46-TAROT DE LA NUEVA ERA (1982)

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TAROT DE LA NUEVA ERA (1982) Entre los 56 arcanos menores del Tarot de la Nueva Era, las cartas numerales, que aquí no se representan, incluyen una imagen con los símbolos del palo correspondiente. Las imágenes de los arcanos, tanto los mayores como los menores, están llenas de simbología procedente de distintas tradiciones culturales y esotéricas. Por ejemplo, el rey de bastos (hilera inferior, segunda carta por la izquierda) parece inspirado en alguna cultura mesoamericano, mientras que El Diablo (hilera superior, primera carta por la izquierda) contiene una versión de la clásica figura demoniaca de Éliphas Lévi.

Esta baraja de Tarot fue creada por el artista Walter Wegmüller, autor también del Tarot Zigeuner/Gipsy/Tzigane que, al igual que el que aquí presentamos, fue publicado por la firma suiza AGMüller. Las imágenes de estos dos Tarots están realizadas en estilo naif, y aparecen llenas de colorido.

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El Tarot de la Nueva Era consta de 78 cartas, 22 arcanos mayores y 56 menores. Estos últimos se dividen en cuatro palos (bastos, oros, copas y espadas), de 14 cartas cada uno (4 figuras y 10 cartas numerales). Cada carta consta de una gran imagen y de un espacio en blanco al pie, que contiene tres líneas de texto con los nombres de la carta en alemán, inglés y francés. Además, el orden de los arcanos mayores, desde El Mago hasta El Mundo, se indica con grandes números romanos. Las imágenes de los 22 arcanos mayores están rodeadas por una especie de cenefa decorativa, que es distinta para cada carta y de la que carecen los arcanos menores.

Las figuras de Walter Wegmüller están repletas de imágenes y conceptos simbólicos, de colorido a veces un tanto estridente desde el punto de vista artístico. Sin embargo, la contemplación de cada una de dichas imágenes puede proporcionar al espectador, o al estudioso del Tarot, múltiples horas de entretenimiento y meditación, así como conocimientos sobre el contenido y significado de cada uno de los arcanos. A modo de ejemplo comentaremos algunas de las aportaciones de Wegmüller a las figuras del Tarot, que en ningún caso deben considerarse fortuitas o improvisadas, pues son el resultado de numerosos años de estudio sobre simbolismo en general y las cartas de Tarot y su interpretación en particular. El Loco, desprovisto de prejuicios y ataduras materiales, deja caer las conchas y monedas de su bolsa despreocupadamente. Asimismo, suelta el cayado para tratar de coger un misterioso objeto (¿un diente de león?) que vuela ante él, sin darse cuenta de que el siguiente paso que va a dar será en el vacío. En la imagen de El Mago, la clásica representación del infinito, simbolizada normalmente en el ala de su sombrero, aparece también reproducida en la forma de la mesa, sólidamente apoyada en tres patas de piedra y adornada con todo tipo de símbolos astrológicos y cabalísticos. La Papisa muestra los símbolos del Libro de la Sabiduría, que guarda los grandes secretos de la vida, así como la llave de los misterios y de la conciencia de la mujer. El águila de La Emperatriz ha surgido del escudo, y ahora protege a su aguilucho en el nido, quizá de la serpiente que rodea a la emperatriz y que quiere devorarlo. A pesar de mantener los símbolos papales (el báculo con la triple cruz y la tiara), El Papa se representa como el guía de una bucólica secta; tal vez se trate de una asamblea cristiana que, tras un terrible cataclismo, ha destruido la civilización actual tal como la conocemos. El Enamorado es un joven resplandeciente de pasión que no duda entre varias opciones, sino que las desea todas. En La Fuerza aparecen las fuerzas vitales: el fuego interior de la Tierra, el Sol, el agua que riega y regenera el suelo, el arco iris… El lobo y el cordero incluidos en la carta de La Templanza sirven para reforzar la idea de equilibrio de opuestos que representa el arcano. En La Torre, el hombre es castigado por pretender acercarse a los cielos y convertirse en un dios. Estas ambiciones aparecen simbolizadas por las construcciones típicas de los grandes centros urbanos modernos y por las chimeneas de refrigeración de las centrales energéticas. Finalmente, El Mundo, representado por una Tierra en equilibrio entre el Sol y la Luna, simboliza todas las posibles ocupaciones de los seres humanos, pero es también su cuna y su tumba.

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