40-TAROT PRAGER (1980)

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TAROT PRAGER (1980) Cada uno de los palos en que se dividen los 32 arcanos menores del Tarot Prager está dedicados a uno de los elementos básicos: los bastos al fuego, las copas al agua, las espadas a la tierra y los oros al aire. Los símbolos y alegorías, así como los colores escogidos para las cartas del as al cuatro y para las cuatro figuras de los palos hacen referencia al elemento representado por el palo correspondiente. Junto a los arcanos mayores pueden verse el as de bastos, la reina de copas, el caballo de espadas y el rey de oros (de izquierda a derecha, las cuatro últimas cartas de la hilera inferior).

El Tarot Prager, o de Praga, combina elementos de la tradición folclórica de dicha ciudad con los de la astrología y la astronomía caldeas. Esta baraja tiene sólo 32 arcanos menores en lugar de los habituales 56. Cada arcano mayor, excepto El Loco, está asociado a una estrella o constelación, y cada palo, a un elemento.

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En los siglos XVIII y XIX floreció una versión centroeuropea del juego del Tarot, conocida con su nombre alemán de Tarock, en el que sólo se empleaban 54 cartas en lugar de las 78 usuales. Estas barajas reducidas incluían los 22 arcanos mayores, las 16 figuras de los cuatro palos, y las cartas numerales de dieces, nueves, ochos y sietes de los palos de bastos y espadas, y los ases, doses, treses y cuatros de los palos de oros y copas. El Tarot Prager, fabricado por la casa suiza AG Müller, recoge la estructura de este Tarock reducido, y añade otras ciencias y tradiciones a la sabiduría del Tarot. La reducción a 16 cartas numerales tiene sus raíces en la geomancia, un método de adivinación que utiliza símbolos rúnicos (puntos, líneas y figuras) relacionados con los cuatro elementos de Aristóteles, los doce signos del Zodíaco y los siete planetas de la Antigüedad (el Sol, la Luna, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno). En los arcanos mayores, además de la clásica asociación de cada carta con las letras del alfabeto hebreo, se establece una correspondencia con la astronomía y la astrología caldeas. Así pues cada arcano está asociado con una estrella o constelación de la esfera celeste, tal como la observaban los caldeos hace casi 6.000 años. Cabe añadir que, en la Edad Media, la ciudad de Praga era un importante centro de difusión de las ciencias ocultas; por ello se bautizó este Tarot con el nombre de la ciudad. La carta de El Loco que no lleva número, se corresponde con la letra hebrea shin, pero carece de correspondencia astrológica, ya que se asociaba con una zona de la elíptica sin estrellas visibles. Las cartas restantes muestran las figuras del Tarot con elementos del folclore local. Carecen de nombre, pero tienen numeración arábiga, y uno o dos caracteres latinos que hacen referencia a su correspondencia con el alfabeto hebreo. Las correspondencias de los arcanos mayores, excepto El. Loco, son las siguientes: El Mago, con la letra aleph, es Algol, una estrella binaria de la constelación de Perseo; La Sacerdotisa (II, beth) es Andrómeda, la esposa de Perseo convertida tras su muerte en una constelación. La Emperatriz (III, gime!) es Alción, una de las siete Pléyades, y El Emperador (IV, daleth) es Aldebarán, la estrella más brillante de Tauro. El Papa (V, he) es Orión; El Enamorado (VI, vau) se corresponde a Sirio (Can Mayor), El Carro (VII, zayn) es Capella (Auriga) y La Justicia (VIII, cheth) es Praesepe, el Pesebre, el célebre cúmulo abierto de la constelación de Cáncer formado por más de 500 estrellas. El Ermitaño (IX) lleva la letra theth y es Alphar o el Corazón de la Hidra. La Rueda de la Fortuna (X, yod) es Régulo, la estrella más importante de Leo, y La Fuerza caph) es Denébola, el extremo de la cola del león. El Colgado (XII, lamed) es alfa Draconis, en el Dragón, y el arcano XIII, La Muerte, lleva la letra mem y se relaciona con Algorab, una de las cuatro estrellas de la constelación del Cuervo, en el hemisferio sur. La Templanza (XIV, nun) es Espiga, la estrella más brillante de Virgo, y El Diablo (XV, samech) es Arturo, en el Boyero. La Torre (XVI, ayin) se corresponde con dos constelaciones del hemisferio sur, Centauro y Lobo; La Estrella (XVII, peh) es Gemma, o La Perla, la estrella de la Corona Boreal cuya extraordinaria luminosidad atrajo poderosamente la atención de los antiguos. La Luna (XVIII, tzaddi) es Antares, una gigante roja de la constelación de Escorpión, cuyo nombre griego significa el anti-Ares, rival del dios griego de la guerra. El Sol (XIX, gol) es el Pozo, en la constelación del Altar, y El Juicio (XX, resh) es la Corona Austral, cercana a Sagitario. Por fin, El Mundo (XXI, tau) se corresponde con cuatro estrellas, Altair-Vega-Deneb-Markab, y también con Antares-Fomalhaut-Regulus-Aldebarán, cuyos nombres pueden leerse en las cintas que sostienen los símbolos evangélicos de las cuatro esquinas de la carta.

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