2040: LA CUENTA ATRÁS: EL COLAPSO DE LA CIVILIZACIÓN.

UN INFORME CIENTÍFICO DE LOS AÑOS SETENTA VATICINÓ QUE LA CIVILIZACIÓN, TAL COMO HOY LA CONOCEMOS, COLAPSARÁ EN LA DÉCADA DE 2040. MUCHOS DE SUS VATICINIOS SE HAN IDO CUMPLIENDO, Y EL PUNTO DE INFLEXIÓN QUE SEÑALABAN PARA QUE ESO OCURRA ESTÁ PRÓXIMO: 2020.

A principios de la década de los setenta, una organización privada llamada el Club de Roma, fundada en 1968 por un pequeño grupo de científicos y políticos, encargó a investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) que elaboraran un informe sobre la sostenibilidad a largo plazo de nuestro planeta. Para ello desarrollaron un programa de ordenador, World3, con el objetivo de predecir cómo iba a evolucionar la demografía, la economía y la huella ecológica de la humanidad nuestro impacto ambiental en los próximos cien años a partir de los datos entonces disponibles. El modelo contemplaba cinco factores: el aumento de la población, la producción agrícola e industrial, la desaparición de los recursos no renovables y la contaminación. El programa predijo algo terrible: el fin de la civilización como hoy la conocemos para 2040.

“Si no hacemos nada al respecto, la calidad de vida se reducirá a cero. La contaminación se volverá tan seria que comenzará a matar a gente, lo que a su vez hará que el número de personas disminuya por debajo de los valores de 1900”. A principios del siglo XX, la población mundial era de 1.600 millones de individuos y para 2040 la ONU predice que seremos más de 9.000 millones hoy sumamos 7.700 millones. “En esta etapa entre 2040 y 2050, la vida civilizada como la conocemos dejará de existir”. El punto de inflexión, según este modelo, será 2020. “Alrededor de ese año, la condición del planeta se volverá sumamente crítica”. Después nos veremos abocados a una caída libre.

El texto resultante de este estudio, Los límites del crecimiento (1972), es el libro medioambiental más vendido de todos los tiempos. En su día, fue duramente criticado por catastrofista: “En nuestra opinión, es un trabajo vacío y engañoso”, escribió sobre él The New York Times. “Su imponente aparato de jerga de sistemas y tecnología informática [—] saca conclusiones arbitrarias que tienen la apariencia de ciencia”, aseguró. Sin embargo, las décadas posteriores han demostrado que muchas de sus predicciones han sido precisas, como el estancamiento en la calidad de vida y la escasa disponibilidad de recursos naturales clave, hasta el punto de que en la actualidad hay voces que afirman que podemos “esperar que las primeras etapas del colapso global comiencen a aparecer pronto”.

 

NO ES EL ÚNICO MODELO QUE VATICINA LA CATÁSTROFE.

El informe Food Systems Shock Report, realizado por la Universidad Anglia Ruskin (Inglaterra) y publicado por el mercado de seguros Lloyd’s en 2015, predice “un incremento de la inestabilidad política” como resultado de la escasez mundial en el suministro de alimentos en las próximas décadas. El aumento en la “intensidad y frecuencia de fenómenos meteorológicos extremos” en los años venideros pondrá en peligro los recursos hídricos y la agricultura. “Esto se ve agravado aún más por el problema creciente de la escasez de agua, que se está acelerando a un ritmo tal que dos tercios de la población mundial podrían vivir en condiciones de estrés hídrico en 2025. Los precios volátiles de los alimentos y el crecimiento de la inestabilidad política pueden aumentar el impacto negativo en la producción de víveres, y causar una serie de problemas económicos, sociales y políticos en todo el mundo”. Según este informe, todas estas complicaciones aumentarán después de 2025.

Por su parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó un estudio en 2016 en el que señalaba que 2020 y 2040 serian años clave en términos demográficos para el planeta: una quinta parte de la población de los países más ricos estará en edad de jubilación el año que viene. Y ese envejecimiento, unido a la mejora de la medicina, incrementará la esperanza de vida y, por tanto, la carga para las seguridades sociales de los Estados.

