3 Anochecer

Al igual que Atum antes que él, Ra era un ser solar autogenerado con poder para crear a todos los seres vivos. Sus historias personales difieren poco del mito heliopolitano original. Emergiendo desde las aguas del caos, Ra se cortó el pene para que sus dos hijos divinos, Hu y Sia, nacieran de su propia sangre. Con ayuda de estos hijos Ra creó el mundo, el cual gobernó hasta que, al hacerse mayor y fatigarse, se retiró a los cielos para navegar en su barco solar por el firmamento.

 

ASPECTOS DE RA

Ra puede adoptar muchas formas, si bien por lo general aparece como un disco solar alado, un carnero, un escarabajo, un halcón o un hombre con cabeza de halcón. El sol que brilla en el cielo puede ser o bien el propio Ra o bien su hija actuando de forma independiente, el Ojo de Ra. La Letanía de Ra, uno de los Libros del inframundo, nos proporciona setenta y cuatro versiones nocturnas diferentes de Ra: si bien éste puede adoptar la forma de un dios o diosa (Hathor, por ejemplo) inmediatamente reconocible, en este caso la mayoría de sus manifestaciones es momiforme, de tal modo que superficialmente Ra se convierte en el vendado Osiris. Escrita más de mil años antes, la recitación 600 de los Textos de las pirámides conserva el mito de que el creador adoptó la forma del pájaro benu para percharse sobre la piedra benben y lanzar un chillido que fue el primer ruido del mundo. Éste nació cuando su grito hizo añicos el silencio eterno.

1-Ra Dios egipcio autogenerado con poder para crear a los seres vivos - copia

Ra Dios Egipcio autogenerado con poder para crear a los seres.

El benu era un brillante pájaro solar con una capacidad para regenerarse similar a la del fénix. Si bien sería un error intentar identificar esta criatura mitológica con un pájaro real, las imágenes de la época han llevado a algunos ornitólogos a sugerir que se parece bien a una lavandera boyera, bien a una garza real europea, cuyo plumaje es azul en la mayoría de las ocasiones y que tiene plumas largas en cabeza y pecho. El benu puede ser identificado tanto con Ra como con Osiris; como Osiris guía a los espíritus de los difuntos por el otro mundo. Heródoto, como otros muchos de sus contemporáneos, creía que el fénix era un pájaro real con plumaje rojo-dorado que visitaba Egipto cada quinientos años. La piedra benben era un objeto de culto muy reverenciado, guardado en un templo especial conocido como la hwt benben (la casa del benben) y sito en el interior de los terrenos del templo de Heliópolis. Posteriormente, otros templos solares adquirieron sus propias piedras benben. Como la palabra benben deriva de la palabra weben, que significa «brillar», la piedra benben ha sido identificada como una representación de la tierra primigenia, con el primer rayo de luz o, quizá, con la semilla del dios sol en forma sólida. No se conserva ninguna imagen de la piedra benben original, pero los egiptólogos asumen que era una roca que tenía la parte superior redondeada de forma natural, quizá incluso un meteorito. En la V dinastía los artistas habían formalizado el aspecto del benben en un obelisco achaparrado, mientras que las imágenes del Reino Medio lo representan como largo y delgado. En la tumba de Panehesy en Amarna (Reino Nuevo) podemos ver el benben amárnico, que adopta la forma de una estela grande con la parte superior redondeada y erguida sobre una plataforma elevada.

2-Piedra benben representación de la tierra primigenia - copia

Piedra Benben, representación de la tierra primigenia.

Semejantes a un benben, las pirámides se alzan sobre las arenas del desierto del norte de Egipto, cercanas al templo solar de Heliópolis. No se requiere demasiada imaginación para verlas como escaleras o rampas que conducen al difunto hacia el sol. De hecho, vistas con los ojos entrecerrados, parecen rayos de sol que llegan a tierra atravesando las nubes y el polvo. Los monarcas del Reino Nuevo abandonaron la muy conspicua forma piramidal en favor de las menos obvias tumbas excavadas en el Valle de los Reyes, pero no por ello abandonaron el culto solar. En lugar de pirámides erigieron obeliscos: altas y afiladas agujas de piedra inscritas con textos reales o religiosos y, a menudo, en parte o por completo recubiertas de pan de oro. El obelisco, un rayo de sol fosilizado, era un benben hecho por el hombre y como tal estaba estrechamente asociado a Ra. Erigir un obelisco de gran tamaño era un magnífico logro técnico, así como una señal inconfundible de una realeza poderosa y de que maat prosperaba en Egipto.

 

LOS VIAJES DE RA

Todas las mañanas, el joven y poderoso Ra realizaba una tranquila singladura por el cielo en su barco Mandjet (el nombre deriva del verbo «engordar»). Las doce horas del día estaban personificadas por doce deidades solares (Maat, Hu, Sia, Asbet, Igaret, Seth, Horus, Khonsu, Isis, Heka, el dios al que se le concede la cuerda de arrastre del barco solar y el dios que protege durante el crepúsculo); pero como siempre hay doce horas en el tiempo que transcurre entre la salida y la puesta del sol, y otras doce horas entre la puesta y la salida del sol, dependiendo de la época del año estas «horas» variaban ligeramente su duración.

Los sacerdotes de Heliópolis, dirigidos por su gran sacerdote: el «gran vidente», observaban y alentaban el avance del barco diurno de Ra. Tras la puesta del sol, con su dios oculto a la vista, realizaban los rituales y recitaciones horarias que permitirían que su barco nocturno completara su ciclo sin fin. La imperativa necesidad de vigilar el viaje del sol llevó al desarrollo del calendario septentrional. Observando la posición del sol cuando se eleva al amanecer, los astrónomos-sacerdotes calcularon que Ra necesitaba 365 días para regresar a su lugar de nacimiento en el horizonte sureste durante el solsticio de invierno. Partiendo de este conocimiento y de la observación del ciclo lunar, desarrollaron un calendario muy complejo, con un año de doce meses de distinta duración, al que ocasionalmente se le añadía un decimotercer mes. Mientras tanto, los sacerdotes del Egipto meridional desarrollaban su propio calendario, basado en sus observaciones de la luna. Cuando Egipto se convirtió en una tierra unificada c. 3100 a. C., los dos calendarios se unieron para formar un único calendario civil. El calendario quedó dividido entonces en tres estaciones (inundación, o akhet, siembra y germinación, o peret, y verano y cosecha, o shemu), cada una formada por cuatro meses de treinta días cada uno. Cinco días extra —los cuales terminaron siendo considerados los cumpleaños de los dioses— se añadieron entre el viejo y el nuevo año para dar un total de 365 días; pero como no había años bisiestos, poco a poco el calendario civil iba quedando desfasado con respecto al calendario agrícola natural, a razón de un día cada cuatro años.

