41-TAROT EGIPCIO ADIVINATORIO (1980)

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TAROT EGIPCIO ADIVINATORIO (1980) Tanto los arcanos mayores como los menores tienen asignada una letra del alfabeto hebreo, pero mientras los mayores siguen la correspondencia tradicional, la de los menores es más compleja. Así, a cada figura se le asigna una letra que se encuentra entre las nueve primeras de dicho alfabeto, y que se obtiene sumando las cifras del número correspondiente a la carta. Por ejemplo, la carta 23 (El Comienzo), cuyas cifras suman 5, lleva la letra He, la misma que la 41 (La Angustia), cuyas cifras suman el mismo número. Las atribuciones astrológicas se realizan del mismo modo y, por ello, también coinciden cuando la suma es idéntica. Cuando la suma de las cifras del número de la carta es superior a 9, éstas se suman de nuevo; por ello, las equivalencias de la carta 78 (El Renacer) son las mismas que las de la 60 (El Avance), ya que 7 + 8 = 15 y 1 + 5= 6, que equivale al resultado de la suma 6+ 0.

Esta baraja, creada por la prestigiosa tarotista Margarita Arnal, se inspira en los símbolos mitológicos del antiguo Egipto. Los dibujos son de J. Bernaus y su edición corrió a cargo de la empresa barcelonesa Naipes Comas. Los arcanos menores muestran las etapas de un camino iniciático desde El Comienzo hasta El Renacer.

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Según su autora, el Tarot egipcio adivinatorio se basa en el Libro de Thot, un cuaderno de 78 láminas que el dios egipcio creó para «transmitir todo su saber sobre el principio y el fin de la vida de los hombres sabios», es decir, los que sabían leer e interpretar los jeroglíficos. Asustados ante el contenido del Libro de Thot, los sacerdotes lo arrojaron al Nilo, y cuenta la leyenda que alguien grabó los jeroglíficos de las láminas en las paredes de un pasadizo subterráneo de una antigua tumba egipcia. Este saber llegó a Europa en la Edad Media, de la mano de las tribus gitanas que desde la India viajaron hasta Occidente a través de Egipto. En este recorrido, las figuras de las láminas habrían evolucionado para tomar el aspecto que hoy se conoce como Tarot de Marsella, aunque sin perder ni tergiversar el mensaje de cada carta. Así pues, esta baraja restituye lo que podría haber sido el Libro de Thot originalmente, al aplicar los conocimientos de su autora sobre las leyendas, la mitología y la historia de Egipto, y ampliando el contenido de cada carta con otras informaciones relacionadas con la cábala, la astrología y la numerología. Margarita Arnal detalló todos los aspectos de su Tarot en su libro El Tarot egipcio, complemento imprescindible de la baraja para conocer plenamente el contenido de las cartas. Cada carta del Tarot Egipcio está dividida en dos partes; una principal, dividida a su vez en tres y que contienen toda la información gráfica de la carta, y otra secundaria, que es una especie de cartela que recoge el nombre y el número de la carta, así como sus correspondencias astrológicas y cabalísticas. Las 22 primeras cartas del Tarot egipcio son adaptaciones egipcianistas de los aspectos tradicionales del Tarot, aunque sería más exacto decir que son reconstrucciones del contenido del Tarot tradicional. Estas cartas reciben los nombres siguientes: El Mago (1), La Sacerdotisa (2), La Reina (3, que equivale a La Emperatriz del Tarot de Marsella), El Faraón (4, equivalente a El Emperador), el Hierofante (5, El Papa), El Deseo (6, El Enamorado). Con los números 7, 8 y 9 tenemos, respectivamente, El Carro, La Justicia y El Ermitaño. La Fortuna, la tradicional Rueda del Tarot de Marsella, lleva el número 10, mientras que La Fuerza, El Colgado, la Muerte y la Templanza llevan los números del 11 al 14; Las tradicionales El Diablo, La Torre y La Estrella son aquí El Mal (15), La Destrucción (16) y El Destino (17), y los arcanos del 18 al 22 se denominan como en el Marsella: La Luna, El Sol, El Juicio Final, El Mundo y El Loco. Como puede verse por la relación anterior y el examen del contenido gráfico, estas cartas no difieren mucho de un Tarot tradicional. Algunas diferencias son sólo de nomenclatura, como en la carta número 5, en la que se ha sustituido el nombre tradicional por su correspondencia en el antiguo Egipto (el hierofante es el sumo sacerdote, es decir, el equivalente del Papa en el mundo católico), en otras hay diferencias de nombre y contenido, como en la 6 (El Deseo), en la que una mujer se debate entre dos hombres, cuando lo habitual es todo lo contrario, aunque en casi todas los cambios son de tipo gráfico, a fin de entroncar con la tradición egipcia. Así, La Muerte (13) está segando el trigo, representando la destrucción de las cosechas que será la muerte del pueblo; la representación de El Mal (15) sustituye al inexistente diablo en la mitología egipcia; en La Destrucción (16), la torre se cambia por una pirámide alcanzada por un rayo; la imagen de la carta 17 es la típica de La Estrella, aunque su denominación ha pasado a ser El Destino; en La Luna (18) puede verse una modificación importante, ya que en primer plano se ve un gato, un animal muy querido y respetado por los egipcios, y tras él varios perros que aúllan junto a sendas pirámides.

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