26.- CIUDAD VIEJA DE CÁCERES.

PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD DESDE 1986

 

Tras las murallas que protegen su casco antiguo, la capital cacereña posee una densa concentración de palacios, casas señoriales e iglesias de una gran variedad de estilos: románico, islámico, gótico septentrional y renacentista, que la convierten en uno de los más hermosos y mejor conservados cintos urbanos europeos. Lo que el visitante encuentra, asombrado, es una ciudad histórica completa en unas condiciones de conservación inigualables.

En Cáceres conviven, perfectamente identificables, tres núcleos urbanos sucesivos que son un claro exponente de su evolución a lo largo de la historia: el recinto medieval amurallado, la zona que creció extramuros a partir de la Edad Moderna y la nueva urbe de extensas avenidas surgida en los últimos años. Las dos primeras, y en especial la almendra urbana del llamado Barrio Monumental, reúnen todo el interés artístico.

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VISTA PARCIAL DE CÁCERES

EL BARRIO MONUMENTAL

Un recorrido ordenado puede iniciarse desde la Plaza Mayor, amplio espacio que se extiende ante la muralla y donde la llamada torre del Bujaco, corrupción popular del nombre árabe Abu Yacub, preside y anticipa el interior del recinto monumental. Erigida sobre una fortificación romana durante el período almohade (siglo XII), fue la última posición defendida por los fratres de Cáceres ante las tropas del califa Abu Yacub Yusuf y acabó convirtiéndose en escenario de la ejecución de los caballeros supervivientes. En su interior acoge un Centro de Interpretación sobre la historia cacereña (romana, árabe y medieval), además de permitir el acceso a un tramo de la muralla y al impresionante mirador en la parte alta de la torre. Adosada a la torre se encuentra la ermita de la Paz, con pórtico de tres arcos de medio punto, del siglo XVII, aunque se reedificó en la segunda mitad del XVIII en estilo barroco.

El acceso al recinto monumental se realiza por la escalinata que precede al arco de la Estrella, reconstruido por Manuel Larra Churriguera (1727) en sustitución de una de las puertas de la muralla defendida por la contigua torre de los Púlpitos, así llamada por los matacanes cilíndricos de los ángulos. De frente, por una estrecha callejuela se alcanza la plaza de Santa María, en cuyo irregular espacio se suceden diversos palacios en torno a la iglesia con catedral de Santa María la Mayor. Este templo, de los siglos XII y XVI, es obra de transición del románico al gótico y abre al exterior dos portadas con apuntadas arquivoltas bajo un pequeño tejaroz o alero. Consta de tres naves con bóveda de crucería, cabecera poligonal y capillas absidales. En su interior posee un retablo plateresco, realizado por Guillén Ferrant y Roque Balduque (1550), y otras obras destacables como el púlpito, las pilas bautismales de alabastro y la puerta de la sacristía, también plateresca. Como tradicional lugar de enterramiento de la nobleza cacereña, el pavimento ofrece una amplia muestra de la heráldica local. La con catedral dispone de un Museo Religioso donde se pueden apreciar piezas de toda la provincia.

Frente a la iglesia se alza la fachada renacentista del Palacio Episcopal, obra originaria del siglo XII, aunque con grandes reformas en el XVI promovidas por el obispo García de Galarza. El palacio de Mayoralgo, próximo al anterior y de interior gótico, con fachada del siglo XVI, fue reconstruido tras los daños sufridos en la guerra civil (1937). En su portada, de grandes dovelas, conserva el escudo de los Blázquez, que era el apellido de los mayoralgos.

En el lado opuesto de la misma plaza, el palacio de Hernando de Ovando, de 1519, muestra una bella portada en la que aparecen representadas, sobre las enjutas del arco de medio punto, las efigies del titular de la casa y de su esposa, Mencía de Ulloa. El escudo esgrafiado de la parte superior es del siglo XVIII. En las caballerizas de la mansión y con la entrada por la calle Tiendas, está instalado el Centro de Cultura Virtual de Cáceres, que, con la ayuda de las nuevas tecnologías, permite acercarse a la historia monumental de la urbe.