3-Papiro Brooklyn época ptolemaica detalla los rituales egipcios delAño Nuevo - copia

Papiro Booklyn, época ptolemaica.

Los «cinco días encima del año» eran considerados peligrosos y caóticos: eran días de plaga y destrucción, durante los cuales cualquier cosa podía suceder. Por lo tanto, era necesario adoptar precauciones y el Papiro Brooklyn 47.218.50 (de época ptolemaica) detalla los complejos rituales de Año Nuevo que el rey debe realizar durante catorce días para salvaguardarse a sí mismo y al país en estos momentos de máximo peligro. Los días ordinarios del calendario civil podían ser clasificados en fastos o nefastos, siendo considerados los aniversarios de acontecimientos mitológicos «buenos» como especialmente propicios. Al final de la época dinástica cada día tenía un significado, y los calendarios servían de horóscopos, con los días «buenos» señalados con tinta negra y los «malos» con tinta roja. Unas breves instrucciones como: «no quemes incienso hoy», ayudaban a los supersticiosos a evitar la mala suerte. Por desgracia, como sucede con los horóscopos modernos, estos calendarios no siempre coinciden entre sí.

El cielo nocturno también era vigilado de cerca, si bien sólo las estrellas y constelaciones más significativas eran consideradas deidades. Los Textos de las pirámides admiten la posibilidad de que el rey pueda titilar convertido en una de «las imperecederas», las estrellas inmortales que brillan en torno a la estrella polar, que durante el Reino Antiguo era Thuban, en la constelación del Dragón. Era en torno a Thuban donde los reyes difuntos esperaban brillar, de modo que hacia allí están orientadas las entradas de sus pirámides. La brillante Sotis (Soped: Sirio, la estrella del Can) poseía una importancia única, además de su propio culto. Tras haber permanecido invisible durante setenta días, el orto heliacal de Sotis al alba en el horizonte oriental anunciaba el comienzo de la crecida anual y del año agrícola. Sotis había comenzado su vida como una vaca celeste, pero los autores de los Textos de las pirámides la asociaron, a ella y a su esposo Sah (la constelación de Orión), con Isis y Osiris. Por su parte, los planetas visibles eran considerados manifestaciones de Horus, mientras que las estrellas anónimas representaban las almas de los muertos.

La luna —el pálido reflejo del sol— estaba personificada por el bastante anodino dios Iah, una deidad que aparece en los Textos de las pirámides y que posteriormente fue absorbida por la mitología del dios lunar Khonsu. Generalizando, se puede decir que los dioses lunares carecen de la definida mitología de los dioses solares y eran conocidos por sus habilidades como administradores, escribas y contables; un reflejo, quizá, del papel de los templos lunares en el mantenimiento del calendario mensual. De modo que durante el Reino Nuevo, Thot, intelectual lunar con cabeza de babuino o de ibis, era sobre todo el escriba que inventó la escritura. Estaba asociado al conocimiento, los secretos y la magia; como era conocido por ser un dios excepcionalmente justo, actuaba como registrador de los juicios de los muertos. Era incluso un habilidoso sanador.

Mientras que su vida privada apenas se menciona —parece que o bien se creó a sí mismo, o bien era el hijo sin madre de Ra, o incluso el «hijo de dos padres» nacido de Horus y Seth; asimismo estaba casado, o bien con la oscura diosa Nehmettawy, o bien con Seshat, la patrona de las matemáticas, arquitectura y astronomía, que también puede ser su hermana o su hija—, Thot aparece de continuo como un actor secundario en las historias de otros personajes, donde invariablemente actúa como una influencia balsámica y demuestra una gran sabiduría. No obstante, incluso los más pacíficos de los contables pueden ser capaces de actuar con violencia. El Thot original, el que aparece en los Textos de las pirámides, es un ser mucho más agresivo, que lleva un cuchillo en la mano y es propenso a decapitar a los enemigos del difunto.

4-Thuban, en la constelación del Dragón - copia

Thuban, en la constelación del Dragón.

También Khonsu disfruta de una colorida primera vida como la enfadada deidad que ayuda al rey difunto a atrapar, estrangular y comerse a los dioses menores, cuya carne incrementará sus poderes. Si bien en el mundo real el canibalismo puede considerarse un clásico ejemplo de caos carente de maat, en el caso del rey difunto se trata sencillamente de un medio de demostrar su poder. En la siguiente sección del libro volveremos a encontrarnos con otros ejemplos de dioses mutilando, y quizá, comiéndose unos a otros. Shu, que a pesar de sus evidentes conexiones solares también puede ser clasificado como un dios lunar, se ajusta a la tradición de los Textos de las pirámides al actuar como verdugo en el más allá.

En el Reino Nuevo el sanguinario Khonsu se había transformado en el inocuo hijo de Amón y Mut (en Tebas) y en el igualmente inocente hijo de Sobek y Hathor (en Kom Ombo). Al igual que Thot, Khonsu es juez, contable y archivero; sus Libros del final del año contienen un listado de todas aquellas personas destinadas a morir durante ese ario. Thot, y en menor medida Khonsu, puede aparecer representado como un babuino Cynocephalus con una luna creciente como tocado. No obstante, este tipo de babuinos está asociado sobre todo a los cultos solares, por lo cual aparece representado a menudo con las patas alzadas mientras da la bienvenida al sol naciente. Khonsu puede aparecer como un hombre con cabeza de halcón; pero su forma más habitual es la de un niño con la trenza lateral de la infancia y una barba un tanto incongruente. Aparece vendado o vestido con una capa ajustada, pero con los brazos libres, de tal modo que puede agarrar el cayado, el flagelo y el cetro was. Al cuello lleva un pesado collar con pectoral en forma de luna creciente.

