b) Muhammad y Jesús. Misión musulmana, la Hégira.

Muhammad asume expresamente la herencia de Abrahán y se presenta como nuevo Moisés. Pero, en la línea de mi exposición, quiero situar su figura en el trasfondo de Jesús, con quien también se ha comparado, para vincular y distinguir sus trayectorias proféticas. Muhammad ama a Jesús y le atribuye títulos y gestos muy significativos, pero deja en silencio otros que son importantes para los cristianos. Así, ha recogido de un modo especial los pasajes de la leyenda de Jesús, transmitida por apócrifos judeocristianos (Evangelio de Santiago, Infancia del Salvador, Pseudo-Mateo). Es evidente que conoce textos y/o tradiciones de iglesias cristianas y que acepta de buen ánimo la misión profética de Jesús, cuyo nacimiento entiende como signo de providencia (52):

— Jesús es el hijo de María, elegida por Dios como madre-virgen. Por eso se le dice «Te ha escogido y purificado. Te ha escogido entre todas las mujeres del universo» (Corán 3, 42). Dios expresa por ella su más honda potencia creadora. Por eso, el sometimiento de María a la acción del Espíritu de Dios y el nacimiento de Jesús son signos de providencia divina (Corán 3, 33-37).

— María Virgen generó a Jesús, como la tierra primera a Adán. Así se expresa la acción de Dios (por Gabriel, gran ángel) y la obediencia sumisa de María, que acoge su palabra, siendo verdadera musulmana (como Muhammad, que recibió el Corán del mismo Gabriel). La concepción y nacimiento virginal de Jesús deberían haber servido de prueba para los judíos, pero ellos no creyeron (3, 42-48; 19, 16-26).

—.Jesús-niño defendió la virginidad de su madre, proclamando la grandeza de Dios, y actuó después como su enviado, realizando milagros y anunciando el Evangelio para los judíos. El Corán ha dado mucha importancia al Jesús niño, a quien presenta como portador de un mensaje de Dios: sabe sin aprender, hace milagros antes de haber crecido, actuando como signo para los judíos (3, 49-53; 19, 27-36).

— Jesús-adulto ha sido realizador de milagros y profeta del Evangelio para los judíos: curó a ciegos y leprosos, resucitó a muertos, ofreció pan a los hambrientos, etc. Pero su persona en cuanto tal era secundaria. Sólo importa Dios, que actúa por Jesús, realizando sus milagros, para convertir a los judíos (cf. 5,110-111 ), pero éstos no le aceptaron, sino que quisieron matarle. Éste Jesús rechazado es paradigma para Muhammad, también rechazado por los judíos de Medina. Pero Muhammad instaurando la comunidad de sometidos; Jesús, en cambio, no pudo hacerlo; en el fondo ha fracasado.

Para Muhammad Jesús es Siervo de Dios (Abd Allâh: 5, 72; 19, 30). Ciertamente le llama Nabi, profeta, y Rasúl, enviado de Allâh (cf. 4, 171; 19, 30), y puede presentarle incluso como Espíritu y Palabra (Rûh y Kalima) que vienen de Dios (cf. 3, 45; 5, 171) (53). Pero no le ha separado, ni le ha dado autonomía religiosa, ni permite valorarle en sí, pues sólo importa en verdad Dios trascendente. Por eso, cuanto más acentúe la grandeza de Jesús menos destaca su identidad y persona humana: sólo Dios es grande, no Jesús, hombre en quien sólo actúa la Palabra y Espíritu divino. Lógicamente, el Jesús del Corán ha negado las confesiones que le hacen divino, persona trinitaria: no es Hijo a quien Dios ha engendrado (de forma biológico-sexual), al interior de una Trinidad de Padre-Dios, Madre-María e Hijo-Jesucristo (cf. 4, 171-172; 5, 72-75.116-117; 19, 88-94; 112) (54).

Tras llamar a ese Jesús, que fue gran profeta de Dios para los judíos, pero que no pudo culminar su misión, porque ellos quisieron matarle y él tuvo que esconderse (siendo liberado de la muerte), Dios le ha llamado a él, Muhammad, para anunciar su Palabra más honda y triunfadora, en lengua árabe, para todos los humanos. Desde aquí se entiende su misión que vincula un mensaje de Palabra (Corán) y una campaña militar que culmina en el establecimiento de la 7Imma o comunidad de liberados en La Meca. Él ha cumplido y superado de esa forma el Evangelio de Jesús (55).

Desde su primera llamada hasta su muerte (613-632 EC), la historia de Muhammad y su movimiento ha estado modelada por las «voces» de Dios que él ha escuchado, como dictadas por un ángel interior (Gabriel) o por el mismo Poder de lo divino. Humanamente hablando, hubo un feedback: las palabras de Muhammad suscitaban reacciones (de acogida o rechazo) y estas, a su vez, nuevas visiones, en diálogo constante, tanto de polémica (contra los incrédulos paganos de La Meca y los judíos de Medina), como de iluminación para sus discípulos. Es normal que los círculos pudientes de La Meca le denunciaran. Algunos, como Jadicha, su esposa, y Abu-Talib, su tío, jefe del clan familiar, le habían aceptado y fueron aprendiendo de memoria sus oráculos. Pero murieron (619 EC) y Muhammad perdió apoyo y empezó a ser perseguido: los clanes más fuertes de la ciudad le acusaron de revolucionario y perturbador religioso. Amenazado de muerte, envió a una parte de sus seguidores hacia el sur y oeste (Yemen y Etiopía) para que se cobijaran por un tiempo entre amigos (paganos o cristianos) y emigró con otros a la ciudad-oasis de Yatrib (Medina, Ciudad del profeta) con cuyos habitantes mantenía buenas relaciones, (Hégira, Hijra o Gran Ruptura: 622 EC, principio de la Era Musulmana). Desde aquí se entiende su novedad frente a Moisés y Jesús.

