28- LOS TAROTS OCULTISTAS.

 

A finales del siglo XVIII, mientras el Tarot se expandía por toda Europa como juego de sociedad, algunos miembros de la masonería parisina empezaron a difundir la idea de que las cartas de Tarot habían surgido del antiguo Egipto. Comenzó así la curiosa epopeya de los Tarots ocultistas. En 1731, el abad Jean de Terrasson publicó en París Sethos, historia o vida extraída de monumentos y anécdotas del antiguo Egipto: Obra en la cual se encuentran las descripciones de las iniciaciones a los misterios egipcios. Esta novela narra la historia del príncipe Sethos, heredero del trono de Egipto, que, para reconquistar el poder que le había sido usurpado por una pérfida dama de la corte, tuvo que adquirir sabiduría y fuerza a través de la iniciación a los Misterios de Isis, que se encontraban encerrados en el interior de la pirámide de Keops.

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En las logias masónicas inglesas y francesas, empeñadas desde sus inicios (oficialmente en 1717) en buscar la antigua «sabiduría perdida», esta novela tuvo un éxito inmediato y condicionó a diversas generaciones de adeptos; y no fue por casualidad que, algunos decenios más tarde, empezaron a incluir en sus prácticas «ritos egipcios» inspirados en algunos capítulos de Sethos. También en la onda de la moda egipcianista nació la leyenda que atribuía la invención del Tarot al dios egipcio Thot, patrón de la ciencia y de las artes mágicas; el primero en difundirla fue Antoine Court de Gébelin (1719-1784), exponente destacado de la masonería francesa.

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Un importante miembro de la masonería, el filósofo francés Denis Diderot (1714-1784) en un retrato realizado por Michel Van Loo que se encuentra en el museo parisino del Louvre.

UNA EXTRAÑA ENCICLOPEDIA

En los pequeños manuales «esoteristas» sobre el Tarot, Court de Gébelin es definido con frecuencia como «un pastor protestante apasionado por la arqueología», pero, en realidad, fue una personalidad mucho más compleja. Ocupó el cargo de censor real, que en la muy católica Francia era absolutamente inusual para un hombre como él, de dudosa ortodoxia; fue presidente del Musée, una sociedad literaria parisina, y amigo de los enciclopedistas Diderot y D’Alembert, de los científicos Franklin y Lalande, de Danton y Desmoulins, teóricos de la revolución, y del héroe de la independencia de Estados Unidos, La Fayette. Todos, como él, eran personas ligadas a la logia masónica de Las Nuevas Hermanas, que Gébelin dirigió durante dos años.

Court de Gébelin también estuvo afiliado a la Orden de los Filaleti, una sociedad paramasónica entre cuyos objetivos estaba el de encontrar en los ritos masónicos las relaciones que pudieran tener con las antiguas doctrinas esotéricas, principalmente con la Cábala y la alquimia. Estos datos puntuales serán suficientes para comprender cuánto peso tenían sobre los intelectuales franceses las ideas y opiniones de Court de Gébelin. En efecto, cuando el escritor anunció la publicación de la enciclopedia El mundo primitivo, analizado y comparado con el mundo moderno, encontró rapidísimamente un número suficiente de suscriptores que se comprometieron a adquirir ejemplares de los diversos volúmenes. El primer tomo de la obra de Court de Gébelin vio la luz en el año 1773.

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Benjamín Franklin (1706-1790), el gran científico estadounidense que inventó, entre otras cosas, el pararrayos.

El título de esta obra se basa en la creencia, no sólo difundida en los ambientes masónicos, de que en los orígenes de los tiempos había existido una edad de oro en la que todos los hombres disponían de una lengua común, una sola religión e idénticas costumbres, simples y pacíficas. Después, ese mundo se habría ido degenerando moralmente en el curso de los siglos, hasta concluir con aquel acto de soberbia humana que fue la construcción de la Torre de Babel, castigada por Dios con la confusión de las lenguas. Por ello, entre las ambiciones de la masonería se hallaban encontrar esa lengua perdida y reconstruir la religión primitiva, a fin de constituir los fundamentos de una nueva edad de oro. Puesto que en el siglo XVIII la civilización egipcia estaba considerada como la más antigua del mundo, fue en el mismo Egipto donde se concentraron los principales intereses de los masones. En sustancia, la enciclopedia de Court de Gébelin consiste en el estudio comparado de mitos, principalmente egipcios y griegos, narraciones bíblicas, nombres de personas y de ciudades, raíces lingüísticas, jeroglíficos, blasones, pinturas, monumentos y todo lo que pudiera servir para demostrar la presunta unidad cultural del mundo primitivo. En la actualidad, esta teoría parece absurda, como la mayor parte de las afirmaciones de Court de Gébelin, y en realidad El mundo primitivo estaría completamente olvidado si no fuera por un artículo aparecido en el octavo volumen, en el cual se habla del redescubrimiento del mítico Libro de Thot y de su relación con el juego del Tarot.