El economista político Benjamin M. Friedman, de la Universidd de Harvard, ha comparado a la sociedad occidental moderna con una bicicleta que está estable porque las ruedas siguen girando gracias al crecimiento económico. Si ese movimiento fuera en algún momento más lento o cesara, los pilares que definen a nuestra sociedad democracia, libertades individuales, tolerancia social, etc. comenzarían a tambalearse. Nuestro mundo se convertiría en un lugar definido por una lucha por los limitados recursos y por el rechazo a cualquier persona que no perteneciera a nuestro grupo cercano. Solo hay que mirar hacia atrás para darnos cuenta de que tales colapsos han sucedido muchas veces a lo largo de la historia humana. ¿Cómo estamos de cerca nosotros de llegar al punto de no retorno? Safa Motesharrei, de la Universidad de Maryland (EE. UU.), utiliza modelos informáticos para comprender los mecanismos que pueden conducir a la sostenibilidad o, por el contrario, a la destrucción. En 2014 publicó, junto con su compañera Eugenia Kalnay y Jorge Rivas, de la Universidad de Minnesota, el artículo Dinámicas humanas y de la naturaleza. Modelando la desigualdad y el uso de recursos ante el colapso o la sostenibilidad de las sociedades. En él se apunta que hay dos factores importantes presentes en la decadencia de todas las civilizaciones en los últimos 5.000 años: la tensión ecológica que se produce al esquilmar los recursos naturales y la estratificación económica. Respecto a este último punto, descubrieron que el desastre se puede producir cuando las élites, al acumular enormes cantidades de riqueza y dejar poco o nada para la masa, empujan a la sociedad hacia la inestabilidad.

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Contaminación ambiental.

La población trabajadora se hunde porque la porción de riqueza que se les asigna no es suficiente, y a continuación se produce el colapso de la élite por la ausencia de mano de obra. Las desigualdades que vemos hoy dentro de los países y entre ellos ya apuntan a ese final: el 10% de las personas que obtienen mayores ingresos a nivel mundial son los responsables de casi la totalidad de las emisiones de gases de efecto invernadero, y aproximadamente la mitad de la población mundial vive con menos de tres euros al día.

Motesharrei destaca que “si tomamos decisiones racionales para reducir factores como la desigualdad, el crecimiento explosivo de la población, el ritmo al que agotamos los recursos naturales y la contaminación, todo ello perfectamente factible, entonces podemos evitar el colapso”.

Desafortunadamente, algunos expertos creen que decisiones tan difíciles exceden nuestras capacidades políticas y psicológicas. “El mundo no estará a la altura de resolver el problema del clima durante este siglo, simplemente porque a corto plazo es más costoso solucionarlo que seguir actuando como siempre”, advierte Jorgen Randers, profesor emérito de Estrategia Climática de la Escuela de Negocios Noruega BI y autor del estudio 2052: Un pronóstico global para los próximos cuarenta años.

Para Thomas Homer-Dixon, de la Escuela de Asuntos Internacionales de Balsillie en Waterloo (Canadá), hay cambios repentinos e inesperados en todo el mundo que nos están anunciando lo que está por venir, como la crisis económica de 2008, el brexit o el triunfo de Donald Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos. Su predicción pasa por que el colapso de las sociedades occidentales vendrá precedido por una desintegración de las naciones más pobres debido a conflictos y desastres naturales; enormes oleadas de migrantes saldrán de las regiones en crisis y buscarán refugio en otros países más estables. Karl Harmsen, director del Instituto para Recursos Naturales en África de la Universidad de Naciones Unidas con base en Ghana, ha afirmado que, si la degradación del suelo sigue al ritmo actual, África solo podrá alimentar al 25% de su población en 2025. Esto implicará que 2.000 millones de personas se convertirán en refugiados ambientales que migrarán en busca de nuevas tierras.

 

 ¿CÓMO RESPONDERÁ EL PRIMER MUNDO?

Como lo está haciendo, con restricciones e incluso prohibiciones a la inmigración: se levantarán muros, se lanzarán drones de vigilancia y se multiplicarán las tropas en las zonas fronterizas; se impondrán estilos de gobierno más autoritarios y populistas, pues eso es lo que pedirá la población general, que sentirá amenazado su cómodo estilo de vida. Pero esas acciones no impedirán que la brecha entre ricos y pobres dentro de Las mismas naciones occidentales siga aumentando. “Para 2050 habrán evolucionado hasta convertirse en una sociedad con dos clases, en las que una pequeña élite vive una buena vida mientras que la mayoría verá cómo el bienestar irá disminuyendo paulatinamente”, vaticina Jorgen Randers. “Lo que colapsará es la equidad”, añade.