Durante la Baja Época, los sacerdotes del tebano Khonsu el Proveedor reescribieron la mitología de su dios para añadirle una relación con el hacía tiempo fallecido, pero todavía carismático, Ramsés II. 1 Una estela grabada y erigida en su templo nos cuenta como, 800 años antes, Ramsés II 1 envió una estatua sanadora de Khonsu para curar a su cuñada Bentresh, la hija más joven del rey de «Bakhtan», que estaba poseída por un espíritu maligno. Tras un viaje de diecisiete meses, la estatua llegó a Bakhtan y curó a Bentresh al expulsar al espíritu maligno; una serie de ofrendas aseguró que el espíritu no regresara. Desgraciadamente, impresionado como estaba por el éxito del dios, el rey de Bakhtan decidió quedarse con la estatua y sólo años después, cuando el dios se le apareció en un sueño y le pidió regresar a casa, Khonsu retornó triunfante a Tebas.

En la época ptolemaica Khonsu ya contaba con su propio mito de la creación. La cosmogonía de Khonsu de Karnak mezcla las de Amón y Khonsu de Tebas con los mitos de Hermópolis y Menfis: 2

La tierra comenzó a existir, el cielo escupió un huevo, como el huevo de un halcón… Amón, en su nombre de Ptah, creó el huevo que salió del Nun eyaculó y lo hizo en este lugar en el lago … Fertilizó el huevo y los ocho cobraron existencia … Languideció allí en el Nun, en la Gran Inundación … Viajó hasta Tebas en su forma de Khonsu. Se aclaró la garganta del agua de la inundación. Así comenzó a existir su nombre de Khonsu el Grande en Tebas, el augusto estando en la semilla.

La historia continúa con Khonsu tendido sobre Hathor y «abriéndola» para crear la Ogdóada: cuatro dioses varones y una esposa para cada uno de ellos.

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Dios Egipcio Khonsu, dios lunar.

Ra había disfrutado de un glorioso momento de autocreación. Sin embargo, de forma un tanto perversa estaba condenado a experimentar su nacimiento una y otra vez. Cada tarde el anciano y frágil Ra pasaba a su barco nocturno, Mesketet (ominosamente derivado de la palabra «perecer»), antes de atravesar el otro mundo. Cuando su barco era tragado por Nut en el oeste, el dios entraba en la Duat, el mundo oculto del sol nocturno; abandonaba la Duat cada mañana, cuando renacía de Nut en el este. Por lo tanto, como la luz precede a la salida del sol y continúa más allá de la puesta del mismo, podemos situar la entrada de la Duat justo más allá del horizonte occidental y su salida justo más allá del horizonte oriental. Pero la Duat también puede encontrarse bajo tierra, donde queda asociada a Geb y al dios de la tierra primigenia, Aker. Si bien el total del mundo subterráneo puede describirse como la Duat, la segunda parte también puede serlo como el Akhet, o «lugar de volverse efectivo», pues es aquí donde Ra, tras haberse unido a Osiris, se prepara para nacer.

Puede que en su barco diurno viaje en solitario, pero durante la noche Ra nunca navega sin compañía. Las representaciones de la embarcación nocturna varían, pero su leal tripulación incluye a sus hijos Hu y Sia, a las deidades Shu, Tefnut, Geb, Isis, Horus, Maat, Thot y Hathor, a la entidad divina Heka y a seres con atributos particulares como el «guía del barco». Otros navíos, repletos de ayudantes divinos, pueden navegar a su lado. No se trata de meros pasajeros; eran la tripulación y sus habilidades, más que el propio Ra, quienes luchaban contra los muchos enemigos que amenazaban con apagar su luz.

Podemos seguir el viaje nocturno de Ra estudiando los muros de las tumbas reales del Valle de los Reyes. Los diferentes Libros del más allá nos proporcionan mapas y descripciones de las aventuras nocturnas de Ra. Como cabe esperar de composiciones escritas a lo largo de un período de tiempo de varios siglos, los libros difieren ligeramente en contenido y detalle; los textos más antiguos, el del Amduat y el Libro de las puertas (XVIII dinastía), por ejemplo, dividen el viaje en doce secciones horarias, cada una de las cuales muestra a Ra con cabeza de carnero en su barco solar, mientras que los libros posteriores representan a Ra como un disco solar. Esta evolución natural se ve complicada porque hay zonas del texto donde los artesanos, incapaces de comprender sus notas (y en algunos casos, quizá, de leer con fluidez) o bien introducen en su relato el comentario «fuente defectuosa», o simplemente utilizan palabras sin sentido para rellenar los huecos. A pesar de todo, leídos en conjunto, los textos funerarios nos permiten reconstruir con cierta seguridad, hora a hora, el peligroso viaje de Ra. El relato del mismo que ofrecemos se basa principalmente en la información proporcionada por el libro del Amduat, donde cada bien definida hora del viaje se refiere a una región concreta del más allá y está personificada por un nombre femenino.

6-Viaje nocturno de Ra - copia

Viaje nocturno de Ra.

Hora 1 «Golpeador de las cabezas de los enemigos de Ra»: A la puesta del sol, el barco solar es bienvenido en el otro mundo por los babuinos cantores del horizonte y doce diosas serpiente que alumbrarán el oscuro camino que tiene delante. Maat está presente como recordatorio de que, incluso en el más allá, la justicia debe prevalecer. Ra, ahora un anciano rey con cabeza de carnero conocido como «Carne», distribuye tierras entre su tripulación, de tal modo que puedan alimentarse gracias a las cosechas. Un segundo barco solar mantiene la esperanza del renacimiento albergando a Ra con forma de escarabajo pelotero.

Hora 2 «El sabio protector de su Señor»: El barco solar, acompañado por al menos otros cuatro barcos que transportan símbolos sagrados, pasa cierto tiempo en la acuosa región de Wernes. Ra vuelve realizar aquí una tarea administrativa, distribuyendo campos entre los muertos benditos que allí residen.

