ÁNGELES.

Los ángeles son criaturas de naturaleza espiritual, aunque dotados de apariencia humana, sobre todo cuando cumplen misiones que hacen preciso el contacto con los hombres, lo que ocurre con frecuencia, pues son los espíritus angélicos más cercanos a éstos. Tradicionalmente se les ha representado con aspecto antropomórfico, pero con unas enormes alas de plumas blancas que les nacen de la espalda, o bajo la forma de un niño desnudo cuya apariencia resulta asexuada. Ante todo, son mensajeros y ejecutores de los designios divinos, y forman parte de la Corte de Dios desde el principio de los tiempos.

Etimológicamente, la palabra «ángel» deriva del término griego aggelos, que es traducción del étimo hebreo mal’ak, cuyo significado es «mensajero». Vemos así que, desde los orígenes, los ángeles son servidores de Dios, dedicados a la transmisión de sus mensajes. Así ocurre al menos en las tres grandes religiones monoteístas: el judaísmo, el cristianismo y el islamismo, donde a la figura del ángel se contrapone la del demonio, como siervos del bien y del mal respectivamente.

El término «ángel» es utilizado, sobre todo, como genérico de los seres espirituales que forman los coros celestiales dedicados a la continua alabanza de Dios, aunque también cumplen las funciones de mensajeros y custodios. Fueron dos autores los que más contribuyeron a la perpetuación de esta doctrina: Santo Tomás de Aquino con su Summa Theologica y, antes que él, el Pseudo-Dionisio con La Jerarquía Celeste. Ambos autores hablan en sus obras de tres jerarquías, compuestas cada una de ellas por tres coros. A la primera jerarquía corresponden los serafines, los querubines y los tronos; a la segunda las dominaciones, las virtudes y las potestades; y a la tercera los principados, los arcángeles y los ángeles.

De esta forma, vemos que los serafines son las criaturas angélicas más cercanas a la presencia de Dios, mientras que los ángeles propiamente dichos, junto a los arcángeles, son los más cercanos a los hombres y, por tanto, los mediadores más directos entre éstos y la divinidad. La idea del ángel custodio responde a este dogma. Entre los Padres de la Iglesia abundan las afirmaciones a este respecto, con el posterior trasvase a la tradición popular, donde ha prevalecido la creencia de que cada persona está asistida por un ángel que lo cuida y lo guarda.

ÁNGELES

Casi todas las religiones coinciden en la idea de que, en el principio de los tiempos, el bien y el mal convivieron en armonía hasta que se produjo la batalla entre la luz y las tinieblas. El Bundahishn, recopilación de textos del siglo x d. C., nos habla de la guerra que mantuvieron durante 9.000 años Ohrmazd, el dios del bien y Ahriman, el dios del mal y sus respectivos ejércitos de inmortales.

 Esta leyenda, que pertenece a la cultura zoroástrica, influyó poderosamente en el pueblo judío durante su exilio babilónico. Hasta entonces, en los textos hebreos los ángeles ejecutaban acciones benéficas, pero también malévolas. Sólo con el paso de los siglos y gracias a la influencia persa, la angelología y la demonología hebrea evolucionaron, especializándose los ángeles en procurar el bien mientras los demonios ejecutaban el mal, comandados siempre por Satanás, el ángel caído.

Saber más sobre los ángeles

La concepción del ángel como mensajero de los designios divinos se repite en las distintas culturas y religiones. En el zoroastrismo, es Vodu Manu el que revela el mensaje a Zoroastro. En el cristianismo, es Gabriel quien le anuncia a María su maternidad, y para los musulmanes es Jibril quien autentifica el Corán frente a Mahoma.

Durante la Edad Media, los ángeles llegaron a ser tan populares que incluso se creía que cocinaban para los santos mientras éstos estaban en oración o en éxtasis místico.

Las religiones monoteístas hacen una división tripartita del universo en Paraíso, Tierra e Infierno, habitados respectivamente por ángeles, hombres y demonios.

Las descripciones que figuran en la Biblia incurren en contradicción sobre el aspecto físico de los ángeles. En el «Génesis» o el «Libro de Tobías», aparecen como jóvenes de apariencia humana, sin embargo, en el «Libro de Ezequiel» son seres con cuatro pares de alas y cabezas de animales, ya sea un león, un buey o un águila y basta el siglo V no tuvieron apariencia antropomórfica.

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