El peor enemigo al que nos enfrentamos, añade Homer-Dixon, es doble: por un lado, negar la posibilidad de un colapso social; por otro, echar la culpa a los que están fuera de tu grupo social o nacional. Cuando finalmente estalle esa violencia localizada, la debacle ya será difícil de evitar. La primera región en sentirlo será Europa occidental debido a su proximidad con África, el puente terrestre hacia el Medio Oriente y por ser vecina de las naciones del Este, políticamente más volátiles.

2-Will Baumeister Eidos V-1939- el pintor alude a contaminación orgánica

Will Baumeister Eidos V-1939- el pintor alude a contaminación orgánica.

Para Randers desapareceremos languideciendo lentamente, como lo hizo el Imperio británico a partir de 1918: “Las naciones occidentales no van a colapsar, pero su buen funcionamiento y naturaleza amistosa desaparecerán, porque la inequidad va a explotar”. Asimismo, señala que “la sociedad democrática y liberal fracasará, mientras que Gobiernos más fuertes, como el chino, serán los ganadores”. ¿Entonces estamos perdidos? No si usamos la razón y la ciencia para guiar las decisiones, apunta Homer-Dixon. Pero eso requiere resistir el impulso, muy natural en condiciones tan abrumadoras, de volverse menos cooperativo, generoso y abierto a la razón. Y también exige la voluntad de pensar en el futuro. Pero no en el nuestro, sino en el de nuestros descendientes. La pregunta de millón es esta: ¿lo haremos?

 

LOS EXPERTOS TAMBIEN SE EQUIVOCAN

 Para estos años se auguró una debacle.

1975 En 1967, los hermanos William y Paul Paddock publicaron el libro Forme 1975! America’s Decision: Who Will Suroye?(¡Hambre en 1975! La decisión de Estados Unidos: ¿quién sobrevivirá?), donde predecían, para el año que aparecía en el título, una hambruna masiva en todo el mundo debido al aumento de la población. El famoso ecólogo estadounidense Paul R. Ehrlich dijo que el libro “será recordado como uno de los más importantes de nuestra era”.

2000 En 1970, Harrison Scott Brown, profesor de Geoquímica en el Instituto de Tecnología de California (Caltech), predijo en la revista Scientific American que para la entrada en el nuevo milenio habríamos agotado las reservas de cobre, y que el plomo, el zinc, el estaño, el oro y la plata habrían desaparecido en 1990.

Siglo XXI En 1982, el funcionario de la ONU Mostafa Kamal Tolba, director ejecutivo del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), advirtió: “A principios del siglo XXI, una catástrofe ambiental será testigo de una devastación tan completa, tan irreversible, como cualquier holocausto nuclear”.

2016 En 2006, mientras promocionaba su película Uno verdad incómoda, el político estadounidense Al Gore afirmó que al mundo solo le quedaban diez años antes de que alcanzara el punto de no retorno. No debía de creer mucho en sus predicciones, porque en 2010 se compró una propiedad frente a la playa por 8,9 millones de dólares.

 

¿QUÉ NOS AMENAZA?

En 1983 el cosmólogo australiano Brandon Carter ideó el denominado argumento del juicio final, una fórmula matemática que intenta predecir el momento en el que llegará la extinción de la especie humana. Parte de un cálculo de probabilidades en el que se relacionan el número de individuos que han habitado la Tierra a lo largo de su historia y el número total de personas que existen en la actualidad. Según los cálculos de Carter, que tenían en cuenta que, hasta 1983, habían pasado por el mundo un total de 60.000 millones de humanos, existiría una probabilidad del 95% de que desaparezcamos en los próximos 9.120 años 9.084 si tomamos como referencia 2019 y no 1983. 0, lo que es lo mismo, que la humanidad tiene solo un 5% de posibilidades de seguir viva en el año 11103. Otros cálculos sitúan nuestra desaparición en los próximos 760 años. Más allá de que estas cuentas sean bastante controvertidas el argumento tiene sus detractores, como el físico estadounidense Eric J. Lerner, que lo calificó en su día de “pseudociencia, una mera manipulación de los números”, lo que no nos dicen es cómo nos extinguiremos. ¿Será por culpa de un meteorito? ¿Un vulcanismo masivo? ¿0 será por nuestra propia incompetencia a la hora de gestionar los recursos de la Tierra? He aquí algunas de las posibilidades que manejan los científicos.