La casa de los Carvajal, al inicio de la calle Tiendas, aunque erigida en el siglo XV, hubo de ser reedificada a finales del siglo XIX, tras quedar destruida por un incendio. Su torre cilíndrica data de la época musulmana (siglo XII). El palacio, sede del Patronato de Turismo y Artesanía de Cáceres, acoge el Centro de Interpretación de la Provincia, donde se explican los atractivos turísticos de cada una de las comarcas cacereñas. Al final de esta misma calle se alza la torre de los Espaderos, de los siglos XIII-XIV, bastión defensivo de la hoy desaparecida puerta de Coria.

En las cercanías, sobre una plazuela próxima a la muralla, está el palacio de los Toledo-Moctezuma, de finales del siglo XVI y vinculado a la memoria de una hija del rey azteca casada con un capitán de Hernán Cortés. Fue hace poco restaurado y acoge el Archivo Provincial.

Tras retornar a la plaza de Santa María, el recorrido puede proseguir a través de la plaza de los Golfines, enlazada con la anterior por el palacio de la Diputación, edificio de origen renacentista muy restaurado.

Próximo a él, el palacio de los Golfín-Roco, del siglo XVI, que también acoge dependencias oficiales, y la casa de los Moraga, al inicio de la Cuesta de Aldana, sirven de complemento a una de las muestras más características de la arquitectura civil de la ciudad: la casa de los Golfines de Abajo. Su construcción, comenzada a finales del XV, se prolongaría hasta 1535 con la decoración de la fachada principal, flanqueada por dos torres de distinta altura que dan al conjunto un carácter de casa-fortaleza. La rica ornamentación de la portada y la crestería que corona la parte superior evocan la influencia del plateresco salmantino. Fue residencia de los Reyes Católicos durante su estancia en la villa, y conserva en el interior el llamado salón de Linajes y un bello patio con arcos escarzanos que se alzan sobre columnas elípticas.

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CIUDAD VIEJA DE CÁCERES.

La iglesia y convento de la Compañía de Jesús, puestos bajo la advocación de San Francisco Javier y conocidos como el nombre de la Preciosa Sangre, ocupan la inmediata plaza de San Jorge, y rompen con su presencia barroca la línea medieval-renacentista dominante en el entorno. El templo, cuya construcción finalizó durante 1755, poco antes de la expulsión de la orden, guarda en su interior un retablo barroco con imágenes de bulto redondo y un cuadro de Paolo Manfei. Abierto al turismo desde mayo de 2011, cuenta con una serie de paneles explicativos sobre los monumentos religiosos de la diócesis cacereña, así como una exposición de iconos bizantinos. Se puede subir a una de las torres, completando la visita contemplando un aljibe del siglo XVIII (quizás el más grande de la ciudad) y un centro de divulgación de la Semana Santa cacereña.

En la misma plaza, la casa de los Becerra, del siglo XV, con ventana encuadrada por pilastras sobre el arco de medio punto, constituye uno de los más bellos ejemplos de fachada gótica que pueden admirarse en la ciudad. Alberga la Fundación Mercedes Calles-Carlos Ballesteros, que contiene una colección de obras de arte y destina a usos múltiples las dos plantas superiores.

 

LA PLAZA DE SAN MATEO Y SUS ALREDEDORES

Por la calle Compañía se sube hasta la plaza de San Mateo, presidida por la iglesia del mismo nombre. Se trata de un templo iniciado en el siglo XVI y concluido en el XVIII, en que se culminó la torre. Dentro de su predominante aspecto gótico se suceden los distintos estilos en la portada (plateresca), la capilla (renacentista) y el retablo (rococó). En el interior, de una sola nave, merece atención el coro, sobre atrevida bóveda plana, y los sepulcros de rancios linajes extremeños.

Junto a la iglesia, la conocida como casa de las Cigüeñas, del siglo XV, sede del gobierno militar, muestra su hermosa torre almenada, librada del general desmochamiento gracias al privilegio otorgado por la reina Isabel a su dueño, Diego de Cáceres. Quizá por ello ha sido siempre lugar predilecto de las aves migratorias que le dan nombre. Frente a ella, el convento de San Pablo, de fines del siglo XV, posee en el interior un sobrio claustro de galerías porticadas y un pequeño templo del gótico tardío, con ábside semipoligonal e interesantes retablos.