Hora 3 «Aquella que rebana almas»: El barco solar está atracado en el campo de los habitantes de las orillas y Ra revive al muerto Osiris.

Hora 4 «La grande en sus poderes»: Tras abandonar las regiones acuosas, el barco solar comienza a seguir un complicado camino diagonal. Es el corredor utilizado por el difunto, conduce hacia la heredad de Rosetau en el desierto, hacia la «Caverna de Sokar quien está en su arena» y hacia la tumba de Osiris, quien ha sido ocultado en el más allá por Anubis. El pasaje está guardado por unas antinaturales serpientes, dotadas de alas, patas y cabezas humanas. Incapaz de navegar a vela, el barco solar tiene que ser arrastrado por cuatro hombres al tiempo que adquiere la forma de una serpiente que respira fuego y cuyo aliento alumbra el camino en la oscuridad.

Hora 5 «Aquella que está en su barco»: Mientras el barco solar es arrastrado por la arenosa «Colina de Sokar», la cuerda de arrastre está en manos de siete hombres, siete mujeres y el escarabajo solar, que se estira hacia abajo desde el cielo. El dios creador Sokar con cabeza de halcón aparece sobre la espalda del antiguo dios de la tierra, Aker, cuyas dos cabezas similares a esfinges miran en direcciones contrarias, hacia cada extremo de su liso cuerpo.

Hora 6 (Medianoche) «Líder competente»: En medio de la noche, el barco solar pasa algún tiempo en las «acuosas profundidades», el hogar de los difuntos reyes de Egipto y todos los muertos benditos. Ra se reúne con su propio cadáver, que tiene forma de escarabajo más que de momia, y Thot se sienta en la proa del barco solar.

Hora 7 «Aquella que repele las fuerzas del caos y decapita al Cara de salvaje»: La malvada serpiente Apofis llama al barco solar en un intento de detener su avance. Isis, Seth y Serket la derrotan y la cortan en pedazos. Ahora Ra descansa en la caverna de Osiris, mientras los enemigos de éste son atados y decapitados por un ser con cabeza de gato armado con un cuchillo. Doce dioses y doce diosas estrella sugieren el paso del tiempo.

Hora 8 «El cofre de sus deidades»: Una banda de bastones con cabeza humana, cada uno armado con un cuchillo, continúa la matanza de los enemigos del barco solar. Ra se encuentra con los «habitantes de la caverna», los más antiguos y secretos dioses de Egipto. Éstos están sentados sobre el símbolo jeroglífico que significa «tela» y gritan de alegría mientras Ra atraviesa sus criptas.

Hora 9 «La sabia protectora de su Señor»: Ra se encuentra con las doce cobras escupe fuego que protegen a Osiris y que se alimentan de la sangre de enemigos.

7-Ra y las 12 cobras que protegen a Osiris - copia

Ra y las 12 cobras que protegen a Osiris.

Hora 10 «La furiosa, que cuece vivo al rebelde»: Un último juicio, donde los condenados son castigados por ocho aspectos de la diosa leona Sekhmet y sus cuerpos son destrozados por Horus. Mientras tanto, los cuerpos de los ahogados, que han sido reclamados por los dioses, flotan pacíficamente en el agua. Se les garantizará la vida tras la muerte aunque no hayan recibido un funeral adecuado. El Ojo solar, u Ojo de Horus, es curado por Thot y Sekhmet.

Hora 11 «La instructora, señora del barco sagrado, que cuando aparece los rebeldes son castigados»: El castigo de los condenados continúa. Isis y Neftis adoptan forma de serpientes y se preparan para el amanecer llevando las coronas de las dos tierras a las diosas Neit y Sais.

Hora 12 «Aquella que ve la belleza de Ro»: La tripulación divina, formada ahora por doce varones y trece mujeres, arrastra el barco solar y al fatigado Ra por el cuerpo de la enroscada serpiente Mehen, «vida de los dioses». Pasan por una región liminar, que no es parte ni del más allá ni del mundo ordenado. Al emerger, Ra resucita como el joven Khepri. Sube a su barco diurno para navegar por el horizonte oriental y Shu sella la entrada al otro mundo.

8-Barco solar del faraón Keops - copia

Barco solar del faraón Keops.

EL SOL Y LAS SERPIENTES

Ra encuentra a su mayor enemigo, y a uno de sus más leales defensores, entre las serpientes del otro mundo. La plétora de deidades serpiente y la profusión de seres serpiente y parecidos a ellas que se retuercen y deslizan por los caminos de la Duat —algunos con cabezas y miembros humanos, otros con cuerpos humanos y cabezas de serpiente y otros más con múltiples cabezas o con una cabeza en cada extremo del cuerpo— reflejan la relación amor-odio que mantuvieron los egipcios con las serpientes con las que compartían su tierra. El largo y delgado Egipto contiene diversos hábitats y climas, que van desde los cálidos y secos desiertos hasta las dunas de arena y las montañas, pasando por los oasis, las marismas y las frescas costas mediterráneas; una diversidad que se ve reflejada en la variedad de serpientes representadas, con gran precisión, en su arte bidimensional.

Las serpientes son un arma de doble filo. Una serpiente que viva en ellos puede proteger los graneros (los cuales, al no existir el dinero, eran sin duda como las cajas fuertes de los bancos) contra las ratas y ratones, que no sólo se comen el grano, sino que también pueden transmitir enfermedades. Una serpiente relativamente inofensiva puede incluso mantener alejadas a otras más peligrosas. No obstante, nadie quería compartir su casa con una serpiente, de modo que mientras los Textos de las pirámides incluyen recitaciones especialmente pensadas para mantener a raya a los ofidios, el Papiro Ebers sugiere, con bastante sentido, que quienes tengan la casa infestada de serpientes pueden intentar taponar la entrada a su madriguera con una cebolla. Quizá la mordedura de una serpiente no fuera algo habitual, pero siempre se trataba de una herida seria. Se ha calculado que una de cada diez mordeduras de las relativamente dóciles cobras egipcias sería fatal; en cambio la víbora, o áspid, inyecta un veneno mucho más doloroso y dañino. El autor del texto médico especializado que hoy día conocemos como el Papiro ofiológico Brooklyn menciona treinta y ocho tipos diferentes de serpientes, cuyo aspecto describe, para después dar instrucciones para tratar su mordedura. 3

9-Papiro Ebers - copia

Papiro Ebers.

