31.- CIUDAD HISTÓRICA DE CUENCA.

PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD DESDE 1996

 

Los ríos Júcar y Huécar han tallado la espectacular plataforma rocosa que sirve de asiento a la ciudad, propiciando la impresionante y conocida estampa de sus casas colgadas sobre hondos precipicios. Tras esa fachada de bellísimas sugerencias y rodeada por parajes que estimulan la imaginación, Cuenca alberga antiguos tesoros de gran valor. Es un ejemplo excepcional de ciudad fortificada medieval que ha conservado intacto su entorno paisajístico.

Antes de adentrarse en el casco antiguo, y para hacerse una idea cabal del singular emplazamiento de la ciudad, es recomendable rodearla por la carretera de circunvalación que sigue el trazado de las hoces y proporciona una primera e insustituible panorámica del conjunto urbano. La plasticidad de los edificios, colgados sobre el abismo con un juego de volúmenes que parece diseñado por una mente capaz de todas las fantasías, crea una imagen difícil de olvidar.

 

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LA CIUDAD DE CUENCA SE SITÚA EN UN SOBERBIO EMPLAZAMIENTO, SOBRE LAS HOCES DE LOS RÍOS JÚCAR Y HUÉCAR.

CATEDRAL

Aunque el itinerario monumental debe comenzar en la Plaza Mayor, en la parte alta de la ciudad, se debe dejar el automóvil en la parte baja y subir a pie hasta la plaza, para visitar allí la catedral de Nuestra Señora de Gracia, que es el monumento más importante y el de mayor antigüedad, ya que se empezó su construcción inmediatamente después de la conquista de Cuenca por Alfonso VIII, casi con seguridad sobre la mezquita árabe. Acostumbrados a las catedrales góticas más conocidas del país, de inconfundible influencia francesa, nos puede extrañar el aire nórdico de sus partes primitivas y la ausencia de torres. Lo primero se debe a Leonor Plantagenet, esposa del rey Alfonso, que quiso este estilo por razones de su origen británico y para lo cual contó con sus consejeros anglo-normandos, que con ella vivieron en Cuenca durante diez años. Lo segundo, es decir, esa impresión de templo sin terminar pero no obstante armónico y equilibrado en sus proporciones, se debe a que la catedral conquense es una iglesia mutilada por sucesivas desgracias a lo largo del tiempo. Iniciada su construcción a finales del XII, se prolongó con mucha lentitud, tanta que su mayor impulso lo consiguió en el siglo XV, cuando se hicieron importantes modificaciones en el ábside. Las capillas son, en su mayoría, de los siglos XV-XVI, y desde entonces no han dejado de sucederse las obras hasta fechas no lejanas, en las que se han realizado restauraciones -las vidrieras, por ejemplo-importantes.

Entre 1190 y 1250 se construyeron una fachada provisional, tres naves, el ábside y el crucero en estilo gótico. Fernando III hizo levantar parte de la fachada principal y dos torres gemelas en estilo gótico-normando, ya desaparecidas. Hubo luego otra modificación en el siglo XIV y otra distinta en el XVI, que se tuvo que derruir por los daños causados con el desplome de la torre de Giraldo en 1902. La actual es una reconstrucción neogótica de principios del siglo XX, quedando hoy solo la parte inferior de la torre del Ángel. En la sacristía mayor y sala capitular se guardan las obras de arte que forman el tesoro catedralicio, aunque muchas de las piezas de este se exponen ahora en el Museo Diocesano.

La sacristía, de 1509, ha sido modificada a través del tiempo pero es de gran suntuosidad. Guarda una Dolorosa de Pedro de Mena, el retablo de la Virgen de la Leche, del Maestro de Cuenca, un Ecce Horno del artista conquense del siglo XVII Cristóbal García y un retablo de La Asunción, de 1555, de Martín Gómez. La sala capitular, construida en el siglo XVI, tiene una magnífica puerta que fue atribuida a Berruguete y un artesonado renacentista con una pintura en el centro, del siglo XVIII, que le da un aire de salón afrancesado. En las paredes, un Apostolado pintado por García Salmerón, La Visitación de Martín Gómez el Viejo, una Inmaculada de Bocanegra, La Resurrección de Cristo de Francesco Solimena y un San Francisco de Asís atribuido a Luis Salvador Carmona. Lo más interesante es sin duda el triforio, que supone una solución original para contrarrestar el empuje de las bóvedas, que lo hace único en el país y es del siglo XII. Una de las obras que más atraen la atención es el arco de Jamete de 1546, que da paso al claustro y que es una magnífica pieza de talla atribuida a Jamet de Orleans, aunque tal vez sean de él solo las figuras de los capiteles, columnas, arco y friso.

En el crucero se hallan el coro y la capilla mayor, ambas estancias cerradas por magníficas rejerías. La del coro es la mejor obra salida del taller del forjador conquense Hernando de Arenas, y la de la capilla mayor se debe a Juan Francés, la figura más destacada de la forja en la transición del gótico al renacimiento. Esta obra es una de las más bellas de toda la rejería española. El altar mayor es un frío proyecto de Ventura Rodríguez, quien en el siglo XVIII se dedicó a modificar con el más puro asepticismo neoclásico cuanto gótico caía en sus manos. En el trasaltar Ventura Rodríguez también proyectó la capilla nueva de San Julián, con un transparente, a semejanza del de Narciso Tomé de la catedral de Toledo, para que pudiera verse la urna con los restos del patrón de Cuenca. La que hoy se ve está vacía, ya que la original fue robada durante la guerra civil de 1936 y los restos del santo quemados.