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CÁCERES MONUMENTAL

Al fondo de la plaza contigua se construye durante el siglo XVI, sobre el solar que ocupaba el alcázar árabe, la casa de las Veletas. Aunque reformada en el siglo XVIII, conserva en los subterráneos el aljibe de la primera época musulmana (siglo IX), un espacio rectangular cubierto por bóvedas de medio cañón peraltado que descansan sobre un conjunto de arcos de herradura. En el palacio se encuentra instalado el Museo Provincial. En este edificio se puede visitar una interesante colección de piezas arqueológicas y etnográficas, mientras que las tres salas de la colección de Bellas Artes, una contemporánea, otra con una muestra que abarca del siglo XIII al XIX y cuya pieza clave es el Jesús Salvador de El Greco, y una última sala para exposiciones temporales, se hallan en la contigua casa de los Caballos.

Al norte del museo, el arco del Cristo, es la única puerta del recinto amurallado de la época romana que todavía subsiste. Junto a ella se extiende el barrio de San Antonio, antigua judería que conserva el encanto de sus pequeñas casas blanqueadas en torno a la ermita de San Antonio, del siglo XVIII, construida donde antiguamente se alzó la sinagoga.

Al lado de la ermita se abre el Centro Turístico Baluarte de los Pozos, que no es otra cosa sino una casa típica que aloja maquetas y paneles informativos sobre la historia y el urbanismo de Cáceres. Completan el conjunto un jardín y la torre de los Pozos, que forma parte de la muralla almohade y se alza como un mirador sobre la ciudad.

Cerca, en la cuesta del Marqués, abre sus puertas la casa árabe de Yusuf al Burch, convertida en un museo que recrea la atmósfera y los espacios de las viviendas cacereñas existentes durante la dominación islámica. A ello contribuye la gran cantidad de objetos coleccionados por sus dueños.

También a partir de la plaza de San Mateo, rodeando la iglesia, se ven otros edificios destacados (torre de los Plata, casas del Águila y del Sol). Y lo mismo puede decirse de los que se levantan a lo largo de la Calle Ancha, que arranca de la misma plaza. El primero es la casa de Lorenzo de Ulloa, con fachada del siglo XV recorrida por elegante alfiz y una artística ventana sobre la puerta adovelada.

Al mismo siglo pertenece la casa de los Paredes Saavedra, en tanto que el palacio del Comendador de Alcuéscar, en el que está instalado el Parador de Turismo, exhibe una fachada reconstruida en el siglo XVIII. Al final de la calle, junto a la desaparecida puerta de Mérida, está la casa de los Sánchez Paredes, del siglo XV y con numerosas reformas posteriores, la última en el presente siglo. En una cercana plazuela, la casa de los Perero muestra un bello patio renacentista en el interior.

Paralela a la calle Ancha avanza la calle Olmos, en la que cabe resaltar, además de la enfermería de San Antonio, con su ermita del siglo XVII, la presencia del palacio de los Golfines de Arriba, reformado en 1506, si bien subsisten torres, matacanes y ventanas de la primitiva obra del siglo XIV.

Cerca ya de la intersección con la calle Orellana, la Casa Mudéjar es ejemplo único de este estilo basado en el empleo del ladrillo en el Barrio Monumental cacereño.

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PLAZA MAYOR DE CÁCERES

Muy próxima se halla la casa de Aldana. Cerca de ella, la popular casa del Mono, reconvertida en biblioteca después de haber sido Museo de Bellas Artes, es un edificio gótico (siglo XV) que toma su nombre de la escultura de un simio que aparece encadenado al pretil de la escalera interior.

Hacia el adarve de Santa Ana y frente al arco del Postigo (siglo XVIII) eleva su fachada de gusto italianizante el palacio de los Condes de Adanero, y, un poco más adelante, próximos al espacio abierto que forman el Foro de los Balbos y la plaza de Caldereros, se alzan la casa de los Rivera, del siglo XV y el palacio de la Generala (siglos XIV-XV), muy reformados y sedes en la actualidad del Rectorado universitario y la Facultad de Derecho, respectivamente.

No conviene olvidar que el paseo por los estrechos adarves del recinto amurallado permite contemplar amplios lienzos de la muralla almohade (siglo XII), así como las numerosas torres albarranas de planta cuadrada o poligonal que se conservan.

 

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