La ofidiofobia —el miedo a las serpientes— es una de las fobias más comunes del mundo moderno, donde incluso aquellos que no tienen ninguna posibilidad de ver serpientes vivas en su hábitat natural pueden tenerles aprensión y resultarles desagradables. Como los bebés y los niños pequeños no suelen compartir este miedo, parece que puede tratarse, en parte al menos, de una reacción aprendida. Ciertamente, los egipcios parecen haber sentido por ellas más respeto que repulsión. Tanto el cuerpo sin segmentos ni extremidades de las serpientes como su costumbre de vivir bajo tierra sugerían relaciones con el otro mundo; mientras que su capacidad para cambiar de piel, y en apariencia regenerarse tras la muerte, las ponía en relación con los creadores solares: tanto Atum como Amón pueden ser representados como serpientes terrestres o acuáticas.

Las serpientes eran consideradas como seres muy antiguos. El mito hermopolitano de la creación confirma que al principio mismo del mundo ya hubo cuatro serpientes hembra, mientras que la recitación 312 de los Textos de los ataúdes habla de «las serpientes que el Dios Único [la divinidad creadora] hizo antes de que Isis llegara a ser»; estas primeras serpientes ayudaron a la creación antes de desaparecer. Si bien los Textos de las pirámides proporcionan vagas referencias a las serpientes que obstaculizarán el progreso del rey difunto mientras viaja hacia su destino, es en la tumba del gobernador provincial Ankhtifi en Moalla (Primer Período Intermedio) donde encontramos la primera mención del «banco de arena de Apofis», que amenaza con obstruir el corredor de la Duat. En este caso, el peligro radica en que el barco solar embarranque en los pliegues de la serpiente gigante, del mismo modo como un barco real puede quedar atrapado en un banco de arena en el Nilo. A partir de entonces la horrible serpiente aparece de forma regular en la literatura funeraria, donde con sus pliegues, sus poderes hipnóticos y su impresionante capacidad para beber y secar las aguas de la Duat, es un peligro tanto para el barco solar como para el difunto. La recitación 414 de los Textos de los ataúdes ofrece alguna protección contra ella con sus instrucciones para «alejar a Apofis del barco de Ra»: 4

Me he caído y me he alejado arrastrándome, porque soy el del cetrowas, el Gran Poder en el cuello de Geb. Oh, vosotros, séquito de Ra, de la mano derecha y la mano izquierda (una referencia a las dos tripulaciones que se encargaban de manejar los más grandes barcos del Nilo), consideradme como alguien completamente único, porque Ra me ha hablado, he alejado al rebelde, he hecho que Apofis quede impotente…

10-La serpiente egipcia Apofis

La serpiente Egipcia Apofis.

Apofis es una serpiente inmensa y agresiva de orígenes oscuros. Puede ser un vástago de Mehet-Weret, o una serpiente que crece dentro de las aguas del Nun gracias a la saliva de la diosa Neit, o simplemente un ser antiguo y eterno que comienza a existir en las aguas primigenias mucho antes de la creación. Su nombre, el «gran balbuceador», sugiere que es capaz de causar mucho ruido, pero no necesariamente de generar un habla racional; los textos funerarios sugieren que vive en el agua. Es una serpiente malvada (en contadas ocasiones puede tratarse de un cocodrilo o una tortuga) sin características redentoras, que representa a las fuerzas del caos y al no ser, enemiga declarada de Ra desde la creación del mundo. Cuando aparece representada en los textos funerarios, a menudo se la muestra sujeta o siendo cortada en pedazos, de tal modo que el difunto quede protegido de ella. Cada noche Apofis ataca el barco solar cuando éste navega por el oscuro y peligroso más allá; cada noche es derrotada y destruida; cada día se regenera, de tal modo que puede atacar una vez y otra, y otra. Los Textos de los ataúdes confirman que el malvado ojo de Apofis es capaz de hipnotizar a todos los que viajan en el barco solar; afortunadamente, Seth es capaz de resistirse y de «someterlo con la mano». El capítulo 108 del Libro de los muertos nos cuenta que esta impresionante serpiente, de treinta codos de largo, con dientes brillantes y patas anteriores de pedernal, se traga siete codos de las grandes aguas para así detener el progreso del barco solar. Por suerte, Seth vuelve a estar a mano para amenazarla con una lanza de hierro y hacerle regurgitar las aguas.

Apofis puede ser capturada y matada de muchas y variadas formas. Puede ser masacrada por el valiente Seth, por las diosas protectoras Isis, Neftis y Serket, por el leal Ojo de Ra o por el propio Amón-Ra tras adoptar la forma de una mangosta. Puede ser alanceada por el difunto o cortada en pedazos por el Gran gato de Ra, una versión felina del dios sol, que lleva un cuchillo y se sabe mató a Apofis bajo el árbol ished de Heliópolis, antes de sajar el árbol en dos para así crear los árboles gemelos del horizonte. Puede ser capturada con una red mágica arrojada por monos u obligada a ingerir a sus víctimas, cuyas doce cabezas aparecerán por entre sus pliegues para consumir su cuerpo.