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Grabado del siglo XVIII que reproduce una asamblea de masones reunida para la recepción de nuevos maestros.

EL LIBRO DE THOT

El artículo «Sobre el juego de los Tarots» empieza señalando la «sorpresa que va a causar a los lectores el descubrimiento de un libro egipcio». En aquella época, los jeroglíficos eran todavía indescifrables, y la mayor parte de las tumbas egipcias todavía se encontraban ocultas bajo las arenas del desierto. Por tanto, Court de Gébelin trató de excitar la curiosidad de los lectores con hábiles juegos literarios. Fingió haber ignorado la existencia del Tarot hasta el día en que fue a visitar a una amiga, a la que encontró jugando al Tarot con algunas damas. Lleno de curiosidad por las extrañas figuras que allí se manejaban, Gébelin las observó con cuidado, comprendió su verdadero significado y «en un cuarto de hora toda la baraja es examinada, explicada, declarada egipcia». El artículo prosigue describiendo la relación entre las diversas figuras con la religión egipcia. Por ejemplo, en la carta de El Diablo (XV), Court de Gébelin vio a Tifón, el monstruo que mata cada año a Osiris, el dios del Sol, trayendo de este modo el invierno sobre la tierra.

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Primera página del artículo Du jeu des Tarots, aparecido en el octavo volumen de la enciclopedia de Court de Gébelin y que dio pie al redescubrimiento del mítico Libro de Thot.

En la figura de El Carro (VII) vio a Osiris triunfante tras su resurrección, provocada por las lágrimas de su mujer, la diosa Isis, y en la figura de La Luna (XVIII) vio a Isis intentado derramar esas lágrimas, que, al principio del verano, daban lugar a las fértiles inundaciones del Nilo. En la segunda parte del artículo, Court de Gébelin, en un arrebato de fantasías lingüísticas, analizó algunos «nombres orientales» presentes en el Tarot. Ante todo, afirmó que este término es puramente egipcio y que está compuesto por los términos Tar y Ros, lo que significaría «sendero real de la vida». El nombre de la carta de El Loco (Matto en italiano, Mat en francés) derivaría del término egipcio Mat, es decir, muerto, víctima; de hecho, «los locos siempre son representados con el cerebro félé» (expresión equivalente a «estar chiflado»). Por su parte, El Mago, es decir, Il Bagatto en italiano, derivaría de Pag y Gad, y significaría «Señor del Destino». Court de Gébelin explicó también, de un modo muy resumido, el modo en el que se juega al Tarot; analizó la baraja desde el punto de vista de la supuesta geografía política de la Antigüedad, destacó su relación con algunos monumentos chinos y describió las semejanzas de las cartas de corte con las cuadrillas y los torneos caballerescos. Finalmente indicó su uso con fines adivinatorios, dejando este tema a su colaborador M. le C. de M., recientemente identificado con Louis Raphael de Fayolle, conde de Mellet, autor del artículo en el que se describen las implicaciones religiosas y mágicas del Libro de Thot. Fayolle establece una etimología personal (tan absurda como la de Court de Gébelin) del término Tarot, que, según él, derivaría de TaRosh, «tabla de la doctrina de Mercurio».

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En la imagen, Franz Anton Mesmer (1734-1815), durante una de sus sesiones de magnetismo en Viena.

