52-TAROT DE LA LOCURA (1988)

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TAROT DE LA LOCURA (1988) Cada carta del Tarot de la locura se compone de una gran imagen alegórica, generalmente alejada de la tradición y contenidos clásicos. Todas llevan una cartela al pie, en la que se incluye el nombre de la carta, y otra en la parte superior para el número, que aparece escrito en numeración romana en todas las cartas, excepto en El Loco, que es el cero (0). En las imágenes de algunas de las cartas aparece la firma de su autor («Baggill) y la fecha de realización de los dibujos (1986), que no es la de edición de la baraja.

El conjunto de cartas que lleva el nombre original de Tarocchi della Follia, realizado por el artista Alessandro Baggio, no es propiamente un Tarot, pues sólo consta de 40 cartas: 22 arcanos mayores, 12 cartas de los signos zodiacales, 4 de los elementos y 2 de presentación o frontispicio.

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La composición de este «Tarot de la Locura» es una mezcla de influencias: por un lado, de las barajas típicas de Tarot, pues incorpora los 22 arcanos mayores, y por otro, de las clásicas Minchiate florentinas, de donde recoge las representaciones de los 12 signos del Zodiaco y los cuatro elementos. Así, podría entenderse como un intento de conseguir una imagen de los arcanos mayores tal como habrían aparecido en una Minchiate. Sin embargo, la síntesis no es perfecta, pues faltan algunas virtudes (Prudencia, Fe, Esperanza y Caridad), y habría que sustituir los cuatro poderes del Tarot (Papisa, Emperatriz, Emperador, Papa) por los tres de las Minchiate (Gran Duque, Emperador de Occidente, Emperador de Oriente). Por todo ello, cabe considerar el Tarocchi della Follia como una libre interpretación del autor, un producto híbrido entre las estructuras del Tarot y las Minchiate. Su autor, Alessandro Baggi, nació en Milán en 1966. Se inició como profesional en el ámbito del cómic, como dibujante de superhéroes para Marvel Comics y de las historias fantásticas de Frank Frazetta y Richard Corben; después realizó trabajos más personales que aparecieron en las revistas 1984 y Cimoc. Entre ambas etapas, la primera de dibujante industrial, la segunda más artesanal, Baggi encontró por fin su «mundo gráfico» en el arte modernista de finales del siglo XIX y principios del XX. A través de Winsor McCay y su Yellow Kid, Baggi llegó a Alphonse Mucha, Gustav Klimt y Egon Schiele, entre otros. Las imágenes del Tarocchi della Follia son el resultado de esta evolución. Por una parte, en sus cartas se refleja el mundo fantasy de Frazetta y Corben, pero en su representación se percibe la elegancia de Aubrey Beardsley y el desgarramiento de Egon Schiele. Asimismo, otra gran influencia que puede observarse en las ilustraciones de Baggi es la japonesa, cuyo descubrimiento por parte de los artistas occidentales del siglo XIX tanto influyó en los modernistas. Las ilustraciones de este Tarot parecen un ejercicio de estilo, más que una recreación de la tradición clásica del Tarot. Como el propio autor declaró acerca de esta obra: «Aun no sintiéndome totalmente satisfecho del resultado del Tarocchi della Follia, me parece haber conseguido dar a estos dibujos un sentido de desesperación y de vacío que impregna toda mi obra. He dibujado caras burlonas, irónicas, a veces desfiguradas, casi unas máscaras pegadas sobre los rostros para ocultar su vacío absoluto. He intentado fijar la esencia de una estética enfermiza, y sin embargo muy rica, en la que contrastan figuras esqueléticas, troncos humanos desnudos, tupidos bordados de decoraciones, motivos florales, puntillas, largas melenas; así, el efecto creado por el contraste hace resaltar, en especial, la belleza inútil, la fachada ficticia colocada para cubrir los horribles vacíos abismales. Creo que el mecanismo psíquico que me empuja a adornar estos cuerpos deformes y cadavéricos con flores, guirnaldas, tejidos decorados, es la necesidad de recrear el efecto multiplicador de las decoraciones de las tumbas egipcias, de los sarcófagos, trabajadísimos, confiados a la oscuridad y al polvo de los siglos, o de acercar una guirnalda de flores naranjas a la madera negra de un ataúd. Y así surgen las imágenes del Tarocchi della Follia con los brazos largos y las caras atontadas que desfilan como en una gran carroza. Los significados se pierden; sólo quedan las figuras».

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