11-Faraón Tutmosis III

Faraón Tutmosis III

De regreso al Egipto de los vivos, Apofis fue identificada con todos los enemigos de Egipto. Aunque se encontraran a muchos kilómetros de distancia, estos enemigos podían ser detenidos mediante la magia remota. Por ejemplo, los reyes podían utilizar el ritual de «golpear la bola», aparecido durante el reinado de Tutmosis III (XVIII dinastía) y que requería que el soberano, literalmente, golpeara una bola con un bastón, destruyendo así simbólicamente el maligno ojo de Apofis. Un ritual diferente, «derrocar a Apofis», era realizado en el templo de Mut en Karnak e implicaba la destrucción de imágenes de cera de los enemigos en un brasero. Como leona o gata, y una leal hija de Ra, Mut estaba bien equipada para encargarse de la alborotadora serpiente, mientras que el fuego, con sus evidentes conexiones solares, era un medio seguro de destrucción. El ritual se detalla en el Papiro Bremner-Rhind, una colección de cuatro escritos rituales conocidos hoy día como Canciones de Isis y Neftis, el Ritual de convocar a Sokar, el Libro de derrotar a Apofis y los Nombres de Apofis, que no debe ser. La larga sección dedicada a la destrucción de Apofis y los enemigos de Ra y el rey detalla los rituales que han de ser «realizados diariamente en el templo de Amón-Ra, señor de los tronos de las Dos Tierras, que habita en Karnak». Entre ellos se cuentan escupir sobre Apofis, pisotearla con el pie izquierdo, golpearla con una lanza, atarla, cortarla con un cuchillo y quemarla mientras se recitan poderosos encantamientos: 5

Recitación mágica para ser pronunciada cuando se pone a Apofis sobre el fuego. Recitar: ¡Que seas escupida absolutamente, oh Apofis, alejadla, enemiga de Ra; cae, aléjate arrastrándote, lleváosla de aquí! Te he hecho regresar, te he cortado, y Ra ha triunfado sobre ti, oh Apofis —CUATRO VECES. Que seas escupida, oh Apofis — CUATRO VECES. Retrocede, rebelde; ¡que seas aniquilada! Realmente te he quemado, realmente te he destruido, te he condenado a todas las enfermedades, ojalá que puedas ser aniquilada, que puedas ser escupida por completo, que puedas ser por completo inexistente…

Tanto Ra como el difunto Osiris pueden ser protegidos contra el mal gracias a los gruesos y pesados anillos de Mehen, otra inmensa serpiente del más allá; pero esta vez, benigna y poseedora de un grande y misterioso conocimiento. Mehen es lo contrario de Apofis: con ayuda del difunto vigila a los enemigos de Ra. Las primeras e inequívocas referencias escritas a Mehen las encontramos en los Textos de los ataúdes. En las recitaciones 758-760 aparece como La Enroscada, cuyo barco navega por nueve caminos concéntricos, cuatro de los cuales son de fuego, por toda la eternidad. Las ilustraciones muestran a Mehen con una corona de serpientes. En el Reino Nuevo Mehen se había unido a la tripulación del barco nocturno de Ra para guiarlo en su paso por el más allá. Ahora su pesado cuerpo enroscado es utilizado tanto para proteger a Ra como para atrapar a los enemigos de éste.

En la recitación 332 de los Textos de las pirámides, titulada «Soy el que ha escapado de la serpiente enroscada», encontramos una mención muy anterior que bien puede ser una referencia a la serpiente Mehen (la cual puede ser identificada aquí con la malvada Apofis) o al juego de mesa del mismo nombre. Mehen, el juego de la serpiente, fue popular durante todo el Período Predinástico y el Reino Antiguo; pero desapareció a finales del Primer Período Intermedio, cuando el dios Mehen comenzó a tener un papel más relevante en los Textos de los ataúdes. 6 No está claro si se trata de una coincidencia o no: ¿el juego fue prohibido por motivos religiosos o sencillamente pasó de moda? Los juegos de mesa eran considerados un medio efectivo de relacionar al difunto con mundos alternativos, de modo que no resulta sorprendente encontrar el mehen representado en las paredes de las tumbas. Jugado en un tablero circular con forma de larga serpiente enroscada, de tal modo que parece un poderoso muelle con casillas en forma de escamas grabadas en su lomo, el objeto del juego era llevar una o varias fichas por toda la serpiente, yendo hacia dentro, desde la cola hasta la cabeza. Los movimientos venían determinados o bien lanzando bastones de juego, o bien adivinando el número de canicas que el contrario tenía guardadas en la mano.

12-Mehen la enroscada serpiente cuyo barco navega por los 9 caminos concéntricos

Mehen la enroscada serpiente cuyo barco navega por los 9 caminos concéntricos.

Mientras Mehen era una serpiente enroscada, Uróboros —una personificación del tiempo que también puede ser considerada un aspecto de aquélla— era una larga y estirada serpiente que se tragaba su propia cola (o las horas) para formar un aro o círculo y simbolizaba así la eternidad y el estado de no existencia que siempre rodea al mundo. Si bien el concepto de Uróboros es conocido desde el Reino Antiguo (la recitación 393 de los Textos de las pirámides describe a este curioso ser: «tu cola sea en tu boca, oh serpiente»), su primera imagen inequívoca se encuentra en la segunda capilla dorada de Tutankhamón, donde, llamada Mehen, aparece como una serpiente que rodea la cabeza y los pies del rey momificado. El Libro de las puertas enfatiza esta relación entre las serpientes y el tiempo mostrando a las doce diosas horarias de la noche de pie en torno a un agujero que contiene una larga y retorcida serpiente, que representa el tiempo infinito.

 

EL NÁUFRAGO

Sólo se ha conservado un mito extenso protagonizado por una serpiente. La historia del Reino Medio titulada El náufrago se conserva en un único papiro de procedencia desconocida.’ El papiro no presenta daños, pero el modo en que el escriba, Amónaa, hijo de Ameny, se zambulle directo en la historia ha llevado a algunos a considerar que puede haber omitido el comienzo de la narración. Incluso para los estándares egipcios se trata de un mito fantástico y complejo, narrado principalmente en primera persona, con una historia (contada por la anónima serpiente) dentro de una historia (contada por el anónimo marinero), dentro de otra historia (contada por el escriba Amónaa). Según vamos avanzando por los meandros del relato nos vamos adentrando en mundos cada vez más irreales. Del mito se han propuesto interpretaciones que van desde considerarlo un sencillo cuento de hadas, hasta una narración convertida en ficción del viaje diario del sol por el cielo, pasando por un manual codificado para llevar una vida ideal e incluso una alegoría del solitario viaje de la humanidad por el cosmos para presentarse ante un anónimo dios creador. La isla que se hunde bajo las aguas en cuanto el náufrago parte es justo lo contrario de la colina de la creación que emerge de las aguas del Nun.

