inestabilidades del mercado.

-La rentabilidad de los bancos éticos no se tendría que medir solo desde un punto de vista exclusivamente financiero. Cada vez son más numerosas las personas e instituciones que aceptan recibir una remuneración inferior por sus ahorros a cambio de la certeza de saber que no se invierten en actividades que van en contra de sus principios y, como señala Pauline Grosso, «la gente aceptará un sacrificio financiero si está segura que esto contribuirá a crear puestos de trabajo y a luchar contra las exclusiones». Es esta rentabilidad social la que hace que, globalmente, los bancos éticos sean tan o más rentables que el resto de bancos.
Algunos bancos éticos, como la Banca Popolare Ética, permiten que sean sus clientes quienes escojan renunciar o no a una parte o la totalidad de los intereses que los tocaría percibir. Esta práctica recibe el nombre de «autodeterminación de la tasa de interés» y, cuando se produce, permite al banco ético rebajar proporcionalmente el precio del dinero que deja a través de sus préstamos.

En este sentido, hay que tener presente que todos los bancos éticos cobran intereses por sus préstamos. Incluso JAK, que se autoproclama como un banco «libre de intereses» y realiza una tarea de sensibilización sobre «los efectos devastadores del interés en el entorno y la sociedad», también cobra un interés. Eva Stenius prefiere hablar de cuota, puesto que es un interés que cubre exclusivamente los costes de administración y el riesgo que implica la concesión del préstamo. JAK cobra un precio mínimo indispensable por el dinero prestado, cosa que se puede permitir al no remunerar a sus ahorradores con intereses sino con unos puntos que se acumulan y después permiten tener opción a recibir un préstamo. En definitiva, este banco ético pose de relevo la sutil frontera que a menudo existe entre el interés como precio del dinero y el interés como simple usura.

Por regla general, los bancos éticos no solo cobran unos intereses por sus préstamos, sino que estos intereses suelen ser intereses de mercado y, por lo tanto, similares a los que se puede encontrar en los bancos y cajas de ahorro tradicionales. No se esconden; al realizar una actividad crediticia especialmente cara, los intereses que cobran suponen una condición indispensable para conseguir ser viables económicamente, seguir desarrollando su tarea social y ofrecer una remuneración razonable a sus clientes.

 

¿Tiene sucursales un banco ético?

Los bancos éticos tienen efectivamente sucursales, pero pocas. El Triodos Bank, por ejemplo, un banco ético con 21 años de existencia y presencia a tres países europeos diferentes, dispone tan solo de tres sucursales.
La principal razón de la escasa presencia física de los bancos éticos es que su volumen de negocio y sus beneficios son todavía muy modestos si los comparamos con los de bancos y cajas de ahorro convencionales. Mantener una extensa red de sucursales es un factor clave para generar la confianza que toda entidad financiera necesita, pero resulta muy caro.
Al no poder asumir por ahora esta opción, los bancos éticos han optado mayoritariamente por los nuevos canales de distribución bancaria que, gracias a su fuerte componente tecnológico, permiten acceder a un gran número de clientes con unos costes muy menores. Los más habituales son los siguientes:

-Banca telefónica: ciertas entidades bancarias ya distribuyen sus productos exclusivamente por teléfono. El movimiento físico de dinero y documentación se realiza a través de cajeros automáticos y servicios de mensajería, como en el caso de JAK, que utiliza el giro postal.

-Banca por internet: el hecho que muchos hogares dispongan ya de un ordenador y la progresiva implantación de internet han hecho posible que realizar todo tipo de operaciones con el banco sin moverse de casa sea ya una realidad.

-Banca electrónica: el creciente número de operaciones que se puede realizar a través de los cajeros automáticos está haciendo cuestionar la necesidad de las sucursales tradicionales. Algunos bancos éticos utilizan redes ya existentes de cajeros automáticos para distribuir sus productos.

 

¿Quién gestiona los bancos éticos?

Los bancos éticos son gestionados por banqueros, si bien en los países del Sur existe algún caso en el cual el liderazgo en la creación de un banco ético ha sido asumido por una persona no vinculada formalmente a la banca.
El ejemplo más conocido es el profesor de economía Muhammad Yunus, fundador y director general del Grameen Bank de Bangladesh. Yunus suele asegurar que este banco de los pobres fue posible justamente porque él no era banquero; un banquero tradicional nunca hubiera creído que los más pobres serían capaces de devolver un préstamo.

No obstante, por regla general los bancos éticos son dirigidos por profesionales del negocio bancario. Como cualquier otro banco, un banco ético está bajo la supervisión y el control del banco central del país donde ha estado legalmente autorizado para ejercer su actividad. De hecho, es habitual que este control sea especialmente estricto por los bancos éticos. Francesco Bicciato nos da un ejemplo: «Aplicamos la misma operativa que los bancos clásicos, pero nosotros tenemos que ser más eficientes. El Banco de Italia nos dijo: “A ustedes los controlaremos mucho más que a los otros”».

Ante esta perspectiva, los bancos éticos han puesto su gestión en manos de banqueros, a pesar de que no se trata de banqueros convencionales. Peter Blom nos lo explica: «Queremos banqueros profesionales, pero banqueros que se hagan preguntas a sí mismos y que no hagan solo lo que siempre han hecho» .Así pues, se trata de profesionales de la banca que demuestren una fuerte sensibilidad hacia temas como los derechos humanos, el medio ambiente o la exclusión social. En otras palabras, banqueros éticos.

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