La Ley del Islam. Los Cinco Pilares

5.- LA LEY DEL ISLAM. LOS CINCO PILARES

coránLa ley del islam (llamada en árabe sari’a) ha ocupado siempre un lugar importante en el mundo musulmán. En efecto, el islam es la religión de una ley, un hecho que, guardadas las debidas proporciones, no deja de recordar el Antiguo Testamento. Desde los años 1965-1970, por otra parte, esta ley musulmana está en el primer plano de la actualidad. Los doctores oficiales tanto como los movimientos de retorno a la autenticidad piden su aplicación más estricta y subrayan que las legislaciones del siglo XX están fuertemente marcadas por los modelos occidentales, no musulmanes, con excepción de algunos sectores como el del estatuto personal.

La verdad es que la cuestión no es tan sencilla y que sería menester precisar de antemano el sentido que se le da a la expresión « ley musulmana». ¿Se trata de un código intangible que existe desde los comienzos del islam? ¿En qué medida es legítimo pensar en proponer enmiendas a ese código? ¿Bajo qué forma ha sido ya puesto en aplicación? Son otras tantas cuestiones importantes que sería poco prudente eludir.

Los movimientos fundamentalistas proclaman que el Corán es la constitución del mundo. Se refieren así a los mandamientos contenidos en este libro. Estos mandamientos existen, pero de hecho son poco numerosos, se refieren a puntos concretos, mientras que otros versículos evocan la actitud general que hay que mantener, por ejemplo el sentido de la justicia en la cuestión de las relaciones entre marido y mujer tanto en el matrimonio como en el divorcio. Un examen de la práctica de la comunidad primitiva demuestra además que esta legislación no deja de referirse a costumbres más antiguas, tanto árabes como judeo-cristianas, e incluso a las que se observaban en los países conquistados.

mahoma coran1Los propios musulmanes, salvo raras excepciones, reconocen que el Corán necesita ser concretado. Los detalles de la legislación sobre la oración ritual, el matrimonio, la herencia, por no poner más que algunos ejemplos, están fijados en unos textos que completan lo que dice el Corán. Toda una jurisprudencia ha orientado igualmente la aplicación de la ley coránica. Es ella la que ha puesto las condiciones para que pueda adoptarse tal o cual medida. Está previsto, por ejemplo, que el culpable de un adulterio tiene que ser ejecutado; pero como un texto coránico estipula que ninguna acusación en este terreno tiene valor más que cuando se apoya en el testimonio de cuatro hombres que hayan constatado el acto incriminado en su momento más destacado, y como, por otra parte, esta condición casi nunca se cumple, la ejecución no tiene prácticamente lugar más que en el caso de confesión del reo.

El Corán contiene algunos versículos relativos al velo de las mujeres. A pesar de eso, las cosas no están tan seguras, porque existen dos tradiciones diferentes en este punto. Una de ellas exige que sólo sean visibles los ojos de una mujer núbil y que todo el resto de su cuerpo esté oculto. La otra deja al aire el rostro, las manos y los pies. De ahí las posibles discusiones. ¿Qué texto escoger?

En el caso del aborto, que está estrictamente prohibido a partir del momento en que el feto es un ser vivo (todo infanticidio está normalmente prohibido), se plantea la cuestión de saber cuándo se produce la animación. Como la mayor parte de los sabios musulmanes están a favor de la animación a partir de los 120 días, muchos doctores de la ley permiten el aborto durante los tres primeros meses de embarazo, prohibiéndolo por prudencia desde el cuarto mes.

Las interpretaciones van incluso más lejos. En el caso del ladrón al que hay que cortarle la mano, la no aplicación de la pena se ha justificado por el precedente del califa Omar que suspendió esta pena durante un período de hambre; mientras haya masas humanas que no logren saciar su hambre, los juristas han pensado que no había que poner en vigor esa ley.

En la práctica, algunos puntos característicos de la sari’a (el vestido de las mujeres, la mano cortada al ladrón, la prohibición de bebidas alcohólicas, la prohibición del préstamo a interés, la ejecución del musulmán que apostata —puntos que habían sido abandonados en el conjunto del mundo musulmán—) se han seguido observando en donde el poder era muy tradicionalista, como en Arabia Saudita. Hoy los musulmanes fundamentalistas exigen que esas leyes vuelvan a ponerse en vigor. Pero, ¿bajo qué forma resucitar la sari’a, la ley musulmana? Una mirada sobre la forma como se ha constituido esta ley nos permitirá ver un poco más claro.