La localización de esta isla ficticia y sin nombre que desaparece es, evidentemente, difícil de hallar, si bien el título de la serpiente es una pista, «Señor del Punt». El Punt era un punto de comercio real, lejano y hoy perdido situado en algún lugar de la costa de Eritrea/Etiopía. Viajar al Punt significaba, primero, llevar un barco desmontado por tierra desde Tebas hasta la costa del mar Rojo, seguido después por un largo y peligroso viaje por aguas desconocidas. Por muy buenos marineros fluviales que fueran, los egipcios nunca estuvieron del todo seguros en el mar, de modo que una expedición al Punt llevada a cabo con éxito no tardó en convertirse en señal de un reinado inspirado por la divinidad. La estrella caída que quema el poblado de la serpiente gigante resulta igual de difícil de explicar; pero, si el mito tiene alguna base real, quizá sea una referencia a la caída de un meteorito. La serpiente, la única superviviente de la tragedia, promete al náufrago, otro superviviente único, que no tardará en encontrar el camino a casa y que en un futuro terminará siendo enterrado con los rituales adecuados en su cementerio local. Se trata de una promesa muy reconfortante, pues todos los egipcios tenían la esperanza de ser enterrados en su terruño, donde sabían que lo serían de acuerdo a los ritos funerarios que les asegurarían la vida eterna.

13-El Náufrago del Antiguo Egipto

El Náufrago del Antiguo Egipto.

[El gran barco había llegado al fin a puerto. Las velas estaban recogidas, la pasarela había sido colocada y los marineros se apresuraban a descender a tierra firme con la mejor de las disposiciones, contentos de poder gastar sus pagas. Su largo viaje les había dado sed de cerveza, hambre de pan fresco, de carne y, por supuesto, de mujeres. Pero no todos estaban contentos, y no todos se apresuraban a descender a tierra. Acurrucado en su cabina, el gran funcionario estaba silencioso, sin moverse de su taburete. Había fracasado en su misión, y ahora estaba muy asustado. ¿Cómo iba a reaccionar el rey ante su fracaso? ¿Cuál sería su destino?]

Un intendente real se aproximó al alto funcionario, hablando con él con la familiaridad de un sirviente que goza del favor de su señor:

—Alégrate, mi señor. Hemos retornado a casa sanos y salvos, y nuestro barco está seguro en su amarre. Deberías estar dando gracias a los dioses por nuestra buena suerte. Hemos sobrevivido a un largo y difícil viaje y hemos recorrido todo el camino desde Nubia sin perder ninguna vida de la tripulación. Y eso es algo muy bueno, en verdad. »Ahora escúchame. Debes controlarte y salir de la depresión. Date un baño y aféitate, ponte ropa limpia y arréglate. Prepárate para ver al rey y estate listo para cuando te pregunten. Serás capaz de explicarle exactamente lo que sucedió, y tu discurso te salvará.

El alto funcionario, preocupado por su destrozada carrera, no se movió. Y el asistente, irritado por su silencio, perdió toda la paciencia con él:

—Haz lo que quieras entonces, es tu elección. Ríndete y no hagas nada para salvarte. Es una pérdida de tiempo hablar contigo, pero recuerdo que el desastre puede convertirse en un inesperado triunfo. Algo similar me ocurrió a mí una vez. Escucha mientras te cuento mi historia. Hace mucho tiempo, también yo fui a la tierra de las minas al servicio de mi rey. Navegué por el gran mar verde en un barco inmenso, de ciento veinte codos de eslora y cuarenta codos de manga, con una tripulación de ciento veinte de los más experimentados marineros de Egipto. Eran un grupo excelente, con el corazón de un león, los más valientes y mejores de toda la tierra. Podían predecir una tormenta antes de que estallara, y ver un torrente de lluvia antes de que se produjera.

»Durante muchos días nuestro viaje fue bien y llevamos una buena marcha, con un fuerte viento tras nosotros. Entonces, sin previo aviso, estalló una violenta tormenta mientras estábamos en medio del gran mar verde, muy lejos de tierra. El cielo se oscureció y enfureció, y el mar lanzó inmensas olas salpicadas de espuma, la siguiente más grande que la anterior. Nuestro barco era zarandeado de forma peligrosa, y no había nada que pudiéramos hacer. Nos aferramos a los cabos con miedo hasta que una ola gigantesca —debía tener al menos ocho codos de altura— aterrizó contra nosotros, partiendo el mástil y haciéndolo caer con un rugido sobre el puente. Ése fue el final. El barco se hundió, y el resto de la tripulación se ahogó. Fui el único superviviente.

14-Higos egipcios

Higos Egipcios.

»Las olas me empujaron hasta una costa de arena y me arrastré por la playa para guarecerme junto a un grupo de árboles. Y allí permanecí semiinconsciente durante tres días y tres noches. El cuarto día, poco a poco recuperé mi fuerza y mis sentidos, me tambaleé para ponerme en pie y busqué algo que comer, pues estaba muerto de hambre. Descubrí que estaba en una isla repleta de los más tentadores alimentos. Encontré higos y uvas, todo tipo de delicados vegetales, incluidos pepinos tan sabrosos como los que se recogen en los mejores jardines. Había gruesos peces nadando en el mar, y gordas aves perchadas en los árboles. No había nada que deseara comer que no encontrara. Comí y comí hasta que estuve lleno y no pude comer más. Entonces me hice con los instrumentos adecuados, encendí un fuego e hice un holocausto para los dioses que me habían salvado.

»Entonces lo escuché. Un bajo retumbar como de trueno. La tierra tembló, los árboles se rajaron, y yo caí al suelo, mantuve los ojos cerrados con fuerza y escondí mi rostro por miedo. Creí que otra ola enorme me iba a arrastrar al mar, y me aferré al suelo aterrado. Cuando pude reunir valor suficiente para abrir los ojos me encontré con que me estaba enfrentando a algo mucho peor que una mera ola. Una gigantesca serpiente dorada se estaba arrastrando hacia mí, con la cabeza erguida, como si estuviera dispuesta a atacar. No era una serpiente normal. Tenía al menos treinta codos de largo. Sus cejas estaban hechas de precioso lapislázuli y su barba era larga —al menos dos codos— e impresionante.