— Moisés rompió con Egipto, superando la opresión del Faraón, en Éxodo arriesgado (económico, social y cultural), sin armas o soldados. Suscitó así un pueblo liberado, que no debía ya volver a Egipto (ni conquistar el mundo), sino entrar en la tierra prometida (Palestina), como nación emancipada (elegida), en actitud de escucha directa de Dios, cumpliendo su Ley, en contra o por encima del sistema dominante.

— Jesús superó el orden sacral del templo, con sus normas de pureza y sus códigos sociales elitistas; pero, en vez de salir de la tierra, entró en Jerusalén y mantuvo su mensaje social y religioso, sin defensa armada, dejándose matar por su proyecto de Reino (cf. Lc 9,31). Pero, con la ayuda y respuesta de su Dios, Padre amoroso y creador, sus discípulos crearon unas comunidades vinculadas en amor y experiencia pascual.

— Muhammad pensó que la obra de Dios debe triunfar y sus creyentes extenderse. Animado por esa certeza, en hábil táctica social y militar, abandonó la Ciudad corrompida, para crear una comunidad de sometidos a Dios. Rompió así con el sistema sagrado de la vieja Meca, ciudad de comerciantes idólatras e injustos, no para crear un pueblo separado de elegidos (judaísmo) ni para buscar la gratuidad universal (cristianismo), sino la comunidad concreta de los sometidos a Dios, abiertos a todas las naciones.

Sufrimiento y fracaso fueron para Muhammad una prueba temporal, momento pasajero en el camino de Dios que ha de abrirse pronto a todo el mundo. Tiempo de prueba (pasión de unos años) fue la Hégira (622-630 EC), ruptura con La Meca y establecimiento de la “Umma de fieles sometidos a Dios, en justicia y fraternidad. Jesús había fracasado y Dios tuvo que librarle luego (bajándole de la cruz o subiéndole de ella al cielo) sin que hubiera acabado su tarea, ni creado la comunión perfecta y duradera de los sometidos musulmanes. Muhammad, en cambio, triunfó. Su exilio en Medina duró sólo ocho años, que fueron fecundos y necesarios para culminar la obra de Dios, donde se vincula su revelación (Corán) y el surgimiento del nuevo y duradero pueblo liberado. Eso significa que la Hégira o ruptura con el paganismo antiguo permanece y dura todavía, como principio del tiempo de los sometidos a Dios (56). Moisés había muerto a las puertas de la tierra prometida, tras revelar toda su Ley (Dt 34). Jesús, murió crucificado, fuera de Jerusalén, dejando sólo un germen de pascua. Muhammad, en cambio, falleció tras haber cumplido su tarea, tras haber conquistado La Meca y haber creado la Umma, abierta a todo el mundo (632 EC).

— `Umma, pueblo de musulmanes. Muhammad superó muchos vínculos tribales e injusticias económicas, para suscitar una comunidad religiosa, militar y cultural donde los creyentes se vinculan por fe y no por motivos de origen social o de raza, estableciendo lazos de profunda solidaridad humana. Al principio, la mayoría de los musulmanes fueron árabes; pero la Hégira les hizo nacer otra vez, suscitando una comunidad fundada en el sometimiento universal a Dios. Ellos, emigrantes rechazados, perseguidos, se hicieron comunión universal, abierta a todos los humanos.

— `Umma, estado sacral. Al principio, los seguidores de Muhammad eran minoría dentro de Medina, pero pronto consiguieron el control de la ciudad, creando un estado de creyentes, prototipo y modelo de los posteriores. Convencido de la verdad y santidad de su doctrina, Muhammad utilizó el poder para expandirla y expulsó o mató, en nombre de Dios, a muchos antagonistas, especialmente judíos. A pesar de ello, la base de su expansión no fue la guerra, sino el convencimiento religioso.

— Umma, independiente de judíos (y cristianos). Los judíos de Medina no aceptaron su misión, ni reconocieron su doctrina. Muhammad les siguió vinculando al Libro (del único Dios), pero añadió que habían pervertido su fe antigua (que era el mismo islam). Por eso, viendo que formaban un peligro para los sometidos, tuvo que matar a muchos de ellos. Desde entonces, dejó de tomar a Jerusalén como signo de Dios y lugar de dirección de la plegaria (Al-Qibla), que desde ahora se hará dirigiéndose a La Meca, con su Santuario (Caaba) y su Piedra Santa, recuerdo de Abrahán, padre de los fieles y primero de los sometidos (57).

— Umma, comunidad de musulmanes guerreros. Una y otra vez atacaron a Muhammad y a los suyos los soldados-comerciantes de La Meca; una y otra vez se defendieron los soldados-fieles de Muhammad, que va ampliando mientras tanto sus vínculos de unión social y religiosa con otras tribus y grupos del entorno. Su nuevo modelo socio-religioso resulta coherente y va extendiéndose con rapidez: es como si de pronto los grupos tribales dispersos de Arabia, antes perdidos en el tiempo, despertaran para unirse en identidad creyente. El 630 EC, Muhammad conquistó La Meca, perdonó a muchos adversarios, purificó la Caaba e instauró en su ciudad, santificada por Abrahán, el islamismo. Poco después (632 EC) pudo morir. Su obra personal había terminado; empezaba la historia del islam (58).

 

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