 

1) DESAPARICIÓN DEL CAMPO MAGNÉTICO TERRESTRE

Nuestro planeta sufre el bombardeo continuo de una lluvia de partículas subatómicas de alta energía procedentes del espacio exterior: los rayos cósmicos. La atmósfera, que actúa como una capa protectora, solo es capaz de detener parte de ellos. Sin embargo, existe otro tipo de salvaguarda más efectiva y menos duradera: el campo magnético de la Tierra, un escudo de fuerza generado por el lento giro del núcleo de hierro fundido. Por desgracia, este escudo parece haber perdido un 15% de la intensidad que poseía en 1670, cuando se realizaron las primeras mediciones dignas de confianza, y, de seguir así, desaparecerá en el año 4000. Por si fuera poco, sabemos que el campo magnético ha invertido su polaridad varias veces a lo largo de la historia; la última, hace 780.000 años. Y, para que se produzca dicha inversión, debe reducirse a cero durante un tiempo. Diferentes estudios apuntan que, pese a que estamos ante una caída en la intensidad del campo magnético, la situación no es similar a cuando se ha producido una inversión de los polos. Pero ¿y si todos esos estudios se equivocan? John Tarduno, geofísico de la Universidad de Rochester (EE. UU.), señala que un descenso de nuestro apantallamiento magnético “podría desarrollar más agujeros en la capa de ozono debido a la acción de los rayos cósmicos”. Y, bajo esos agujeros, el aumento de cáncer de piel sería un hecho. Además, una simple tormenta solar afectaría de manera inimaginable a la red eléctrica. Eso ya ha pasado incluso con el campo magnético en funcionamiento: en marzo de 1989, una serie de erupciones solares provocaron el colapso eléctrico de toda la provincia de Quebec y dejó sin suministro eléctrico a más de seis millones de personas.

¿Deberíamos preocuparnos? No existe ninguna correlación entre pasadas extinciones y descensos globales del campo magnético, pero eso no implica que no vaya a afectarnos. El problema es que nos falta información para poder dirimir cuáles serían esos impactos y cómo protegernos de ellos.

 

2) EL ASTEROIDE DEL FIN DEL MUNDO

El 15 de febrero de 2013 un asteroide de 17 metros de diámetro impactó en la región de Chelyabinsk (Rusia) y, al hacerlo, liberó una energía equivalente a 500 kilotones de TNT, unas treinta veces más que la bomba atómica de Hiroshima. La roca no fue detectada hasta que entró en la atmósfera.

Una cosa debemos tener clara: no vivimos en un barrio demasiado tranquilo. Nuestra apacible vida cósmica puede verse trastocada por un asteroide o un cometa cuya órbita atraviese la de la Tierra: baste recordar el que provocó la extinción masiva del Cretácico-Terciario hace 65 millones de años. Un cometa lo veríamos llegar con semanas de antelación, pero un asteroide…

Saber cuántos cruzan la órbita de nuestro planeta es complicado, pero contamos con algunos datos: mayores de 1 kilómetro de diámetro, se cree que hay unos dos mil; por encima de 500 metros, en torno a diez mil; mayores de 100 metros, trescientos mil; y de 10 metros puede haber ciento cincuenta millones. Por debajo de ese tamaño no resultan peligrosos: cada año suele llegar uno, pero se desintegra antes de tocar el suelo. De todos ellos, solo hemos identificado un par de centenares y, para colmo, solo de la mitad hemos podido establecer con cierta precisión su órbita, con lo que pueden perderse y de hecho lo hacen con facilidad.

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Evolución del globo terraqueo.

Para enfrentarnos a la extinción global, únicamente necesitamos un asteroide que tenga entre uno y diez kilómetros de diámetro; el que provocó la desaparición de tos dinosaurios medía en torno a 10 km y 14 km de ancho.

