36-TAROT DE NOSTRADAMUS (1978)

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TAROT DE NOSTRADAMUS (1978) Una de las alteraciones de las imágenes de Payen en este Tarot es la realizada sobre las cartas que llevaban su nombre, como el dos de copas (segunda imagen por la derecha de la hilera inferior), en el que las letras N D, las iniciales de Nostradamus, sustituyen a las de J P (Jean-Pierre Payen). Esto solía acontecer cuando los sucesores de un naipero, no queriendo, o no pudiendo, continuar con el negocio de las cartas, vendían los moldes de madera con los que las fabricaban a otro naipero, que sustituía el nombre y las iniciales del anterior por los suyos propios. Como atestiguan los inventarios de bienes y las disposiciones testamentarias de los fabricantes de cartas de los siglos XVI a XVIII, dichos moldes se hallaban entre sus posesiones más preciadas y valiosas, lo que explica por qué ciertos tipos de naipes han perdurado hasta nuestros días.

El Tarot de Nostradamus es una producción de la fábrica francesa de naipes Heron, Maitres Cartiers. En esta curiosa baraja se combinan las imágenes creadas por Jean-Pierre Payen para su Tarot marsellés, que fue grabado hacia 1759, con diversos textos y alusiones a la obra profética de Michel de Nostradamus.

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La obra más famosa del médico y astrólogo francés Michel de Nostredame, más conocido por Nostradamus (Saint-Rémy, 1503-Salon, 1566) son las Centurias, recopilación de casi mil cuartetas con profecías sobre el futuro del mundo. Este texto fascinante, de desordenada estructura y esotérico lenguaje, permite múltiples lecturas e interpretaciones. La más conocida de estas profecías es la del Fin del Mundo, previsto por el astrólogo para finales del siglo XX. Sobre esta base, en 1978 se realizó la edición del Tarot de Nostradamus que aquí se presenta, en la que se conjuga la técnica de adivinación por medio de los arcanos marselleses con el lenguaje esotérico del profeta. En realidad, las imágenes son las clásicas del siglo XVIII, y sólo algunas de las leyendas han sido modificadas para adaptarlas a la filosofía de Nostradamus. Así, el arcano número I, El Mago, es aquí Branchus, un joven de la ciudad de Mileto (Asia Menor), a quien el dios Apolo concedió el don de la profecía. Nostradamus identificaba la mesa de tres patas (trípode) y la varilla que Branchus sostiene en la mano izquierda con los instrumentos que utilizaba para escribir sus predicciones astrológicas. El Emperador (IIII) recibe el nombre de Aenobarb, que significa «barba rubia». Éste es uno de los apelativos que Nostradamus da al Gran Celta, el monarca de Occidente que gobernará el mundo cuando llegue el Anticristo. Al papa de Roma le llamaba, entre otros apelativos (como el Viejo o el Barquero) Le Grand Pastor, nombre que lleva el arcano V, El Papa. En el arcano VIII, el nombre de La Justicia ha sido sustituido por La Balance, el instrumento que simboliza tanto la justicia como la constelación zodiacal de Libra. La Muerte (XIII) fue bautizada como Lybitine, la diosa funeraria de los antiguos romanos y que era para el profeta símbolo de revolución. En cuanto al arcano XIIII, La Templanza, se llama aquí Le Verseau, es decir, el signo astrológico de Acuario, pues para Nostradamus la era de Acuario será la época dorada en la que vivirá la Humanidad tras superar todos los conflictos. Lantechrist (El Anticristo), el nombre que recibe El Diablo (arcano XV), es uno de los personajes fatídicos en la obra de Nostradamus; de hecho, el profeta habla de tres Anticristos anteriores a la llegada del Anticristo final. La Estrella (XVII) es, para Payen, un cometa, que Nostradamus describe como «la estrella de larga cabellera que forma un doble Sol y que arderá durante siete días». Este texto es la base de las desventuras que se profetizan cada vez que el cometa Halley u otro gran cometa se acerca a la Tierra, pues dichos cuerpos celestes son, desde antiguo, símbolo de desgracias. Por ello, el significado adivinatorio de la carta es distinto aquí que en otros Tarots, ya que habla de catástrofes y calamidades y no de alegría y esperanza. Por su parte, La Luna (XVIII) es Selyn, nombre con el que el profeta designa al Imperio turco, la gran amenaza de Occidente, cuyo triunfo anunciará el cometa. El Sol (XVIIII) lleva la leyenda de Aemathien, hijo de Céfalo y Aurora, el que abre al Sol las puertas de la mañana. En cuanto a los arcanos menores, cada uno de los palos representa un grupo de países, según la distribución del mundo en cuatro bloques que era habitual en la época. Así, las copas, que simbolizan el Santo Grial, son el emblema de Occidente, el territorio de los «celtas»; los oros representan El Lejano Oriente, el continente amarillo, las espadas son el símbolo del Islam y de los turcos, y los bastos, el de los países del norte y del este, antiguamente conocidos como «los bárbaros» y que en la segunda mitad del siglo XX formaron el bloque del este o soviético.

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