Hay varias capillas que merecen una visita: la llamada de los Caballeros, de estilo renacentista y que guarda el sepulcro de Teresa Luna, ofrece más interés si cabe que la capilla mayor; la capilla Honda, con magnífico artesonado mudéjar; la de los Apóstoles, renacentista con rejería de Alonso Beltrán, y la del Espíritu Santo, construida en el siglo XV y modificada en el XVI y que cumple funciones de panteón de los Hurtado de Mendoza. El claustro, construido entre 1577 y 1583, es obra renacentista de Andrea Rodi y Andrés de Vandelvira que sufrió posteriores reformas.

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CIUDAD HISTÓRICA FORTIFICADA DE CUENCA

CASAS COLGADAS

Desde la Plaza Mayor podemos recorrer el casco antiguo en varias direcciones, con la seguridad de que nos saldrán al paso palacios o iglesias de verdadero interés. Si bajamos hacia el río Huécar atravesando el arco de la vieja puerta de la muralla, encontraremos el puente de San Pablo sobre el río, desde cuya mitad tenemos una hermosa vista de las famosas Casas Colgadas que forman la estampa más conocida de Cuenca. Tienen su origen en el Medievo aunque han sido muy reformadas en el siglo XX. La casa de la Sirena alberga el Mesón de las Casas Colgadas, y en la casa del Rey, de los siglos XIV al XVI y estilo gótico popular, se encuentra el Museo de Arte Abstracto. Tiene una portada renacentista procedente del palacio de Villarejo de la Peñuela.

Los rascacielos son también construcciones que dan a Cuenca ese carácter mágico de ciudad de leyenda: los hay en la calle Alfonso VIII, saliendo de la Plaza Mayor hacia la puerta de San Juan, y son un conjunto de 30 edificios cuyas fachadas traseras se precipitan hacia la hoz del Huécar constituyendo un gran muro de ocho o diez plantas, mientras que en las entradas por la calle Alfonso

VIII solo presentan cuatro o cinco plantas. Hay otro conjunto de rascacielos, los del Júcar, a lo largo de la bajada de San Miguel, que dan en parte a la calle Pilares y la Plaza Mayor y que presentan gran variedad de elementos arquitectónicos irregulares de gran pintoresquismo: aleros, vigas de madera, galerías corridas, balaustradas, ventanas irregularmente repartidas…

Este tipo de viviendas tiene origen medieval, cuando la ciudad se constreñía en el poco espacio construible sobre la roca.

Al otro lado del puente de San Pablo se encuentra el antiguo convento de San Pablo, construido a partir de 1523 y con su iglesia como elemento más interesante. Las dependencias monacales acogen ahora el Parador de Turismo y la iglesia es la sede principal de los conciertos de la Semana de Música Religiosa.

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CASAS COLGADAS DE CUENCA, LA IMAGEN MAS CONOCIDA DE LA CIUDAD.

MUSEO DE ARTE ABSTRACTO

Se encuentra instalado en las Casas Colgadas. Fue fundado por los pintores Zóbel, Rueda y Torner e inaugurado en 1966. Desde 1980 lo regenta la Fundación Juan March, que ha enriquecido sus fondos con importantes colecciones. Sus salas acogen una importantísima colección de arte abstracto español con obras de Chillida, Chirino, Saura, Zóbel, Tápies, Canogar, Millares, Cuixart, Rivera, Mompó, Palazuelo, Viola, Guinovart, Manrique, etc.

Un valioso complemento del Museo de Arte Abstracto lo proporciona la Fundación Antonio Pérez, instalada en un antiguo convento de carmelitas. Exhibe un valioso conjunto de obra gráfica y pictórica de artistas principalmente españoles del último medio siglo, esculturas y otras interesantes piezas de la valiosa colección de su fundador.

 

MUSEO DE CUENCA

Guarda un magnífico repertorio de piezas arqueológicas, desde la Prehistoria hasta el siglo XVII, y una sección de bellas artes centrada especialmente en artistas conquenses.

 

MUSEO DE LAS CIENCIAS DE CASTILLA-LA MANCHA

Situado en el casco histórico, ocupa antiguas construcciones eclesiásticas y de la vieja judería, a los que se les ha añadido un cuerpo principal de nueva construcción que alberga las salas de exposición. Está dedicado a explicar diversos aspectos de astronomía, geología, ciencias naturales, etc. Cuenta con un planetario.

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PLAZA MAYOR DE CUENCA.

OTROS LUGARES DE INTERÉS

El paseo por las calles de Cuenca permite descubrir otras obras interesantes y numerosos rincones de gran belleza. Desde la Plaza Mayor, delante de la catedral, puede iniciarse un paseo por la calle de San Pedro que nos permitirá admirar la casa del Canónigo, la ermita votiva de la Epifanía, el convento de las Angélicas (de 1561, con portada gótica) la iglesia de San Nicolás de Bari y el convento de Carmelitas Descalzas, entre otros, para acabar ante el edificio de la iglesia de San Pedro, gótica, construida al parecer sobre una mezquita.

Al otro lado de la hoz del Júcar, próxima al puente de San Antón, se encuentra la iglesia de Nuestra Señora de la Luz, de principios del siglo XVI, dedicada a la patrona de Cuenca.

 

ALREDEDORES

 Las hoces del Júcar y el Huécar constituyen en sí mismas un espectáculo impresionante. La carretera que recorre la hoz del Júcar se adentra por una fronda de álamos junto a las aguas y, frente a ella, la ciudad se alza majestuosa con sus casas encaramadas en la altura rocosa (los popularmente conocidos como rascacielos).

La ruta de la hoz del Huécar es más larga. Los primeros tramos están adornados por las casas colgadas. Luego se alcanza el estrecho valle sembrado de huertas, el desfiladero y la hoz a gran altura que permite ver la ciudad en la lejanía.

 

 

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