 

3) DESASTRE BIOTECNOLÓGICO

En la década de 1970 el pionero de la ingeniería genética y premio Nobel Paul Berg, de Estados Unidos, decidió insertar parte de los genes del virus SV40 en una bacteria para ver si era cierta la sospecha de que alguno de ellos era carcinogénico. Y sugirió a una de sus ayudantes, Janet E. Mertz, que escogiera como receptor a La bacteria-modelo por antonomasia, la E. coli, que todos llevamos en nuestros intestinos. La suerte se cruzó en su camino cuando, al exponer Mertz esta idea en un congreso, los asistentes reaccionaron mirándola horrorizados. Nadie en el laboratorio de Berg había pensado lo que el experto en cáncer Robert Pollack apuntó: “Si eso se escapa del laboratorio, tendréis al SV40 replicándose al ritmo de la E. coli”.

Un error de estas características puede acabar en desastre, Y avisos ya hemos tenido varios, como el de mediados de los años 50 en la Universidad de Säo Paulo, de la mano de Warwick Estevam Kerr, uno de los mejores genetistas brasileños y especialista en abejas del mundo. Kerr buscaba una especie nueva de abeja que produjera mucha miel y fuera resistente al clima de Brasil. Para ello, cruzó las abejas melíferas europeas con las violentas africanas, perfectamente adaptadas a ambientes cálidos y húmedos; y de esa mezcla nació un insecto productor muy robusto.

Al igual que en una película de serie B, un error humano dejó libres a veintiséis reinas de esas abejas africanizadas. Kerr no se preocupó, porque pensó que no prosperarían, pero pronto empezaron a llegar noticias de ejemplares de esta especie que atacaban a seres humanos. Bautizadas por la prensa como abejas asesinas, se fueron extendiendo por toda América a una velocidad de 150 km al año, y llegaron a Estados Unidos en 1985.

 

4) LA LLEGADA DE SKYNET

¿Recuerdas la franquicia cinematográfica de Terminator, cuya última entrega, Destino oscuro, se estrenó a finales de octubre? En ella la gran máquina de inteligencia artificial (IA) Skynet decidía que la humanidad era superflua y que lo mejor que podía hacer era desaparecer. Pues bien, tanto el fundador de SpaceX y Testa Motors, Elon

Musk, como el fallecido Stephen Hawking expresaron su temor a que algo así pudiera suceder. Mientras que para el primero la IA es “potencialmente más peligrosa que las armas nucleares”; para el físico, el desarrollo de una IA completa “podría traducirse en el fin de la raza humana”.

Sin embargo, eso no parece preocupar a los millonarios tecnológicos de Silicon Valley. Allí más de doscientas empresas están a la caza de una verdadera IA. ¿Debemos temer lo que salga de esos laboratorios? “Estamos muy lejos de construir algo que pueda preocupar al gran público”, explica Dileep George, cofundador de la empresa Vicarious. Yann Le-Cun, director del laboratorio de IA de Facebook y director del New York University Center for Data Research, está convencido de que crear una inteligencia sintética al nivel de la humana es un objetivo inalcanzable.

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Einstein y la energía oscura.

Pero la historia ha demostrado que los expertos a veces confían en exceso en su capacidad. Eso nos ha llevado a situaciones como la de Chernóbil, donde, en 1986, los técnicos creyeron que podrían manejar un escenario extremadamente peligroso en una central nuclear. O lo que ocurrió en 2011 en la de Fukushima, situada en un país donde todo se construye en previsión de un gran terremoto… y, sin embargo, la naturaleza los pilló por sorpresa. La explosión de la plataforma petrolífera Deepwater Horizon en el golfo de México en 2010 fue la demostración clara de que los especialistas a veces son incapaces de comprender los riesgos de su propia actividad. Tras el desastre, los responsables de BP reconocieron que habían “infravalorado la naturaleza de los retos a los que nos enfrentamos en las profundas aguas del golfo”. El resultado: más de 11.000 kilómetros cuadrados de aguas contaminadas.

 

5) PANDEMIA GLOBAL

Hace treinta años creíamos haber acabado con dos temibles enfermedades, la viruela y la polio, pero otras tomaron su relevo. Así surgió el VIH y se comenzó a tener noticia de otros temibles virus, el del Ébola y el de Marburgo, de los que se desconocía casi todo salvo su virulencia. También hemos tenido un resurgimiento de agentes patógenos que se creían erradicados, y que muchas veces han venido acompañados de nuevas capacidades para resistir los tratamientos antivirales. Por último, con la globalización, enfermedades propias de latitudes concretas se han extendido a otras regiones; caso de la malaria y el dengue. Todos estos hechos han provocado que se haya desplomado el optimismo de poder controlar las enfermedades infecciosas. En la mayoría de los casos, estos virus estaban ya presentes en la naturaleza en ciclos que incluían la presencia de uno o varios hospedadores animales, y el salto a la especie humana ha favorecido el desarrollo de una nueva enfermedad con síntomas mucho más graves. La regla es que un cambio de huésped lleva asociado un aumento de virulencia.