 

Luego divide los 22 triunfos en tres grupos; el primero, llamado «siglo de Oro» describe las fases de la creación: el Universo (El Mundo), la humanidad (El Juicio), El Sol, La Luna, La Estrella y el paraíso terrenal (La Torre). La última carta de este «septenario» es Tifón (El Diablo), que «viene a perturbar la inocencia de los hombres, a terminar con la edad de oro». El segundo, el «siglo de Plata», se inicia con el ángel de La Templanza, que instruye a la humanidad sobre el modo de evitar el trágico destino al que está condenada, representado por la figura de La Muerte. La serie prosigue con los accidentes de la vida humana, representados por El Colgado, para indicar la necesidad de actuar con prudencia, es decir, “suspenso pede”.

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Lámina VI del libro de Court de Gébelin que representa La Templanza (XIII), La Fuerza (XI), La Prudencia (como él llamó a El Colgado, XII) y La Justicia (VIII).

La Fuerza es un recurso de la prudencia, mientras que La Rueda muestra que, tras la caída de la humanidad, ya no es la virtud, sino la fortuna la que reparte bienes y dignidades. Sigue después el filósofo (El Ermitaño) que busca La Justicia, última carta de la serie.

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Detalle de la lámina VIII de la obra de Court de Gébelin en la que se representan los arcanos mayores de El Juicio y El Mundo.

El tercero es el «siglo de Hierro»; se inicia con el «carro de guerra» y prosigue con el hombre en equilibrio entre el vicio y la virtud (El Enamorado). Luego sigue Júpiter, o el Eterno (El Papa), que amenaza a la Tierra con sus rayos. Después del rey (El Emperador) y de la reina (La Emperatriz) llega la penúltima carta, Juno (La Papisa), que muestra el cielo con la derecha y la tierra con la izquierda para anunciar la religión terrestre, o la idolatría, representada por un pavo real; es evidente, por estas últimas afirmaciones, que Fayolle basó su análisis sobre un Tarot de Besarnon. Esta serie termina con el Bateleur (El Mago) que tiene en la mano una varita mágica, hace milagros y engaña a la gente crédula.

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Estatuilla del dios egipcio Thot representado como un ibis ya cuyos pies se halla la diosa de la verdad y de la justicia, Maat (dinastía XXVI, h. 600 a. C.).

 

 

Sigue una carta que representa la locura de la humanidad, cuya marcha hacia el crimen es ralentizada por un tigre, símbolo del remordimiento. Estas 22 cartas, sostenía Fayolle, además de ser otros tantos jeroglíficos de la historia universal, son al mismo tiempo otras tantas letras del alfabeto que, combinadas de diversos modos, pueden formar múltiples frases; de aquí deriva el empleo de las cartas de Tarot en la adivinación, considerada por Fayolle una degeneración de la antigua ciencia sacerdotal; a pesar de esta opinión, el artículo incluye una rápida descripción del significado adivinatorio de las cartas de Tarot, además de un método de lectura muy tosco. ¿Es posible que Court de Gébelin y De Mellet hayan puesto por escrito conclusiones que ya circulaban en los ambientes masónicos? Hay quien así lo cree, basándose en el hecho de que el mayor divulgador de la cartomancia del siglo XVIII, Jean Baptiste Alliette, era un masón, también relacionado con la Orden del Filaleti, como Court de Gébelin; pero de Alliette y de «su» Libro de Thot se tratará en otro capítulo.

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Estatuilla de la diosa Isis, cuyas lágrimas, según el mito egipcio, devolvieron a la vida a su esposo, Osiris (dinastía XXVI, h. 600 a. C.J.

LA  MISTERIOSA MUERTE DE  COURT DE GÉBELIN.

En 1783, Court de Gébelin se inscribió en la Sociedad de la Armonía Universal, fundada por el científico austríaco Franz Anton Mesmer (1734-1815), que apoyaba la teoría del magnetismo animal, sobre la que formuló diversas teorías, y el uso terapéutico de la electricidad. Atraído por esta medicina «natural», el arqueólogo masón se sometió al «magnetismo» para curar una grave enfermedad que lo afligía, y cuando, en 1784, fue encontrado muerto junto a un «tubo mesmérico», el descubrimiento causó una enorme sensación. Algunos lloraron la muerte de tan gran estudioso, y hubo quien aprovechó la circunstancia para desprestigiar las teorías de Mesmer; pero también tomó cuerpo el rumor de que se trataba de un verdadero homicidio, provocado por la divulgación de los secretos masónicos por parte de Court de Gébelin.

 

←EL TAROT DE HOY

 

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