1.-¿Cómo se ha constituido la ley musulmana?

16Para el musulmán es absolutamente evidente que la base esencial de toda la ley musulmana es y no puede ser más que el Corán: en donde el Corán señala con claridad un precepto, la obligación es absoluta. Pero ¿qué significa señalar con claridad un precepto? ¿Y en qué caso ese precepto no se dio en función de unas circunstancias particulares que no se presentarían luego?

El Corán, redactado en un estilo muy conciso, no suele entrar en detalles más que en raras ocasiones; por eso, las palabras y los ejemplos de Mahoma en primer lugar, y a veces los de sus compañeros, han servido para iluminar esa legislación. Estos ejemplos y estas palabras han sido recogidos sistemáticamente bajo una forma estereotipada, la de las tradiciones o hadits, que han representado un papel muy importante en el derecho musulmán, así como en la espiritualidad del islam.

Las colecciones de tradiciones se presentan como series de textos yuxtapuestos y clasificados por temas. Estos textos pueden seguir un tenor muy variado: van desde la sentencia breve en dos o tres líneas hasta el relato que ocupa varias páginas. Cada uno de ellos es llamado main. Así, por ejemplo, esta afirmación célebre: «Los actos no valen más que por sus intenciones». Además, cada texto va acompañado de una especie de justificativo, que consiste en la lista de nombres de personas que se fueron transmitiendo este texto de unas a otras: fulano me contó y a él se lo había contado mengano y a ése se lo había contado zutano, etc., hasta que la cadena llega hasta el mismo Mahoma o hasta un testigo ocular o auricular del episodio relativo. Esta serie de nombres se llama isnad.

Hoy, estas tradiciones están agrupadas en unos libros clásicos. No siempre fue así, y al principio se transmitían de boca en boca, oralmente, constituyendo ya probablemente pequeñas colecciones particulares. Poco a poco fue apareciendo la ciencia del hadit o de las tradiciones. En primer lugar, fue necesario reunirlas. Para ello, unos sabios musulmanes emprendieron largos viajes, yendo a consultar in situ a los conocedores del pasado. Finalmente, su colección se puso por escrito. Dos siglos y medio desde el comienzo del islam, la comunidad musulmana estaba en posesión de las dos colecciones más famosas de tradiciones que hacen autoridad hasta ahora y que son consideradas como más sólidas. Son las «Auténticas», tal es el sentido de su título en árabe, los Sahih, de los dos sabios Bojari (+ 869) y Muslim (+ 875). Hay además otras colecciones que gozan de gran fama; es imposible citarlas todas.

17A continuación, la ciencia del hadit se enriqueció con todo un trabajo crítico. Como confiesan los propios musulmanes, el género literario de las tradiciones no siempre es seguro. Hubo muchos falsarios que querían hacer pasar sus propias ideas bajo el patrocinio del profeta y que las introdujeron en el molde del hadit. Se imponía por tanto un control de todas las tradiciones en curso; para ello, los musulmanes pusieron a punto un método sistemático de examen. Su esfuerzo recayó sobre todo en la crítica externa: ¿Era verosímil la cadena de transmisores? ¿Pudo tal transmisor entender verdaderamente a tal otro? Tal transmisor ¿es persona de confianza? De aquí se derivó la composición de numerosos diccionarios biográficos, que clasificaban a los especialistas de las tradiciones por generaciones sucesivas.

18La importancia de este control de la autenticidad de los textos por medio de las listas de transmisores es algo que conviene subrayar en el diálogo, ya que a muchos musulmanes les gustaría que los cristianos pudieran garantizar la autenticidad de sus evangelios por medio de métodos análogos. Más bien que seguir las largas y exigentes investigaciones del método histórico moderno, a muchos de ellos les gustaría que se ofreciese la lista de los nombres que se fueron pasando los evangelios unos a otros. Quizás el lugar que las listas de transmisores ocupan entre los musulmanes debería compararse con la de las listas de los papas o de los obispos que se han ido sucediendo entre los cristianos, velando por el depósito de la fe y consagrando a sus sucesores.

