ÁFRICA AUSTRAL – EL SUEÑO “ARCOIRIS” DE LA NACIÓN SADAFRICANA.

SÉBASTIEN HERVIEU

Por: SÉBASTIEN HERVIEU, Le Monde, corresponsal en Johannesburgo

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Con el fin del apartheid en 1991, la mayoría negra sudafricana recuperó su lugar. Sin embargo, los blancos siguen teniendo ciertos privilegios y la reconciliación no se ha sellado todavía.

¿Cómo se puede unificar a la población sudafricana después de que el régimen colonial y, más adelante, el del apartheid («separación» en la lengua afrikáans) hayan hecho tanto por dividirla? ¿Qué espacio se le puede garantizar al conjunto de minorías (blanca, india, mestiza), es decir, al 21 % de los sudafricanos, en una joven democracia que le ha devuelto su lugar a la mayoría negra?

Impuesta antes de 1990 por la minoría blanca en el poder, la clasificación según la raza, que se empleaba entonces hasta para las actividades más intrascendentes (aseos públicos, bancos o ascensores sólo para blancos o sólo para negros) forjó entre los sudafricanos un sentimiento muy fuerte de pertenencia a grupos específicos. La lucha contra el racismo (bautizado «nonracialism») impregna la nueva Constitución sudafricana, pero, sin duda, harán falta varias generaciones para que desaparezcan las barreras mentales y para que la «nación arcoíris», ensalzada por el arzobispo Desmond Tutu, se consolide.

Cerca de dos tercios de los blancos sudafricanos son afrikáners, descendientes de los primeros colonos holandeses y alemanes que desembarcaron a orillas de El Cabo en el siglo XVI. En los últimos veinte años, algunas centenas de miles de éstos han abandonado el país, junto con otros blancos descendientes de los colonos británicos llegados en el siglo XIX. Estos expatriados a menudo tenían la impresión de estar marginados en la nueva Sudáfrica.

Los candidatos a abandonar el país hacen referencia a la fuerte tasa de criminalidad (cerca de 46 asesinatos al día, rara vez con un móvil racista), así como al difícil acceso a ciertos puestos debido a que en el mercado de trabajo se aplica una política de discriminación positiva a favor de los negros. La minoría blanca, que vota masivamente a la Alianza Democrática (DA), el primer partido de la oposición, sigue estando muy privilegiada: el 50% de los puestos directivos los ocupan los blancos. El desempleo afecta a un 35% de los negros sudafricanos, frente a sólo un 5 % entre los blancos. Estos últimos tienen ingresos, de media, 7 veces más altos. La tasa de éxito de los alumnos negros de bachillerato es de un 13%, frente a un 67% entre los blancos.

Una parte de los blancos teme que la redistribución de la riqueza (tierras, minas, etc.) que no se hizo inmediatamente después de la caída del régimen del apartheid, en nombre de la política de reconciliación promovida por el presidente Nelson Mandela, será puesta en marcha pronto por la nueva generación de dirigentes del ANC (Congreso Nacional Africano), el partido que todavía sigue en el poder. Un escenario como el que se dio en Zimbabue (apropiación forzosa y sin compensación de las granjas) atormenta algunas mentes.

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Jacob Zuma, elegido en 2009, se convirtió en el primer presidente zulú (etnia mayoritaria entre la comunidad negra) de la historia sudafricana democrática. Sin embargo, Zuma ha tendido la mano a las minorías, lo que hizo que, tras dos mandatos de Thabo Mbeki, se retomaran los pasos de Nelson Mandela. Mbeki fue muy criticado por haber tardado en reaccionar a los motines xenófobos de 2008, que terminaron con la vida de 25 inmigrantes negros africanos.

Las otras dos principales minorías sudafricanas están repartidas de manera desigual por el territorio. Los indios comunidad muy endógena, llevados por los colonos británicos a partir de 1860 para que cultivaran, entre otras cosas, la caña de azúcar, viven esencialmente en la provincia costera de Kwazulu-Natal, sobre todo en Durban. Por su parte, los mestizos («coloured»), fruto de las uniones entre blancos  y mujeres autóctonas, indias o negras, viven principalmente en la región del Cabo. Después de haber tenido la sensación de ser «demasiado negros y no suficientemente blancos» durante el apartheid, gran parte de los indios y los mestizos creen en la actualidad que no son «suficientemente negros» para la nueva Sudáfrica. A pesar de ello, los dos grupos tienen representantes al más alto nivel en las filas del ANC.

A pesar de que algunos grandes eventos deportivos, como la Copa del Mundo de Rugby, en 1995, y la de Fútbol, en 2010, hayan podido dar otra impresión, el camino que se tiene que recorrer hasta la reconciliación todavía es largo. La mezcla racial va avanzando en las grandes ciudades. El número de actos racistas disminuye constantemente y la tolerancia de opinión ante estos casos es cada vez más baja. La «guerra de las razas» augurada a raíz del asesinato del extremista blanco Eugéne Terre’Blanche, en abril de 2010, no se ha dado hasta el momento. Encarnando el lema sudafricano («La unidad en la diversidad»), la existencia de 11 lenguas oficiales es una prueba del reconocimiento a las comunidades existentes en el país. Para preservarlas frente al dominio del inglés, se ha puesto en marcha una política de cuotas en las cadenas de televisión públicas para subtitular ya sea los telediarios olas series de comedia de gran audiencia.

 

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