»La serpiente me vio acurrucado en el suelo, y siseó:

»— ¿Quién te ha traído aquí, marinero? Si no me respondes de inmediato te destruiré por completo.

»Temblando de miedo intenté responderle con sentido, pero sólo pude tartamudear. La serpiente escuchó en silencio, luego bajó su magnífica cabeza y me cogió con la boca. Me llevó a su guarida y me depositó con cuidado en el suelo. Entonces me habló de nuevo, esta vez con gran amabilidad:

»— ¿Quién te ha traído aquí, marinero, a mi isla en el mar verde?

»Y le respondí con un chorro de palabras, hablándole de la misión del rey, del magnífico barco, de la terrible tormenta, de la enorme ola y de la muerte de mis compañeros… los mejores de los hombres de Egipto.

»Me volvió a hablar, siseando con suavidad:

»—No tengas miedo, marinero. No tiembles de miedo, porque ahora has llegado a mí. Los dioses han decidido que debes vivir, y te han traído a esta buena isla. Es una isla que no carece de nada de lo que un hombre pueda desear. Es una isla llena de cosas buenas. Deberás vivir aquí durante cuatro meses. Entonces un barco vendrá de Egipto, tripulado por tus amigos. Irás a casa con ellos y, al final, tras una larga vida, morirás en tu ciudad natal.

»Entonces la serpiente se puso pensativa y triste.

»—Cuán feliz es el hombre que es capaz de contar sus aventuras mucho después de que su sufrimiento haya terminado. Tengo una historia parecida de un desastre para contar, pero la mía no puede tener un final feliz. Hace muchos años yo vivía sobre esta bendita isla con mi esposa y mis hermanos y sus esposas e hijos. Todos juntos éramos setenta y cinco serpientes gigantes, además de mi muy amada hija pequeña, que los dioses me habían concedido tras muchos años de anhelos y oraciones. Éramos una familia feliz, y la vida era buena. Pero un día, mientras estaba de caza lejos buscando comida, una estrella llameante cayó del cielo. Quemó el pueblo y, cuando regresé a mi hogar, todos estaban muertos. Yo mismo quise morirme cuando vi el montón de cuerpos carbonizados, pero estaba destinado a seguir vivo, y solo. Y déjame que te diga esto. Si eres valiente, y fuerte de corazón, verás tu casa y abrazarás a tus hijos y besarás a tu mujer de nuevo.

15-Perfumes en el Antiguo Egipto

Perfumes en el Antiguo Egipto.

»Temblando en el suelo ante la magnífica serpiente sentí que me recorría una oleada de gratitud. No iba a ser comido…, vería a mi familia de nuevo. Impulsivamente, hablé sin pensar:

»—Le hablaré al rey de Egipto de tu amabilidad conmigo. Te enviaré preciosos aceites, y fragantes perfumes, y barcos llenos de tesoros. Todo el mundo sabrá de tu bondad. Sacrificaré ocas y bueyes para ofrecerlos en holocausto para ti. Pues así es como tratamos a los dioses que acogen a egipcios perdidos lejos de casa.

»Al escucharlo, la serpiente siseó y escupió riendo, pues mis palabras debieron parecerle tontas a alguien tan grande.

»—No seas tonto. Sé que eres un marinero pobre que no podrá permitirse nunca unos regalos tan espléndidos. Además, soy el señor del Punt, y poseo todos los aceites y perfumes preciosos que necesito justo aquí, en mi isla. Sólo asegúrate de que mis andanzas son conocidas en tu tierra…, eso será bastante recompensa para mí. Escucha ahora lo que te digo. Esta isla desaparecerá cuando tú la abandones, y se convertirá en agua y olas y se disolverá en el gran mar. Una vez que te hayas alejado de mí nunca podrás volver.

»Y todo sucedió exactamente como había predicho la serpiente gigante. El barco llegó, tripulado por gente de mi pueblo. Lo vi desde la cima de un alto árbol y fui a decirle a la serpiente lo que había visto. Evidentemente, ella ya lo sabía. Me despedí de ella, me incliné profundamente, y la serpiente me hizo preciosos regalos: perfumes, aceites, maquillaje, colas de jirafa, inmensos terrones de incienso, colmillos de elefante, monos de cola larga y mucho, mucho más. Cargué todos esos presentes en el barco y navegamos hacia el norte, hacia Egipto. Dos meses después llegamos al palacio real. Desembarqué y le presenté mis bienes al rey. Me recompensó convirtiéndome en asistente real, con sirvientes propios. Y así es como mi desastre se convirtió en triunfo.

Mientras terminaba su larga historia, el asistente real miró alentadoramente al alto funcionario. Pero éste no era lo bastante valiente como para enfrentarse a sus problemas y sacar lo mejor de una mala situación. Habló por primera vez con gran amargura:

—No intentes ayudarme, amigo mío. Mi amargo destino ha llegado, y ¿quién daría agua a un ganso que está a punto de ser sacrificado?

[Se negó a abandonar el barco y continuó acurrucado en su silla, temblando de miedo.]

NOTAS

  1. Esta historia, aunque basada de forma somera en una serie de acontecimientos sucedidos durante los reinados de Amenhotep III y Ramsés II, no tiene validez histórica.
  2. Versión abreviada de la cosmogonía de Khonsu. Traducción de L. H. Lesko (1991: 105).
  3. El Papiro ofiológico de Brooklyn, Museo de Brooklyn 47.218.48 47.218.85; el documento tiene dos números de inventario porque fue cortado en dos.
  4. Traducción de Faulkner (1977: 65).
  5. Traducción de Faulkner (1937: 168).
  6. Los muros de algunas tumbas de la XXVI dinastía incluyen escenas mehen en su deliberadamente arcaica decoración; pero no existen pruebas de que en estas fechas tan tardías el juego siguiera jugándose.
  7. Papiro Leningrado 1115, conservado en el Museo del Hermitage, San Petersburgo.

 

 

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