Sin embargo, el trabajo de los juristas tuvo que ir más lejos que el de los tradicionalistas. Porque si bien el Corán y las tradiciones ofrecían amplia materia para la legislación, no todo estaba previsto en ellos y era preciso tomar decisiones en interés mismo de la comunidad a propósito de puntos nuevos. Algunos sabios, que se basaban en diferentes principios, estuvieron en el origen de las diversas escuelas jurídicas. Entre estos principios señalemos el acuerdo universal de los sabios que vivían en un período determinado sobre una cuestión concreta (en árabe la ijma), el interés común (istislah), la interpretación personal (ra’y), el razonamiento por analogía (qiyas). Las diversas posiciones que se tomaron frente a estos principios están en el origen de diversas escuelas: todo se discutió, se expuso, se defendió con ardor. Esta actividad desbordante, tanto en el terreno de los fundamentos del derecho (ustil alfiqh) como en el de la casuística, recuerda mucho la de los rabinos; se ejerció sobre numerosas cuestiones, algunas de ellas vitales.

Durante mucho tiempo, los teólogos discutieron para saber si las grandes obligaciones de la ley musulmana eran conformes con un bien objetivo o si dependían solamente de la voluntad de Dios, pudiendo éste declarar malo lo que es bueno y bueno lo que es malo. En la Edad Media, la escuela teológica dominante, la de los as’aritas, preocupada de salvaguardar la omnipotencia y la libertad absoluta de Dios, opinaba que el bien dependía únicamente del beneplácito de Dios. Hoy muchos musulmanes, siguiendo las huellas del movimiento reformista de comienzos del siglo XX, admiten la objetividad del bien.

2.-Las principales escuelas jurídicas.

En la actualidad, siguiendo una tradición secular, los musulmanes se distribuyen en varias escuelas jurídicas llamadas a veces «ritos», ya que se encargan también de concretar detalles litúrgicos. Las diferencias suelen ser mínimas. Por ejemplo, durante la recitación del comienzo de la oración ritual, ¿hay que dejar caer los brazos a lo largo del cuerpo o cruzarlos sobre el pecho? ¿Está o no permitido a los no-musulmanes visitar las mezquitas? ¿Tiene la novia de un musulmán derecho a hacer inscribir en el contrato de matrimonio una cláusula autorizándole a pedir el divorcio en ciertos casos? Etc.

 Las cuatro escuelas principales en la hora actual son las siguientes:

— la escuela hanafita (no confundir con las palabras derivadas de hanif, hanefitas, utilizadas para designar a los monoteístas independientes de Arabia en la época de Mahoma y a los que Mahoma proclamó sus simpatías). Esta escuela debe su nombre a su fundador el imán Abu Hanifa (+ 767), de Mesopotamia, enterrado en Bagdad. Se difundió sobre todo entre los turcos y actualmente se encuentra difundida en Turquía, India, China, con adeptos en los países dominados anteriormente por los otomanos. De espíritu bastante abierto, sin caer en el laxismo, esta escuela apela con gusto a la razón (juicio personal, búsqueda de lo mejor, etc.);

— la escuela nalekita, del imán Malik (+ 795 en Hedjaz), está implantada en Arabia, África del norte y del oeste, en el Alto Egipto y en Sudán. Insiste en un amplio recurso al principio de la utilidad general, despertando en algunos la idea del bien común;

— la escuela shafrita, del imán alShafi’i (+ 855), enterrado en el Cairo. Se encuentra funcionando en el Bajo Egipto, Siria, Arabia del sur, desde donde se difundió a Malaisia, Indonesia y Africa oriental. Su esfuerzo por unir la tradición y el consenso de la comunidad musulmana (más allá del consenso de sólo los sabios) se soldó en definitiva en un amplio recurso al razonamiento analógico;

— la escuela hanbalita, del imán Ibn Hanbal (+ 855), «señala claramente un retorno al tradicionalismo estricto» y se encuentra solamente en Arabia. Fue la que inspiró el movimiento reformista de los wahabitas.