pandemia

En otros casos, la amenaza puede venir de un virus ya conocido, como el de la gripe. La primera pandemia de gripe de la que se tiene noticia se remonta al año 1580. Desde entonces han sido documentadas 31, tres de las cuales han sucedido en el siglo XX. La peor fue la de 1918, la gripe española, que causó más de 40 millones de muertos. El principal reservorio animal del virus de la gripe son las aves acuáticas, pero existen también otros cuyo huésped preferente es el hombre o el caballo. Cuando dos virus con distinta especificidad infectan la misma célula, pueden producir uno nuevo que contiene genes de los dos virus paternos. Esta reorganización genética, denominada salto antigénico, es la responsable de que surjan nuevos virus capaces de desencadenar epidemias a escala mundial. Un ejemplo clásico son los peligros limos hantavirus, debido a su tendencia a aparecer, a veces de forma explosiva, en poblaciones que nunca antes se habían visto afectadas. I o% hospedadores habituales son diversas especies de roedores, y la vía de transmisión al hombre es a través de sus excreciones. ¿Estamos preparados para una pandemia global?

 

6) UNA NUEVA EDAD DE HIELO

Dentro de unas decenas de miles de años prácticamente el mismo tiempo que ha pasado desde nuestra época de cazadores-recolectores, nos encontraremos ante un planeta blanco, donde la nieve cubrirá desde los polos hasta el ecuador. El nivel del mar caerá dejando a la vista nuevas costas y uniendo islas con continentes. Los pocos humanos vivos se acurrucarán alrededor de fuegos de campamento en las zonas ecuatoriales.

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Ola gigante generada por un tsunami.

Estaremos en la siguiente Edad de Hielo, peor que la soportada por cromañones y neandertales. Y hay científicos que piensan que se está iniciando ahora. La humanidad, que floreció durante un breve periodo interglaciar, sentirá en su propia piel la verdadera naturaleza del planeta. Viviremos en un mundo más frío y, paradójicamente, más seco. Los bosques y las selvas se convertirán en sabanas, los graneros del mundo serán secarrales y los vientos soplarán a 200 km/h por las planicies que el hielo irá cubriendo inexorablemente. Poco quedará de lo que un día fuera la presuntuosa civilización que creyó dominar el planeta. La supervivencia será cada vez más complicada y nuestros descendientes se morirán de hambre.

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Explosión de una supernova.

OTRAS CUATRO FORMAS MÁS DE EXTINGUIRNOS

UNA SUPERNOVA O UN ESTALLIDO DE RAYOS GAMMA. Si sucede suficientemente cerca, la energía liberada en estas explosiones calentaría la atmósfera y se formarían óxidos de nitrógeno que destruirían la capa de ozono. Si se produce a solo unos cuantos años luz de distancia, la explosión podría barrer la atmósfera.

SUPERVULCANISMO. Hace 70.000 años, en el lago Toba de Sumatra se produjo la mayor erupción volcánica de la historia, catalogada con un ocho el máximo en el índice de explosividad volcánica. Podría repetirse con mayor intensidad y llevar al planeta a un invierno nuclear. La caldera de Yellowstone (EE UU.) es una posible candidata.

ARMAS DE DESTRUCCIÓN MASIVA. En los años de la Guerra Fría el peligro venía de las dos grandes potencias y de sus arsenales nucleares. En la actualidad, cualquiera que posea unos mínimos conocimientos de bioquímica y bacteriología puede lanzar un ataque. Enfermedades hoy erradicadas, como la viruela, podrían rebrotar de manera más virulenta en el laboratorio de un grupo terrorista que haya comprado una cepa en el mercado negro.

SUICIDIOS MASIVOS. La OMS estima que 500 millones de personas sufren algún tipo de desorden psicológico: la depresión es la segunda causa de muerte en el grupo de quince a veintinueve años. Una tendencia creciente a medida que aumente la esperanza de vida y nos enfrentemos más a la soledad y la enfermedad.

 

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