30.- PAISAJE CULTURAL DE ARANJUEZ.

PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD DESDE 2001

 

Aranjuez fue el primer Paisaje Cultural de España en la lista de Patrimonio Mundial de la Unesco. El área incluye prácticamente la totalidad de los elementos naturales y atributos históricos que configuran la ciudad madrileña, atravesada por los cauces de los ríos Tajo y Jarama. Integra gran parte de los sistemas de riego y estructuras hidráulicas tradicionales, la totalidad de las huertas, los jardines, el trazado de calles sus plazas arboladas, el Palacio Real y el casco urbano siglo XVIII. Aranjuez ejemplifica la compleja relación entre el hombre y la naturaleza a lo largo de los trescientos años que las monarquías españolas dedicaron al diseño y cuidado de este Real Sitio.

Por la extensión de sus jardines, su belleza, variedad de árboles y plantas, fuentes, paseos, avenidas y el río que los circunda y da frescor, la visita de Aranjuez es muy diferente según las distintas estaciones del año. Primavera y otoño son tal vez las más bellas y, si tienen el ánimo bien dispuesto, pueden enlazar las visitas al palacio y demás monumentos por el “camino de San Fernando”, patrón de la ciudad.

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PALACIO REAL DE ARANJUEZ, RESIDENCIA CAMPESTRE DE LOS REYES ESPAÑOLES.

EL PALACIO REAL

El palacio actual presenta el aspecto que dio Santiago Bonavía a su fachada principal cuando Fernando VI le encargó la reconstrucción del viejo palacio, de tiempos de Felipe II, devorado en gran parte por un incendio el 16 de junio de 1727. Fue construido en ladrillo y piedra de Colmenar y, tras numerosas restauraciones, guarda hoy la disposición interior que tenía a finales del siglo XIX.

La escalera principal o de honor es obra de Bonavía y hasta ella llegaba el vagón real del ferrocarril, que dicen tenía de plata los raíles, colocados al pie de la escalera, por regalo del marqués de Salamanca.

De las numerosas estancias y salones, la más espectacular y valiosa es el salón de Porcelana, cuyas piezas fueron realizadas en la fábrica de cerámicas del Buen Re-tiro por encargo de Carlos III. Las piezas de porcelana, con motivos de inspiración oriental, guirnaldas, animales exóticos, instrumentos musicales, juegos infantiles, etc., están atornilladas a un armazón de madera empotrado en las paredes y bóveda, y son desmontables. En esta sala, Carlos III gustaba tener sus reuniones y visitas más íntimas.

El salón del Trono fue escenario de la abdicación de Carlos IV tras el motín de Aranjuez, está decorado con pinturas en el techo con motivos alegóricos a la monarquía, muebles y objetos de estilo rococó, tapices, arañas de cristal y trono tapizado en terciopelo rojo.

Otras estancias destacables son: las habitaciones de la reina María Luisa, decoradas con cuadros de Lucas Jordán; la saleta de cuadros chinos, con 200 pinturas sobre papel de arroz, regalo del emperador de la China a Isabel II; la saleta de la reina, con un piano rococó hecho de raíz de olivo regalado por Eugenia de Montijo a la reina Isabel II, o la curiosa saleta de fumar, que es una reproducción libre de la sala de las Dos Hermanas de la Alhambra de Granada.

 

LOS JARDINES

A espaldas del palacio se abre el jardín de la Isla, con fuentes representando motivos mitológicos y un parterre diseñado por el jardinero francés Esteban Boutelou durante 1746.

El jardín del Príncipe, limitado por el Tajo al norte, mide 150 ha y fue creado por mandato de Carlos IV cuando era príncipe de Asturias en 1780. Es obra también de Boutelou, que desempeñó el cargo de maestro jardinero en Aranjuez durante más de sesenta años. Es de estilo inglés y combina arboledas, plantas ornamentales, fuentes, huertas, cenadores e invernaderos.

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JARDINES Y FUENTES DEL PALACIO REAL DE ARANJUEZ.

En el interior de este jardín del Príncipe se encuentra la Casita del Labrador, un magnífico palacete destinado al recreo de la familia real en los momentos en que dejaban el protocolo de los grandes salones del palacio. Fue construida durante el reinado de Carlos IV, a partir de 1792, por Isidro González Velázquez en estilo neoclásico y es un exuberante museo de artes decorativas y suntuarias distribuidas por saletas y salones en el abigarrado gusto dieciochesco: sedas, porcelanas, relojes, mármoles, estucos, muebles de estilo Imperio y Luis XVI, esculturas, bronces…

De las numerosas estancias destacan el salón de billar, con techo abovedado y pintado por Salvador Maella, en el que suele admirarse un taco de la colección fabricado con más de 10 mil piezas e incrustaciones de oro, plata, platino, maderas preciosas y marfil; la galería de Estatuas, en donde hay una colección de bustos romanos de filósofos clásicos donada por el embajador José Nicolás de Azara, producto de sus excavaciones en Tívoli; el comedor, tapizado en seda tejida con hilos de oro y plata representando paisajes de Aranjuez, El Escorial y lugares de Italia, y el salón de baile, de estilo pompeyano con techo pintado por Bayeu y Maella…

Cuando los reyes descansaban en Aranjuez se trasladaban desde Cartagena 200 marineros para atender las falúas que llevaban a los monarcas desde el palacio a la Casita del Labrador y preparar las piezas artilleras para las salvas de ordenanza. Estos hombres de mar se alojaban en la Casa de Marinos, en una atarazana sobre el río y componían la llamada Escuadra del Tajo. Las falúas reales, restauradas en los años sesenta, se visitan hoy en un museo edificado cerca de la plaza del Castillo de estos jardines del Príncipe.

 

LA CIUDAD ILUSTRADA

La ciudad histórica de Aranjuez fue trazada, al igual que el palacio, por el arquitecto y escenógrafo Santiago Bonavía. Extendida al suroeste del Palacio Real, de este parte un tridente de anchas avenidas que simboliza el poder de la monarquía absoluta sobre el Sitio y que pone en relación el espacio urbano con el territorio circundante. Al abanico radial se superpone una cuadrícula regular de calles que se articulan en un elaborado sistema de plazas, monumentos y jardines. De esta forma se suman los valores simbólicos y estéticos del espíritu barroco europeo con la inspiración ilustrada de racionalidad y progreso científico, con lo que la ciudad se convierte en representación de las contradicciones y los sueños de la España dieciochesca.

Un lento paseo por las calles de Aranjuez supone disfrutar de una singular muestra del urbanismo barroco. Grandes casas, edificios con patios, cúpulas, palacetes, conventos, balcones, grandes plazas y calles espaciosas. La Casa de Oficios y Caballeros y la Casa de los Infantes bordean la plaza de San Antonio, a la que dan sus maravillosos soportales. Fernando VI mandó construir la iglesia de San Antonio, que dispone de una colección muy interesante de pintura barroca. También resulta muy interesante la visita al Teatro Real, la plaza de la Constitución, centro neurálgico de la ciudad, el Mercado de Abastos, de estilo neomudéjar, el Ayuntamiento (1786) o los palacios de Medinaceli, Osuna o el de Godoy.

 

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