19Las ciencias jurídicas siguieron a continuación siendo objeto de una gran actividad. Los mejores conocedores piensan que es en el terreno de los usul alfiqh o principios del derecho donde se encuentran los aspectos más originales del pensamiento musulmán. La búsqueda personal libre o ijtihad en esta materia ha sido muy limitada. En la actualidad (o por lo menos antes del despertar fundamentalista de estos últimos años), muchas voces reclamaban la reapertura de las puertas del ijtihad.

A comienzos del siglo XX, una tendencia predicaba la relativización de las diferencias de escuela, y Egipto, por ejemplo, se sirvió en su legislación de las unas y de las otras, según las necesidades del momento. A veces se encuentran, aunque raras veces, musulmanes que se niegan a decir a qué escuela pertenecen, afirmando que son solamente musulmanes.

Las autoridades de las que hablamos anteriormente a propósito del control doctrinal de la comunidad tienen voz igualmente en lo que atañe a las cuestiones jurídicas. Es incluso en este punto donde más ejercen su ciencia y su sagacidad el muftí oficialmente nombrado o los sabios competentes. Sus opiniones pueden tener serias consecuencias cuando declaran, por ejemplo, que tal guerra es justa y que ha de ser emprendida con energía, o cuando confirman la justicia de una condena a muerte. Estas mismas opiniones están a veces teñidas de política y ocurre que un muftí, que se niega a aprobar una nueva ley, se ve apartado a veces para ser sustituido por otro muftí más dócil; es lo que ocurrió en Túnez cuando el presidente Burguiba quiso legislar en algunos puntos sobre el ramadán o la prohibición de la poligamia.

3.-¿Cómo obliga la ley musulmana? ¿Quién está sometido a ella?

el islam1Los musulmanes reconocen una ley general que corresponde en líneas generales a la parte moral del decálogo (del 4° al 10° mandamiento): no matar, no cometer adulterio, no robar, no dar falso testimonio, etc. Sus mandamientos aparecen a través de los textos coránicos, sin que haya una lista oficial exhaustiva, comparable con la de los diez mandamientos. Puede darnos una idea de ello un largo pasaje de la sura del Viaje nocturno (Corán 17, 23-39).

Existe además una ley propiamente musulmana que se trata de examinar. A partir de la pubertad es cuando se considera que el musulmán está obligado a esta ley positiva, con tal que goce de razón y bajo alguna otra condición en caso de esclavitud. Pero existe la costumbre de preparar antes a los niños y a los adolescentes, especialmente para las oraciones rituales y, en cierta medida, para el ayuno del ramadán.

Los musulmanes distinguen entre las obligaciones relativas a cada creyente a título personal y las que obligan a título colectivo. Por ejemplo, todo creyente tiene que hacer normalmente, a partir de la pubertad, las cinco oraciones rituales al día; está obligado personalmente a ello por un tipo de obligación llamado fard ‘ayni. Al contrario, la guerra santa es una obligación colectiva (fard al-Kifáya), que incumbe a la comunidad en cuanto tal. Son los responsables los que en consecuencia distribuirán las tareas respectivas, organizando el ejército y los servicios, incluida la enseñanza religiosa en la retaguardia, que no puede ser abandonada. Y entonces recurrirán a los voluntarios o al alistamiento obligado, según crean más conveniente.

20Las obligaciones de base de la ley propiamente musulmana son conocidas con el nombre de los cinco pilares del islam. Obligan a título individual a todos los musulmanes después de la pubertad y en las condiciones requeridas para estar sometidos a la ley. Se mencionan en la tradición siguiente:

El enviado de Dios dijo: —El islam está construido sobre cinco (bases): el testimonio de que no hay divinidad fuera de Dios y de que Mahoma es el enviado de Dios

– el cumplimiento de la oración ritual  el pago del impuesto social (o limosna legal)  la peregrinación a la Meca  y el ayuno del ramadán.

21Estos valores religiosos se encuentran bajo otras formas en la base del monoteísmo bíblico; el Antiguo Testamento conoció la lucha por el monoteísmo, así como la fe en la ley y los profetas. Las peregrinaciones a Jerusalén estaban previstas varias veces al año. El sermón de la montaña, en el evangelio de san Mateo, contiene las enseñanzas de Jesús sobre la tríada oración-limosna-ayuno.

 

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